EL RETRATO DE CAMILA




Abrió los ojos lentamente, no sabía dónde se encontraba tampoco lograba sentir su cuerpo, solo sentía el fuerte dolor de su cabeza. Vio la figura de una mujer que se acercaba a ella, cuando pudo verla con claridad se dio cuenta que ésta era una enfermera.
- ¡Por fin despierta! – Fue el saludo amable y cortés que recibió de la mujer, mientras revisaba los aparatos que estaban conectados a ella.
- ¿Dónde estoy? –Pregunto con voz muy débil, tenía seca su boca y su garganta le dolía un poco.
- Estas en un hospital tranquila, enseguida vendrá un doctor y te explicará todo lo que quieras saber.
- Tengo sed, - trató de sentarse pero sus manos no fueron de mucha ayuda las sentía débiles y luego toda la habitación comenzó a dar vueltas en su cabeza.
- Tranquila con calma la enfermera le acerco un poco de agua y la ayudo a sentarse. La puerta se abrió un hombre vestido de bata blanca entró en la habitación.
- ¿Cómo se encuentra nuestra bella durmiente?- a continuación saco una pequeña linterna de uno de sus bolsillos y comenzó a revisarle los ojos a pedirle que siguiera la luz y luego sus piernas y los brazos. Ella los nota un poco entumidos como si hubiera pasado mucho tiempo acostada.
- ¿Cuánto tiempo hace que estoy internada? – El doctor levantó la vista y por un momento no hizo nada solo la miró a los ojos.
- ¿Recuerdas tu nombre o por que llegaste aquí?
- No creo que no recuerdo nada de eso- hizo silencio un segundo, trató de pensar de recordar asustada miró a los ojos del doctor luego a los de la enfermera que aún continuaba parada junto a ella.- creo que no recuerdo nada de mí.
- Bueno no se preocupe poco a poco irá recordando todo, tómelo con calma.- El doctor comenzó a guardar sus pequeños aparatos en los distintos bolsillos que tenía distribuidos en el delantal.
- Aún no respondió mi pregunta.
- Es algo delicado- y sin mirarla a los ojos, continuo moviendo sus piernas dándole un pequeño golpecito en sus rodillas con algo parecido a un diminuto martillo, ese doctor comenzó a moverse tan rápido y ha hacer tantas cosas a la vez que la joven no podía seguir con la mirada todos sus movimientos.- llegaste aquí después de un accidente- el doctor volvió a sentarse frente a ella mirándola nuevamente a los ojos- cómo te imaginarás te encontrabas en muy mal estado, afortunadamente te estabilizamos pero entraste en coma. ¿No recuerdas nada del accidente?
- No, no recuerdo nada. – le dolía la cabeza estaba confundida, el mareo se acrecentó, ¿por qué no recordaba, que debía recordar?
- Duerme descansa mañana vendré a verte y seguiremos hablando con el tiempo recordarás todo.
La enfermera acomodo sus sábanas y la ayudo a acostarse acomodo luego su almohada.
Cuando cerró sus ojos, sintió que jamás podría abrirlos otra vez. En su mente sonaban las palabras de la enfermera y el doctor. No lograba entender lo que sucedía su cabeza le dolía y su mente repetía una y otra vez nombres, aparecían imágenes pero no podía entender quienes o que era no podía no podía recordar. Sus ojos estaban muy cansados su mente poco a poco fue quedándose en silencio.



