¿Por que permitimos que nos lastimen?
¿Por qué se acepta un golpe, una palabra hiriente? ¿Cómo nos alejamos de todo eso… si viene de quién mas amamos?
Las heridas del cuerpo he visto que sanan… pero las del alma. Esas; quedan marcadas para toda la vida. Una cicatriz en el rostro cierra pronto, pero un corazón roto por la desilusión rara vez queda sin marca.
La dura mano que se levanta contra quien le ama, es el arma más cruel que se puede emplear contra otro ser humano.
Y aún así nos son destruidas, como ellas destruyen los espíritus de quienes tuvieron la desgracia de cruzarse en sus caminos. Truncos destinos, que creen encontrar el cielo, cuando en realidad se están arrojando a un infierno del que rara vez pueden salir.
Gracias por coincidir…Marisol. A






Se llamaba María (nombre común para una chica común).
Creía en el amor en el príncipe azul, esperaba con ansias a ese ser creado perfectamente para ella.
¡Qué gran sorpresa y felicidad cuando temprano lo encontró!
Con el primer golpe sintió que tal vez no era así.
Pero como él se disculpó y el amor que ella sentía no disminuyó con el dolor… lo perdonó. “seguramente fue algo que no se volverá a repetir, él me ama”. Pensó y sonrió.
Con el primer niño todo sería perfecto. Él ya no bebería y con seguridad tampoco la engañaría.
El llanto del niño, la mareaba más que los golpes que estaba recibiendo. ¿Cómo consolar a su hijo, si no lograba consolar su alma? Su cuerpo no le respondía cuando quería protegerlo y protegerse. Las fuerzas le faltaban, sus piernas no la sostenían y sus ojos ya no lograban llorar. Aunque las ganas siempre estaban, igual que el vacío en su corazón.
Un ojo morado no significaba nada. Es que los golpes que recibía su marchito cuerpo ya no dolían. Eran las heridas de su cuerpo las que no la dejaban respirar, las que no lograban sanar. ¿Qué hacía mal?
¿Por qué no lograba con todo su amor aplacar la ira de su príncipe azul?
Un día María tuvo valor. Salio de su castillo derrumbado. Y huyó lejos, a un lugar donde pudiera sanar y su niño sonreír.
“Estúpidos cuentos de hadas, que nos hablan de alguien que difícilmente se encontrará”…se dijo por fin al despertar una mañana. Con el tiempo el frágil cuerpo fue bello, sus heridas cicatrizaron, sanaron. Lo malo es que su alma jamás volvió a darse otra oportunidad de soñar; de amar.



cuento propio...marisol gracias
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