Deseaba decirle todo lo que sentía por ella. Decirle de las veces que apretaba su puño para no acariciarla. La escuchaba hablar. ¿Qué decía? ah si…que estaba enamorada.
Le contaba de las maravillas de ese hombre que había aparecido en su vida. De lo perfecto que lo veía de lo bien que la hacía sentir, de cómo la estremecían sus caricias.
Ella reía… ¿y él?… él también lo hacía…
Hacía tanto tiempo que la amaba. ¿Amarla? no, eso era poco, es pequeña esa palabra.
Era feliz con sus sonrías, lloraba sus tristezas, respiraba su aire.
Tantas veces inundada de dolor y soledad se refugió en sus brazos. Y él tan solo la percibía, la escuchaba, consolaba. Pero no la besaba que era lo que mas deseaba.
No le decía esas palabras de amor, que quemaban en su interior desesperadas por salir y llegarle al corazón.
La miró a los ojos, siempre lo hacía. Es que su mirada era como un espejo, un hermoso espejo en donde él mismo era una mejor persona.
El calor de las manos femeninas hizo que bajara la vista, buscando la fuente de esa ternura que lo embriagaba. Sonrió, pero no por lo que ella le contaba. Eso tan solo le daban ganas de llorar, tarde se había dado cuenta que la perdería. Pero sonreía. “estupidas acciones que hacen lo contrario a lo que siento”…pensó. Y respondió con un apretón el calor que recibía.
La amaba tanto, que tan solo de pensar en perderla se quedaba sin oxígeno, el aire se negaba a entrar a sus pulmones.
- amigo lindo… ¿estás prestando atención?- ¡amigo…amigo!… como le dolía que lo llamara así.
- si, te escuchó- y no quitaba sus manos de las manos blancas y pequeñas de ella.

En realidad no lo hacía. Quería tomar valor, decirle que cada noche la soñaba, en las mañana su nombre estaba en su boca y su perfume inundaba su ser.
Que era ella la fuente de todo su amor, de su inspiración y de cada uno de sus mundos.
¿Por qué no se lo había dicho antes? ¿Por qué no besarla como tantas veces lo había deseado…como quemaba en sus labios?...
Ya lo recordaba, es que ella siempre lo había visto como amigo, y el miedo a perderla pudo más que su amor por ella.¡ Maldita cobardía que no me deja! ¡Pobre de mí, que no luche por mi amor!
- y como te digo amigo...- la escuchó decir- me iré con él…- y se puso de pie…lo beso, pero no en la mejilla como tantas veces, como cada vez. Ahora fue en los labios, un largo y profundo beso, que lo llenó de calor, lo inundó de ternura. he hizo que las lágrimas acudieran a sus pupilas.
- siempre te amé querido amigo, solo que ya no puede esperarte tuve miedo de que jamás sintieras igual…- le susurró luego al oído. ¿y él que hizo? ya lo recordaba…nada…no pudo moverse, y solo vio como poco a poco la figura de esa mujer se desvanecía. ¿cuántos años habían pasado ya? suspiró profundamente. No los suficientes para olvidarla, ni para perdonarse por no saber retenerla.

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