Cuando sus ojos se abrieron nuevamente; por un segundo, su mente estaba segura que todo aquello había sido un sueño.
Pero cuando escucho el golpe en la puerta y luego entro en la habitación el doctor supo que todo era verdad.
- Debo saber que fue lo que sucedió conmigo- su voz se escuchaba triste y en sus ojos había lágrimas.
- Tranquila se te explicará todo poco a poco solo debes estar tranquila y ser un poco paciente. Como te lo explique ayer llegaste después de un accidente muy grave luego de una complicada intervención entraste en como y has estado aquí desde entonces.
- ¿Y eso fue hace cuanto tiempo?
- Hace nueve meses. Firme sin decir mas el doctor la miraba a los ojos parecía esperar la reacción que siguió.
- Si te quedas tranquila podré continuar expliclándote
- Estaré lo más tranquila posible, pero por favor dígame quien soy, si tengo familia de donde vengo ¿por qué no puedo recordar nada?
- Pronto recordarás solo tienes que darle un poco de tiempo a tu mente para que coloque todos los recuerdos en orden tu cuerpo también necesita tiempo para recuperarse, pronto estarás completamente restablecida.
- ¿Usted sabe quién soy o cómo me llamo?
El doctor que estaba sentado en una silla frente a la joven se puso de pi y extrajo un documento del bolsillo de su delantal lo extendió y se lo entrego a la muchacha que lo tomo como entre sus manos como un sediento toma un vaso de agua en el desierto.
Solo sabemos lo que esta escrito en este documento que encontramos entre algunas de tus pertenencias que llegaron contigo por supuesto después te entregaremos todo lo que te pertenece.
-¡¡ es mi documento, esta soy yo!
- Si eres tú, ahora te dejaré a solas y si recuerdas algo no dudes en comunicármelo.- el doctor se levanto, de su silla y se retiró de la habitación. El cuarto de pronto quedo en silencio un silencio que lo invadió todo incluso su alma.
- Camila mi nombre es Camila. !- soltó el documento que tenía en sus manos, se tomó con fuerza la cabeza. Imágenes como en una película comenzaron a proyectarse en su mente.
- ¡te amo Camila!- la voz se repetía en su cabeza una y otra vez. El mismo rostro se le aparecía como si fuera un fantasma sin que ella pudiera percibir cuando llegaría su imagen para atormentarla. La noche transcurrió, imágenes llegaba y partían no lograba relacionarlas ni saber si eran parte de un sueño, o una vida que lo podía recordar.

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-
- ¿Hermoso, no?
- Si es realmente hermoso.
- Se lo obsequio
- No gracias no puedo aceptarlo.
- ¿Por qué no?! A usted le gusta y como yo lo pinte puedo hacer con él lo que quiera, y lo que quiero es que éste sea suyo.
La joven sonrió, pero como si la conversación no hubiera existido. Se dio la media vuelta y sin mediar palabra se alejó del hombre que estaba parado frente a ella.
Por supuesto los ojos del ignorado caballero se abrieron de forma de forma espontanea formando dos enormes y sorprendidos soles.
Ella completamente impávida a la reacción masculina dejo la copa que llevaba en la mano sobre una mesa y se dirigió a la salida de la galería.
Por supuesto él seguía parado en su mismo lugar sin poder creer la indiferencia con la que ella lo había dejado hablando solo. Así que solo se sonrió y sin darse por vencido fue tras ella.
Ya había traspasado la puerta de salida cuando sintió una mano que la detuvo.
- Mañana, puede si usted gusta venir a buscar su cuadro.
- ¡Ha! Es usted, no creo haber aceptado algo.
- No tiene que aceptarlo, es un obsequio solo debe recibirlo.
La noche estaba llena de estrellas, una brisa suave y cálida despejaba sus rostros, la luna lo iluminaba todo. Al darse vuelta ella lo vio a los ojos uso ojos grandes y llenos de un brillo especial. Que hacía casi imposible que ella pudiera dejar de mirarlo.
- ¿Se supone que debo agradecerle algo que no acepte?
- No por favor,- se sonrió. Su sonrisa sus labios sus, dientes la joven observo todo de él y todo lo vio perfecto.
Él por su parte la invito a seguir caminando.
- Me llamo Rodrigo.- dijo él mientras extendía su mano para que ella tomara su brazo.
Invitación que sin dudar ella acepto. – Mi nombre es Camila.-

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La luz fue intensa, el calor colmo su cuerpo.
La enfermera corrió las cortinas, el sol...
-¿Ya es de día?
- Si señorita ¿cómo se encuentra hoy?
- Creo que mejor.- pero realmente no era así su alma le dolía más aún ¿era el alma, o el corazón? No lo sabía solo sentía que muy dentro de ella algo dolía machismo.
Termino de almorzar, retiraron la bandeja. Se quedó sola nuevamente su cuerpo inmóvil sobre la cama la vista fija en el techo. ¿ y su mente?. No, su mente no estaba en aquella habitación.

Pasaron los días y las noches la confusión no se iba al contrario todo era un mar de confusiones, los nombres y lugares llegaban y se iban al igual que las horas. Comenzó la rehabilitación su cuerpo día a día mejoraba. Sus piernas la ayudaban a moverse. Su cuerpo comenzaba poco a poco a despertarse. Pero su mente aún estaba en silencio negándose a revelarle su pasado.
Una noche, un día, todos pasaban igual. Ella veía ponerse el sol, y luego salir, todo exactamente al día anterior. Sentada frente a la ventana observando desde allí un mundo desconocido que le causaba temor, y no podía evitar sentir que éste le debía algo sin saber qué.


