Capitulo V

- Otra vez tarde Daniel.-
- por favor Carmen recién llego.- dejaba caer sobre un mueble las llaves y unas hojas. Mientras se quitaba el saco.
- Claro recién llegas, siempre llegas a cualquier hora.- la mujer se ponía de pie y caminaba tras él mientras hablaba, bueno hablar es una forma de llamarle a los gritos que daba. El hombre no la miraba. Solo se alejaba de ella, misión que parecía imposible.- ¿y así queresa que tengamos un hijo?- continuaba siguiéndolo.
- No. Así no, quiero tener un hijo pero no quiero escuchar mas tus reclamos.- entraba y salía del baño, quitándose los zapatos llevando ropa.
- Me quiero dar un baño y acostarme, Carmen.- sentado en la cama se quitaba la camisa.
- ¿y yo?
- ¿y vos qué?
- Daniel, ya no hablamos casi no te veo ¿cuando vas a estar conmigo?
- Estoy, Carmen estoy.- habría la ducha y aunque la mujer continuaba hablando él ya no la escuchaba. No solo por el ruido del agua, sino que sus pensamientos lo habían llevado junto a Ángela.
Parecía increíble que pudiera sentirse tan bien junto a ella. Siempre sonriendo, aunque a veces parecía estar alejada de todo y de todos. Era tan joven, parecía amar tanto la vida. Y cuando estaba junto a ella, él la amaba también. Se sintió incomodo al besarla, parecía que ella lo rechazaba, seguramente porque sabía que él estaba casado. Varias veces había visto a Carmen en fiestas o cenas, no debió besarla, pero tampoco pudo evitarlo.
¿Ahora que haría? Deseaba tanto estar junto a ella. Abrazarla acariciarla, besarla nuevamente. Sus pensamientos se detuvieron abrió los ojos, su esposa ya no estaba hablando. ¿En qué momento se había ido?... ¿en qué estaba? Ángela, si Ángela ¿qué sentiría por él?


El horario de trabajo casi acababa y aún no la veía. Daba vueltas por todas partes pero no lograba encontrarla.
- ¿me estas evadiendo? Por fin. No se detuvo hasta alcanzarla, se veía tan bonita, estaba con la ropa del personaje, su cabello largo negro, un vestido de color crema, largo pero ceñido a su cuerpo, su piel era tan blanca…tan joven.
- No sé que pretendes.- no lo miraba, su voz era fría, distante, no parecía ella.- me besas. Estas casado y te sorprende el que no quiera verte. – entraba en una habitación en un intento de alejarse de Daniel y evitar que alguien pudiera escucharlos. Él solo la seguía, no se fijaba en nada.
- Sé, que estoy casado; pero también sé que quiero estar con vos, que me gustas y no puedo y no tengo edad para querer evitarlo.- cerraba la puerta, tras ambos.
- No hagas eso. No cierres la puerta.- quiso abrirla pero Daniel volvió a cerrarla, se acercó a ella. Levanto su mano, acarició su cabello desde la raíz hasta las puntas recorriéndolo a la vez con la mirada. La beso. Un beso corto primero, la miro. Ella tenía sus ojos cerrados así que luego continúo besándola. No fue una vez, fueron varias. ¿y ella? Ella respondía a cada uno de sus besos.
- Ves.- decía con voz victoriosa.- sentís lo mismo que yo.
Pero Ángela no respondió. Abrió la puerta y se alejó.

El tiempo de grabación terminó y todos se fueron a sus casas. Lo extraño fue que desde que comenzaron a trabajar Ángela había sido la última en irse, esta vez había sido la primera.



Había vivido muchas historias de amor. Bueno en realidad las había experimentado a través de las películas en las que fue actuado. Muchas bocas la había besado, pero no a ella, a los personajes que otro creaba en su imaginación. Pero éstos besos la buscaron a ella y ésta historia era real.
De pie junto al gran ventanal, del silencioso departamento observaba las luces de la ciudad, por las noches parecía tan serena, solo pequeñas luces a lo lejos.
Una sonrisa fría distante desfiguró el calmo y dulce rostro de Ángela.


