Corazón amoroso…
En un remolino de la nada, te cansas del cansancio, de la inercia de cada día, tantas horas de sol y otras más de noche. Sin aparente razón de las palabras. Eres esclava incondicional del hereje arte de mover tus manos, de elevar el alma, de plasmar palabras que el corazón implacable dicta. El planeta se derrite y a ti te duele sentir esa furiosa naturaleza, avanzando poco a poco, segando tu propia sonrisa. Eres perfeccionista mental, a tu cabello le dices cuanto lo amas cuando delicadamente lo lavas y susurras "que feo". Sientes amor en las pestañas, en los dedos y hasta en lo inerte y brillante de tu esmalte de uñas. El pretexto puede ser diverso, la naturaleza, el petróleo, las veredas que convergen siempre en el mismo punto. Sin importar la geografía tu amor acribilla con la razón de metralla. Acá, en cada esquina las miradas se confunden, hay amor de grandes ojos que se extravían de delirio. El tuyo además vive tejido entre letras, con sílabas exactas, escribe sobre el amor y los cóncavos espacios o sobre las noches de luna, pobladas con galaxias coloridas.
Que no te digan que no sabes sentir amor, de ser así, ¿Por qué te dolería escribir de amor?


Recuerdo cuando lo vi, sin pensarlo corrí hacía él, desee abrazarlo, besarle, decirle que el tiempo no había hecho mella en el amor que un día me hizo sentir... que todo estaba más fuerte y que sabía a ciencia cierta que solo junto a él podría ser feliz. El viento acariciaba mi rostro, mis pasos hacían que los latidos de mi corazón se aceleraran y mi boca comenzó a cercarse. Fue cuando reparé en como ella lo acariciaba. Detuve mis pasos en seco. Permanecí unos segundos inmóvil, luego retrocedí alejándome sin mirar atrás.  Supe con el paso del tiempo, que aún estaba solo. Alguien me comentó que lo había visto aquel día corriendo tras de mí.



 



El cuento es corto- Dijo el creador-  tú naces, creces, conoces a tu media naranja, te enamoras y serán felices para siempre.
Lo que “a alguien” le falto relatar fue el medio… ¡vamos! que cualquier niño de primaria sabría que todo buen cuento tiene, principio, medio o desarrollo y luego sí… un final.
¿Qué pasa en el medio de nuestras vidas? Todo se complica (supongo que así debe ser una buena trama) ¡¿Pero quién escribió una historia en dónde se regalan miradas a la luna y sueños que no concluyen?!
Intentamos ser eternidad y poco a poco nos vamos convirtiendo en torbellinos de mentiras y fingimientos.  No creo que perdamos nuestro brillo a sabiendas de lo que hacemos, es la vida que nos arrastra en un soplo en ésta, que es nuestra historia. Nos convertimos en seres grises,sin conquistar “ese” gran amor del cual crecimos escuchando, caminamos bajo la lluvia viendo como nuestros ángeles pierden sus alas, distinguiendo entonces, sus muchos “desperfectos” trasmutan en seres simples, tal como no queremos ver… somos nosotros.
Admiro a los participantes que comparten la hoja en éste largo libro en que se convierte día a día mi vida. No los juzgo, intento ver más allá de sus miradas y darme cuenta así, que son tan frágiles, como lo soy yo.
El cuento no es corto ni mucho menos. Que alguien, o algo, en maraña las historias y las complica demasiado, (más que novela de televisión) eso está claro. Lo que me resulta más paradójico es que no buscamos lo complicado, sino todo lo contrario, aquello que nos dé algo de paz, que nos llene el alma de seguridad y  de calor nuestros cuerpos.
 Personalmente, me quedo atrapada intentando saber que pasará mañana. Pero no crea que todo es tan fácil, que el malo es simplemente malo y el bueno es toda bondad. La mayoría de nosotros vamos descubriendo (sobre todo con el paso de los años) que no todo es blanco y negro… que mientras avanzamos descubrimos en nuestro camino, una gama infinita de grises. Que el otro (al igual que yo) ríe, cuando en realidad desea llorar. Que una sonrisa puede ser un gran alivio para el espíritu que sufre, que un abrazo es el mejor regalo para quien está acompañado por la soledad y que el otro (al igual que todos) solo busca su final feliz.              


Soñaba con escupir el dolor
con vomitar el dolor
pensaba en arrancarme el dolor
quitarlo a jirones de mi piel.

Sentía
sentir y olvidar
intentaba marchitarme hasta dejar de ser.

Dejar de ser
de pensar y sentir
intentar y lograr
buscar y querer
ser para estar
y estar sin esperar.

Dulce la espera
en la que ya no te espero
Hermoso sueño
en el que ya no eres lo que anhelo.




I




Suspiro y los latidos de mi corazón se aceleran.
¿Qué sucede?
Es él que se aproxima junto a los pasos del padre tiempo
Ahora hablamos sin saber qué decir
Guardando silencio para no interrumpir los gemidos que liberamos
Intentando “jugar” a no sentir.
Y somos unos tontos, al pensar que podremos lograrlo
Es claro que seguimos encontrándonos en la mirada del otro.
Mírame… continúo siendo quien te acariciaba por las noches
Y te despertaba con palabras de amor en las mañanas
¿No reconoces mi voz?
¿No sabes acaso que soy yo?
Piensa… siente… recuerda…
Percibe mi piel temblar cuando te acercas.
¿Reconoces su calor?
Sin mirar te alejas
y las palabras que no soltamos se marcharon para morir contigo.