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Francisco la observaba dormir, apoyaba la cabeza sobre su mano derecha.
La amaba.
La miraba y no podía entender como se puede amar tanto a alguien en tan poco tiempo de conocerse, como es posible necesitar tanto estar junto a alguien que hasta sólo un par de meses era una desconocida.
- ¿Qué haces?
- Te miro.
Camila extendió sus brazos y rodeo el cuello del hombre que estaba acostado junto a ella.
Fue tan fácil enamorarse de él no tuvo que esforzarse en lo más mínimo si casi sintió amarlo desde siempre.
- Te amo mucho, mucho
Franciso.- su mano recorrió el rostro masculino buscando tal vez, que sus facciones se grabaran en su mente para siempre. Era cierto lo amaba desde el preciso momento en que lo vio. Al ver su rostro sintió desde lo más profundo de su ser que lo conocía de toda su vida. Desde entonces lo amaba, amaba su cabello, el marrón claro de sus ojos, su rostro tan blanco y su sonrisa jamas había visto en un hombre una sonrisa más cálida y sincera. Se notaba a lo lejos que lo amaba si es que todo en él le era increíblemente perfecto y aunque no lo fuera sería imposible para ella dejar de amarlo.

Se sentía inmensamente feliz y deseaba con todas sus fuerzas pasar el resto de su vida de ésta manera.

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-¿Cómo amaneció? – El doctor de pie frente a su cama con su espalda recata la miraba por encima de los lentes que llevaba sobre su nariz a la vez revisaba la historia clínica que sostenía en sus manos.- Si su mejoría continua siendo tan buena en una semana cuando mucho la podré dar de alta.
- Aún no recuerdo nada. ¿Adónde iré?
- No se preocupe; hemos puesto su foto con un aviso en los periódicos seguramente alguien sabrá algo sobre su identidad y hasta con un poco de suerte quien sabe, quizás algún pariente suyo venga en persona a buscarla.
- No ha venido nadie en casi un año, ¿por qué lo harían ahora?
- Tenga confianza, nunca se sabe que nos depara el destino.- el doctor dejó la historia clínica en los pies de la cama y salió de la habitación.
Estaba cansada los ojos le pesaban, tenía tantas preguntas para hacer y nadie que las pudiera responder.
No podía dejar de pensar en el rostro con el que había soñado. Lo había visto tan claro y parecía tan real su cabello, sus ojos con esa mirada transparente sus labios, su sonrisa todo en él le era tan familiar. Sintió un calor intenso en su corazón. ¿Quién era?. ¿Existía realmente, o solo era un producto de su imaginación?.


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- ¿Por qué quieres hacer eso?
- Porque las cosas bellas deben perpetuarse y sos lo más bello y hermoso que hay en éste mundo y quiero que todos te vean del mismo modo que yo te veo.
Ella quería quitarle el pincel, la altura de él se lo impedía. Por su puesto a pesar de la negativa femenina continuo pintándola como si sus manos tuvieran vida propia.
- te ves hermosa, ya vasta deja que lo termine.
- Me va a dar vergüenza verme retratada en un cuadro y mucho más que las personas me vean en tus exposiciones.
- No tienes por que; eres la más hermosa mujer que jamás halla sido retratada en un cuadro.- Sus manos continuaron con su labor poco a poco la imagen fue quedando impresa en el lienzo. Realmente se veía hermosa. La pintura le daba una mirada especial, sus ojos verdes se veían llenos de vida, su rostro blanco resaltaba el color de su cabello un rojo intenso que la hacía simplemente especial.
- Será mi obra cumbre y todas gracias a ti que eres mi musa inspiradora.- Ambos rieron, el eco de las risas en su mente la despertó de pronto.

- ¡Reía!, ¿Es que fui feliz alguna vez?
La voz se escucho en la habitación no hubo respuesta a su pregunta ni consuelo a su llanto.
La noche se hizo día y el día nuevamente noche.
La noche, la hacía feliz la noche le daba esperanza, una razón para continuar solo serraba sus ojos y su mente la transportaba a un mundo maravilloso solo cuando dormía sentía que era feliz.

- ¡Que hermoso mi amor! Pero mi cumpleaños es en quince días.
- No es por tu cumpleaños, para ese día tenía pensado regalarte un viaje, algo así como una luna de miel siempre y cuando me aceptes como tu esposo.
- ¡¿Entonces este anillo?!- Camila se puso de pie y se colgó a su cuello – te amo, te amo los besos y caricias no cesaron por largo rato.
- Ya, Camila, aún no me diste tu respuesta.- ella lo miró a los ojos, esos ojos que con solo verlos le devolvían el aliento y la hacían inmensamente feliz.
- Mi amor cual crees tú que puede ser mi respuesta si te amo con todo mi corazón.



