Me duele, me falta el aire, me asfixio.
Si me enseño ha amar,
¿por qué no me enseña también ha olvidar?
Lo necesito,
pero con él no vivo.
Quiere mi alma el descanso encontrar.
Alejarse de lo que una vez creyó era amor.
Comenzar de nuevo, intentar soñar tal vez.
Encontrarme a mi misma
¿Dónde, cuándo me perdí?
No lo recuerdo,
pero él dice que así es.
y si...
debo confesarte amor que es verdad...
me perdí...el mismo instante en que te conocí.
Una ilusión, contigo nació,
y una pena, en mi alma murió...
cuando supe, cuando entendí...que jamás serías para mi.
Señor,
arráncalo de mi te lo ruego.
Has que lo olvide te lo suplico.
Si no es para mi, que sea feliz con alguien mas...
pero no me hagas recordarlo
¿Por qué me sucede esto a mi?
Si yo intentaba ser feliz sin él...
¿Por qué lo pusiste en mi camino para conocer el dolor?
Por favor te lo ruego,
cierra éstos espejos, cancela los sueños que a él me llevaron.
No puedo vivir sin él, pero tampoco con él viviré.
cruel castigo que me das mi Señor,
tan solo por descubrir lo que es amar.
Luna amiga, confidente fiel.
Ayúdame te suplico, y quita su amor de mi corazón.
¡Que castigo tan cruel!
conocer el amor, tan solo para saber que jamás será mio.
¿Qué es un sueño? ¿Qué es realidad? ¿Cuándo debemos madurar y por que? A veces la vida parece tan larga, que nos sobran los años para realizar los sueños que se nos entregaron. Otras en cambio la vida es tan corta que faltan los segundos para realizar los sueños, que se volvieron inalcanzables. ¿Qué hace que cambiemos nuestra forma de pensar, de sentir con respecto a algo o alguien? Si hasta ayer no mas, era alguien en apariencia comprensible, aceptable para las normas que nuestra mente y o corazón exigen (cada quien en sus propias normas). ¿Por qué cambia ante nuestros ojos… y se convierte en Mr.Hyde? ¿O es algo en nosotros que ha cambiado y nos hace ver a las personas y o cosas de otra manera? Maduramos con cada decepción, aprendemos según dicen. Tonta forma de aprender que nos lastima una y otra vez. Algo en mi aún no cambia, aún no madura, aún no se va muriendo, algo en mi aún sigue soñado, esperando, deseando, buscando. ¿Qué o por qué? Ni idea cuando lo encuentre al final del arco iris espero…les silbo y les aviso…como siempre gente…gracias, muchas gracias por coincidir…Marisol A.










No recuerdo si fue por la noche, que me hundía en el silencio mas siniestro que jamás me hubiera rodeado. Por recordar las veces en que anide en sus brazos, o me enredaba en su cuello. Pero al caer el manto del sueño sobre mí. Una sombra pareció acostarse en el lado vacío de mi cama. Entonces. Caí aún más en un profundo sueño. En el sueño de pie frente a mi un Ángel. Que me decía ven.
Pero he aquí que no me podía mover. Sentía tangible como mi mente daba tal orden a mi cuerpo, pero éste se negaba a obedecer.
Pero el Ángel cálido señor, me tomó de la mano.- ven – dijo de nuevo- mi hermano esta suelto y debes enfrentarlo.
- ¿Enfrentar?- pregunté sin lograr comprender. Apenas podían mis pies dar pasos. ¿Cómo y a quién podría enfrentar? A mi alrededor no había nada; no lograba sentir. El frío o el calor eran inexistentes.
Me abrazó, y solo así mi cuerpo transportó.
- Mira- dijo. Pero no miré permanecí refugiada en su cuerpo. Mis manos cubrían mis ojos y mi cuerpo buscaba seguir siendo abrigada por él. Pero entonces, algo que sentí como su mano acarició mi rostro. Me hubiera entregado al llanto sin reservas si no fuera por que sus dedos rozaron suavemente mis ojos y creo lograron así detener las lágrimas.
- ¿Ves?-me dijo señalando a una mujer. Miré. Era yo. Y de pie junto a mí, su figura, él. Podía verlos, oírlos. Pero ellos a mi no. Entonces por fin me moví. Caminé hacia ellos. Sí. Era yo. Perecía feliz; al menos sonreía. Lo vi a él imponente, seguro de sí mismo. Había olvidado el sonido de su voz y casi por completo su rostro.
Fui hasta donde estaba, decidí mirarlo a los ojos. Mi Ángel me sujetó.
- No lo hagas- dijo
- ¿Por qué estamos acá? Esto ya pasó.
- Aún no- solo soñaste que pasaba.- cuando regreses y mi hermano se cruce en tu camino. Sabrás como actuar.
- ¿Hermano?- Me volví otra vez hacia el hombre junto a mi otro yo. Y mirándolo ahora sí a los ojos pregunté de nuevo. _ ¿Él es tu hermano?- el Ángel se alejó de mi.
- Si.-Respondió. Mientras sus ojos miraban al suelo.
- No comprendo.- quise tomarlo de la mano, ofrecerle mi consuelo pero la chica (yo), comenzó a llorar. Me volví hacia ella. El hombre de pie reía, mientras la veía como se desgarraba en la agonía de su llanto.
- ¿Ves?- y extendió su mano.- éste mi hermano fue enviado a ustedes para enseñar a amar. Pero se enamoró, de quien no le correspondió. Ahora solo y desterrado. Vaga en tu mundo. Jugando con el amor y rompiendo los corazones de quienes logra enamorar y engañar.- Entonces el hombre de la visión, dentro de la visión se marchaba de la habitación. No quería que eso pasara. Deseaba verlo un poco más.
Aún recordaba cuanto amor había sentido por él. ¡Qué raro! Ahora que lo veía de nuevo recordaba, que en más de una ocasión, “mi Arcángel” le había llamado. Sin saber que lo era, pero solo del desamor. La mujer lloraba, pero no lo veía. El Ángel miraba un punto lejano, y su hermano causante de dolor. Se encontraba de pie junto a la puerta.
De pronto un escalofrío recorrió mi cuerpo.
- No te engañes- dijo, mientras me miraba. Me acerqué a él, busque sus ojos.- Jamás me derrotarás.- y su voz perforó mi corazón. Sabía que así sería.- ¡Te dejarás amar niña!- tocó mi boca, esa que recordaba tantas veces había besado. ¿O todo había sido un sueño? Ahora la confusión era mayor.
- Pero también la amarás.- gritó mi Ángel mientras apartaba su mano de mi. El hombre lo miró y puso una de sus manos sobre el ser celestial.
- No mi hermano- le respondió con serenidad- solo la busqué porque sé que sos vos quien la ama. Y haciéndola sufrir a ella te hago pagar a vos. El haberme condenado a no tener corazón.
- Pero también la amas- la voz del Ángel sonaba ahora muy humana, hasta vi su mano sujetando la mía. Mi otro yo, no se movía. No hablaba, no entendía. El hombre tampoco respondía. Me miró nuevamente, luego vio a la mujer que permanecía en el silencio con los ojos ausentes y sus labios comprimidos. Con seguridad para ya no llorar.
- Tal vez.- respondió por fin. Y entonces fue cuando ella reaccionó, acercándose a nosotros.
- ¿Soy un juego para ustedes?- y los miró a ellos dos.- Me alegra que se diviertan. El amor no es un juego. Ambos están condenados a vagar por el mundo sin tener corazón- mientras hablaba los señalaba con uno de sus dedos. No me reconocí en ella en ese instante. Había tanto frío en su mirada. Tanto odio en su voz. Pasó entre nosotros y se marchó. El hombre y el Ángel se miraron. Y ambos llevaron sus manos hacia su pecho como buscando; ¡quien sabe que!
Mi Ángel se acercó a mi- solo ama- dijo mientras me veía a los ojos.- da todo de vos no te guardes nada. Si a quien escoges te corresponde ganará su corazón y el tuyo. Si no lo hace, solo él lo perderá. Por que el tuyo mi amor, siempre lo tendrás mientras yo, vele por vos.- cerré mis ojos, sentí el calor de sus labios en los míos y la ternura de sus manos sujetando mi rostro…entonces…desperté.
Hace poco pregunté, si era mejor no sentir a sentir demasiado dolor. Me respondieron (con gran sabiduría creo yo) “que prefería el dolor ya que no se imaginaba viviendo vacío de emociones y que del sufrimiento también se aprende” Estoy de acuerdo con dicha respuesta… pero aún así la mayoría de mis días desearía no sentir y no recordar.
¿Les ha pasado?
como suelen decir, ésta vida es solo una disfrútenla ...
Como siempre gente linda…gracias por coincidir…Marisol A.





La lluvia caía sobre la ciudad nuevamente.
Parecía un día como tantos, como cualquier otro.
Llevaba sus manos dentro de los bolsillos de la chaqueta de verano que llevaba puesta. Hacia calor, así que no era problema mojarse un poco con esa suave lluvia. Por el contrario era refrescante, relajante en realidad.
De a ratos cerraba sus ojos y levantaba su cara al cielo buscando que le cayera más de esas bellas gotas sobre su rostro.
Casi anochecía. Pero sus pasos no se daban prisa. No lo tenía. Nadie la esperaba como siempre. Una vez, si lo hicieron. Una vez hubo luz al llegar a su casa. Pero ya no. Ese era un cuento que no había tenido final feliz. Cruzó la calle. No venían autos, claro a esa hora no los había mucho. Y los pocos que aún circulaban no lo hacían a mucha prisa. Por miedo quizá. ¡Miedo!
¡Que palabra! Y pareció que su mirada se quedaba en el tiempo. O retrocedía a uno que la complacía más en realidad. Un tiempo en el que su sonrisa no era fingida. En donde aunque lloviera había sol en sus veranos y calidez en sus inviernos.
Se sonrió.
Recodo que tiempo después sintió que amarlo tanto había sido el peor de los castigos. En realidad aún lo creía.
Lo amaba tanto. Cielos. ¿Cómo definir lo que sentía en verdad?
Jamás había creído en finales felices, corrió para que un coche que pasaba no la salpicara con agua sucia de la calle. De un salto subió a la vereda. Se miro en reflejo de una vidriera. Estaba espantosa, mojada por completo, despeinada como nunca y sin nada de maquillaje. Rió divertida, le encantó como se vio.
Solo se despeinó un poco más, y siguió su camino.
Su mano rozó su mejilla. Luego lo hizo nuevamente intencionalmente. Extrañaba sus caricias, sus besos, su piel su olor.
Voltear en la cama y encontrarlo junto a ella al despertar.
Escuchar su voz, llamándola, diciendo su nombre. Verlo sonreír mientras ella preparaba la cena.
Verlo a los ojos mientras le explicaba como había sido su día.
Le fascinaba como solía explicarle todo con lujos de detalles y como movía sus manos al hacerlo. Como se le hacían hoyuelos en sus mejillas cuando sonreía.
Nada le había costado superar más, por las noches que no tener su cabello rizado para enredarlo entre sus dedos mientras el sueño no acudía a ella.
Ya no había luz del sol. Como deseaba que la lluvia aliviara su alma igual que lograba aliviar el calor de la calle.
Miró el cielo. Parecía que las estrellas saldrían a reclamar su lugar finalmente.
Cuando lo conoció bajo su guardia.
Le pareció tan inocente, un niño en cuerpo de hombre. Un niño que le llenó el alma de ternura y un hombre que lleno su cuerpo de mujer de amor.
Se sonrojó. Recordó esas noches de pasión. Su cuerpo las recordaba bien. Aún no las olvidaba, tenia memoria al igual que su corazón del amor que sintió por él. ¿Sintió? No. Mal expresado. Que su corazón sentía por él.
Apretó con fuerza el puño de su mano. La mano con la que solía caminar sujeta a la de él.
Mano que ahora se encontraba vacía.
Como deseaba no recordar, no sentir.
Una vez alguien le había dicho que valía la pena el todo el dolor a cambio de un poco de amor. “Qué tontería”, había pensado en ese momento. Ahora lo entendía. Sentía demasiado dolor, una angustia enorme en su alma y un gran vacío en su corazón. Pero no lo cambiaria si de eso dependiera el amor que sintió por él.
Las calles parecían vacías, a lo lejos vio como un hombre bajaba corriendo de un auto con un paraguas en la mano, y daba la vuelta para abrir la puerta del acompañante. Una mujer bajo luego de él. La cubrió con el paraguas mientras la abrazaba y la guiaba sobre la vereda para luego entrar a un edificio.
Que bien se sentía ser protegida de esa manera. ¿Cuánto hacia que alguien no la cuidaba asi, con esos detalles? (suspiró) no lo recordaba.
Bajo la mirada. Temió que alguien viera la tristeza que seguramente se reflejaba en ella.
De pronto sintió la necesidad de abrazarse a si misma. Miró nuevamente al cielo, la luna imponía su luz. La noche recién comenzaba y ella sentía que su vida ya había acabado.
Se sintió tonta, él le había devuelto los sueños solo para dejarla sin nada nuevamente. La lleno de ilusiones que luego se desmoronaron, cuentos que luego se transformaron en pesadillas. Hubiera dado la vida entera por él. Y sin embargo…ya no tenía vida y no lo tenía a él.
A veces sentía que no podía recordar como era su rostro. Que por más que hacia un gran esfuerzo no recordaba como era su rostro y menos lograba recordar sus palabras, su voz.
Busco las llaves en su bolso. Las encontró previo revolver todo.
Coloco unas en la cerradura. No eran.
Una salida…eso era lo que necesitaba. Una salida a tanto dolor a tanta soledad.
Busco de nuevo, lo intentó una vez más. Ahora si era la llave correcta. La giro. “si así de fácil fuera cambiar su rumbo o darle sentido a su vida”.
Un día había estado en el paraíso, pero de ahí había sido corrida, brutalmente, como quien se despierta de un bello sueño.
Entro al edificio. El agua que se escurría de su ropa mojaba el suelo que ella pisaba. Así llegó hasta el ascensor, apretó un botón. Apoyo su cabeza en la pared, cerró los ojos, una gota de agua salio de sus ojos recorrió su mejilla y murió junto con otras en el suelo. Pero ésta no era de lluvia.
Aún no sabía si todo lo vivido con él había sido fantasía o realidad.
Salio del ascensor, caminó por el pasillo se paro frente a otra puerta. Tenía el juego de llaves en sus manos, aparto una y la puso en la cerradura. La giró sin mayor problema y abrió la puerta.
Había luz en el departamento, eso le gustaba. Era señal de que alguien la esperaba.
- Mamá, mamá,- gritaba la pequeña voz mientras corría con los brazos extendidos hacia ella.
- Hola bonita…- y se agachaba para alzarla en brazos y darle un beso en su pequeña mejilla…- ¿Qué haces aún despierta?- y la besaba una y otra vez en la mejilla.
- Te esperaba- y la voz sonaba aún más dulce mientras extendía frente a los ojos de la madre un papel con unos garabatos.
- ¿Qué es eso bonita?
- Un dibujo- y era llevada hasta un sillón, mientras explicaba su obra de arte de la que parecía estar sumamente orgullosa.
- ¿Y que dibujaste?- dejaba a la pequeña y comenzaba a quitarse la ropa mojada.
- Mira es papi en el cielo, junto con sus amigos los ángeles. Puso la ropa mojada en una silla, y tomo el papel en sus manos. Algo estrujo su corazón y un nudo se formo en su garganta. Un escalofrío recorrió su cuerpo. Y estaba segura no era por la lluvia.
- Que bonito Sophia… te felicito mi amor…- y la beso en la frente.- ven, mamá se quita la ropa mojada y te lleva a la cama ¿si?
- Si mamá…
Marisol A
Dicen que querer y amar no es lo mismo…que se puede querer sin amar. Pero que no se puede amar sin querer.
Parecen palabras de situaciones casi irreales. Paradojas de un juego que pocos saben jugar y aún menos son los que resultan airosos… ese juego llamado “amor”.
A muchos nos adoran a muchos queremos… pero amar…ese sentimiento que nace desde el alma o desde la boca del estomago jaja (no estoy segura). Ese que nos quita el sueño, el hambre nos inunda de dicha, de paz, de inseguridad y de una hermosa locura. Ese es único mágico… y creo por lo que dicen. Pasa solo una vez. Me cuesta comprender a quienes dicen que han amado más de una persona. Aunque, ¿cuántas formas de amar hay? Amamos a un hermano, y no del mismo modo a una pareja o a un amigo. Así que viéndolo de ese modo podemos amar a muchas personas, de distintas maneras. Pero no se confundan hablo del amor que se siente por la otra mitad, por el cuerpo que hace vibrar al tuyo por la boca que hace que se seque tu boca y las caricias que queman tu piel. Ese amor creo pasa solo una vez. ¿Qué creen? Pero quien sabe, tal vez sea cierto. Y si se puede amar más de una vez, de distintas maneras claro. Pero más de una. Hasta que no me demuestren lo contrario sigo con mi teoría de que AMAR, nace solo una vez dentro de cada quien. Se lo alimenta y tal vez crezca fuerte, sano, hermoso o tal vez. Se olviden de él y lo dejen morir de dolor.
Bueno acepto otras teorías…como siempre gente sean felices y gracias por coincidir…Marisol A.