-Daniel por favor. Cenemos juntos. Te preparé tu comida favorita.- Carmen estaba realmente bella aquella noche, en realidad siempre estaba impecable. Y seguro representaba menos edad de la que en realidad tenía. El vestido negro que llevaba puesto resaltaba su esbelta figura. Se había recogido el cabello, como sabía le gustaba a su marido, dejando al descubierto su largo y fino cuello. Pero como siempre Daniel no notó ningún detalle. O no le importó mostrar desinterés.
Pero de todos modos se sentó a la mesa junto a ella. Claro que comió con el mismo entusiasmo que si comiera un simple bocado de pan.
La mujer se esforzaba en entablar una conversación amigable. Pero él solo respondía con monosílabos.
Sin mayores acontecimientos terminaron de cenar. Se acostaron; un cuerpo junto a el otro. Pero la mente de Daniel estaba junto al cuerpo de Ángela.



Fue muy incomodo trabajar aquel día. Y los días siguientes a ese.
Daniel se acercaba, buscando acariciarla, tocarla tan solo. Pero Ángela siempre huía de él.


El sonido del teléfono la despertó.
Estiró su mano y lo alcanzó.
- ¡Hola!- respondió aún casi dormida
- Soy yo.- reconoció la voz
- ¿Daniel?
- Si. Necesito verte. Voy para tu casa.
- No. No vengas- miró el reloj- son las dos de la madrugada, por favor, no sigas con todo esto…- no terminó de hablar. Del otro lado habían cortado la conversación. Varios minutos después, sonaba el timbre del departamento.
Ángela fue hasta la puerta. La abrió.
Parado, mojado por completo estaba Daniel. Entro sin pedir permiso-
-¿Qué haces acá?
- te dije. Necesitaba verte.- cerró la puerta tras él. Avanzó hacia ella. Tomo su cara con ambas manos y la beso.
- Estoy loco por vos.- le susurraba al oído.
La mujer ahora estaba atrapada entre el cuerpo de Daniel y una fría pared. Dejó de alejarse, (ya no había a donde). Comenzó a responder a los besos a las caricias. Con un solo abrazo el hombre la envolvió por completo.
- No me pidas que me detenga.- dijo él.
- No lo haré.- la voz de Ángela apenas se escuchaba. Sintió una mano en su vientre. No pudo evitar estremecerse. Los labios del hombre recorrieron el cuello de la mujer, ella suspiró. Un solo y hondo suspiro. La camisa mojada de Daniel cayó en el suelo, la remera de Ángela siguió el mismo destino.
Los cuerpos de ambos se confundieron sobre la cama. El cabello mojado de Daniel mojaba la almohada. Ángela acariciaba suavemente la espalda masculina. Mientras él besaba el vientre ardiente de ella. Los besos, las caricias, el éxtasis todo continúo y la noche se hizo día sin que ellos se dieran cuenta.
El rostro de Daniel resplandecía al igual que el sol. En los ojos de Ángela había cierto brillo, si era de felicidad o de tristeza era difícil saberlo en ese momento.
- ¿Vas a hablar con tu esposa?- Daniel ya se estaba vistiendo la joven aún estaba en la cama.
- No. Ayer se fue de vacaciones, no volverá hasta dentro de un mes.
Súbitamente ella se levantó. Se encerró en el baño. Él golpeo la puerta pero nadie le habló. El sonido de la ducha, pero nada de una respuesta. Continuó esperando.
- ¡Ángela por favor, decime que te pasa!
- La única razón por la que me buscaste es que ella no esta para controlarte.- salio del baño. Ya estaba vestida y lista para salir.
- No es verdad, sabes que yo habría estado con vos hace tiempo si me lo hubieras permitido.
- Tengo que irme hablamos mas tarde, te llamo y espero tu secretaria no te niegue.- tomaba sus llaves, acomodaba su cabellos húmedo, pero no lo miraba a los ojos.
- No lo hará.- respondía él de forma serena, con una voz muy dulce. Totalmente distinta a la que siempre tenia.- te amo.- sonaron tan fuertes sus palabras, tal ves mas por el silencio de ella. La beso en la boca. Salieron juntos del departamento.
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