LUZ


Ahora soy quien sueña, permanezco en tus brazos y vuelo en ellos hacia mundos donde el espejo no posee dos lados. Sino solo uno, en el cual ambos permanecemos juntos mientras el mundo se quiebra y resquebraja.
El mundo se desmorona y no me importa, “callad silencios”, él me sueña.
No temo al pecado de despertar y saberme sin nada, temo despertar y hallarme vacía.
Camino noche a noche a tu lado y en cada amanecer, el sol quema como hojarasca seca la estela de su perfume y los ángeles apartan el milagro de haber estado en su nido.
Días sin sentido, de ausencias dolorosas.
Sueños destellantes de caricias que se sienten, pero no se reciben. Y la piel dormida solo las añora y ser refugiada en esos brazos que permanecen ausentes.
La luna es quien esta colmada de besos, caricias y abrazos. Se escapa de mí el hechizo del amor, y su voz enloquece a mi mente. Un alma se desgarra sin saber el color de su corazón, el tono en que sueña y como siente su ser. Las horas avanzan la noche termina y no consigo mi final. No es un pecado cada vuelo, lo es la tristeza del regreso a la oscuridad de la nada.
El fuego que no se apaga pero tan poco da calor y su aliento me enseña a despertar, a inventar, a crear. Su boca a desear y su olor a sentir. Me alimento de sus manos, y agrandan mis esperanzas sus ojos. Quiero aturdirme y permanecer a su lado, que desaparezca todo y él quede en pie pero solo si me sostiene. Que caer al vació será pleno si al final espera su ser.
Deseo lo que no tengo, quiero lo que no poseo, añoro lo que no es mío.
Su respiración aleja la angustia de saberme apartada de su camino. Una voz que dice “te quiero”, ¡silencio! ¡Ahógate voz, apágate en mí! Despierta tú, mujer.
Entonces sucede…apareces en mi día, te conviertes en sol cuyo calor me abriga, sosiega, apacigua, calma.
Hasta que llegues en la noche.
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