Tratamos de aprender de cada paso, y avanzar con
cada enseñanza aprendida, el bien y mal luchando en nuestro interior. Por el momento no importa o tal vez no nos damos cuenta. Solo sabemos que debemos avanzar. Ya a una distancia de lo antes aprendido, descubrimos con asombro, nuestra capacidad para corregir lo malo y disfrutar de aquello bueno que hemos conseguido conquistar. Descubrimos que cometimos errores, (que para nuestra fortuna podemos reparar) y que al mismo tiempo tomamos sabias decisiones. Nos sentamos en el umbral de donde hemos llegado. Felices, luego de analizar lo anterior, respiramos, sonreímos y tal vez hasta lloremos. Nos violentamos con nosotros mismos, para recapacitar, y entender que todo estará bien…que pronto debemos continuar. Por lo tanto acumular fuerzas para empezar una vez más a dar un paso. Luego otro. Y con ellos caernos, equivocarnos y obtener grades victorias.
Porque después de todo… ¿Qué somos sino simples aprendices en la escuela que es la vida?

Y una vez más rayos en el cielo que iluminan nuestras noches. Y eso a lo que tanto temimos es lo que nos ayuda a ver un poco más allá. De tal modo que lo que creíamos podía llegar ha hacernos daño, en realidad nos es de ayuda. Y el sol el cual creíamos nuestro amigo, o nos daba paz y confianza. Quema nuestra piel hasta hacerla arder, seca nuestra garganta y nos llena de espejismos que dañan nuestro ser. Confundidos corremos… ¿dónde refugiarnos, si no distinguimos lo bueno de lo malo? ¿Quién nos socorrerá?
Quedarnos de pie en medio de la nada y tan solo esperar no es aceptable.
Hay que avanzar. Nuevamente. Una vez más. ¿Hasta cuando? Hasta que entiendas, hasta que cada una de tus células te digan, te griten…” ¡detente!...has llegado”
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