¿Por qué nos vuelve locos el amor?
Pensaba en sus palabras, mientras caminaba.
En los “te quiero”, mientras cerraba sus ojos para así controlarse y no decirle “te amo”.
¿Cuántas veces le había pasado? ¡jaja! Y escucho su risa antes de lograr contenerla. Miró hacía un lado luego a otro, creyó que alguien la había escucharlo. Pero no. Al parecer nadie había visto su loco comportamiento (bueno el normal para ella) el que nadie estuviera observándola le dio permiso para sonreír aún más.
Por supuesto no se encontraban muchas personas a esas horas de la noche y menos un lunes. De seguro habría quienes saldrían a pasear los viernes y los sábados estaban llenas de parejas caminando tomados de la mano o niños a los cuales se les permitía quedarse hasta tarde andando de una esquina a otra en bicicleta, niños que se sentían adultos y adultos que mirándolos deseaban ser niños una vez mas.
Pero esta noche no.
Caminaba; la cartera colgando de su lado derecho, ambas manos en los bolsillos de saco. Caminaba erguida, con su vista al frente pero sin ver en realidad. Caminar la ayudaban a poner en orden sus pensamientos.
La noche era sumamente calma, y no lograba quitar su imagen de niño bueno que llevaba constantemente en su mente. Y como si fuera poco cada maldita cosa se lo recordaba.
Cada estrella que al levantar la vista veía (a las cuales en ese momento miró con cierto desdén estaba segura que se burlaban de ella), cada noche como ésta que habían compartido juntos, miró a su alrededor.- ¡si!- dijo en voz alta y apretó sus labios. -Cada plaza- y continúo enumerando en sus pensamientos. Nuevamente levantó la vista intentando salir de ellos. No. No lo lograba. “cada luna”, se dijo sin pronunciar palabra y suspiró muy hondo.- cada bocanada de aire- ahora sí se escuchó su voz.
El viento comenzaba a soplar pero no apresuró su paso por el contrario se detuvo en el centro de la palaza. Buscó un asiento, que le diera una buena vista del paisaje. Y que le permitiera seguir pensando. ¿Pensar? Tenía que maldecir en realidad sintió que el hallarlo había sido una burla del destino. El reconocer en él al ser de sus sueños, volar con su imaginación, reír con su locura, temer su ausencia, rozar su piel, sentir su perfume…amarlo.
Amarlo loca y desesperadamente. Solo para comprender que jamás le correspondería. De un solo movimiento llevó su mano derecha hasta su corazón. Sintió en éste un golpe que la obligó ha hacerlo. El pensarlo, el amarlo así le causaba un profundo dolor. El frío de una lágrima le enseño el recorrido que esta llevaba por su mejilla antes de perderse con el viento.
La suerte no había estado jamás a su favor, es esto que suelen llamar vida.
No había elegido casi nada de lo que le toco vivir. Había tomado, lo que simplemente reimpusieron hacía lo que le salía como mejor le salía. Ninguno de sus sueños se había hecho realidad y a casi todos los había dejado atrás hace mucho tiempo.
Pero aún había uno, único constante, firme, fuerte. Él, en cada una de las caras con las que se cruzaba en la calle. Intentando reconocerlo en cada voz que le hablaba, encontrarlo en los gestos de alguien más. Pero solo él, estaba en sus sueños desde siempre. Y no comprendía como podía ser tan cruel con ella el destino, la suerte o como quieran llamarlo. Encontrarlo por fin, reconocerlo, sentir sin duda alguna que era el hombre que había conocido en sus sueños. Y sonreírle, intentando decirle con la mirada…- “amor, soy yo…mírame, debí haber estado en alguno de tus sueños. Como vos has estado en cada uno de los míos.”
Y el dolor intenso que causó el no sentirse reconocida. Saber que ahora; que lo que ella sentía que debía ser, no lo sería jamás.
Que tal vez alguien escribió su vida así. Que amara a quien amaba a alguien más. Y ella que aún continuaba soñando con sus caricias, con su calor. Ahora sabía no solo que estaba por ahí. Sino que finalmente había llegado hasta él…pero que jamás estaría entre sus brazos.
Lo escuchaba hablar de su amor, de cuanto la amaba y de lo feliz que ella lo hacía. La joven reía cuando lo que en realidad quería era llorar. Maldita la vida, él amaba a otra y ella se desgarraba por dentro.
Se descubría con ternura en su mirada, lloraba con sus tristezas, reía con sus alegrías, volaba en sus sueños. Pero sus besos, sus caricias sus palabras de amor, su calor por las noches, eso…es le pertenecía a otra. Y con otra era con quien compartía los sueños de almohada. Ella solo le robaba momentos…la bocina de un automóvil la abstrajo de todo aquello. Miró para todos lados por un segundo no supo donde se encontraba. Busco algo que le resultara familiar.
Fue cuando vio esa fuente por la que pasaba todos los días.
Llevó su cabeza hacia delante y escondió su rostro entre sus manos. Deseaba llorar, pero la rabia no la dejaba.
Él la quería… “maldita sea”- la voz se escucho con toda la furia y dolor contenido… “lo amo”- dijo luego como un susurro casi imperceptible.
¿Cómo arrancar ese sentimiento de su corazón?
Temía que su alma la traicionara y quedar así un día descubierta ante sus ojos. Así que había pensado en alejarse por completo, pero no lo lograba.
“El amor no es egoísta”.
Estúpida frase pensó. ¿Por qué no?
Suspiró nuevamente.
Es que simplemente él, ya había encontrado a quien estaba en sus sueños y no era ella.
Las hojas crujiendo debajo de sus pies, la hicieron darse cuenta que el otoño había llegado. Continuó pisándolas una y otra vez.
¿Por qué no se podía cambiar de corazón como los árboles de hojas?
Es que todo era confusión, el dolor y el placer de amarlo. Es que hacerlo la hacía sentirse bien aunque supiera que ella no sería para él. El amor que sentía la inundaba de paz y la colmaba de dicha.
Se puso de pie, debía continuar.
Sacudió un par de hojas que habían caído sobre su cabeza.
Comenzó a caminar nuevamente. Sonó su telé fono. Era él.- ¡Hola amigo!... ¿Cómo estas? …justo pensaba en vos…- decía mientras dejaba atrás la plaza y sonreía.
capitulo X




Muy temprano llegaban al aeropuerto.
Clara como siempre era la encargada de resolver todo lo referente a los papeles para abordar el avión. Alguien más se encargaba de llevar las maletas. Daniel besaba a su hijo y a su mujer.
- los voy a extrañar mucho. – y besaba en la frente al niño. Que solo sonreía- te quiero le decía luego. Por favor Ángela en cuanto llegues no dejes de llamarme.- también la besaba.
- Amor tranquilo.- y lo miraba a los ojos- firmo éste contrato y en unos días regresamos- ahora acariciaba el rostro delgado y cansado de su esposo-
- Si amor, estaré bien. Es solo que te necesito. Cuando todas estas citaciones pasen vamos a viajar los tres muy lejos. Se los prometo.- quitaba el cabello de los ojos de su esposa, su rostro se veía bello como siempre, sus ojos…aún no comprendía porque su mirada se veía siempre tan triste. Pero todo en ella era perfecto para él.
- Lo sé. No te preocupes. Bueno ya tenemos que irnos.- y acercaba la carita del niño para que sea besado nuevamente por su padre.






- ¿Esta segura que no esta registrada en ese hotel?
- Si señor, ya el he dicho que la persona que usted busca no esta aquí, ni en ninguna de nuestras sucursales de éste país. Lo ciento disculpe.
- No. esta bien. – la voz masculina se oía apagada, confundida- es que la persona que busco debía alojarse ahí desde hace tres días y aún no tengo noticias de ella. No se preocupe de seguro esta en otro hotel y me he confundido.
- Si señor de seguro es eso. Como le dije ya la he buscado varias veces en todas nuestras sucursales y no logramos hallar a quien busca. Pero de seguro es como usted dice.
- Bien gracias y colgó.



Sonó el timbre, la empleada abrió la puerta. Era Nicolás. Entró enseguida tomó asiento en el sillón mas cercano a Daniel.
- Tengo noticias de tu asistente.
- ¡¿Qué; es ella la que esta detrás de todo esto?!
- No…- y se desprendía su lujoso saco.- y realmente agoté todos mis recursos.
- Eso no me importa en este momento.- tomaba nuevamente el teléfono marcaba esperaba que sonara pero al parecer nadie respondía. Volvía a colgar. Dejaba el teléfono en la mesa, se servía algo para tomar. De pronto con toda la furia el vaso que estaba en sus manos segundos antes termina estrellado contra la pared. Nicolás que se pone de pie. Acostumbrado a los excesos de violencia de su cliente pero aún sorprendiéndose de todos modos.
- Tranquilo – le decía mientras se acercaba a Daniel.
- ¡Tengo que ocuparme de mi familia! ¿No entendés?
- ¿Todavía no te llamó Ángela?
- No. Y estoy desesperado. Tengo miedo que el loco que esta detrás de todo esto los haya secuestrado para hacerme daño.- respiró hondo, le puso una mano en el hombro del que al parecer era el único amigo que le quedaba.- Te tengo que pedir un favor. Viaja a España y trata de localizar a Ángela. Por favor.- su voz casi se quebraba pero su orgullo fue mas fuerte y solo contuvo la mirada esperando una respuesta favorable.
- ¡No te preocupes hombre!- Nicolás ni hizo esperar su respuesta- ya mismo viajo- el abogado que ahora demostraba que también era un amigo se dirigió hacia la puerta, se despidió de su amigo con un apretón de mano. Cuando abrieron la puerta para que éste pudiera marcharse, se encontraron de pie con la mano en el timbre a un cartero.
- Te buscan Daniel.
- Si gracias Nico, en cuanto llegues llámame por favor.
- No te preocupes, la vamos a encontrar bien. De seguro la mandaron a otro hotel y no ha podido comunicarse por tantas entrevistas.- las palabras sonaban muy seguras pero sus ojos no decían lo mismo, se marchó sin sostener la mirada.
- Señor esta carta es para Daniel Meier.
- Soy yo- recibía el sobre, cerraba la puerta tras él. Mientras abría con suma curiosidad se dirigía al sillón que daba a la ventana por donde se podía ver el mar.
Comenzó a leer. Algo llamó su atención y comenzó a leer la carta nuevamente ahora en voz alta.

