Creo que el enamoramiento pasa por etapas, primero tal vez, llega la atracción es probable que primero sea física. Pero luego eso debe complementarse con muchas otras cosas, afinidad, entendimiento, etc., finalmente el atractivo pasa a segundo plano y necesitamos ver el alma de la persona hacedora de nuestro amor. Segunda etapa (quizá) la necesidad loca casi desesperada de decirle que lo queremos (porque de seguro así es). No olvidemos que los primeros “te quiero”, salen como suspiros, tímidos, fugaces. Luego ya mas aliviados por sacarnos de nuestro corazones semejante necesidad y peso. Los “te quiero” salen como esas lloviznas de verano, que alivian, calman pero jamás molestan o son suficientes. Luego debemos avanzar, pero por supuesto los que han querido, sin haber amado saben que no es fácil pasar a la etapa del “te amo”, éstos sí que cuestan. Y más que decirlos cuestan sentirlos. Puede que sean incontables (o tal vez no), las veces o a las personas que hemos querido. Pero amar… lo que se dice amar… de esa forma loca, inmadura, irrisoria, esa forma en que nos deja incapaces de pensar con claridad, esa que nos hace llorar de felicidad y de dolor. Que nos hace reír cuando nadie nos ve, que nos transporta al cielo y también (porque no) al infierno. Amar, es una lección no fácil de aprender, pero una prueba que todos estamos dispuestos a dar. El decir “te amo”, es dulce, sube, tierno…muy muy gratificante, cuando se dice desde lo mas profundo del alma, de nuestro ser. Tal vez duela aprender ésta lección… ¡pero que inmensamente feliz se siente cuando encuentras a esa persona que siempre supiste existía pero no habías encontrado! De seguro ya te dabas por vencido, y creías que amar y querer era lo mismo. Pero un buen día algo cambia en vos, se siente distinto el nuevo amor ¿Por qué? Sonreís solo. Ahora comprendes…esto es amar.








La lección de amor.


-Te quiero- le dice él mientras acaricia su cabello y la besa con ternura en los labios. Y se aleja. Solo así sin más.
Ella permanece ahí de pie, la poca luz que la ilumina hace que se vea, solo como una sombra, como un fantasma, como algo que en realidad no existe. ¡Qué extraño!, así era como se sentía. Como alguien que no debía existir. Ojala pudiera como él olvidar, alejarse de la forma en que lo hizo sin mirar atrás. Pero no podía… ¿poder?...habían pasado varios minutos y aún no lograba moverse del sitio en donde se encontraba de pie. Creía que tal vez…solo tal vez todo había sido un error y él regresaría. Pero no. El frío llegaba a sus huesos.
¿Por qué no había logrado que la amara?
Miró a su alrededor. Estaba sola. Como siempre.
Amanece, el sol logra alejar de su cuerpo un poco tanto frío. A lo lejos alguien ríe. Una señora cruza con su hijo de la mano y el niño que llora por algo que sabe no le darán. “¡Pobre niño!”,-piensa- si supiera todo lo que se le negará, trataría de aprender a consolarse desde ahora. Pero a ella se le había negado el amor, y no lograba pensar, no podía entender… continúa alejándose. El hombre que barre las hojas marchitas de los árboles le sonríe, le responde con una mueca apenas perceptible. El mundo no se detiene, ante su dolor… ante el de nadie. Se aleja del lugar en donde lo vio por primera vez, trágica paradoja, el mismo lugar en donde lo vio por última vez.
Cruza una calle, un auto la saca de su sonambulismo con el ruido incomprensible de su bocina. ¿Qué hará? Le dio su vida. Se encontraba ahora con las manos bacías.- te quiero- le dijo. Solo ahora lograba comprender la diferencia, entre querer y amar. Y sabía también que él jamás la había amado. La quería, ella lo sabía. Pero solo ahora sabía que eso no era suficiente. No deseaba que lo fuera. Necesitaba que la amara, ser el centro de su universo, solo ella, todo ella. Pero no. Después de todo no le había mentido, no la había engañado. La quería y eso estaba bien. Pero ella no podía conformarse, no se conformaría.
¿En qué se equivocó?
Sonríe.
En nada. Lo amó. Simplemente así, sin pensar, sin medir, sin restricciones, le dio cuanto podía de la forma en que le nacía hacerlo, se sentía bien saberlo.
Después de todo, ella sí había sabido amarlo. Y fue muy feliz haciéndolo. Ahora corre, ríe. Ya no sentía frío, tampoco tristeza. Había aprendido, había sentido, había amado. ¿Qué más podía pedir? ¿Qué la amaran? Ya llegaría en su camino alguien sabio que la supiera amar. El sol calienta su cara… y ella sonríe…es que sabe…que la próxima vez, estará lista, para amar aún más, para dar aún mas, para recibir amor, para ser amada, es que no todos saben amar, y no todos saben ser amados. Ahora ella sí lo sabía.




marisol









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