Aturden los sonidos del silencio. Se marchita la imagen que aparece en el reflejo de ese espejo que miro cada mañana. Y se apaga la luz de la mirada en la que una vez te hallaste.
Una guitarra, se guarda el viejo sonido, que de ella ya no se escucho. No supo expresar la melodía que en el alma nacía.
Poco a poco las puertas se han cerrado, la vela se ha apagado. La obsesión por ser eso que nunca nadie soñó, dejo de ser. Escucho las últimas palabras de la razón, y una vieja trova me habla de amor. Uno que no fue, esos son eternos (escuche decir una vez) un amuleto, hace que conserve la calma, mientras se escapa el más débil de mis suspiros. me pregunto…¿Quién permanecerá? ¿Quién a la última hora de mi noche vendrá? amores que juraron, voces que se marchitaron y esas palabras que no lograron renacer.
Tantas expresiones…arrojados a la nada…
Lo complejo de la vida que se torna banal. Alguien que me ve, pero no sabe lo que represento y no logra adaptarse a los mandatos que éste mundo da. Desparezco, vuelo, dejo de ser.
Mírame, no bajes la vista. Permite que te abrace, siente mi calor.
-¿Lloras? ¿Por mí?
No, por mí no. Amanece. Ya no soy.


Debería saber que no eras el sueño que soñaba. Si no parte de la realidad que lo contemplaba. Cuando la sustantividad te miraba, entre las gotas de lluvia, las hojas de otoño, el mar sereno y las palabras, es cuando tu mente maquinaba. Soñabas y pensabas, sentías y vivías en una realidad de pesadumbre. Donde tú no eras tú, eras yo. Y yo pocas veces lograba ser tú. Donde alcanzaba a convertirme en ti, pasando por las mentiras que el mundo da. Encajar en la cotidianidad de lo normal, tarea casi imposible, que se me imponía para lograr ser tú.
Y dejé de ser, dejé de intentarlo. Dejé de ver realidades a medias y sueños inalcanzables.
Dejé de pensar, de sentir, de desear, de esperar. Dejé de ser. Y nadie lo notó.
En los sueños ya no aparecía como visión de un Ángel caído de la gracia, y en la materialidad no podía ser vista como la persona en busca de su lugar.
Y tú no eras tú…aún eras yo. Eras el presagio de un final que no llegaba pero que el destino esperaba. Sin presente, ni pasado, ambos aguardamos. El sol, el día, la luna la noche. La nada.
Contemplándonos como quien contempla el mañana. Futuro que no llega, futuro que se retrasa como ese tren, que sin saberlo yace descarrilado. Deje de ser sueño, ilusión y esperanza. Me convertí en mentira, en mera invención, vana y pasajera. Me transmute en viento, en suspiro, en una diminuta lágrima. Que en el infinito se perdió. Y fui nada.
Soy ese engaño que duele en el corazón, pero no soy amor. Soy eso que navega en los recuerdos, pero no soy ilusión. Soy eso que se siente en la piel, pero no soy pasión.
No sé quien fui, creí que era tú, pero te has quebrado entre el espejo de fantasía y la sonrisa de ese niño que no llegó, te has quebrado, como la luna con el primer rayo de sol. Y te has perdido como una estrella que cae sin cumplir deseos, como ese trébol cuyas cuatro hojas aún no han nacido. Creí ser tú… ¿Quién soy yo?