-¡ANGEL SOÑADOR!- fue lo primero que se le escuchó decir.- esa fue la última y gran novela que escribió mi hermano. ¿Te acordás de él? Se llamaba Juan Dimas. Tenes que recordarlo ya que yo no he dejado de pensar en vos ni un solo día desde entonces. Él creía que esa novela era la mejor que había escrito hasta ese momento. ¿Y lo fue no? Fue la mejor. Por eso se la robaste. Sabía que esa novela iba a ser un éxito. Y lo fue. Se hizo muy famosa tanto que la hicieron película y vos obtuviste más fama de la que ya tenías. Hasta el día de hoy me pregunto. ¿Por que? Tenías un buen puesto en la editorial de tu suegro algo de reconocimiento y algunos libros de popularidad. No como lo fue “Ángel soñador” pero tenías algo. Mi hermano no tenía nada. Solo sus sueños que quedaron impresos en esas palabras que el mundo cree, son tuyas.
Cuando supo lo que habías hecho. Fue insoportable para él. Intentó pedirte explicaciones pero no… el gran Daniel no da explicaciones. No solo no se las diste si no que también lo humillaste y avergonzaste delante de tus empleados. Llamándolo mentiroso y oportunista. A él, que era el hombre más honrado que conocí en mi vida. Eso fue lo último que soportó. Lo empujaste a la muerte con todo lo que le hiciste. Y cuando lo mataste a él me lo hiciste a mi también. Desde entonces muero un poco cada día. Deseando que el que muera seas vos, deseando que pagues uno a uno tus robos y tus crímenes. ¿Cuántos sueños robaste? ¿Cuántas ilusiones asesinaste? Lo que era mío me lo arrebataste. Ahora yo tengo lo que fue tuyo, lo que por derecho siempre debió pertenecerme. Tengo tu empresa, tu orgullo todo lo que obtuviste con la sangre de mi hermano, te quité el respeto de la gente que obtuviste con su locura. Tengo tu dinero y sobre todo tengo lo que mas deseaste…a tu hijo. No te digo que también tengo a Ángela porque ella jamás te perteneció. Tus besos le daban asco y tus caricias solo le causaban repulsión. Me gusta la ironía, un “ángel” te dio más éxito y una “Ángela” te lo quita todo. Jamás van a volver a vos. No los busques; así como Ángela apareció de la nada en tu vida, del mismo modo desaparecerá. Tienen otro nombre, otros documentos y con tu dinero tendrán una mejor vida. Le quitaste un hermano, ella te quita un hijo. Creo que es lo justo, ojo por ojo. Ahora que Ángela va a descansar tal vez Sofía pueda comenzar a vivir. Es que por fin tiene a alguien por quien hacerlo.
Espero que al contrario de mi hermano sigas viviendo. Si es que podes.
Siempre supe que era buena actriz, me sirvió para ganar dinero el mismo que utilicé para destruirte, ahora la actriz desaparecerá también. Solo seré yo.
Ángela Hamid
Sofía Dimas

La mujer sentada frente al mar leía el periódico, mientras cubría al niño del sol.


- ¿Estas bien Sofía?- le preguntaba mientras acariciaba su rojo cabello y le sonreía al bebe sentado en una sillita ajeno a todo a su alrededor.
- Si claro. Pero ya no soy Sofía en realidad hace mucho que no lo soy, tampoco soy Ángela. No lo olvides. Ahora soy Zoe. Ya no soy sabia, tampoco un ángel vengador. Ahora solo quiero vivir y que mi hijo sea todo lo feliz que pueda.
Por favor Ana llévalo para que duerma.
- Sí no te preocupes. Todo estará bien.- tomaba al niño en sus brazos y besaba en la frente a la muchacha.
Zoe se puso de pie, dejaba el periódico sobre una mesa de plástico y comenzó a caminar por la horilla del mar.
- vida.- dijo suavemente- por fin estoy viva. Sin su amor, pero viva.


En el papel se leía en letras muy grandes.

“El conocido escritor Daniel Meier, murió ayer en sus país. Tras un confuso episodio. Se dice que el escritor habría caído en un profundo poso depresivo.
Tras la quiebra de su editorial, un profundo fracaso de su último libro y el reciente abandono de su esposa. Quien se encuentra con paradero desconocido junto al hijo de ambos.”



Sopló el viento. Se llevó consigo las hojas que cayeron al mar y una tras una comenzó a disolverse.
Zoe secaba sus lágrimas.
- No voy a llorar. No voy a amar... nuca más.
Fin
- ¡Hola amor!-
- ¡Daniel…por fin llegaste!- apenas abierta la puerta de entrada Ángela se apresuraba a recibir a Daniel, su vientre estaba crecido, se veía mas bella si es que eso era posible. Sus ojos aun tenían un dejo de tristeza, que rara vez desaparecía.
- ¿Qué sucede; te sentís mal?
- No, eso no.
- Entonces…
- ¿No viste la televisión?
- No… no he tenido tiempo ¿qué paso?
Ángela encendió la televisión cambió los canelos y por fin se detuvo en uno.
- Están diciendo que tu editorial esta en quiebra, mirá – subía el volumen del aparato- un canal extranjero dice que cambiará de firma. Le hicieron un reportaje a unos de tus escritores más conocidos y dijo que se fue de tu editorial porque vos le robaste dinero y la oportunidad de publicar más.- ahora Ángela miraba a su esposo, que se encontraba de pie inmutable, como si no hubiera escuchado nada de lo que le acababan de decir.
- No entiendo que sucede. Alguien me esta haciendo mucho daño y no sé porque.- se sentaba junto a su mujer, no la miraba a los ojos pero rara vez lo hacia.
- Y bueno- la joven miraba por la ventana, buscaba algo, deseaba decir algo, acariciaba su vientre. Tal vez buscando fuerzas en el niño que esperaba. Un silencio y por fin las palabras comenzaron a salir.- discúlpate con ese escritor y dale lo que dice que el robaste, ofrecele un nuevo contrato, estoy segura que se lo merece.- aún con estaba de espaldas al hombre. Sus ojos estaban cerrados, como esperando algo que sabía no obtendría.
- No vas a creer eso.- se puso de pie bruscamente y tiró al suelo los papeles que llevaba en la mano- me atacan y vos les crees a ellos…todo lo que tengo es mío, no robé nada a nadie. Les doy una oportunidad que nadie mas les da a estos muertos de hambre y me pagan traicionándome. – daba vueltas de un lado a otro en la habitación, golpeaba una mesa se servía algo para tomar. Whisky por supuesto.- no entiendo quien me esta haciendo esto, no logro entender…solo que lo descubra y sabrá quien soy yo. Sabrá que conmigo no se juega.-
Los ojos de Ángela se abrieron, la tristeza en sus ojos fue mayor, decepción tal vez. Pero no dijo nada. Solo permaneció en silencio.

Unas semanas después, más medios de comunicación nacionales y extranjeros se hacían eco a los rumores de quiebra (que para ese momento no estaban muy lejos de la realidad). Mas escritores se sumaron a las acusaciones de robo, Daniel iba en caída libre y parecía que nada de lo tendría.

Solo Ángela y el niño que estaba por nacer parecían mantenerlo de pie y darle fuerzas para continuar luchando.

- Creo que quien te ataca tiene que estar dentro de tu editorial- claro el joven abogado estaba preocupado si se hundía Daniel de seguro él también lo haría.
- ¿Te parece? Si debe ser pero ¿quién?
- No sé… ¿a cuantas personas contrataste desde que todo esto comenzó?
- Déjame pensar – llevaba su mano derecha a la frente mientras la izquierda permanecía en su cintura, respiraba hondo, miraba a su alrededor como buscando la respuesta.- hace casi un año que las cosas van de mal en peor. Y en ése tiempo además de un par de escritorcitos, contraté a mi asistente. – de pronto se quedó callado, sus ojos se iluminaron. Pareció encontrar la respuesta que buscaba.
- De ella…¿qué sabes?- los dos parecían pensar lo mismo
- Trabajo muchos años en el extranjero, es más quien me la recomendó fue un publicista muy importante de España.- ahora
Daniel miraba a su abogado, salían las preguntas y pocas encontraban respuestas.
- No te das cuenta Daniel que ella esta muy cerca tuyo, sabe todos tus movimientos financieros y de negocios. Es mejor que traté de averiguar algo más sobre ésta chica, tenemos que saber de una buena vez quien está detrás de todo esto.
Nuevamente solo, Daniel miraba por la ventana, sabía que tal vez merecía mucho de lo que le estaba pasando. Pero no dejaría que le quitaran lo que le costó tanto construir. No importaba lo que tuviera que hacer, o a quien tuviera que destruir. Para permanecer en donde estaba.



El día llegó y el hijo de Ángela y Daniel Meier nació. Los periódicos tenían titulares enormes.

Nació el hijo del escritor, editor y productor Daniel Meier y de su esposa la conocida actriz Ángela.
Es una buena noticia para el escritor que solo ha tenido mala racha en los últimos tiempos viéndose obligado a vender su editorial y enfrentar juicios por plajeo.


Los medios de comunicación lo habían condenado. Ningún escritor conocido o que estuviera comenzando quería que Daniel fuera su editor, su carrera empresaria estaba en la ruina. Había salido impune ante la justicia por los juicios de plajeo, pero estaba condenado por la sociedad. Al menos eso había entendido cuando su último libro fue rechazado, dándole solo pérdidas. Lo creían un ladrón un estafador y los que una vez le temieron ahora lo despreciaban. Ya nadie le temía, nadie lo respetaba.
Era su casa su único refugio, donde encontraba paz y serenidad.
Su esposa su hijo era todo lo que le quedaba. Aún tenía orgullo, jamás acepto una sola de las acusaciones.
En su casa en el silencio, se sentía él, el poderoso pero ahora sin poder.
-¡Gabriel mi amor!- acariciaba al niño una y otra vez. Lo besaba. Realmente lo amaba. Si viéndolo junto al niño parecía humano, parecía capaz de sentir. Quien diría que era capaz de destruir tantas vidas sin que le temblara la mano y ser tan tierno con ese pequeño.
- Dejalo en su cuna, amor necesita descansar.
- Es que es tan hermoso, no me canso de verlo. Me cuesta creer que ya tenga un mes. Tan chiquito. Los amo a los dos.- dejaba de mirar al niño y miraba a su madre, le acariciaba el cabello, la besaba en la boca. Lo hacía tan dulcemente, tan tiernamente.
Ángela, interrumpió el beso. Acomodaba la cuna del niño, con una ternura inmensa como toda madre es capaz de sentir lo abrigaba, acomodaba unos ositos junto a él.- ¡¿no sé que haría si no los tuviera a ustedes dos en éste momento?! De seguro me moriría.
- no seas exagerado.
- No lo soy. Pierdo mi editorial. Tengo que volver a empezar como escritor pero ahora el público me rechaza. Realmente sin ustedes no tendría fuerzas para continuar.- rodeaba a su mujer con sus brazos y la besaba una y otra vez en la cara, en el cuello, en la boca.





- Ya esta totalmente arruinado. ¿Por qué no terminas con todo esto?
- No. Quiero que termine del mismo modo en que lo obligó a terminar a mi hermano - la voz del otro lado del teléfono se oía preocupada, fría. Era extranjera y también parecía estar muy lejos.
- Por favor Sofía, son muchos años de acumular odio. Estas muy cerca de él, esto va a terminar haciéndote daño.
- No puede hacerme nada mas, no lo entendes. Él siempre lo tuvo todo. Y le robó a Juan lo único que tenia y me arrebato a mi hermano… me arrebato la vida el día en que Juan murió. No puede seguir impune. No se lo voy a permitir, tiene que pagar. Le voy a quitar todo, absolutamente todo. Como él me lo hizo a mí.
- Ya le quitaste todo. Esta en la ruina y nadie más lo respeta. ¡por favor regresa! ¡No sigas, por favor!
La joven colocó el tubo del teléfono en su lugar. Permaneció en silencio. Secó una lágrima que caía por su mejilla.



-¿Qué hace aún en la oficien?- la mujer se sobresaltó.
- No, nada señor. Tenía que hacer una llamada telefónica.
- Es un poco tarde. ¿Estaba hablando con algún cliente?
- En realidad era una llamada personal. Pero no hable mucho.- la asistente, notoriamente nerviosa acomodaba los mismos papeles una y otra vez.
- bueno, no se preocupe. Mejor ya retírese. Nos vemos mañana
- Sí. Hasta mañana señor.- se acomodaba el saco, agarraba su cartera y salía sin que se lo dijera dos veces.
- ¡Por fin solos!- las risas, y Daniel que llevaba en brazo a su flamante esposa. Entraron en la habitación del hotel. Con mucha ternura la dejó sobre la cama, quito el cabello que no le permitían ver los ojos de su mujer. Y la besó.- soy feliz- dijo con una sonrisa que ocupaba todo su rostro.
- ¿de verdad? ¿Aunque hayas perdido todo?
- Solo perdí dinero. Lo volveré a ganar. Ahora tendré un hijo al que mantener.- Estaba acostado junto a ella. Observándola, como si fuera la primera vez que la veía.
- ¿vas a volver a escribir? Así fue como comenzaste ¿no?
- No hablemos sobre eso.- y la besaba en el cuello, en la boca, en la nariz, y reían- es nuestra noche de bodas, hay que consumar el matrimonio.-
- ¿A sí?- Ella acariciaba el rostro del hombre, sonreía feliz.
- Si. así es señora. – y continuaron las risas, las caricias, los besos.






-¿Vos sos la secretaria de Daniel?
- No…- respondió de mala manera la joven- soy su asistente
- ¡AH! Claro. – El tonto de voz de ésta, era aún más irónico que el de la joven que acababa de responder.- yo soy la ASISTENTE- enfatizó muy bien ésta palabra.- de Ángela. Y quiero decirte que no le gusto el modo en que trataste a los invitados, y a mí tampoco. Tus modales parecían de camarera. Tenes que pulirte querida.- el “querida” por supuesto era con ese tono dulce, pero que se clavaba como un cuchillo en la piel. Al decir esto, la mujer solo se marcho. Sin permitir que la muchacha se defendiera. Es que para ésta mujer cuando alguien no le daba una buena primera impresión no había segundas oportunidades.
Pero esto no pareció preocupar a la joven.
Aunque Clara con sus cincuenta años, hacía tiempo que sabía hacerse oír, y respetar.




