- ¡Hola amor!-
- ¡Daniel…por fin llegaste!- apenas abierta la puerta de entrada Ángela se apresuraba a recibir a Daniel, su vientre estaba crecido, se veía mas bella si es que eso era posible. Sus ojos aun tenían un dejo de tristeza, que rara vez desaparecía.
- ¿Qué sucede; te sentís mal?
- No, eso no.
- Entonces…
- ¿No viste la televisión?
- No… no he tenido tiempo ¿qué paso?
Ángela encendió la televisión cambió los canelos y por fin se detuvo en uno.
- Están diciendo que tu editorial esta en quiebra, mirá – subía el volumen del aparato- un canal extranjero dice que cambiará de firma. Le hicieron un reportaje a unos de tus escritores más conocidos y dijo que se fue de tu editorial porque vos le robaste dinero y la oportunidad de publicar más.- ahora Ángela miraba a su esposo, que se encontraba de pie inmutable, como si no hubiera escuchado nada de lo que le acababan de decir.
- No entiendo que sucede. Alguien me esta haciendo mucho daño y no sé porque.- se sentaba junto a su mujer, no la miraba a los ojos pero rara vez lo hacia.
- Y bueno- la joven miraba por la ventana, buscaba algo, deseaba decir algo, acariciaba su vientre. Tal vez buscando fuerzas en el niño que esperaba. Un silencio y por fin las palabras comenzaron a salir.- discúlpate con ese escritor y dale lo que dice que el robaste, ofrecele un nuevo contrato, estoy segura que se lo merece.- aún con estaba de espaldas al hombre. Sus ojos estaban cerrados, como esperando algo que sabía no obtendría.
- No vas a creer eso.- se puso de pie bruscamente y tiró al suelo los papeles que llevaba en la mano- me atacan y vos les crees a ellos…todo lo que tengo es mío, no robé nada a nadie. Les doy una oportunidad que nadie mas les da a estos muertos de hambre y me pagan traicionándome. – daba vueltas de un lado a otro en la habitación, golpeaba una mesa se servía algo para tomar. Whisky por supuesto.- no entiendo quien me esta haciendo esto, no logro entender…solo que lo descubra y sabrá quien soy yo. Sabrá que conmigo no se juega.-
Los ojos de Ángela se abrieron, la tristeza en sus ojos fue mayor, decepción tal vez. Pero no dijo nada. Solo permaneció en silencio.

Unas semanas después, más medios de comunicación nacionales y extranjeros se hacían eco a los rumores de quiebra (que para ese momento no estaban muy lejos de la realidad). Mas escritores se sumaron a las acusaciones de robo, Daniel iba en caída libre y parecía que nada de lo tendría.

Solo Ángela y el niño que estaba por nacer parecían mantenerlo de pie y darle fuerzas para continuar luchando.

- Creo que quien te ataca tiene que estar dentro de tu editorial- claro el joven abogado estaba preocupado si se hundía Daniel de seguro él también lo haría.
- ¿Te parece? Si debe ser pero ¿quién?
- No sé… ¿a cuantas personas contrataste desde que todo esto comenzó?
- Déjame pensar – llevaba su mano derecha a la frente mientras la izquierda permanecía en su cintura, respiraba hondo, miraba a su alrededor como buscando la respuesta.- hace casi un año que las cosas van de mal en peor. Y en ése tiempo además de un par de escritorcitos, contraté a mi asistente. – de pronto se quedó callado, sus ojos se iluminaron. Pareció encontrar la respuesta que buscaba.
- De ella…¿qué sabes?- los dos parecían pensar lo mismo
- Trabajo muchos años en el extranjero, es más quien me la recomendó fue un publicista muy importante de España.- ahora
Daniel miraba a su abogado, salían las preguntas y pocas encontraban respuestas.
- No te das cuenta Daniel que ella esta muy cerca tuyo, sabe todos tus movimientos financieros y de negocios. Es mejor que traté de averiguar algo más sobre ésta chica, tenemos que saber de una buena vez quien está detrás de todo esto.
Nuevamente solo, Daniel miraba por la ventana, sabía que tal vez merecía mucho de lo que le estaba pasando. Pero no dejaría que le quitaran lo que le costó tanto construir. No importaba lo que tuviera que hacer, o a quien tuviera que destruir. Para permanecer en donde estaba.