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- En tres días tendrá el alta.
- Que bien.- Sin mucho entusiasmo sin que nada en ella mostrara felicidad.
- Parece que no le alegra la noticia.
La joven continúo viendo a través de la ventana y de su boca no se oyó respuesta
- ¿Le sucede algo Camila? La noto un poco triste.
Estaba triste; cómo no estarlo, no sabía quien era ni si tenía familia o si ese hombre que aparecía en sus sueños era alguien que conocía o era solo fruto de su imaginación.
- En tres días es mi cumpleaños.
- ¡Que bien! Podrá festejarlo fuera de aquí.
- ¿Y si salgo de éste lugar a donde iré?
- No se preocupe estuve hablando con una de las enfermeras y ella le alquilará una habitación hasta que sepamos algo más con respecto a usted o hasta que su mente se aclare lo que sucederá estoy seguro dentro de muy poco tiempo.- El hombre le sonríe muy dulcemente tratando de transmitirle un poco de confianza y serenidad.
Claro que no logró pero Camilia trató de disimularlo y esforzó una leve y apagada sonrisa.

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- ¿Por qué tienes que irte?
- Es una presentación muy importante mi amor, solo serán dos días, y de seguro no tendrás tiempo de pensar en mi con los preparativos del casamiento.
- Tienes razón además debo dejar que todos sepan lo gran artista que es. – Se besaron, un gran beso, un profundo y duradero beso.



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- Es usted la señorita Camila Molina – Una voz masculina y con acento se escuchaba del otro lado del tuvo del teléfono.
- Si ella habla. – La voz de Camila se oía feliz solo tres días y sería la esposa del hombre que más amaba en el mundo, frase cursi; pensaba pero no había otra que expresara todo lo que ella sentía.
- Mire señorita, lo que sucede es que el señor Francisco Vidal, nos ha pedido que nos comunicáramos con usted – El tono de su voz cambio.
- ¿Francisco? ¿Qué le paso Francisco?- Camila no podía tranquilizarse cientos de pensamientos se acumularon en su mente sin poder ordenarlos, su mundo comenzó a caer en ese segundo.
- Por favor, no se preocupe pero el señor Francisco se encuentra internado en nuestro hospital y desea que usted venga lo antes posible.

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- ¿Mañana es un gran día, no?
- Si creo que sí.
- ¡Señorita, levante ese ánimo o tendrá una recaída¡ – La enfermera serró la puerta y Camila podía escuchar sus pasos alejándose de la habitación. Esa noche fue eterna y por supuesto no lograba conciliar el sueño como le había sucedido cada una de las noches anteriores a ésta desde que había despertado del coma.

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El viaje en avión había durado una eternidad.
Cuando por fin aterrizó se encontró con un día gris y lluvioso, tal como ella sentía su alma.
Se subió a un taxi, y le dio la dirección del hospital en donde se encontraba internado Francisco.- Llovía tanto- pero ella no pensaba en nada, no veía la lluvia ni siquiera notaba la dificultad del taxista por abrirse paso entre los coches y la poca visibilidad. Solo quería verlo acariciar su rostro besar sus labios, sentir su perfume ese perfume que la embriagaba que era único.
- Mi amor, espérame.- El taxista holló la voz de la joven pero al no entender lo que decía solo hablo del clima.
- Parece que se nos caerá el cielo encima ¿ No-señorita?. –¿ Que decía este hombre del cielo? Francisco le había dicho algo del cielo es que aveces realmente era muy romántico, si ya lo recordaba algo así como – no hay cielo para mí si tú no estas a mi lado.- Camila se sonríe, ¡lo amaba tanto! ¡Dios cómo tardaba en llegar este taxi! ¿Por qué tarda tanto? De pronto sus pensamientos fueron interrumpidos y sintió como su cuerpo rodaba dentro del coche una y otra vez su mente quedó en blanco y solo se la escuchaba decir –Rodrigo, Francisco, debo buscarlo tengo que encontrarlo.


- Doctor el paciente Rodrigo Vidal, esta muy mal.- el doctor aplicaba inyecciones, daba respiración...
- No hay nada que hacer enfermera ha fallecido.

- El taxista esta grave, pero vivirá.- bajo la lluvia médicos y policía hacían todo lo posible para ayudar a los accidentados.
- Este día no ayuda en nada al transito ¡cuantos heridos cielos santo!- el policía empujaba a los curiosos una y otra vez hacía atrás.
- Por fin logramos sacar a la joven, ¡ es una pena! Llevémosla pronto al hospital esta muy grave.