Con el paso de los días la prensa se calmó. Y las primeras páginas fueron ocupadas por noticias más frescas.
Ángela y Daniel se mudaron a una casa frente a la playa. Para esto Daniel tuvo que invertir el poco efectivo que le quedaba. Pero sabía que esa casa era lo que su joven esposa deseaba.
La telenovela se terminó de grabar y había sido un gran éxito en muchos países. El dinero y las oportunidades de abundante y buen trabajo no dejaban de llegarle a Ángela.

- Llamó tu asistente, quiere que te comuniques con ella.
- Si claro mi amor; en seguida la llamo- abrazaba a su esposa por la espalda y ambas manos acariciaban su vientre.- ¿cómo se porta nuestro bebe? ¿aún no crece esta pancita?
- No. Aúno no crece.- y le dejaba el teléfono en las manos.- ¿vas a llamar o no?




Ya era tarde, pero en ella continuaba en la oficina acomodando papeles. Sacando copias y tirando otros a la basura. Siempre era la primera en llegar la última en irse. Por supuesto esto molestó a varios empleados que no creían en la eficiencia de la joven asistente.
Sonó el teléfono.
Respondió rápida y correctamente como siempre.-
- Oficina del señor Daniel Meier.
- ¡hola si, soy yo! ¿Qué sucede?
- A Daniel que bueno que llama. Es que me llegó un documento. Al parecer alguien le compró las acciones de la editorial a su esposa.
- ¿Dice quien?- la sonrisa se había ido del rostro de Daniel. Ahora estaba de pie, mirando por una gran ventana, llevando su cabello hacia atrás con la mano que tenía libre. Ángela lo observaba de lejos pero no lo interrumpía.
- No al parecer lo hicieron con un testaferro.
- Bueno, no se preocupe mañana hablamos.- colgó.
- ¿Tengo que ponerme celosa? – decía Ángela apoyada en el marco de la puerta desde donde había oído la conversación.
- Claro que no amor. Sos mi ángel, nadie puede ocupar tu lugar ni el de nuestro bebe.







-
- Debiste decirme Carmen que querías vender las acciones.- Daniel estaba furioso, no soportaba perder el control de la situación, y ahora estaba a punto de perder el control de aquello por lo que había luchado tanto. Odiaba a Carmen, la destetaba desde hacía, mucho pero en ese momento sentía un odio infinito hacia aquella mujer.-
- No quería. Pero me hicieron una oferta demasiado buena y no me pude negar.- la mejer tenía la misma mirada fría y de rencor que él. Es que había comprendido lo que muchos supieron siempre, que ella solo había sido un escalón mas para Daniel. Solo alguien que debía usar para poder escalar de posición. Pero en realidad, le dolía mucho más, saber que jamás la había amado, ni siquiera un poco. Sonreía, trataba de no demostrar el dolor que ese hombre le había causado, ya no lloraría por él. Ni una sola lágrima más derramaría. Solo se preguntaba, ahí viéndolo pagar un poco todo el dolor que ella sentía. ¿Cómo podía alguien que se jactaba de escribir sobre el amor y entender el corazón humano ser tan frío y manipulador?
- Pusiste a la editorial en manos de un extraño. Debiste haberme avisado- Daniel no dejaba de caminar de un lado a otro de la oficina, le dio un golpe al escritorio. La mujer no reaccionó, estaba acostumbrada a sus ataques de cólera.
- La editorial por si te olvidas era de mi padre.- ahora hablaba fuerte, seria, de pie frente a él mirándolo a los ojos. Como pocas veces lo había hecho.- la única razón por la que ahora vos sos el dueño es porque lo engañaste a él y me robaste a mí. Así que no sé de que te quejas. Se te paga con la misma moneda.- ahora le daba la espalda, necesitaba seguir fuerte, para enfrentarlo de una vez, para pedirle perdón a su padre ahora que no estaba, por no haberlo apoyado cuando vio que su propio marido lo despojaba de todo por cuanto él había luchado. Pero amaba a Daniel y le creyó cuando le dijo que lo hacía por el bien de la familia… ¡familia!…recordaba esas palabras muy bien. Solo que no dijo que para Daniel la familia era solo él.
- ¡Estas loca! ¡No mientas más! Ésta editorial casi no existía. yo la puse en la sima. Con mi trabajo y mi esfuerzo.-
- ¿Esfuerzo? De lo único que sabes vos es de manipular, de estafar y pisotear a quien sea.- ahora sus ojos brillaban, más por la rabia y la bronca que por las lágrimas.
- ¿se encuentra bien señor?- por supuesto la eficiente asistente entraba al escuchar tantos gritos. ¿para ayudar a quien?
- Me voy.
- No espera, espera.- no esperó cerró la puerta de un golpe.
- Ya me contacté con el abogado.- nuevamente intervenía, al parecer justo a tiempo para impedir que Daniel fuera de tras de Carmen.- me dijo que venía para acá enseguida.
- Ni bien llegué hágalo pasar.- respiraba hondo, acomodaba su corbata. Volvía a tener el control de sí mismo.
Nuevamente se quedó a solas en al enorme oficina. Sus manos en su cintura. Miraba para todos lados. Deseaba gritar, romper algo. Pero no. Tenía que pensar, actuar con inteligencia como siempre lo había hecho. No había logrado todo lo que tenía por dejarse llevar por las emociones. No. Pensaría. Debía pensar. Nuevamente la puerta, que se habría. Lo retornaba a su realidad.
- ¡Hola Nicolás!... ¿Cómo estas?... sentare.
- ¡ Hola Daniel! Si gracias.- el abogado era joven poco mas que Daniel pero se conocían desde hacía mucho, y se podía decir que Nicolás era a imagen y semejanza de Daniel. Sabía perfectamente como manipular a las personas para conseguir lo que quisiera. Y junto a Daniel había conseguido muchas cosas, sobre todo dinero.
- Decime… ¿Cómo están las cosas?- Daniel estaba sentado frente al él.
- Bueno- Nicolás acomodaba su lujoso portafolio sobre la mesa, era de esas personas que se enorgullecen por las cosas caras que poseen.- no muy bien. Como sabrás se fueron siete de tus mejores escritores y seis más no quieren renovar contrato. Al parecer una editorial extranjera está al asecho de todo buen escritor nuevo y ya conocido. Les hace mejores ofertas y les da más publicidad. Y los rumores de quiebra de tu editorial los aleja y hace que los que aún están quieran irse. Vos y yo sabemos que sus libros se venden poco. Pero alguien esta diciendo que en realidad se venden bien y que vos les estas robando.- el abogado seguía a Daniel con la mirada que estaba nuevamente caminado por la oficina. No sé. Parece que alguien está empecinado en que te valla mal. Los bancos están exigiendo el cobro de los préstamos, que pedimos para ampliar el edificio y para publicidad. Todo esto, mas tu divorcio, te ha dejado sin liquidez.
- ¿Tenes idea de quien esta detrás de todo esto?
- ¿Será Carmen?
- No. No creo ella no tiene motivos, los contactos y tampoco el dinero.-
- En eso tenes razón, por lo que he averiguado están moviendo mucho dinero, y muchas influencias. Sea quien sea Daniel te lleva la delantera.
- ¡¡Se han empecinado en arruinarme!!- ahora eran los papeles los que recibían su furia y eran arrojados al suelo. El abogado, tratando de reconfortarlo, le palmeaba el hombro.
- Lo siento de verdad. Estoy haciendo todo lo posible, por averiguar de quien se trata y por manejar tus asuntos lo mejor posible como siempre. Pero Daniel. Tenes enemigos muy poderosos y que al parecer no se detendrán por nada.
capitulo VII


- Hola si; por favor me puede comunicar con Daniel.
- Lo siento señorita pero el señor no se encuentra en éste momento.- la voz correcta, cada palabra dicha a la medida, fríamente y de memoria.
- Hace dos día que no lo veo y cada vez que llamo usted me dice que no esta. ¿puedo saber que sucede?- la voz del otro lado no era fría por el contrario, tenia mucho enojo. Algo que pareció importarle poco a quien recibía su mal humor.
- La verdad no sabría que decirle. En cuanto llegue el señor le doy su recado no se preocupe.
Y colgó el teléfono, y su semblante continuó, tan impávido como siempre. Continuo escribiendo por unos segundos, acomodó unas carpetas. Luego de un pequeño cajón de su pulcro (aunque muy ocupado) escritorio, sacó una llave, con la cual abrió otro canjón, puso en él unos papeles. Y volvió a cerrarlo con llave nuevamente.

Era muy tarde ya. El día había sido agotador. Las grabaciones las entrevistas y Daniel que no aparecía. El timbre de la puerta interrumpió sus pensamientos. De pie, todo despeinado (algo que no era habitual en él), y con el saco en la mano estaba Daniel.
Ya pasaba los cuarenta años, solo en ese momento se le había notado. Su semblante siempre calmo, hablaba muy seguro de sí mismo en toda ocasión. Cosa que incomodaba a sus adversarios y fascinaba a las mujeres. Era bien parecido, alto, su espalda ancha, sus brazos fuerte (le gustaba hacer ejercicio), sus manos grades y finas. Cuentan que fue varias veces infiel a su esposa, aunque nada comprobable. ¿Quien sabe? por alguna razón no se había divorciado. Todos sabían de sus deseos de tener hijos, una gran familia. Pero no eran lo mismo que quería Carmen, ella prefería las fiestas, los viajes, un niño solo le quitaría tiempo.
Fue a través de sus novelas que Daniel conoció el éxito, la fama y por supuesto así también había conocido a su esposa. Única hija del dueño de una importante editorial. La que al casarse paso a manos de Daniel, quien se encargo de hacerla más exítosa y remunerable. Ahora ponía en peligro mucho de todo eso por el amor de Ángela. Tantos años esperando tener un hijo. ¿Y ahora? Ángela se colgó de su cuello lo abrazó muy fuerte.- ¡Amor!!- le susurró al oído.- ¡Cuánto necesitaba oír tu voz!-. Lo tomó de la mano, lo llevó hasta el living, lo sentó en un sillón y se quedó de rodillas frente a él.
- Carmen y yo nos separamos.- dijo por fin tan rápido que apenas se le entendía lo que decía- mi abogado comenzó los traméis de divorcio.- luego le acaricio el cabello a la joven que continuaba arrodillada frente a él, solo mirándolo, como si lo viera por primera vez.- quiero casarme con vos cuanto antes.
Ahora sí Ángela se puso de pie se tiró sobre el hombre, riendo y llenándolo de besos.


El mes entero había sido una locura. Los periodistas los perseguían por todas partes, sacando fotos escribiendo notas de las que nadie se hacía cargo.
Los trámites del divorcio salieron rápidamente. Claro que Carmen se había quedado con casi todo el dinero un par de casas y algunas acciones de la editorial. Daniel por su parte obtuvo su libertad (lo que mas quería en ese momento), la mayor parte de la editorial un departamento y un poco de dinero.
No le importaba mucho, un par de libros algunas películas y estaría de pie nuevamente. Y ahora con lo que realmente importaba una verdadera familia.
La secretaria de Daniel no daba abasto. Atendía teléfonos que no dejaban de sonar. Enviaba invitaciones para casamiento, firmaba algunos papeles, en fin aquello era una locura. Pero al parecer ella manejaba todo muy bien.


El casamiento fue sólo por civil. Trataron de mantener el día en secreto, pero al final algunos medios se enteraron de igual forma.
- Ángela ¿quién es esa chica de cabello rojo?- Clara la asistente de Ángela nunca recordaba los nombres de nadie, mucho menos los rostros pero era muy buena como agente de prensa. Si algo lograba era que en todo lugar donde trabajara Ángela tuviera buena y mucha publicidad. Claro que el talento de su empleadora ayudaba mucho también.
- Es la secretaria de Daniel, bueno en realidad ya es su asistente al parecer es muy eficiente e inteligente. Se la recomendaron muy bien y parece que no se equivocaron.- se acomodaba el cabello, miraba la hora y sobre todo hablaba muy rápido.
- Perdóname, los casamientos me ponen nerviosa y las mujeres bonitas que ascienden rápido más.
- No te preocupes Clara. Pero ayúdame con esto.- le alcanzaba un broche para que se lo pusiera en el cabello.- apurate ya es hora.
CAP. VI