Vivo añorando ser parte del espacio que te envuelve.
Deseando ser la luz que roza tu piel y esa lágrima que muere en tu boca.
Consuelo nocturno, el besar tu frente o dormir enredándome en tu cuerpo.
Despertar con tus manos recorriendo mi espalda, o sentir tu aliento en mi cuello.
No borrar jamás, las huellas que de ti quedan en mí.
Que te pierdas en cada latido que mi corazón da, y aprendas a estremecerte con mis suspiros.
Pronunciar tu nombre para fallecer en el éxtasis, que consume mi deseo y apagar así, el fuego pecaminoso, que se enciende en mi mente, con tan solo escuchar tu voz.
Se marchitan las palabras, con las caricias que da tu alma a la mía.
Amanezco perdida en tu aroma, y así deseo permanecer; bendito pecado, éste que me agobia y consume.
Sonreírte, verte a los ojos, buscar tu complicidad, para comenzar todo nuevamente.
Se repiten las caricias, las manos temblorosas recorriendo tu cuerpo y el mío. El aliento agitado, mezclándose con el poco aire que se cuela entre los espacios, que quedan entre tu piel y la mía. Casi no se percibe donde terminas tú y comienzo yo.
Se transforman en una, nuestras miradas, una, las lenguas al besarse, una, la boca sin lograr pronunciar palabra. Y una, la respiración.
Extasiados convulsionamos, entre carcajadas y respiraciones agitadas. Agotados finalmente, se entrelazan nuestros brazos para continuar soñando. Y en ese sueño, continúo amándote una vez más.


Nací siendo estrella. No sé por que, en realidad había deseado ser viento. Es más, recuerdo haberme presentado ante el gran creador y pedirle con toda humildad que me permitiera nacer como tal. Creí haber sido lo suficientemente clara y di por sentado que había sido bien aceptada mi petición. Grande fue mi sorpresa cuando he aquí…nazco, como una diminuta y quietecita estrella. Nada más lejano a lo que había solicitado. Cuando abrí mis ojos al verme por fin en éste mundo, lo primero que desee hacer fue correr. Me dije- despeinaré a los jóvenes, acariciaré a las niñas, besaré los labios de los enamorados- pero de pronto, me llené de espanto cuando me di cuenta, que no podía correr, ni besar, ni acariciar. Ni nada. Añoré lo que jamás había tenido.
Mis días transcurrían uno igual al otro, siempre inmóvil ahí, viendo como el resto de mis hermanas hablaban entre ellas, como se contaban historias de mundos que habían visto. Como un “deseo”, contaba lo que había realizado, como la “luna” hablaba de los enamorados que le cuentan sus secretos. en fin todos tenían grandes historias que contar, maravillosas hazañas que realizar, el “río”, contaba de las canciones que le habían dedicado, el “mar”, de las personas que en él navegaban, el “viento”, era el más feliz de todos. ¡ay…si yo fuera como él!...pensé.
Recorrería las montañas, descendería a los valles, me mecería en las copas de los árboles, conservaría las palabras que los poetas dicen con suave voz… ¡ay si fuera viento!
Y entonces algo sucedió, un susurro me aparto de mi letargo…un niño, en la noche, en medio de la nada.
Escuche su llanto y luego su voz.- eres mi estrella, mi amiga, para siempre, y un día mas…
No pude evitar estremecerme, por primera vez me iluminé, brillé tanto, que el pequeño dejó de llorar, y comenzó a reír.- dulce estrellita azul, no me dejes solo, permanece a mi lado, que no deseo crecer. Seré niño y seré tu amigo, si continuas brillando.
No sé que fue, si las palabras que él susurraba, o el que por fin, alguien me notara. Pero no pude evitar ser feliz. Ni recordé el viento, ni el mar, ni la montaña, ni la luna.
Es que todos saben, que hay una sola luna, que cambia su vestido y deja ver diferentes ángulos de su cara, pero siempre es solo una. Que el viento mas o menos recio, siempre es el mismo. Es parte de un solo viento. Que el mar nace y muere en el mismo lugar. Por que también es solo uno. Pero estrellas, esas, habemos muchas, y de todas, todas… éste pequeño me escogió a mí.
Desde entonces cada noche él sube al tejado, y yo, me esfuerzo por brillar.
Una vez ya no lo hizo, y la siguiente a esa, y luego paso una semana, mas tarde pasó un mes. Con el tiempo deje de esperarlo, mi brillo poco a poco se fue extinguiendo.
¡Me hacía tanta falta! todas las noches fueron vacías sin él.
Un ángel me dijo que era demasiado joven para comprender, que las almas (aunque se quieran) no logran vencer el paso del tiempo, ni las distancias.