- Enfermera ¿qué sucede?
- Es Camila doctor, no sé que es lo que pasa no logro abrir la puerta y ella no responde.- El doctor empujó la puerta y entró. Se dirigió a la joven tomo su pulso, abrió sus ojos, escucho su corazón.
- No hay nada que hacer enfermera; ha fallecido.
- ¿Pero cómo doctor si ella ya estaba restablecida?
- No sé con certeza, científicamente no puedo explicárselo.- dijo el doctor mientras cubría el rostro de Camila.
- Es muy triste – la enfermera parecía no salir de su asombro- tan joven y bonita y morir así sola en todo éste tiempo y a pesar de todos los anuncios que hemos puesto nadie ha venido a preguntar por ella. ¿Acaso usted pudo averiguar algo sobre ella?
- Muy poco en realidad, al no tener ninguna respuesta con los anuncios recurrí a los periódicos de la fecha en que tuvo el accidente en realidad no tenía mucha idea de dónde o qué buscar con exactitud pero encontré algunas cosas. El motivo por el cual nadie vino a verla es que como sabíamos no era de este país, lo que no sabíamos es que su accidente ocurrió el mismo día en que ella arribo aquí puede decirse que sucedió en cuanto piso nuestro suelo a decir verdad según los periódicos todo sucedió por la lluvia en un día muy parecido a éste. Es extraño pero hoy se cumplía exactamente un año de ese accidente- también era su cumpleaños- interrumpió la enfermera.- si lo sé.
- ¿Disculpe doctor pero sabe algo más?
- Según me enteré vino al país a ver a su novio que lamentablemente también había sufrido un accidente grave.
- ¡ Que tragedia doctor!
- Lo peor es que al parecer estaban por casarse; encontré información sobre su novio un pintor llamado Francisco Vidal de echo hay un retrato muy hermoso de Camila en una galería- el hombre y la mujer se alejaban por el pasillo visiblemente consternados no tanto por la muerte repentina de quien hasta hace apenas unas horas era su paciente sino por lo que acababan de enterarse.- parece una de esas novelas románticas en donde uno de los enamorados muere y el que permanece con vida muere a causa de la ausencia del otro- le interrumpió la enfermera el doctor la miro a los ojos y por unos segundos pareció coincidir con la explicación de la mujer, luego reacciono – pero no lo es, ambos vemos personas que mueren todos los días-
- ¿ En qué galería se encuentra el retrato de Camila?- el rostro de la mujer reflejaba sus verdaderos pensamientos, es que ella solo podía notar que quien daba esa respuesta era hombre de ciencia que otra explicación podía encontrar.
- Será muy bueno que vaya a verla según tengo entendido ese retrato fue lo último que pinto su novio.
- Pero, - la mujer insistía en su teoría romántica- dígame si no es muy extraño, como usted dice el novio de Camila murió el día de su boda que era el mismo en que ella cumplía años y hoy hace exactamente un año de la muerte del joven, que triste cumplirían su primer año de casados pero sin embargo ahora están ambos muertos.
- Por favor enfermera no sea tan supersticiosa es sólo casualidad.
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- Hermoso cuadro ¿no?
- Si, lo es y la modelo era muy hermosa
- No tanto como usted además si ahora viviera tendría como unos setenta años.
- Pero el pintor la dejó hermosa por siempre.
- La invito a salir, la noche esta especial para conocernos mejor.
- No gracias, no se moleste pero prefiero quedarme a ver el cuadro
- Se lo regalo; y así podremos salir y luego lo observara todo el tiempo que usted quiera.
- Usted acostumbra a hacer regalos tan caros a personas que no conoce
- En realidad sólo a mujeres hermosas aunque hasta ahora no había conocido una que lo fuera tanto como usted y además si me dijera su nombre ya no sería una desconocida.
- Me llamo igual que ella... Camila. – y su mano señalo el cuadro que se encontraba en frente de ambos mirándolos señalándolos también.
- ¡Vaya, no soy de los que creen en eso del destino pero desde hoy te aseguro que comenzaré a creer. !
- ¿ A qué se refiere?
- Dime si no es el destino el que nos ha unido, es que me llamo como el pintor que por cierto era el novio de la joven del retrato y según cuenta la historia iban a casarse.
- ¿Qué no cuentan también que lo de ellos no termino muy bien?
- Siempre hay una segunda oportunidad- el hombre extendió su mano tomando la de ella la beso.
- Hola Camila, soy Francisco.


* MARISOL *


2 Responses
  1. Anónimo Says:

    holaa

    leyendo de a poco pero seguroo
    me gusta que tengas mas lugares para publicar tus pensamientos convertidos en frases que adornan hasta el sentimiento mas triste

    saludoss que estes bien


  2. marisol Says:

    gracias por tu comentario y por tus deseos.


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