- ¿Usted es nueva?
- Si señorita Ángela.- si bien hablaba tímidamente, la joven se comportaba en forma muy segura.
- Perdone; no vengo mucho a éstas oficinas y me cuesta conocer a todos. No creí conocerla poroso se lo pregunte.
- Si claro; no se preocupe no tiene porque darme explicaciones. Todos sabemos quien es usted.- se ponía de pie con una mueca en su rostro que seguramente trataba de ser una sonrisa- es un honor para m conocerla personalmente.
- ¡ Gracias! Es muy amable.- Ángela ya no la miraba a los ojos buscaba algo o alguien.- ¿El señor Daniel se encuentra?
- Si, si pase por favor.- y la acompaño por un pasillo, hasta la puerta de una oficina que la secretaria se apresuro en abrir. Por supuesto Ángela agradeció con una sonrisa.
- ¡hola!... ¿interrumpo?...- su voz serena. Como si pensara muy bien cada palabra antes de decirla. Hablaba con una sonrisa, calida, dulce. No era como la mayoría de las actrices. Si era bonita, muy buena en lo que hacia, pero no egocéntrica tal vez era eso lo que le gustaba a su público. O simplemente esa aura serena y de seguridad que siempre parecía rodearla. Caminaba erguida, miraba a los ojos a quienes le hablaban, no se la veía de mal humor o responder de mala manera. Su cabello era negro, su cutis blanco, alta delgada…joven. Lo único que parecía incomodar a Daniel, era la juventud de Ángela.
- No mi amor, claro que no- al sonido de la voz femenina, el hombre salio de detrás de su escritorio y se dirigió hasta ella con los brazos en alto. La abrazo, la besó.
- Te extrañe- dijo ella dulcificando aún mas su voz.
- Yo también. – le respondió él. Y se sentaron en un sofá, de color negro. Iba acorde con el resto de los muebles en la amplia y lujosa oficina. Todo ahí combinaba perfectamente.
- Tu secretaria es muy amable y joven.- dijo apenas acomodada, pero sin perder la serenidad que la caracterizaba.
- Si lo es- respondió él con una sonrisa de victoria que incomodó a Ángela.- no tenes que ponerte celosa, tengo ojos solo para vos.- y la beso en el cuello, luego en la boca. Estaba feliz.
- Me llamo la atención su cabello tan rojo. Hace mucho que no veía un cabello tan llamativo, bonito y sobre todo natural… (sonreía), las mujeres nos fijamos en esas cosas.
- A mi solo me gusta el negro de tu cabello.- nuevamente dejaron de hablar. No podían. Ahora se besaban, se acariciaban
- Mañana regresa mi esposa.
- Lo sé; ya pasó un mes desde que sos solo mío.- le desacomodaba cabello. Lo tomaba por la corbata y empujaba nuevamente junto a ella.- y como ésta es la última noche de tu soltería quiero que la paces conmigo.
- Te aseguro que voy a solucionar todo. Solo quiero estar con vos para siempre.- Ángela no respondió. Tal vez le costaba creer a las palabras del hombre. Después de un momento solo se marcho. Tan serena y sonriente como había llegado.
Daniel nuevamente se hundió en sus papeles y en el monitor de la computadora. Solo quitó los ojos del monitor para pedirle unos papeles a su secretaria. Revisaba varios que tenia sobre el escritorio, todo era una maraña de papeles.
Al cabo de unos minutos, la joven pelirroja abrió la puerta llevando una carpeta en sus manos, la dejó en el único hueco vacío sobre el escritorio.
- aquí se los dejo señor…otra cosa…llamó su abogado cuando estaba con la señorita Ángela.-
- Muy bien gracias…comuníqueme por favor con él.- serio, tosco, frío. Como solía serlo con todas las personas, sobre todo con sus empleados. Es que según Daniel, había que dejar marcada la distancia, y cada lugar para llevar al frente una empresa.




Abrió la puerta y entró. El departamento estaba iluminado en su totalidad por velas, la mesa elegantemente puesta, solo para dos, una música suave le daba un toque de calma y romanticismo.
Ángela más hermosa que nunca. Su cabello suelto largo, le caía por la espalda. Llevaba puesto un vestido de un color rosa claro, que le llegaba hasta las rodillas, la hacia ver aún mas delgada.
- Te ves cansado amor.- lo ayudaba a quitarse el saco.
- No. No es eso, no te preocupes.
- ¿Qué problemas con Carmen?- pregunto mientras le acercaba una copa de vino-
- En realidad tengo problemas con los negocios. Acciones que bajan y suben. No te preocupes cosas que pasan siempre
- Bueno…no te preocupes, seguro todo tiene solución. Olvídate de todo por un rato y disfruta de la cena que te prepare.- Daniel se acomodo para cenar, flores y velas era lo que menos faltaba. Ángela se sentó frente a él. Realmente se veía bella esa noche. Bella y joven. Si no fuera tan joven pensaba Daniel. Como fuera ya era tarde. Estaba perdidamente enamorado de ella.-
- Estoy embarazada- interrumpió los pensamientos del hombre -¿Qué dijo?
- ¡¿Qué?!- dijo ahora en voz alta. Voz muy alta.
- Estoy embarazada.- repitió ella con la serenidad que la caracterizaba. Llevo un bocado a su boca. Luego continuó hablando.- voy a tener un hijo tuyo.
De un salto Daniel ya estaba de pie. Llegó hasta ella, la abrazó, la besó. Tantas veces como Ángela se lo permitió.
- ¡Es la mejor noticia que me podías llegar a dar!… ¡que llegar a dar! ¡Es la mejor noticia que me han dado en toda mi vida!... deseaba tanto tener un hijo.- su voz era mas calma, peinaba su cabello hacia atrás con sus manos, parecía no salir de su asombro.
El sonido del teléfono interrumpió las risas y los festejos. Ángela contesto escucho la voz del otro lado por unos segundos luego le paso el aparato a Daniel.
- Es para vos. Tu secretaria. Parece que esa mujer conoce todos tus movimientos.
- Le dije que iba a estar acá por si se presentaba algo urgente. Soy yo.- dijo en cuanto puso el tubo en su oído.- ¿qué pasa?- silencio durante unos minutos- bien gracias; no se preocupe yo me encargo.- colgó- tengo que irme Carmen regresó y está haciendo un escándalo en la oficina. – tomo su saco, la beso.- te amo.- dijo mientras acariciaba su rostro, y se marcho.



Ángela se quedó de pie en medio de la sala. Aún varios minutos después de la partida de Daniel ella seguía en la misma posición.
Luego muy lentamente comenzó a apagar una a una las velas.
Capitulo V

- Otra vez tarde Daniel.-
- por favor Carmen recién llego.- dejaba caer sobre un mueble las llaves y unas hojas. Mientras se quitaba el saco.
- Claro recién llegas, siempre llegas a cualquier hora.- la mujer se ponía de pie y caminaba tras él mientras hablaba, bueno hablar es una forma de llamarle a los gritos que daba. El hombre no la miraba. Solo se alejaba de ella, misión que parecía imposible.- ¿y así queresa que tengamos un hijo?- continuaba siguiéndolo.
- No. Así no, quiero tener un hijo pero no quiero escuchar mas tus reclamos.- entraba y salía del baño, quitándose los zapatos llevando ropa.
- Me quiero dar un baño y acostarme, Carmen.- sentado en la cama se quitaba la camisa.
- ¿y yo?
- ¿y vos qué?
- Daniel, ya no hablamos casi no te veo ¿cuando vas a estar conmigo?
- Estoy, Carmen estoy.- habría la ducha y aunque la mujer continuaba hablando él ya no la escuchaba. No solo por el ruido del agua, sino que sus pensamientos lo habían llevado junto a Ángela.
Parecía increíble que pudiera sentirse tan bien junto a ella. Siempre sonriendo, aunque a veces parecía estar alejada de todo y de todos. Era tan joven, parecía amar tanto la vida. Y cuando estaba junto a ella, él la amaba también. Se sintió incomodo al besarla, parecía que ella lo rechazaba, seguramente porque sabía que él estaba casado. Varias veces había visto a Carmen en fiestas o cenas, no debió besarla, pero tampoco pudo evitarlo.
¿Ahora que haría? Deseaba tanto estar junto a ella. Abrazarla acariciarla, besarla nuevamente. Sus pensamientos se detuvieron abrió los ojos, su esposa ya no estaba hablando. ¿En qué momento se había ido?... ¿en qué estaba? Ángela, si Ángela ¿qué sentiría por él?


El horario de trabajo casi acababa y aún no la veía. Daba vueltas por todas partes pero no lograba encontrarla.
- ¿me estas evadiendo? Por fin. No se detuvo hasta alcanzarla, se veía tan bonita, estaba con la ropa del personaje, su cabello largo negro, un vestido de color crema, largo pero ceñido a su cuerpo, su piel era tan blanca…tan joven.
- No sé que pretendes.- no lo miraba, su voz era fría, distante, no parecía ella.- me besas. Estas casado y te sorprende el que no quiera verte. – entraba en una habitación en un intento de alejarse de Daniel y evitar que alguien pudiera escucharlos. Él solo la seguía, no se fijaba en nada.
- Sé, que estoy casado; pero también sé que quiero estar con vos, que me gustas y no puedo y no tengo edad para querer evitarlo.- cerraba la puerta, tras ambos.
- No hagas eso. No cierres la puerta.- quiso abrirla pero Daniel volvió a cerrarla, se acercó a ella. Levanto su mano, acarició su cabello desde la raíz hasta las puntas recorriéndolo a la vez con la mirada. La beso. Un beso corto primero, la miro. Ella tenía sus ojos cerrados así que luego continúo besándola. No fue una vez, fueron varias. ¿y ella? Ella respondía a cada uno de sus besos.
- Ves.- decía con voz victoriosa.- sentís lo mismo que yo.
Pero Ángela no respondió. Abrió la puerta y se alejó.

El tiempo de grabación terminó y todos se fueron a sus casas. Lo extraño fue que desde que comenzaron a trabajar Ángela había sido la última en irse, esta vez había sido la primera.



Había vivido muchas historias de amor. Bueno en realidad las había experimentado a través de las películas en las que fue actuado. Muchas bocas la había besado, pero no a ella, a los personajes que otro creaba en su imaginación. Pero éstos besos la buscaron a ella y ésta historia era real.
De pie junto al gran ventanal, del silencioso departamento observaba las luces de la ciudad, por las noches parecía tan serena, solo pequeñas luces a lo lejos.
Una sonrisa fría distante desfiguró el calmo y dulce rostro de Ángela.


-Daniel por favor. Cenemos juntos. Te preparé tu comida favorita.- Carmen estaba realmente bella aquella noche, en realidad siempre estaba impecable. Y seguro representaba menos edad de la que en realidad tenía. El vestido negro que llevaba puesto resaltaba su esbelta figura. Se había recogido el cabello, como sabía le gustaba a su marido, dejando al descubierto su largo y fino cuello. Pero como siempre Daniel no notó ningún detalle. O no le importó mostrar desinterés.
Pero de todos modos se sentó a la mesa junto a ella. Claro que comió con el mismo entusiasmo que si comiera un simple bocado de pan.
La mujer se esforzaba en entablar una conversación amigable. Pero él solo respondía con monosílabos.
Sin mayores acontecimientos terminaron de cenar. Se acostaron; un cuerpo junto a el otro. Pero la mente de Daniel estaba junto al cuerpo de Ángela.



Fue muy incomodo trabajar aquel día. Y los días siguientes a ese.
Daniel se acercaba, buscando acariciarla, tocarla tan solo. Pero Ángela siempre huía de él.


El sonido del teléfono la despertó.
Estiró su mano y lo alcanzó.
- ¡Hola!- respondió aún casi dormida
- Soy yo.- reconoció la voz
- ¿Daniel?
- Si. Necesito verte. Voy para tu casa.
- No. No vengas- miró el reloj- son las dos de la madrugada, por favor, no sigas con todo esto…- no terminó de hablar. Del otro lado habían cortado la conversación. Varios minutos después, sonaba el timbre del departamento.
Ángela fue hasta la puerta. La abrió.
Parado, mojado por completo estaba Daniel. Entro sin pedir permiso-
-¿Qué haces acá?
- te dije. Necesitaba verte.- cerró la puerta tras él. Avanzó hacia ella. Tomo su cara con ambas manos y la beso.
- Estoy loco por vos.- le susurraba al oído.
La mujer ahora estaba atrapada entre el cuerpo de Daniel y una fría pared. Dejó de alejarse, (ya no había a donde). Comenzó a responder a los besos a las caricias. Con un solo abrazo el hombre la envolvió por completo.
- No me pidas que me detenga.- dijo él.
- No lo haré.- la voz de Ángela apenas se escuchaba. Sintió una mano en su vientre. No pudo evitar estremecerse. Los labios del hombre recorrieron el cuello de la mujer, ella suspiró. Un solo y hondo suspiro. La camisa mojada de Daniel cayó en el suelo, la remera de Ángela siguió el mismo destino.
Los cuerpos de ambos se confundieron sobre la cama. El cabello mojado de Daniel mojaba la almohada. Ángela acariciaba suavemente la espalda masculina. Mientras él besaba el vientre ardiente de ella. Los besos, las caricias, el éxtasis todo continúo y la noche se hizo día sin que ellos se dieran cuenta.
El rostro de Daniel resplandecía al igual que el sol. En los ojos de Ángela había cierto brillo, si era de felicidad o de tristeza era difícil saberlo en ese momento.
- ¿Vas a hablar con tu esposa?- Daniel ya se estaba vistiendo la joven aún estaba en la cama.
- No. Ayer se fue de vacaciones, no volverá hasta dentro de un mes.
Súbitamente ella se levantó. Se encerró en el baño. Él golpeo la puerta pero nadie le habló. El sonido de la ducha, pero nada de una respuesta. Continuó esperando.
- ¡Ángela por favor, decime que te pasa!
- La única razón por la que me buscaste es que ella no esta para controlarte.- salio del baño. Ya estaba vestida y lista para salir.
- No es verdad, sabes que yo habría estado con vos hace tiempo si me lo hubieras permitido.
- Tengo que irme hablamos mas tarde, te llamo y espero tu secretaria no te niegue.- tomaba sus llaves, acomodaba su cabellos húmedo, pero no lo miraba a los ojos.
- No lo hará.- respondía él de forma serena, con una voz muy dulce. Totalmente distinta a la que siempre tenia.- te amo.- sonaron tan fuertes sus palabras, tal ves mas por el silencio de ella. La beso en la boca. Salieron juntos del departamento.
A veces coincidimos en el camino de quienes sobrevivían sin nosotros y por lo tanto nosotros intentábamos fingir felicidad.
Luego pasa eso, causalidad, coincidencia, destino. ¡Quién sabe!
Pero el hecho es que nos encontramos ahí. Frente a quien hasta hace un segundo no sabíamos que existía.
Y sentimos que algo en nuestro corazón comienza a latir nuevamente. Y es entonces cuando aquellos sueños que creíamos olvidados, reaparecen uno a uno en nuestras mentes. Como salidos de una vieja guardilla.
Cambiamos y nos cambian estructuras. Tenemos necesidades, que el cuerpo no reconoce y nuestro ser anhela.
¿Pero como saber si hacemos lo correcto? ¿Tal vez nos cruzamos en la vida de quien no debimos, de quien de verdad era feliz sin nosotros?
¿Y si solo abrimos la caja de Pandora? ¿Cómo alejarnos sin causar mas daño?
¿O como sobrevivir si sus palabras ya no están en mis noches?
Puede que sea egoísta, pero mis sueños se alimentan de sus sueños, mi mundo es real solo dentro del suyo. Si ya no esta, morirán las estrellas que por él vi caer.
El dolor nos deja sin palabras… ¿y que hace un amor que no es?
Las estructuras, nos protegen, simulan frases que en verdad no sentimos, o fingen sonrisas que quisieran ser llanto.
Divagan en una amistad, que solo fue real. Un segundo hace miles de años, antes del caos tal vez. Y que ahora tan solo sobrevive.
¿Y que hago?
En el silencio, tal vez me entienda como nadie. Pero jamás me comprende. No sabe lo que hay en mi corazón.
Sé que cambié su vida. Ya que el cambió la mía.
Pero a veces, nos cruzamos en la vida, de quien no nos necesitaba y ahora no sabemos vivir sin él.
A veces es mejor sufrir por un adiós, que esperar una mirada que jamás recibirás
Tal vez deberíamos elegir en la vida de quienes nos cruzamos para no nos odien por hacerlo, para que no nos causen dolor.
Pero claro…eso no es posible. Y es entonces que solo pasa. Coincidimos.
Capitulo IV