El viento me hablaba de recuerdos de antaño, intentaba hacer que perdiera la memoria y olvidara las noches con aquel niño. Pero necesitaba de su voz, del calor que sus ojos me daban, y como su corazón hacía que yo brillara. Había entendido, que el propósito de haber sido creada, era para mitigar su soledad, para acompañarlo en su invierno.
Mis ojos se apagaban…mis hermanas intentaban hacerme brillar nuevamente, pero nada lo conseguía. Deseaba poder quedarme con él. Quería regresar al tiempo en donde veía el mundo a través de sus ojos y lograba sentir con su corazón. Ahora lo entendía, no era una simple estrellita, entre tantas, era su estrella y no estaba ahí quietecita. Recorría el mundo. Lograba verlo con su mirada, sentirlo en su piel, tocarlo con sus manos. Con él yo era todo, lo veía todo, lo sentía todo. Y ahora, ya no lo tenía frente a mí. No estaba cada noche sentado debajo del cielo oscuro viéndome de forma especial, como una luz única. Algo pasó en mí, algo que no creí fuera posible, algo que no había pasado antes. Un líquido frío comenzó recorrer, una gota solitaria, aislada y tonta, cayó al infinito. Podía sentir como esa gota congelaba lo que quedaba de vida en mí. No sabía bien, que me había dado vida, lo que me había hecho nacer, casi no recordaba los sueños que una vez hubieron en mí. El murmullo de las aves se escuchaba muy distante, puede observar como el viento dejaba de soplar, y poco a poco mientras cerraba mis ojos, podía seguir escuchando su voz.
-“pequeña”- decía… no podía evitar titilar, y el cielo nocturno se iluminaba, con su sonrisa, con su mirada. Y recuero como volaba a través del espacio en sus alas. Como ese niño era capaz de crear con su imaginación más mundos que el gran creador.
Mi voz se apaga, mi luz se mitiga, y casi no hay recuerdos en mi memoria. Me estoy apagando, otra gota de agua fría que siento me recorre, y éste dolor intenso, que no me deja. El viento empuja esta pequeña gota de agua que nació en mí, y la lleva al mar. Ahora ella es una mas entre tantas que lo han formado. Pero siempre será para te de mí.
Como yo lo seré de mi niño.
- “pequeña”- escucho que alguien susurra. “Es el viento”, pienso yo, “que me juega una mala pasada y me hace imaginar su voz”. Observo el infinito, que es a donde voy… ¿Cuándo una estrella muere a donde va? ¿Cuándo su luz se apaga, que ocupa su lugar?
Soñé con ser viento, y fui todo, fui mucho más…fui amor.
- pequeña…- creo que es él, no, ese no es mi niño, es un hombre, bello, hermoso, con una mirada que ilumina ésta noche triste, y una sonrisa que… ¿será posible? se parece tanto a mi niño. es…es él, regresó, no me olvidó, ya no tengo que buscarlo, ni esperarlo…es un hombre, y me recuerda…
-pequeña…no dejes de brillar, perdóname, no te olvidé solo…me perdí…