El día llegó y el hijo de Ángela y Daniel Meier nació. Los periódicos tenían titulares enormes.

Nació el hijo del escritor, editor y productor Daniel Meier y de su esposa la conocida actriz Ángela.
Es una buena noticia para el escritor que solo ha tenido mala racha en los últimos tiempos viéndose obligado a vender su editorial y enfrentar juicios por plajeo.


Los medios de comunicación lo habían condenado. Ningún escritor conocido o que estuviera comenzando quería que Daniel fuera su editor, su carrera empresaria estaba en la ruina. Había salido impune ante la justicia por los juicios de plajeo, pero estaba condenado por la sociedad. Al menos eso había entendido cuando su último libro fue rechazado, dándole solo pérdidas. Lo creían un ladrón un estafador y los que una vez le temieron ahora lo despreciaban. Ya nadie le temía, nadie lo respetaba.
Era su casa su único refugio, donde encontraba paz y serenidad.
Su esposa su hijo era todo lo que le quedaba. Aún tenía orgullo, jamás acepto una sola de las acusaciones.
En su casa en el silencio, se sentía él, el poderoso pero ahora sin poder.
-¡Gabriel mi amor!- acariciaba al niño una y otra vez. Lo besaba. Realmente lo amaba. Si viéndolo junto al niño parecía humano, parecía capaz de sentir. Quien diría que era capaz de destruir tantas vidas sin que le temblara la mano y ser tan tierno con ese pequeño.
- Dejalo en su cuna, amor necesita descansar.
- Es que es tan hermoso, no me canso de verlo. Me cuesta creer que ya tenga un mes. Tan chiquito. Los amo a los dos.- dejaba de mirar al niño y miraba a su madre, le acariciaba el cabello, la besaba en la boca. Lo hacía tan dulcemente, tan tiernamente.
Ángela, interrumpió el beso. Acomodaba la cuna del niño, con una ternura inmensa como toda madre es capaz de sentir lo abrigaba, acomodaba unos ositos junto a él.- ¡¿no sé que haría si no los tuviera a ustedes dos en éste momento?! De seguro me moriría.
- no seas exagerado.
- No lo soy. Pierdo mi editorial. Tengo que volver a empezar como escritor pero ahora el público me rechaza. Realmente sin ustedes no tendría fuerzas para continuar.- rodeaba a su mujer con sus brazos y la besaba una y otra vez en la cara, en el cuello, en la boca.





- Ya esta totalmente arruinado. ¿Por qué no terminas con todo esto?
- No. Quiero que termine del mismo modo en que lo obligó a terminar a mi hermano - la voz del otro lado del teléfono se oía preocupada, fría. Era extranjera y también parecía estar muy lejos.
- Por favor Sofía, son muchos años de acumular odio. Estas muy cerca de él, esto va a terminar haciéndote daño.
- No puede hacerme nada mas, no lo entendes. Él siempre lo tuvo todo. Y le robó a Juan lo único que tenia y me arrebato a mi hermano… me arrebato la vida el día en que Juan murió. No puede seguir impune. No se lo voy a permitir, tiene que pagar. Le voy a quitar todo, absolutamente todo. Como él me lo hizo a mí.
- Ya le quitaste todo. Esta en la ruina y nadie más lo respeta. ¡por favor regresa! ¡No sigas, por favor!
La joven colocó el tubo del teléfono en su lugar. Permaneció en silencio. Secó una lágrima que caía por su mejilla.



-¿Qué hace aún en la oficien?- la mujer se sobresaltó.
- No, nada señor. Tenía que hacer una llamada telefónica.
- Es un poco tarde. ¿Estaba hablando con algún cliente?
- En realidad era una llamada personal. Pero no hable mucho.- la asistente, notoriamente nerviosa acomodaba los mismos papeles una y otra vez.
- bueno, no se preocupe. Mejor ya retírese. Nos vemos mañana
- Sí. Hasta mañana señor.- se acomodaba el saco, agarraba su cartera y salía sin que se lo dijera dos veces.
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