Hace unos días noté que me observaba.
No es algo fuera de lo normal, muchos lo hacen. Creí que él, era solo uno más.
No sé que fue lo que luego me llamó la atención, como dije, era como muchos. Al menos eso creí.
Luego, me di cuenta que nuevamente sus ojos estaban en mí.
Lo observé por un momento, y solo así, el mundo desapareció.
En todo mi tiempo de vida, jamás había sucedido algo tan mágico, tan fuera de éste universo.
Los enamorados, son mágicos y suelen compartir esa magia conmigo.
Pero él.
Él no compartía, él hacía la magia…conmigo. Yo era su mundo especial.
Eso creí, o fue eso lo que sentí.
Poco a poco, sin darme cuenta. Comencé a necesitarlo, a buscarlo, a que fuera aquello por lo cual deseaba salir cada noche. Me llenó de sueños, de colores, y era menester estar a su lado.
¿Pero como hacerlo?
¿Y si no sentía como yo? ¿Y si todo era una ilusión?
Pero no, no estaba confundida, la forma en que se quedaba horas esperándome, viéndome. Era amor.
Quise acercarme una noche, me paré frente a él. No muy cerca, aún tenía miedo. Es que sabía que no me estaba permitido entablar un dialogo, y menos como yo deseaba. Tocarlo, acariciarlo…besarlo era mi obsesión.
Recorriendo cada rasgo de su rostro, tratando de que quedara en mi memoria todo lo de él. Intentar descubrir que hacía si pensaba. ¿Cerraba los ojos acaso o solo veía la nada?
0 como era su sonrisa si algo le agradaba, me abstraje.
El sonido de su voz, me despertó de ese sueño que hubiera deseado fuera eterno.
No sé por que razón, huí. Fue tonto lo sé. ¿Por qué escapar de quien se ama tanto?
Pero lo hice.
Y para mi sorpresa, él corrió tras de mi.
Era extraño, por que si bien me alejaba de él. Lo que mas deseaba en ese momento era detenerme. Acariciar su rostro, besar sus labios, rosar su piel. Pero no lo hice.
Debido a mi temor, me oculte mucho tiempo. Supe que me buscaba.
No sabía quien era, apenas si me había visto. Comprendí que en verdad me amaba, tanto como yo a él.
Fue una mezcla de sensaciones, entre dicha por saberme dueña de su amor, y dolor por saber que eso nos condenaría.
Una noche sentí celos, si. Aunque creí ese sentimiento era vano, inentendible y por supuesto imposible de sentir para mi. ¿Pero, no lo era también el amor?
A lo lejos lo vislumbré, es que no pude resistir la necesidad de verlo. De intentar sentir su presencia, su olor tal vez.
Y me vio. Al parecer tenía un sexto sentido para saber cuando me encontraba más cerca de él.
Y como la primera vez, salí huyendo y mi amor tan veloz como el viento tras de mi.
Me perdí entre el gentío de la ciudad. Deseaba darme la vuelta, verlo a los ojos. Decirle- toma, tienes la llave de mi corazón, te pertenezco por que así lo quiero, por que así me nace., por que te amo. Pero no lo hice.
Entonces, supe lo que muchos llaman celos. Es que se confundió, y parándose debajo de la ventana de alguien mas. La vio a ella con sus ojos llenos de amor, esos que antes me veían a mí.
Observándolo desde lejos, me quede todo el tiempo que él estuvo bajo esa ventana creyendo me veía.
¡Qué dolor tan hondo, que tristeza tan grande!
¿Cómo no se daba cuenta que a quien dedicaba sus horas de amor en ese momento, no era yo?
¿Tanto lo engañaba su corazón?
No sabía que se podía llegar a sentir tanto amor, o tanto dolor.
Es que solo era él a quien necesitaba, era su rostro el que deseaba memorizar, o su piel con dulzura recorrer. Saber que soñaba, que necesitaba, o como besaba, como sería sonreír mientras hablábamos de las historias de antaño.
Mis pensamientos me dominaban, y todos eran para ese hombre.
Desee llorar, pero no me estaba permitido hacerlo.
Supe entonces, que no podría volver a estar tan cerca de él. Que si lo hacía, lo condenaría a la locura.
Unos días después, supo que a quien observaba no era su amor, comprendió que no era yo.
Sentí dicha, él era mío. ¿Pero de que me servía, si no podía estar a su lado?
Dos meses habían pasado, todo ese tiempo buscando olvidarlo, queriendo apartarme de su mundo, de sus ideas. Olvidar su amor.
Tenía que acercarme por última vez, ya me habían advertido que eso no era propicio. Que si lo hacía, la locura sería su recompensa. Y aunque deseba sentirlo, mi amor, no me permitió el egoísmo. Acepte. Suplique estar en su lugar favorito solo una vez, y ya nunca regresaría a él.
Me dijeron que si lo hacía, a partir de entonces, solo podría ver a los enamorados desde lejos, pero jamás interferir. Que podría ver lo que otros sentían, pero jamás sentirlo. Que podría desear, pero jamás tocar. Que sabría lo que era soñar, pero que no lo haría de nuevo, y que por nada del universo se me permitirían enamorarme de otro hombre. Acepte. De todos modos, jamás amaría de nuevo.
La noche era serena, ¿cómo no estarlo?
Y bajé a su lugar favorito ese, en donde tantas veces lo había visto, pensando, soñando con el amor, pero sin saber como se sentía. Hasta que entre en su vida, hasta que él entró en la mía.
Algo que no había pasado hasta entonces, sucedió. Mientras lo amaba desde lejos, las lágrimas comenzaron a brotar de mí. Entonces me vio.
Corrió hasta donde me encontraba, confundida, y sin saber escapé de él, pero perdí el camino. El amor hacía que me confundiera. ¿Por qué debía ser así?
Me detuve, las ramas de los árboles me rodeaban el bosque estaba oscuro. Y yo que enloquecía. No, la locura lo invadiría a él si me alcanzaba.
Entonces el brillo de mis lágrimas cayó a sus pies, y supo. Quien era yo.
No deseaba condenarlo a la locura, así que solo volví, a mi madre.
Cada noche continúe observándolo, amándolo.
No busque que me amara, tampoco amarlo.
Es que todos saben que no se puede amar a un rayo de luna. Pero él era único. Y si lo hizo. Y en mi mundo todos saben que un rayo de luna no puede amar a un hombre. Pero lo hice.
Y me condené a vivir sin amor, a que cada noche los enamorados se juren amor eterno siendo su testigo. Pero sin volver a sentirlo.
¡Que más da!
Para los hombres, el amor dura lo que para mí una noche.
Y ya nadie se fijará en un simple rayo de luna. Como lo hizo él.
Desde entonces continúo, estando.
Intentando que me perdone, que me olvide…temí la locura lo invadiera. Algunos dicen que así fue. Por el contrario sé que ahora ve la realidad. Y sabe lo que puede hacerle sentir el verdadero amor. Aunque éste sea un simple rayo de luna, como yo.
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