Enséñame de tu mano a caminar en la oscuridad
a disfrutar de los atardeceres sin necesidad de contemplarlos,
a ver el mundo como lo ven los niños.
Enséñame a recordar lo que me causó una vez dolor sin que esto duela.
Enséñame el poema más bello jamás escrito, la melodía más hermosa que un laúd acarició.
¡Enséñame, muéstrame!
Defineme el mundo con el intelecto de los sabios y la ternura de quien ama por vez primera.
Háblame de viejas primaveras, de otoños inmemorables y de inviernos junto al fuego acariciando con la memoria el cuerpo de un primer amor.
Enséñame a entender de lo que habla el viento cuando me susurra por las noches.
O interpretarme la escritura que dejan en la arena las olas del mar.

Eres de Odiseo su Quimera.
Y aun así.
Enséñame el mundo como lo has aprendido.
Háblame del canto de las sirenas y de tus sueños de pirata frustrados por la realidad.
Enséñame ese viejo mapa que te lleva hasta el tesoro que guarda un corazón.
Enséñame el mundo que habita del otro lado del espejo
y vivamos en él un último encuentro, antes de que nos alcance para siempre… esta realidad.
Un minuto, una hora, una noche perdida en el tiempo.
Ese instante en que éramos todo y nada.
Ese momento  infinito del ahora, en que aún existimos siendo uno.
Puedo escuchar  el eco de nuestras promesas,
Se percibe el calor de nuestros cuerpos sobre las sábanas.
Una paradoja observada por el reflejo del espejo en ese viejo cuarto.
Y respiro el “tic tac” de un reloj que se niega a detenerse.
Doy vuelta la esquina, como aquella vez, en que por fin te encontré.
Pero no estás, no es “ese” ayer.

Es un eco distante del tiempo que constante avanza sin mirar atrás.
Yo arrebato tu conciencia
Me adueño de tu mirada
Mirada segura, cómoda
En lo profundo, donde habitan lo eterno y lo imposible
permanecen congeladas en el tiempo las caricias que nos dimos. 
Tomaré también tu voz que es afable
Es en ella donde coinciden tu deseo, mi deseo,

ese deseo real de la vigilia
perdida y olvidada
como los inviernos que pasaron y no volverán.


Tengo nostalgia de tu voz y la ternura de tu mirada al sol. Cuando escucho la lluvia llegando sobre mi piel una vez más, es cuando me doy cuenta que ya no es un sueño y no estarás al despertar. Y comienzo poco a poco a recordar las horas de amor bajo tu cuerpo enredada en tu pelo negro.  Junio comienza, la noche es más larga y los días se han acortado. Todo es igual. Todo es diferente, no estás, el mar sabe a agua insípida y las noches me regalan alas de ángeles que ya no lloran por el amor que no fue. Tengo en mi corazón frases por decir, de oraciones que se marchitan dentro de mí. No estás. ¡Pobres esos libros que quedaron sin ser leídos! Se marchitan sus hojas, como los pétalos de esas rosas que solías traerme al despertar. ¡Ay corazón deja de extrañar lo que ya nunca obtendrás!
¡Sueles alejarte alma mía de esos ensueños que entibian tu piel!

Ellos quedaron en el tiempo y ahora son dos en la perpetuidad, la luna los ilumina una vez más. Lo que llega sin buscarlo se aleja sin que podamos retenerlo.

Querida presencia amiga… tú que me lees y me observas… (Según la ocasión) te confieso, con infinito dolor, que las letras, no son lo que eran. No dan a mi alma, el alivio inconmensurable que solían darle. ¿Es que saben ellas que ya no las les ni las percibes del otro lado del espejo? Presiento que es lo que sucede. No sé cómo describir cuánto ha sorteado mi alma desde que no velas por ella durante mis horas de ensueño con esos viejos calcetines rojos.
La vida no siempre es como la esperamos, rara vez llega a ser como la soñamos. Nos disponemos con los brazos abiertos a recibir lo mejor de ella, pero ésta se niega a que la soslayemos de forma sencilla. Nos coloca vallas y barreras, los obstáculos son livianos en comparación al dolor que siente nuestro corazón al verse desilusionado o traicionado por ese otro ser, en quien muchas veces confiamos.
Necesitamos saber que todos, somos ángeles o demonios. Según lo a merite la ocasión. Unas veces nos reconfortamos en la calidez de la luz de nuestra alma, otras en cambio, nos gozamos en el infierno que le ocasionamos al otro. Suspirar no alivia el mundo en el que vivimos, ni sonreír lo ilumina.
Sonrío, te doy mi palabra de que cada día lo hago, a conocidos y desconocidos. Intento hallar algo de luminiscencia en la mirada de quien me contempla. Pocas veces la hallo.
La humanidad me duele, me asfixia. Intento entender, comprender  y no lo consigo. Estoy confundida, el mundo no quiere ser salvado. Las respuestas son más sencillas que las preguntas. Cada uno es su propio salvador, entonces sálvate a ti mismo.
Rápidamente,  exponencial mente, nos perdemos en la corriente del consumismo, del individualismo y nos olvidamos del otro. Nos cerramos en un caparazón tan hermético, que nos resulta imposible escuchar que alguien allí fuera, pide auxilio.
Me sumerjo en el hoyo oscuro de tu olvido. La nada me asecha para hacerme prisionera en la eternidad del vacío de tu corazón.
Somos horas, que hoy, se han quedado sin un reloj que las haga marchar a su compás.

Puedo ver desde donde estoy las luces de la ciudad, todas ellas encendidas como quien enciende un camino que debe seguir. Y pocos se atreven a seguirlo.