Nací siendo gota, en el inmenso mar…imaginen mi sorpresa cuando me vi siendo parte de toda esa masa de agua. No tenía individualidad como las estrellas, ni lograba moverme a mi voluntad como el viento…
Nací una noche que cuentan una estrella se apago. “no sabía que las estrellas se apagaban”, comencé a decir. Y también observé como nacía otra de mis hermanas, cuando un muchacho, viendo el cielo oscuro dejó que una de sus lágrimas fuera parte de mí.
-El amor a veces hace esas cosas, nos hace parte de todo, nos vuelve nada, y nos hace vivir y ver el mundo a través de los ojos de quien se ama- murmuraba un viejo pez-
“tonterías”- pensé- una estrella no ama.
- mar bello, ayúdame a soportar tanto dolor, dame consuelo, por que sin ella no podré vivir- lo escuché decir. era el hombre más bello, hermoso y con una mirada que iluminó esa noche.
Si fuera viento, lo besaría en la boca, (pensé) o si fuera estrella lo llenaría de luz, o siendo lluvia acariciaría su piel…pero no. Nada de eso…solo era una simple gota de mar.
Nací siendo gota de mar…pero yo, quería ser una estrella.

fin…


El viento es constante, irracionable, frío he insondable.
El viento es quien me lleva a tiempos ficticios y batallas de ilusión.
Juega entre sus dedos con el destino que se mece en su cuna cual niño caprichoso que no entiende de razón.
¡Y la razón!...esa maga constante, no consigue distinguir si la realidad es un juego o si juega con la realidad.
Variaciones del destino, nostalgias que se apoderan de nuestro ser.
Y esta noche, aún continuamos sin saber, si amamos lo que tenemos. O si es por que lo tenemos que lo amamos. Y arrojamos la luz al mar, en busca (tal vez) de un trueno que nos despierte.
Se alza del pasado, esos dolores que suelen agobiarnos. Aún así…nos dejamos llevar por el viento.
Deseamos comenzar, sentir, amar, llorar. Una cadena interminable de sensaciones, que éste caminar mitiga. Falsa mímica que nadie sabe interpretar.
Y en el silencio de la noche, bajo la luz de esa farola de la calle. Te observo, tu vista mira un punto, como si la vida se te estuviera escapando, sin que lograras retenerla. Y eso que tanto bien te hacía. No logras hallarlo.
Sueños irrisorios esos donde logras conseguir lo que buscabas y retener eso que tanto amas.
La sangre se apresura a recorrer mis venas, quizá en un segundo ya no haga falta. Por el momento, aguardo, escucho, contemplo, siento. Te espero.
El viento me empuja como una suave nube, cuyo destino se encuentra en tu regazo, y hacia él… me dejo llevar.

Deseo ser parte tus sueños…
Colmar las expectativas de tu vida.
Anhelo más que nada, suplir tus necesidades
Por que así… (Estoy segura) se suplirán las mías.
¿Qué es un sueño en una noche de verano, si no tengo con quien compartirlo?
Soy la ilusión de quien se atreve a soñar, de quien logra con alas de cristal, cada noche, entre nubes de papel volar.
Me aferro en sujetar las espinas, con tal de contemplar la flor.
Luego al ver mis manos sangrar…me pregunto.
¿Por qué nos daña eso que nos gusta?



II

Soy, la palabra que no te atreves a pronunciar,
Esa quimera que tienes miedo ha contemplar.
Soy el silencio que te aturde, y la luz que no te deja ver.
Soy lo que acaricia tu alma… lo que te niegas a sentir.
Soy el viento que no logras ver, y que tanto deseas percibir.
Soy la flor cuyo perfume llega a tu ser, y la gota de lluvia que te llena de calma.
Soy lo que tienes frente a ti…y que no te atreves a retener.
Soy eso que buscas, un sueño, una ilusión, lo que te hace poner de pie cada mañana.
Y que aún así…cada día rechazas.
Soy lo imperfecto, lo quebrado…pero soy lo que te sana.
Lo que tu camino ilumina y quien tu mano sostiene.
Soy el sentimiento que tanto has deseado, eso que tanto has buscado.
En fin, soy…