Presentaciones, entrevista, cenas en su honor era cosa de todos los días. Ángela estaba acostumbra a todo aquello pero ésta noche se sentía realmente hastiada de verse rodeada de personas que ni siquiera conocía. Sentía deseos de estar sola, de respirar. Toda aquella gente la ahogaba.
Así que en cuanto logro escaparse de una charla aburrida como tantas, muy de apoco, y sin que nadie se diera cuenta. Salio del salón, atravesó un largo pasillo, termino su recorrido al llegar a la biblioteca de la gran casa. Sin pensarlo estirando su mano, corriendo como en uno de esos sueños donde la puerta es eternamente lejana en pocos segundos, la cruzó y por fin se vio libre de su lujosa prisión.
La casa se encontraba en un lugar privado de la playa, y eso hizo que Ángela pudiera caminar sola y tranquila por un largo rato. Daba unos pasos y se detenía, respiraba hondo, el viento comenzó a soplar y como no tenía abrigo cruzaba sus brazos para darse calor. Miro hacia atrás vio las luces de la casa, pero no regreso, con sus zapatos de taco alto en la mano continuó caminando. Cerró sus ojos, el ruido de las olas la relajaban la hacían entrar en transe. Por fin se sentó sobre un tronco que encontró muy cerca del mar. Allí se quedo unos minutos o tal vez fue más tiempo, necesitaba un poco de paz de claridad en su mente y el mar se lo daba.
-¿Se siente mejor?- la voz además de interrumpir sus pensamientos la sobresaltó. – ¡Lo siento no quise asustarla! – Daniel Meier se acercaba a ella con una sonrisita burlona en su cara.
- No. No se preocupe, no fue nada.- la joven se ponía de pie mientras buscaba sus zapatos que había dejado caer sobre la arena.- es que creí estar sola.- encontró un zapato, aún buscaba el otro. Se sentía torpe.
- Bueno la vi salir de la casa así que la seguí, pensando que querría estar sola decidí no acercarme pero ya ha pasado un buen tiempo desde que salio de la fiesta y de seguro no demoraran en salir a buscarla.-la observaba buscar su zapato, él lo veía, pero no se lo alcanzó. Tenía sus manos dentro de los bolsillos del pantalón, parado firme, seguro de sí mismo como siempre, incomodaba a la mayoría de las personas que estaban junto a él, pero eso no le importaba demasiado.
- No se preocupe Daniel. Como dijo solo deseaba estar un tiempo a solas…- se dio por vencida su zapato no aparecía y terminó por dejarse caer nuevamente sobre el tronco.
Él se alejo unos pasos se agacho, levanto el zapato que apenas si se veía y se lo alcanzo. Ella lo tomo. Sonrió. Ese era un suficiente “gracias”.
El hombre se sentó junto a ella y el tronco se hizo pequeño para los dos.
- ¿Se encuentra cansada?- no la miraba al hablar, era raro en él le gustaba imponerse en la mirada.
- No sé, realmente no sé que me sucede. Debe ser esta ciudad, creo que me sorprendió mas de lo que esperaba.- se quitaba la arena de los pies, hacía frío, quería irse pero se quedaba.
- Bueno. No se preocupe si quiere hablar o si necesita cualquier cosa no tiene más que decirme. Estoy a su disposición para lo quiera.
- Gracias. Se lo agradezco mucho.- el frío era mas intenso, la joven comenzó a frotar sus brazos con las manos. Y de pronto sintió el calor del saco de Daniel sobre sus hombros, fue tan rápido que ni siquiera vio cuando se lo quito. Solo lo sintió sobre ella. Luego le acomodó el cabello. Aún temblaba, pero ahora no era por el frío.
Caminaron juntos de regreso a la casa, hablando y riendo de todo de nada. Por supuesto basto con que atravesaran la puerta, e ingresaran a la fiesta para que todos los vieran y comenzaran a murmurar.
Por supuesto no le causó mucha gracia a la esposa de Daniel verlos entrar juntos y mucho menos los comentarios. Y menos imaginar a su esposo y a la joven solos todo el tiempo en que se encontraron ausentes de la fiesta.
- Como que te estas ocupando demasiado de tu actriz- le dijo por fin al oído a su esposo, su sonrisa era enorme como siempre, su rostro perfectamente controlado, ni uno de sus gestos era de desaprobación.


Las grabaciones de la telenovela comenzaron los primeros capítulos al aire eran un éxito, en todos los países donde se transmitía. Realmente el nombre de Ángela junto al de Daniel Meier era un gran éxito donde fuera.

Ya era tarde, casi todos se habían ido a casa. Ángela no.
Caminaba bajo la llovizna muy lentamente.
No había querido irse en el automóvil que le diera la productora; deseaba caminar y bajo la lluvia el placer fue mayor.
- ¿Qué hace?- Daniel, bajo un paraguas se encontraba junto a ella. La miraba muy extrañado.
- Camino.-respondió ella muy naturalmente y muy calma. – me fascina caminar bajo la lluvia.- Ángela extendía sus brazos, daba vueltas y reía. Sin entender porque el hombre cambió sus gestos duros por una sonrisa. Simplemente no podía evitar el reír con ella.
- Sabía que las actrices eran excéntricas pero usted le gana a todas.
- No me trates más de usted, hace dos meses que nos tratamos todos los días y siempre te digo lo mismo. ¡soy Ángela!- continuó corriendo por las calles de los estudios y Daniel tras ella.
- Dejá ese paraguas, el agua es riquísima.- se lo quitó y lo tiró lo más lejos que pudo. Era de noche, la llovizna caía de forma intermitente muy fina, y de verdad se sentía bien sobre el rostro. Tomo al hombre de la mano lo llevo corriendo con ella, las risas de ambos hacían eco…en el vacío creador de historias.
- Hacía mucho tiempo que no me divertía tanto. Daniel miraba en los profundos ojos de la joven buscando tal vez algo que lo devolviera a la realidad.
- Ves.-decía ella mientras le sostenía la mirada- se siente sabrosa la lluvia sobre tu rostro.- y Ángela comenzó a recorrer con su mano, la frente, los ojos, cada una de las líneas de la cara del hombre. En un momento ella cerró los ojos, como queriendo aprenderse aquel rostro de memoria. Sintió lo labios de él sobre los de ella. Solo pasó durante un segundo.
Abrió los ojos y se apartó.
La habían besado en la boca muchas veces, pero en aquel momento su corazón saltó tan fuerte dentro de ella que no pudo evitar llevarse las manos al pecho.
Daniel no se disculpo y Ángela no le pidió que lo hiciera.
La alcanzó hasta su casa, no hablaron demasiado durante el trayecto, en realidad de ningún tema en específico. El trabajo, el clima, las personas…de nada, solo tenían que llenar los minutos. El auto era amplio, cómodo, pero ellos no lo sentían así en aquel momento. Todo lo contrario.
Capitulo III



- Sofía, sabes que podes quedarte con nosotros todo el tiempo que necesites. ¡Por favor niña!, acabas de cumplir dieciocho años, no podes irte sola por el mundo.
- Son muy buenos amigos y fueron excelentes compañeros de trabajo. Pero les aseguro que estoy bien. Además tengo que aprovechar el permiso que me dio el juez para viajar antes de que se arrepienta.- sus ojos ya no brillaban, su voz era igual de dulce, pero inmensamente apagada, aún tenía la calidez de su belleza y juventud. Pero sus rasgos parecían más duros, mas distantes.
- Solo quiero que sepas que mi esposa y yo estaremos cuando nos necesites.- el anciano abrazaba a Sofía, mientras las personas corrían apresuradas por subir cada quien a su avión. Algunos reían, se alejaban felices. Sin respetar el dolor, el vacío que la joven sentía.
Se despidió. Beso al anciano y a su esposa, lo mas parecido a una familia que le quedaba, pero no lo eran. Ya no tenía familia. Ahora era ella sola.
Ya en el avión, no miraba por la ventanilla como el resto de los pasajeros. Quería dejar todo atrás olvidar ese lugar en donde solo había perdido todo lo que había amado, sus tesoros, su vida.





El lugar estaba lleno de periodistas, cámaras de televisión y micrófonos.
La conferencia de prensa estaba prevista para las 20 PM. Y como lo había sido durante toda su carrera. También esta noche Ángela sería puntual.
En punto de las 20 horas, hombres de trajes negros ingresaron al gran salón. Detrás de ellos uno de los dueños del multimedios de comunicación mas grande del país, a continuación una gran comitiva (como suelen llevar esta clase de hombres), secretarias, su socio, mas guardaespaldas. Y por último una presencia femenina que hizo que todos los periodistas que aguardaban sentados se pusieran de pie, los aplausos, los flashes de las cámaras, los murmullos.
El gran jefe, tomo la palabra. Con su presencia y todo su porte se paro frente a todos los micrófonos que estaban sobre la larga mesa frente a él.
- la conferencia de prensa dará inicio en éste instante. Se le dará a cada medio la oportunidad de hacer una o dos preguntas…no más.-estas últimas palabras sonaron con más énfasis.- cuando la señorita Ángela se levante de su asiento, se dará por terminada la conferencia. Para que formulen sus preguntas se los llamara por orden iniciando por el periódico “Nacional”.
El periodista de dicho medio se puso de pie, saludo dio la bienvenida a la actriz e hizo su pregunta.
Uno a uno los medios presentes tanto nacionales como internacionales tuvieron su oportunidad de hablar con la mujer más requerida del momento.
Y ella, con sumo aplomo y una sonrisa respondía a cada una de las preguntas.
- Decinos Ángela que fue lo que te ofrecieron multimedios “Acuario” para que aceptes trabajar con ellos.-
La joven sonrió, nuevamente, muy suelta y simpática respondió
- Bueno… primero que nada el sueldo- la risa fue general entre la audiencia, no tanto por lo que decía sino como lo decía.- Bien hablando en serio – continúo diciendo- he trabajado en varios países y gracias a eso ahora tengo popularidad pero deseaba mucho trabajar aquí. Y bien, me dieron la oportunidad de hacer una telenovela después de hacer tantas películas y obras de teatro, me pareció un cambio favorable para mi carrera.
- Buenas noches; José de canal cuatro… ¿que le parece trabajar con Daniel Meier?
- Bueno Daniel Meier no sólo es el escritor más importante y conocido desde hace mas de siete años sino que además ha tenido grandes éxitos como guionista de…seis películas (sonreía, tomaba un poco de agua) no hay actor que no desee trabajar con él. Es una gran oportunidad la que me dan estoy segura que podré aprender mucho de él.
- Hola, mucho gusto Pedro de canal doce de España. Una pregunta para Daniel Meier. ¿Por qué decidió hacer ésta novela con Ángela?
- Ayudo a muchos nuevos escritores a publicar con mi editorial desde hace siete años ya todos lo saben. Me gusta el arte; el hecho de imaginar y dejar impreso en el papel a mis personajes me fascina y le tome el gusto a verlos caminar y hablar através de los actores. Me parece que hacer una telenovela es la forma de transmitir lo que quiero a la mayor cantidad de personas posibles y Ángela es la mejor actriz del momento su carrera es intachable y en ascenso desde hace varios años. Sé que es la mejor para interpretar el papel que he escrito exclusivamente para ella.


Cuarenta y cinco minutos después la conferencia se daba por terminada. Nuevamente el tumulto los periodistas que continuaban haciendo preguntas; los guardaespaldas que formaban una muralla impidiendo que se acercaran a la actriz, al productor y al escritor.


- Espero te sientas cómoda con el departamento que te alquilamos. Cualquier cosa que te haga falta no tenes mas que pedirlo. Quiero que lo sepas.
- No se preocupe Daniel todo esta muy bien y confortable. Además solo viviré aquí durante seis meses.- lo recorría mientras hablaba y de verdad el departamento era muy amplio, contaba con tres dormitorios cocina comedor, una sala muy amplia, una cocina totalmente equipada, muebles exquisitos en cada lugar apropiadamente colocados. Seguro un decorador había hecho muy buen trabajo. El lujo y el confort era lo que sobraba.
- Bueno nos veremos mañana la dejó descansar, y por cualquier cosa no tiene mas que decirle a mi asistente, usted ya la conoce Clara ella puede arreglar lo que sea.- la aludida a un costado de su jefe (como siempre) se acomodaba los anteojos, no porque estuvieran mal sino por lo incomodo del halago.
Cuando por fin el hombre y su asistente se retiraron, la mujer se quito los zapatos y se dejó caer sobre un enorme sillón que se encontraba frente a una amplia ventana. Miró a su alrededor, sobre una mesa había varios arreglos florales. Miraba por la ventana, un hondo suspiro se dejó oír en ese enorme y vacío (de personas) lugar. La ciudad se veía enorme ¡todo tan desconocido!

