Estaba solo hace tanto tiempo, que creía ya no poseer alma. Las gafas de color negro solían ocultar esa mirada que sentía obscura.
La monotonía lo alejaba de la realidad. El tiempo parecía no pasar. Un día igual a otro. El bullicio del trabajo, el sonar del teléfono una y otra vez lo alejaban un poco de todo eso que lo atormentaba. Pero durante la noche…el silencio era tan ensordecedor, el dolor tan intenso…que ni una botella del alcohol mas fuerte lograba mitigarlo.
Era tanto lo que su piel deseaba sentir, que ni un cuerpo ni dos lograban satisfacer lo que pedía a gritos su corazón.
Un sueño igual a otro, y el divagar buscando lo que no lograba descifrar. Sus manos vacías ansiaban poseer. Pero la rabia y la impotencia le evitaban descubrir “que”.
Su cama se convertía así, noche a noche en el sarcófago de un cuerpo que no lograba retornar a lo que una vez, sintió como vida.
Una canción y luego otra. Quizás así eso que creía era “sentir”, regresaría a él.
Minutos eternos refugiado en el agua, tal vez las gotas de la ducha podrían suplantar esas lágrimas que ya no salían de su ser.
Caminar, comer, dormir, hablar, reír…hacer el amor con quien se pueda y no quien se desea…solo era una forma de lidiar con el vacío de su vida.
Daba igual un cuerpo a otro. Decir algo agradable o lo primero vulgar que viniera a su mente. Es que él ya no sentía y olvidaba a veces que los demás si lo hacían.
Y a pesar que así lo veía un día tras otro. No lograba dejar de pensar en él.
Y aunque sabía, que jamás la vería…con dolor había comprendido… que lo amaba
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