Sentose en lo que creyó era el medio del bosque. Cruzó sus piernas, respiró profundo, cerró los ojos. Entonces con sus pulmones llenos de oxígeno, sonrió.
Tenia quince años la primera vez que pisó ese suelo, en que sintió ese perfume penetrante que emanaba de las hojas de los eucaliptos. Le gustaba pensar que los duendes y hadas habitantes de ese lugar se acercaban a ella, si no los veía. Hacía silencio, trataba casi de no respirar, sus oídos se abrían por completo. Así lograba escuchar el sonido de esa ave que cantaba a lo lejos, el ruido que producía una rama, movida seguramente por el viento (pero a ella le gustaba pensar que eran los duendes que se acercaban sigilosamente). Luego los árboles, que emitían esa música de antaño, le parecía un sonido diferente y a la vez tan familiar. Como si esa melodía hubiera estado en su mente toda su vida. Frunció el seño, su corazón le decía que si la conocía, pero su mente se negaba a recordarla. Sonrió, no importaba, le gustaba como sonaba y sobre todo como la hacía sentir.
Bajó su mano derecha que se encontraba sobre su rodilla. Acarició la tierra, se sentía fría, húmeda, pero inmensamente agradable. Tomó un puñado, y mientras cerraba poco a poco sus puños jugaba con ella. (En realidad era más arena que tierra) luego la acarició con más suavidad y dejó que se le fuera escurriendo de entre los dedos. Eso por raro que parezca, la llenó de una serena tranquilidad. Sus ojos continuaron cerrados, y aunque el frío de la tierra ya penetraba sus ropas, no se levantaba ni abría sus ojos. Por el contrario, intentaba, ver más allá, aún más. Salió de sí, y pudo verse como alguien que lograba volar. Subió hasta las copas de los árboles y sobre voló todo el bosque. Pudo observar más allá de la ruta y llego hasta un pueblo. Veía a los niños en sus calles creando juegos, inventando historias, haciendo travesuras y riendo, ajenos por completo a su presencia. Se detuvo en una plazoleta, una pareja llamó su atención. Los veía tomados de las manos, de vez en vez él acariciaba el cabello de la chica. Ella lo miraba con tanta dulzura, que se sintió estremecer de solo observarla. Evidentemente era una pareja que se amaba de verdad.
- intento olvidarte- escuchó decirle a él.
- aún te amo dijo ella.- y ambos lloraron. Fue cuando él se puso de pie.
- Eres mi sueño.- sonó la voz masculina…y lo vio alejarse.
Pensó que la chica haría algo por detenerlo, pero no fue así. Solo se quedó inmóvil. La observó un momento. Pero nada cambió en ella. El hombre tan solo se alejó de una manera que ella interpretó como cobarde. Y la joven, solo se conformó. Finalmente el viento la alejó de allí.
Llegó a la ventana de una habitación…un hombre sentado en penumbras, junto al monitor de una computadora…mientras se escuchaba la letra de una canción sonar a lo lejos “Desde cuando te estaré esperando. Desde cuando estoy buscando”…y escribía. Intento acercarse y ver con claridad que es lo que decía la nota, observó el monitor. Luego al joven. “fue bello coincidir contigo…mi dulce amor…en otra vida en otro tiempo…quizá”… Y con un golpe, bajó la tapa de la pc, y entonces ella ya no pudo leer más. ¿Qué significaba eso? ¿Se despedía de un amor?
“Te he buscado en un millón de auroras. Y ninguna me enamora como tú sabes”…y la música continuaba sonando.
Esta vez la tristeza la lleno por completo. ¿ Es qué acaso ya no existe un amor que dure una vida? ni siquiera decía para siempre. O que las almas gemelas, permanecieran unidas a pesar de las adversidades. Deseaba llorar. El dolor en su pecho era intenso, pero las lágrimas no nacían en ella. Su lágrimar parecía seco y era tanto lo que sentía en ese momento y no conseguía expresarlo. Miraba ese cielo que casi podía acariciar. Y pensó que tal vez no encontraría quien mirara con sus ojos, ni sintiera con su piel. Que tal vez no valía la pena esperar ese amor, que al parecer crecía en ella, sin saber a quien pertenecía, su alma se expandía, su mente crecía, su ser se llenaba de incertidumbres.
Regreso por el pueblo, luego por la ruta, bajó por los árboles y llego a su cuerpo.
Una lágrima mojaba su mejilla. Poco a poco abrió sus ojos. La luna inundaba todo el lugar. Parecía que el bosque había formado un círculo en rededor de ella. No lo había notado antes, pero ahora podía hacerlo. Un círculo perfecto, conformado por los árboles que la rodeaban. “Tal vez me protegen” pensó.
Se puso de pie, sacudió sus ropas. Miró a su alrededor. Las hadas y los duendes habían desaparecido. Ya no tenía quince años, pero aún se sentía majestuoso poder interactuar con esa vibrante naturaleza que la vio crecer. Todo era nuevo. Habían pasado tan solo un par de horas, desde que llegó a ese sitio, pero todo estaba mas claro en ella. Había estado ciega. Querer implica coraje, la pasión nos da la fuerza para continuar, y el miedo es bueno, pero solo por un breve tiempo, y si nos vuelve alertas, no si nos deja inmóviles. Supo que lo que halló lo que estaba buscando y esperando y comprendió que aunque la vida se nos hace cuesta arriba, el pasado no siempre es malo, suele ser el mejor de todos los maestros. Así lo estaba razonando. Y aunque en cada uno de sus amores había dejado un trozo de su corazón. Sabía que de todos ellos y por lo que le habían dado (bueno o malo mucho o poco) era ahora, mas sabia.
Comenzó ha avanzar por el camino, la oscuridad a medida que se alejaba del circulo era mayor. Los rayos de luna que lograban escabullirse por entre las ramas de los árboles danzaban a su alrededor, mezclándose como cómplices estratagemas con el brillar de las estrellas. El sendero finalmente la dejo frente a la puerta de una casa, las luces estaban encendidas.
Antes de entrar, miro hacía atrás, hacia el camino que había dejado. Y comprendía en ese instante que ya no era la misma, que aquella que había marchado al bosque unas horas atrás, había dejado de existir. Ésta, aún esperaba, aún soñaba, aún (a pesar del dolor) estaba dispuesta a amar. Como la primera vez, como una única vez. Dando la vida en cada “te quiero”…esperando, aunque todo lo demás fallara…sonrió…la luna era tan brillante esa noche. ¡Y ella la veía en forma tan clara!