Caeré de noche.
Caeré entre la nieve, caeré por ti, por mi.
Caeré sin hacerme daño…porque tus abrazos son mi refugio.
Caeré y no temeré hacerlo…porque tu amor me sostiene.
Caeré te digo, y sé tus besos me darán abrigo…
¡OH!...caeré, si, caeré y una y otra vez
Al ver tu sonrisa, por sentir tu ternura
Por llenarte de paz, de salud.
Caeré lo sé, a un precipicio infinito
¡Pero que importa!
Sé, en él…estas tú.
cap.II

Después de seis meses Juan no tenía noticias de su novela o de Daniel.

Por las noches casi no dormía y no hacia más que llamar a la editorial, preguntaba una y otra vez pero aquel a quien le había confiado su preciado tesoro se negaba ha atenderlo.

- ¿Por qué? – se preguntaba en su mente una y otra vez. Sofía insistía, en que se tranquilizara que seguramente ya tendría noticias.
- ¡No todo esta mal, Sofía! ¿ no lo ves? Todo esta mal. Hace siete años, que lucho solo por un estúpido sueño que no me ha hecho más que perder el tiempo. Soy quien debe cuidarte y resulta que sos vos quien trabaja día y noche para mantenernos.- Juan; gritaba, parecía querer llorar pero solo sonreía. Esa sonrisita histérica, que solo su hermana sabia lo que significaba.
Así que se acercó a él para tranquilizarlo.
- tranquilo, tranquilo Juan por favor; olvídate de esa novela…o mejor; si…mejor escribí otra o escribí esa otra vez.- Sofía acariciaba el rostro, envejecido de su hermano, no es que lo fuera no, aún era muy joven. Pero había envejecido un año cada día de estos últimos meses. Luego pasaba su mano por el cabello corto de Juan, pero él se alejaba de ella.
- Esta bien, linda. No te preocupes estoy bien. Solo fue una crisis estúpida de frustración… pero ya pasó.- parado junto a la ventana, sin mirar a su hermana parecía querer controlarse.- todo paso.- suspiró y por fin dejó que su hermana se acercara a él y le acariciada el cabello.
- Mañana saldré a buscar trabajo.- respondió mas aplomado.
- No; Juan, hace falta.
- Es lo mejor nena; quiero sacarte de una vez de esta pobreza.- un hondo suspiro otra vez.- es hora de poner los pies en la tierra.



- ¿Cómo esta Juan?- El hombre, anciano pero de voz dulce sonreía mientras servía y acomodaba los platos en las distintas bandejas que se encontraban sobre la mesa de la gran cocina, parecía que toda aquella maraña de platos y comida eran la cosa más sencilla del mundo…aunque nadie se animaba a sustituirlo en su trabajo.
- Mi hermano esta bien gracias. Hace tres semanas que busca trabajo pero ya esta más tranquilo por no tener noticias de la novela.
- Me alegro nena. No me gusta verte triste y desde que Juan no recupero sus notas tu sonrisa desapareció junto con ellas.
- No se preocupe, en cuanto se ponga a escribir otra vez se le va a pasar la angustia que tiene.- se ataba el delantal detrás de la cintura y recogía su cabello.
- Mejor que se ponga a trabajar eso de escribir no es serio. Hoy en día si no conoces al dueño de algún diario, revista o editorial no te publican nada. Y mucho menos te pagan por escribir. No me parece justo que tengas que trabajar tanto siendo tan joven.
El hombre no vio como la mirada de la joven lo esquivaba, como su rostro se endureció.
- me gusta mi trabajo.- colocaba los platos sucios en el agua.-luego dándose la vuelta, sonriendo con una dulzura que hacia que cualquiera entendiera la enorme pena que llevaba dentro, muy clama respondió.- si no trabajara ¿cómo conocería a personas tan interesantes como usted?
- Eso si; los hombres guapos como yo no abundan.- reía mientras colocaba pétalos de rosas en un de los platos ya servidos, mientras entregaba el tallo a la joven.




La lluvia caía sin reservas, fina y continua sobre el rostro de la joven que caminaba por la calle sin prisa.
Mientras el resto de la gente corría de un lado a otro huyéndole al agua.
Continúo su lento caminar, a veces levantaba la cara para que se mojara más, su piel blanca parecía porcelana perfecta con el brillo que le dejaba el agua al recorrer su rostro.
Por fin se detuvo al llegar a la puerta del viejo edificio en donde vivía. Al entrar en la casa sintió el calor y el abrigo que ella y su hermano le habían dado a aquella pequeña habitación.
Se quito el abrigo y lo dejó sobre una silla de madera, colgó la cartera en su respaldo, se quito los zapatos y fue al dormitorio, llevándole las galletas que tanto le gustaban a su hermano.
Abrió la puerta del dormitorio con la sonrisa picara, de quien va a dar un precioso tesoro.
La bolsa con las galletas cayó de su mano. Su cuerpo permaneció inmóvil en el umbral… ¿por cuántos segundos?...no; fueron minutos. Su cuerpo quedó petrificado por varios minutos.
Por fin… los gritos; el llanto, el desconsuelo.


Los vecinos comenzaron a llegar uno tras otro, daban gritos de dolor, de confusión.
Luego la policía, los médicos.
Pero Sofía continuaba inmóvil, no lloraba… ya ni gritaba.
Luego, al igual que una vez vio el cuerpo de su padre frío y sin vida por tercera vez, la muerte la enfrentaba a ese espectáculo. Nuevamente le arrebataban a alguien de su propia sangre.
Al llegar ella al mundo, partió su madre, luego apenas diez años mas tarde, en un accidente perdía a su padre, y ahora su hermano. Lo único que tenía…pero ¿por que?



Nuevamente llovía, sus amigos estaban junto a ella. La abrazaban. Pero estaba sola, solo así…sola. Tal vez la naturaleza vertía lágrimas que ella no podía. Poco a poco, el ataúd fue uniéndose en la húmeda tierra.





- ¿Ya supo señor?
- ¿saber qué?
- El escritor, ese… que siempre le enviaba sus novelas; murió hace dos días.
El hombre por fin dejó de leer lo que tenia en las manos se paro frete a la mujer, que miraba sorprendida por la reacción de preocupación de su jefe. Ya que en los años que llevaba trabajando para él jamás lo había visto preocupado por algo más que no fuera su propia persona
- ¿qué escritor?- Dijo por fin.
- Juan Dimas.- dijo la mujer siguiendo los movimientos de su jefe con la mirada.
- Lo sepultaron esta mañana.- colocaba una carpeta, y en un diario sobre el arreglado y fino escritorio.
- No se olvide señor, que tiene cita a las 14 PM con los directivos de la productora…para concretar lo de la película que basaran en su última novela.
- Si; si. Ya lo sé no se preocupe estaré a tiempo.- ahora miraba por la ventana buscando algo… o a alguien. Claro que desde un piso tan alto era un poco difícil ver y mucho menos identificar a alguna persona.
- ¿sabe como murió?- dijo por fin, sin voltear para mirar a la mujer que estaba con unos papeles, sin prestar demasiada atención al tonto de voz, o a la actitud del hombre.
- ¿quién?- pegunto sin quitar la vista a sus papeles.
- ¡El joven!..¡el escritor! ¡Juan Dimas!... ¿quien mas?- para esta última frase el hombre ya había perdido el aplomo.
- No sé, los diarios no dicen mucho pero hablan de una fuerte depresión y que eso lo habría llevado al quitarse la vida.- por fin miraba a su jefe a los ojos, tratando tal vez a que se debía tanto interés.- solo apareció una nota muy pequeña en un diario de poca trascendencia. Lo que mas llamó la atención es la tragedia que sigue a esa familia.
- ¿Qué?... ¿de que esta hablando?
- Bueno, - dijo la mujer como preparándose a contar el secreto mejor guardado y mas apreciado de su vida.- es que en el diario decía que su madre había fallecido al nacer su hermana menor y hace unos siete años murió el padre en un accidente y ahora él..- por fin terminaba la frase, parecía que hubiera confesado un gran pecado.- ¡imagínese… el dolor de esa pobre chica!


Hablemos de lo que no es…
Hablemos de con quien te sueñas…yo…contigo… ¿Y tú?
Si lo sé.
En medio de un corazón, una habitación ocupada.
Y la luna que se adueña de una posición durante el día.
Ingenua luna…
¿No entiende a caso que la noche es su lugar?
Y quiere ella soñar, que junto al sol esta.
No fue hecha para él.
Pobre pequeña, no puede entender que sueño imposible es.

Hablemos de Ángeles que cada noche vienen y van.
Hablemos de espejos que pueden la puerta de dos mundos abrir de par en par.
Hablemos de lo que te atreves a soñar.
Mis sueños desde que estas en mi, no tienen limistes
¿Y los tuyos?
Si lo sé.
Y otra vez se confundió, un rayo de luna con un gran amor.
Flor marchita que muere, en que cada puesta de sol.

Un barco que naufraga en el mar ¿donde va su alma a parar?
¿Dónde están los besos que no se dan?
¿O los abrazos que no logro sentir, donde el amor que no puedo de él recibir?
¿Dónde, dónde la paz, que solo su alma me da?
Cuando muere una rosa ¿Quién la llora?
Cuando un amor no puede ser ¿Dónde queda impresa esa historia?

Hablemos de lo que no es.
Hablemos de cuánto me quieres.
Hablemos de lo que me hace feliz, hablemos de ti.
Cuéntame…¿Qué te atreves a soñar?
¿Creen que el amor lo pueda todo, engaños, triciones...puede el amor contra todo eso?
Creo que no...que un gran amor dura lo que un parpadeo...así que pensando en ésto espero que un amor se cruce en mi camino y sea enterno mientras dure.





- ¡ya casi termino!- Juan no quitaba las manos del teclado. Sus dedos se movían tan rápido que apenas se los podía ver, pero nada importaba, las muñecas casi no las sentía, pero no podía detenerse. Las ideas fluían sin césar en su mente y la felicidad y la certeza de estar terminando (según él) la mejor novela que jamás se haya leído, eran más fuertes que cualquier dolor.
- Juan, por favor no podes seguir sentado frente a esa máquina día y noche. No quiero que te enfermes.-la joven rodeaba el cuello del muchacho con sus brazos, mientras le daba un beso en la mejilla.
- No te preocupes.- sacaba una hoja de la impresora y la colocaba encima de un montoncito de hojas idénticas a ésta última. Las acomodaba para que todas quedaran el la misma posición, las golpeo sobre la mesa y luego las puso en una carpeta apretándolas con un broche, quedando así todas prolijamente encuadernadas.
- Quiero que seas la primera en leerla. – su mano derecha alcanzaba la carpeta a la joven y en su rostro se veía la sonrisa más grande que jamás alguien haya podido expresar. La muchacha también sonrió, tomo la carpeta y se dejo caer sobre una de las camas que había en la pequeña habitación.
- Este sí es realmente bueno.- continuaba diciendo mientras observaba la reacción de su hermana, que leía muy atentamente y en silencio el tesoro que le acababa de entregar.
- Todas tus novelas han sido buenas.-respondió, por fin. Pero sin quitar los ojos de las hojas.
- Si claro; por eso solo logré que me publicaran una novela de las muchas que ya llevo escritas. Podré pagar el alquiler si junto todo el papel que he gastado y lo vendo.
- Todos los escritores buenos han luchado mucho antes de darse a conocer y de ser realmente valorados.
- Si; pero no todos ellos eran mantenidos por su hermana menor.- esta frase si logro que la joven quitara la vista de su lectura.
- Por favor Juan no hables así. Yo no te mantengo, te ayudo y te cuido como vos me cuidas a mí.
Juan se puso de pie bruscamente con sus manos en la cabeza y sin mirar a su hermana, que no veía el rostro sin sonrisa de su hermano.
- soy el mayor, se supone que soy quien debe cuidarte y velar por vos en todo.
- Pero si me cuidas. ¡¿Qué decís!?
- Si fuera así no tendrías que trabajar de mesera en ese bar de quinta.
- Pero me cuidas…- la voz femenina era dulce y serena mientras se acercaba a su hermano y acariciaba suavemente su rostro.
- Solo tenes dieciséis años.- la voz del muchacho salio de él como en un suspiro. Como si todo su oxigeno se fuera en esa frase.
- Me gusta mi trabajo, todos son muy buenos conmigo. Y el que vos tengas veintiséis años, no significa que no te pueda cuidar. Y al decir esto regreso a su lectura.
- Y cuando seas un escritor famoso y bien pagado- reclamaba elevando la voz en su última frase- por supuesto que ya no trabajaré mas. Al menos no como mesera.- continuó leyendo y Juan solo opto por sentarse junto a ella.
- Te juro que si éste no funciona abandono esta estupidez de escribir y me busco un trabajo de verdad.- acariciaba el rojo cabello de su hermana menor. Aunque de menos edad no lo era en mentalidad, carácter y actitud.
- Si papá estuviera con nosotros, te apoyaría en lograr lo que deseas.
- Si, pero no esta. Estamos solos. Y en realidad ya no me importa tanto. Mientras que estés junto a mi soy feliz solo quisiera darte todo lo que te mereces. – nuevamente la muchacha consolaba a su hermano, acariciándole el rostro.
- Es muy bueno. me gusta mucho. El titulo le va muy bien…” Ángel soñador”. Realmente ésta novela es nuestro “ángel”.
la sonrisa regreso al rostro del joven.
- ¡verdad que si! Éste si es realmente bueno.- su hermana le devolvía la carpeta que rápidamente él se encargo de poner en un gran sobre de color madera.
- Mañana mismo se lo envío a Daniel Meier. Ha recibido mis otras novelas y siempre me ha dado buenos consejos de cómo mejorar. Estoy seguro que también me ayudara con éste.
- No creo que debas darle tu trabajo a cualquiera. Se hacia una cola en el cabello mientras se miraba en el espejo, acomodándose el uniforme de mesera.
- No se lo entrego a cualquiera. Daniel es un escritor exitoso, y respetado lo admiro mucho, además me dijo bien claro que podía seguir mandándole mi trabajo- bueno como quieras. Me voy a trabajar. Beso en la mejilla a su hermano y salio de la habitación.




