Capitulo IV

Presentaciones, entrevista, cenas en su honor era cosa de todos los días. Ángela estaba acostumbra a todo aquello pero ésta noche se sentía realmente hastiada de verse rodeada de personas que ni siquiera conocía. Sentía deseos de estar sola, de respirar. Toda aquella gente la ahogaba.
Así que en cuanto logro escaparse de una charla aburrida como tantas, muy de apoco, y sin que nadie se diera cuenta. Salio del salón, atravesó un largo pasillo, termino su recorrido al llegar a la biblioteca de la gran casa. Sin pensarlo estirando su mano, corriendo como en uno de esos sueños donde la puerta es eternamente lejana en pocos segundos, la cruzó y por fin se vio libre de su lujosa prisión.
La casa se encontraba en un lugar privado de la playa, y eso hizo que Ángela pudiera caminar sola y tranquila por un largo rato. Daba unos pasos y se detenía, respiraba hondo, el viento comenzó a soplar y como no tenía abrigo cruzaba sus brazos para darse calor. Miro hacia atrás vio las luces de la casa, pero no regreso, con sus zapatos de taco alto en la mano continuó caminando. Cerró sus ojos, el ruido de las olas la relajaban la hacían entrar en transe. Por fin se sentó sobre un tronco que encontró muy cerca del mar. Allí se quedo unos minutos o tal vez fue más tiempo, necesitaba un poco de paz de claridad en su mente y el mar se lo daba.
-¿Se siente mejor?- la voz además de interrumpir sus pensamientos la sobresaltó. – ¡Lo siento no quise asustarla! – Daniel Meier se acercaba a ella con una sonrisita burlona en su cara.
- No. No se preocupe, no fue nada.- la joven se ponía de pie mientras buscaba sus zapatos que había dejado caer sobre la arena.- es que creí estar sola.- encontró un zapato, aún buscaba el otro. Se sentía torpe.
- Bueno la vi salir de la casa así que la seguí, pensando que querría estar sola decidí no acercarme pero ya ha pasado un buen tiempo desde que salio de la fiesta y de seguro no demoraran en salir a buscarla.-la observaba buscar su zapato, él lo veía, pero no se lo alcanzó. Tenía sus manos dentro de los bolsillos del pantalón, parado firme, seguro de sí mismo como siempre, incomodaba a la mayoría de las personas que estaban junto a él, pero eso no le importaba demasiado.
- No se preocupe Daniel. Como dijo solo deseaba estar un tiempo a solas…- se dio por vencida su zapato no aparecía y terminó por dejarse caer nuevamente sobre el tronco.
Él se alejo unos pasos se agacho, levanto el zapato que apenas si se veía y se lo alcanzo. Ella lo tomo. Sonrió. Ese era un suficiente “gracias”.
El hombre se sentó junto a ella y el tronco se hizo pequeño para los dos.
- ¿Se encuentra cansada?- no la miraba al hablar, era raro en él le gustaba imponerse en la mirada.
- No sé, realmente no sé que me sucede. Debe ser esta ciudad, creo que me sorprendió mas de lo que esperaba.- se quitaba la arena de los pies, hacía frío, quería irse pero se quedaba.
- Bueno. No se preocupe si quiere hablar o si necesita cualquier cosa no tiene más que decirme. Estoy a su disposición para lo quiera.
- Gracias. Se lo agradezco mucho.- el frío era mas intenso, la joven comenzó a frotar sus brazos con las manos. Y de pronto sintió el calor del saco de Daniel sobre sus hombros, fue tan rápido que ni siquiera vio cuando se lo quito. Solo lo sintió sobre ella. Luego le acomodó el cabello. Aún temblaba, pero ahora no era por el frío.
Caminaron juntos de regreso a la casa, hablando y riendo de todo de nada. Por supuesto basto con que atravesaran la puerta, e ingresaran a la fiesta para que todos los vieran y comenzaran a murmurar.
Por supuesto no le causó mucha gracia a la esposa de Daniel verlos entrar juntos y mucho menos los comentarios. Y menos imaginar a su esposo y a la joven solos todo el tiempo en que se encontraron ausentes de la fiesta.
- Como que te estas ocupando demasiado de tu actriz- le dijo por fin al oído a su esposo, su sonrisa era enorme como siempre, su rostro perfectamente controlado, ni uno de sus gestos era de desaprobación.


Las grabaciones de la telenovela comenzaron los primeros capítulos al aire eran un éxito, en todos los países donde se transmitía. Realmente el nombre de Ángela junto al de Daniel Meier era un gran éxito donde fuera.

Ya era tarde, casi todos se habían ido a casa. Ángela no.
Caminaba bajo la llovizna muy lentamente.
No había querido irse en el automóvil que le diera la productora; deseaba caminar y bajo la lluvia el placer fue mayor.
- ¿Qué hace?- Daniel, bajo un paraguas se encontraba junto a ella. La miraba muy extrañado.
- Camino.-respondió ella muy naturalmente y muy calma. – me fascina caminar bajo la lluvia.- Ángela extendía sus brazos, daba vueltas y reía. Sin entender porque el hombre cambió sus gestos duros por una sonrisa. Simplemente no podía evitar el reír con ella.
- Sabía que las actrices eran excéntricas pero usted le gana a todas.
- No me trates más de usted, hace dos meses que nos tratamos todos los días y siempre te digo lo mismo. ¡soy Ángela!- continuó corriendo por las calles de los estudios y Daniel tras ella.
- Dejá ese paraguas, el agua es riquísima.- se lo quitó y lo tiró lo más lejos que pudo. Era de noche, la llovizna caía de forma intermitente muy fina, y de verdad se sentía bien sobre el rostro. Tomo al hombre de la mano lo llevo corriendo con ella, las risas de ambos hacían eco…en el vacío creador de historias.
- Hacía mucho tiempo que no me divertía tanto. Daniel miraba en los profundos ojos de la joven buscando tal vez algo que lo devolviera a la realidad.
- Ves.-decía ella mientras le sostenía la mirada- se siente sabrosa la lluvia sobre tu rostro.- y Ángela comenzó a recorrer con su mano, la frente, los ojos, cada una de las líneas de la cara del hombre. En un momento ella cerró los ojos, como queriendo aprenderse aquel rostro de memoria. Sintió lo labios de él sobre los de ella. Solo pasó durante un segundo.
Abrió los ojos y se apartó.
La habían besado en la boca muchas veces, pero en aquel momento su corazón saltó tan fuerte dentro de ella que no pudo evitar llevarse las manos al pecho.
Daniel no se disculpo y Ángela no le pidió que lo hiciera.
La alcanzó hasta su casa, no hablaron demasiado durante el trayecto, en realidad de ningún tema en específico. El trabajo, el clima, las personas…de nada, solo tenían que llenar los minutos. El auto era amplio, cómodo, pero ellos no lo sentían así en aquel momento. Todo lo contrario.
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