- ¡Por fin solos!- las risas, y Daniel que llevaba en brazo a su flamante esposa. Entraron en la habitación del hotel. Con mucha ternura la dejó sobre la cama, quito el cabello que no le permitían ver los ojos de su mujer. Y la besó.- soy feliz- dijo con una sonrisa que ocupaba todo su rostro.
- ¿de verdad? ¿Aunque hayas perdido todo?
- Solo perdí dinero. Lo volveré a ganar. Ahora tendré un hijo al que mantener.- Estaba acostado junto a ella. Observándola, como si fuera la primera vez que la veía.
- ¿vas a volver a escribir? Así fue como comenzaste ¿no?
- No hablemos sobre eso.- y la besaba en el cuello, en la boca, en la nariz, y reían- es nuestra noche de bodas, hay que consumar el matrimonio.-
- ¿A sí?- Ella acariciaba el rostro del hombre, sonreía feliz.
- Si. así es señora. – y continuaron las risas, las caricias, los besos.






-¿Vos sos la secretaria de Daniel?
- No…- respondió de mala manera la joven- soy su asistente
- ¡AH! Claro. – El tonto de voz de ésta, era aún más irónico que el de la joven que acababa de responder.- yo soy la ASISTENTE- enfatizó muy bien ésta palabra.- de Ángela. Y quiero decirte que no le gusto el modo en que trataste a los invitados, y a mí tampoco. Tus modales parecían de camarera. Tenes que pulirte querida.- el “querida” por supuesto era con ese tono dulce, pero que se clavaba como un cuchillo en la piel. Al decir esto, la mujer solo se marcho. Sin permitir que la muchacha se defendiera. Es que para ésta mujer cuando alguien no le daba una buena primera impresión no había segundas oportunidades.
Pero esto no pareció preocupar a la joven.
Aunque Clara con sus cincuenta años, hacía tiempo que sabía hacerse oír, y respetar.




Con el paso de los días la prensa se calmó. Y las primeras páginas fueron ocupadas por noticias más frescas.
Ángela y Daniel se mudaron a una casa frente a la playa. Para esto Daniel tuvo que invertir el poco efectivo que le quedaba. Pero sabía que esa casa era lo que su joven esposa deseaba.
La telenovela se terminó de grabar y había sido un gran éxito en muchos países. El dinero y las oportunidades de abundante y buen trabajo no dejaban de llegarle a Ángela.

- Llamó tu asistente, quiere que te comuniques con ella.
- Si claro mi amor; en seguida la llamo- abrazaba a su esposa por la espalda y ambas manos acariciaban su vientre.- ¿cómo se porta nuestro bebe? ¿aún no crece esta pancita?
- No. Aúno no crece.- y le dejaba el teléfono en las manos.- ¿vas a llamar o no?




Ya era tarde, pero en ella continuaba en la oficina acomodando papeles. Sacando copias y tirando otros a la basura. Siempre era la primera en llegar la última en irse. Por supuesto esto molestó a varios empleados que no creían en la eficiencia de la joven asistente.
Sonó el teléfono.
Respondió rápida y correctamente como siempre.-
- Oficina del señor Daniel Meier.
- ¡hola si, soy yo! ¿Qué sucede?
- A Daniel que bueno que llama. Es que me llegó un documento. Al parecer alguien le compró las acciones de la editorial a su esposa.
- ¿Dice quien?- la sonrisa se había ido del rostro de Daniel. Ahora estaba de pie, mirando por una gran ventana, llevando su cabello hacia atrás con la mano que tenía libre. Ángela lo observaba de lejos pero no lo interrumpía.
- No al parecer lo hicieron con un testaferro.
- Bueno, no se preocupe mañana hablamos.- colgó.
- ¿Tengo que ponerme celosa? – decía Ángela apoyada en el marco de la puerta desde donde había oído la conversación.
- Claro que no amor. Sos mi ángel, nadie puede ocupar tu lugar ni el de nuestro bebe.