- señor otra novela de ese joven- la mujer que llevaba el sobre en su mano lo miro buscando leer rápidamente el nombre.- ha si – dijo por fin.- Juan Dimas.- sin mayor interés, lo dejo sobre el escritorio. Ya que a quien estaba dirigido ni lo miro y continúo hablando por teléfono.
- Carmen… no Carmen, ya hablamos de eso tenes que seguir el tratamiento, como el médico te lo dijo.- del otro lado de la línea la mujer no dejaba de quejarse. De lo duro que le resultaba seguir las indicaciones del medico.
- Bueno; ¿qué esperabas? Es un hijo lo que queremos tener… no un auto nuevo.- por fin agotado y casi seguro que su esposa haría lo más fácil para ella, colgó el tubo del teléfono. Respiro hondo y distraído; mas para relajarse que por interés tomo en sus manos el sobre que le acababan de dejar. Lo abrió y comenzó a leer.
- Juan Dimas,- dijo después de un rato de lectura.- ¿Cuándo te vas a dar por vencido?







- no recibiste contestación.
- No; aún no. Pero lo que mas me llama la atención es que no me enviara de vuelta mi novela. Nunca ha tardado tanto en regresármelas.- el muchacho no podía esconder su incertidumbre y duda.
- Me parece normal, éste hombre es muy importante, trabaja en una importante editorial, ha escrito varios libros, es claro que debe estar muy ocupado. Ya vas a saber de él. Después de todo solo paso un mes.
- Si pero, no sé… esa novela es muy importante para mi. – Juan no dejaba de caminar de un lado al otro en la pequeña habitación.
- Bueno no te preocupes, todo saldrá bien, seguro es tan buena que se la esta mostrando a alguien para que te la publique. Viste como son esas cosas. La lee uno luego otro.
- Si claro pero y si no me lo publican...
- Esta vez si lo harán, te dejo me voy a trabajar.
- Pero todavía es temprano.
- Voy temprano para hacer algunas horas extras.- se colocaba una campera, tomaba sus llaves, no miraba a su hermano sabía lo que diría.
- Lo siento mucho Sofía.- los abrazos del hermano mayor cubrieron el joven y delgado cuerpo, de la muchacha. Que solo se acomodo en el pecho de Juan, apoyo su oído escucho los latidos de su hermano. Le encantaba oír ese sonido desde niña, bastaba que ella apoyara la cabeza en el pecho de su hermano, para sentirse segura, protegida, feliz. Y ahora no se sentía diferente a cuando solo tena cinco años. Es que ese era su lugar en el mundo. En el cálido y dulce abrazo protector de su hermano mayor.
- No seas tonto, ya saldrá todo bien, serás rico e importante y no te vas a deshacer de mí. – lo beso, acomodo su cabello y cerró la puerta tras ella.
Aprendí hace tiempo que amar y querer no es lo mismo.
¿Estás de acuerdo con eso? Creo en mi humilde opinión. “Amar” no es egoísmo, es desear la dicha del otro aunque tu corazón se desgarre de dolor. ¿Por qué? Sencillo. El otro tiene a quien amar y ese no eres tú. El querer es piel, es poseer, sin importar a quien hieras. En nombre del amor, se han hecho muchas calamidades. ¿Vale la pena tal sentimiento? ¿Por qué aceptamos como bueno algo que nos causa tanto dolor?
¿Y por que muchas veces lastimamos a quienes mas amamos y por que otras son quienes mas amamos los que mas nos lastiman? Creo tal vez, en éste momento estoy demasiado desengañada, desilusionada y por que no escéptica, con un sentimiento tal como “amar”.
Están los que encuentran a su “alma gemela”, “media naranja” o como quieran llamarle. Son correspondidos, amados, y viven felices para siempre…bien por ellos.
Están los otros, que se conforman con una compañía. Y los tontos que aún solemos esperar el “amor”. Me dijeron hace un tiempo que tenía demasiado idealizado dicho sentimiento. No lo niego tal vez sea así…mientras tanto gente linda…continúo torturándolos. No me olviden…soy Marisol A.


Oración

Pensando he comprendido muy a mi pesar.
Que no tengo corazón.
Debo aceptar, que no puedo amar.
Que no soy capaz de sentir.
Toma esta vida gran señor.
Arranca de raíz la maldad que en mi hay.
Destruye lo que creaste aquí.
Has que desaparezca el nombre que me diste
Y no permitas…te ruego que él me recuerde.
Quítale el amor que una vez creyó sentir.
Que solo vacío quede en su ser.
Desaparece el viento que mis besos le dio.
Destruye los sueños que un día conmigo tejió.
La nada ocupe mi lugar,
ni amor, ni rencor, ni siquiera olvido…solo nada.
Recibe en tu seno las hijas que de él no vendrán.
Cobija los recuerdos que pueda su mente conservar.
Borra de su piel todas las caricias que de mi sintió.
Y de su lecho el placer, que mi cuerpo le dio.
Gracias señor…ya me olvidó.




Dicen que hay una lucha constante entre nuestra mente y nuestro corazón. Lo que sentimos y lo que debemos sentir. Aquello que decimos y eso otro que callamos. ¿Por qué callamos?
Motivos varios…creo que el miedo al rechazo, o a la distancia son los mayores o por lo menos, principales.
Y luego… ¿Cómo cambiar aquello que hicimos o dijimos y no debió ser?
O la otra cara de la moneda… eso que no dije…esas palabras que quemaban dentro y no dejamos salir…y ya nunca se dijeron.
¿Por qué se complican tanto los sentimientos a veces?
¿Por qué no amamos simplemente al que nos ama?
Y olvidar rápido como un parpadeo al que nos rechaza o hace daño.
Es difícil volver a creer una vez que hemos perdido en el amor una vez que hemos tropezado con esa piedra cuesta querer intentarlo nuevamente.
Las palabras de amor se las lleva el viento. ¿Por qué no se llevan así de rápido los sentimientos?
De todos modos…de nada me arrepiento. Me dicen, “te enamoras y sufres”
Digo-" quiero"- con todo gusto. ¿Y ustedes?
Como siempre gente linda…gracias por coincidir…no me olviden…soy MARISOL A.




TONOS GRISES

La calle se tiñó de gris,
los rostros desaparecieron.
La lluvia cae,
pero no se siente igual.
Alguien me llama.
Busco entre las personas sin rostro que me ven.
Pero no…no son ellos.
Los árboles cierran el camino ante mí.
Descifro entonces; que será difícil continuar.
Alguien me llama; ¿es a mí?
busco a mí alrededor.
No veo a nadie.
Me duelen los ojos de tanto intentar mirar.
El silencio, la soledad.
Creo que será imposible continuar.
Ya es de noche,
Ni la luna, ni las estrellas me ven.
Nada, aún no veo nada.
La soledad absurda que me invade
un sueño,
y yo que respondo
aquí estoy…
siempre te estoy soñando






Que se oculte tu mirada.
Y tu voz no me nombre
Que tus manos no toquen mi piel.
Tus frases de amor no estremezcan mi ser.
Maldita y sombría habitación
Que conserva en secreto noches de pasión
Ángeles habitantes de un mundo que no pudo ser.
Amar…que ya no será
Recuerdos que atacan en la oscuridad
Atormentan la mente
Mi boca siente aún tus besos
Y se rompe entonces como cristal
Mi corazón.




Una confusión



Y vivieron felices para siempre…
Claro que ese siempre, solo duró el primer año de casados.
Luego en lugar de salir juntos los viernes, y quedarse en cama todo el domingo.
Alquilaba ella una peli, él se iba con sus amigos el viernes a jugar al futbol y el domingo a la cancha. Como si no fuera poco verlo también por la noche en la tele, mientras ella hablaba con una amiga por teléfono para matar el aburrimiento.
Ella dejó de ir al gimnasio, pero igual salía. Él no lo notó.
Él se compró calzoncillos nuevos, a ella no le importó los que tenía antes eran horribles.
Una noche él no llegó a casa, ella salió con sus amigas. Así que ni se enteró.
El “para siempre” se terminó, cuando ella lo vio besando a una chica, y se fue con el amigo que la consoló.
¿Qué pasó? ¿A dónde fue el amor? ¿Hubo amor?
¡Malditos cuentos infantiles, que nos hicieron creer que cualquier cosa es posible!
¡Maldita realidad; que te enseña que eso no es así!





Mientras finjo no recordarte.
Se clavan espinas
En los recuerdos de mi ser.
Mi alma llora en los días tristes.
Es que no sirve mi desahogo
Porque en mis sueños
Termino (quiera o no)… en tus brazos.



Aveces son raras las cosas que nos pasan.OK, sé que no aveces, que es casi siempre.
Creo estamos en una búsqueda constante. Encontrar "eso", que nos satisfaga por completo y permanentemente.
Soy curiosa, siempre lo he sido. Desde que era muy pequeña.
No digo que eso siempre me haya sido de utilidad, pero dicha curiosidad, ha puesto en mi camino.Hallazgos extraordinarios...amigos geniales, que ya no están...otros que están como las estrellas cada noche en el lugar y la hora indicada. Amores que no fueron y sueños que se rompieron.
Pero que de todos modos dejaron bellos recuerdos y palabras que escribir.Aveces llegan a nuestros corazones, con tarjetas, peluches, libros...a mi corazón llegan con otro corazón...con tantas palabras como puedan decir.Me gusta hablar.El silencio aveces aturde, me aterra.
Aveces entiendo que ésto de amar es demasiado complicado como para seguir en la búsqueda.Y es más fácil darse por vencido. Quedarse quieto.
Cuándo encuentras a alguien que te da exactamente eso que buscabas...¿que haces si sabes que no eres para él o ella. Si encuentras todo lo que buscabas, en alguien que debes olvidar, en alguien que te duele. ¿ Cómo sigues si tu vida no termina mañana? ¿Cómo lo saludas, como le dices hola si mueres por decirle "te amo"?
Una de dos o te callas, finges y aguantas. O te alejas y sigues sabiéndolo feliz. O al menos esperando que así sea.
Según dicen "AMAR",es sacrificio. Dejar de lado el "yo" y pasar a ser "él".
Aveces "amar", duele tanto. Que desearía no sentir. ¿Qué dicen ustedes? como siempre gente linda...gracias por coincidir...no me olviden...soy Marisol A.



Cuando era niña, recuerdo que una vez vi a un hombre que llamo mi atención (claro que a esa edad todo lo hacia) éste parecía estar pescando y tiraba su anzuelo al agua. Esperaba un momento. Quitaba del agua lo que había (supuestamente) pescado y lo arrojaba nuevamente al mar.
Curiosa como todo niño, me acerque para intentar ver mejor que era lo que sacaba y que era lo que arrojaba al mar.
Así lo hice.
Muy quietecita para no ser vista ni espantada; lo observé.
Todo era como lo había pensado.
Si estaba con una caña era lógico que lo que hacía era pescar.
Así que luego de un rato (mas disgustada que curiosa). Le pregunte finalmente que era lo que hacía.
Me miró a los ojos (no me dio vergüenza cosa rara ya que siempre lo sentía cuando un adulto me miraba como juzgándome. Este señor no lo hacía tal vez por eso no sentí de ese modo) y con una sonrisa, respondió.
- pesco.- Que respuesta tan tonta (pensé en ese momento)
- y ¿Por qué arroja los peces de nuevo al mar? (hice una pregunta clara, con tono de enojada, para que así se diera cuenta que buscaba una respuesta que yo pudiera entender)
- Es que ese no era el que busco- Respondió muy sereno, sin entender lo que mi tono de voz significaba. Quedé en silencio. Definitivamente esa no era la respuesta que esperaba. Ahora que lo pienso no sé que respuesta esperaba.
- ¿ Y que pez busca? -Seguía indignada. Acaso no se daba cuenta que necesitaba que fuera mas especifico y entendible.
- Uno especial.- respondió. Ahora ya no me miraba. Veía el mar. Ahora me doy cuenta que veía algo en especial, un punto en el horizonte que al parecer solo él pudo ver.
- ¿Y cómo sabrá que es el que busca, cuando lo encuentre? Todos son iguales.
Me sentí inteligente al decir eso. Si era algo que yo sabía cuanto mas aquel adulto. Seguro ahora tendría que pensar la respuesta. Pero no.
- lo sabré.- respondió calmado como desde el principio de mi interrogatorio. No pensó ni por un segundo- pero sí noté que estaba mas serio. Ya no sonreía.- ya aprenderás niña cuando crezcas. Que no todo lo que parece ser igual siempre lo es. que hay algo y alguien especial para cada quien.

No entendía nada de lo que decía y al decir verdad ya me estaba aburriendo. Después de todo solo era una niña. Así que hice algo que me dijeron miles de veces, no hiciera…lo interrumpí.
- si pero hay miles de peces en el mar…- y sonreí feliz, por mi conclusión.- va ha tardar en encontrar el que busca-. Y sonrió de nuevo
- lo sé. Pero es mejor usar mi tiempo buscando. Que vivir sin intentarlo o solo esperando. Ya aprenderás, pequeña que buscamos lo que nos hace falta, con la esperanza de hallarlo. A veces “eso”, aparece cuando estamos por darnos por vencidos. Pero siempre llega.- creo quería seguir hablando pero yo no entendía lo que quería decir. Así que solo me di la media vuelta y me alejé.
No volví a verlo. Me preguntó, hoy si habrá hallado lo que buscaba.


MARISOL AZAMBULLO