-
- Debiste decirme Carmen que querías vender las acciones.- Daniel estaba furioso, no soportaba perder el control de la situación, y ahora estaba a punto de perder el control de aquello por lo que había luchado tanto. Odiaba a Carmen, la destetaba desde hacía, mucho pero en ese momento sentía un odio infinito hacia aquella mujer.-
- No quería. Pero me hicieron una oferta demasiado buena y no me pude negar.- la mejer tenía la misma mirada fría y de rencor que él. Es que había comprendido lo que muchos supieron siempre, que ella solo había sido un escalón mas para Daniel. Solo alguien que debía usar para poder escalar de posición. Pero en realidad, le dolía mucho más, saber que jamás la había amado, ni siquiera un poco. Sonreía, trataba de no demostrar el dolor que ese hombre le había causado, ya no lloraría por él. Ni una sola lágrima más derramaría. Solo se preguntaba, ahí viéndolo pagar un poco todo el dolor que ella sentía. ¿Cómo podía alguien que se jactaba de escribir sobre el amor y entender el corazón humano ser tan frío y manipulador?
- Pusiste a la editorial en manos de un extraño. Debiste haberme avisado- Daniel no dejaba de caminar de un lado a otro de la oficina, le dio un golpe al escritorio. La mujer no reaccionó, estaba acostumbrada a sus ataques de cólera.
- La editorial por si te olvidas era de mi padre.- ahora hablaba fuerte, seria, de pie frente a él mirándolo a los ojos. Como pocas veces lo había hecho.- la única razón por la que ahora vos sos el dueño es porque lo engañaste a él y me robaste a mí. Así que no sé de que te quejas. Se te paga con la misma moneda.- ahora le daba la espalda, necesitaba seguir fuerte, para enfrentarlo de una vez, para pedirle perdón a su padre ahora que no estaba, por no haberlo apoyado cuando vio que su propio marido lo despojaba de todo por cuanto él había luchado. Pero amaba a Daniel y le creyó cuando le dijo que lo hacía por el bien de la familia… ¡familia!…recordaba esas palabras muy bien. Solo que no dijo que para Daniel la familia era solo él.
- ¡Estas loca! ¡No mientas más! Ésta editorial casi no existía. yo la puse en la sima. Con mi trabajo y mi esfuerzo.-
- ¿Esfuerzo? De lo único que sabes vos es de manipular, de estafar y pisotear a quien sea.- ahora sus ojos brillaban, más por la rabia y la bronca que por las lágrimas.
- ¿se encuentra bien señor?- por supuesto la eficiente asistente entraba al escuchar tantos gritos. ¿para ayudar a quien?
- Me voy.
- No espera, espera.- no esperó cerró la puerta de un golpe.
- Ya me contacté con el abogado.- nuevamente intervenía, al parecer justo a tiempo para impedir que Daniel fuera de tras de Carmen.- me dijo que venía para acá enseguida.
- Ni bien llegué hágalo pasar.- respiraba hondo, acomodaba su corbata. Volvía a tener el control de sí mismo.
Nuevamente se quedó a solas en al enorme oficina. Sus manos en su cintura. Miraba para todos lados. Deseaba gritar, romper algo. Pero no. Tenía que pensar, actuar con inteligencia como siempre lo había hecho. No había logrado todo lo que tenía por dejarse llevar por las emociones. No. Pensaría. Debía pensar. Nuevamente la puerta, que se habría. Lo retornaba a su realidad.
- ¡Hola Nicolás!... ¿Cómo estas?... sentare.
- ¡ Hola Daniel! Si gracias.- el abogado era joven poco mas que Daniel pero se conocían desde hacía mucho, y se podía decir que Nicolás era a imagen y semejanza de Daniel. Sabía perfectamente como manipular a las personas para conseguir lo que quisiera. Y junto a Daniel había conseguido muchas cosas, sobre todo dinero.
- Decime… ¿Cómo están las cosas?- Daniel estaba sentado frente al él.
- Bueno- Nicolás acomodaba su lujoso portafolio sobre la mesa, era de esas personas que se enorgullecen por las cosas caras que poseen.- no muy bien. Como sabrás se fueron siete de tus mejores escritores y seis más no quieren renovar contrato. Al parecer una editorial extranjera está al asecho de todo buen escritor nuevo y ya conocido. Les hace mejores ofertas y les da más publicidad. Y los rumores de quiebra de tu editorial los aleja y hace que los que aún están quieran irse. Vos y yo sabemos que sus libros se venden poco. Pero alguien esta diciendo que en realidad se venden bien y que vos les estas robando.- el abogado seguía a Daniel con la mirada que estaba nuevamente caminado por la oficina. No sé. Parece que alguien está empecinado en que te valla mal. Los bancos están exigiendo el cobro de los préstamos, que pedimos para ampliar el edificio y para publicidad. Todo esto, mas tu divorcio, te ha dejado sin liquidez.
- ¿Tenes idea de quien esta detrás de todo esto?
- ¿Será Carmen?
- No. No creo ella no tiene motivos, los contactos y tampoco el dinero.-
- En eso tenes razón, por lo que he averiguado están moviendo mucho dinero, y muchas influencias. Sea quien sea Daniel te lleva la delantera.
- ¡¡Se han empecinado en arruinarme!!- ahora eran los papeles los que recibían su furia y eran arrojados al suelo. El abogado, tratando de reconfortarlo, le palmeaba el hombro.
- Lo siento de verdad. Estoy haciendo todo lo posible, por averiguar de quien se trata y por manejar tus asuntos lo mejor posible como siempre. Pero Daniel. Tenes enemigos muy poderosos y que al parecer no se detendrán por nada.
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