Mi mundo suele ser tan extenso, que cabe en una mirada, tan fuerte que lo retiene una sonrisa, tan cálido que lo albergo en mi corazón, tan bello que te lo quiero enseñar, y una flor puede conservar su perfume.La distancia es solo una invención, que la tristeza del hombre creó. Este mundo, navega entre sueños, y crece en el amor.No hay barreras én él, ni imposibles, ni quizá o tal vez.Todo lo abarca y lo realiza, si logras observar mas allá de tus dedos. Este mundo,no crea mentiras, ni traiciones o dolor. No se cubre, con el sol.Era una niña cuando entre bosques, duendes y hadas lo hallé.Un mundo que no conserva secreto y puede en tu puño caber si es que logras con tu alma ver.
El sol atraviesa poco a poco, por la ventana que se supone me protege. ¿De que? solo me aísla. Así es, me aparta del mundo, impide que mi voz, llegue a donde estas. Si vieras lo bello de éste día. Te invita a ponerte de pie y comenzar ha andar. Te grita de realidades posibles, de sueños al alcance de la mano y verdades que no destruyen los corazones de quienes las custodian.
Tantas veces han dicho que soy especial, que he comenzado a creérmelo. Soy tan especial que la soledad es quien duerme junto a mí. Tan especial que mi almohada continua siendo bañada por mis lágrimas cada noche y sin nadie que acaricie mí cabello. Tan especial que el olvido se torna en mi compañero mas fiel, tan especial que es silencio suele ser mi oración. Soy especial, por lo que sonrío mientras camino (cuando nadie mas lo hace), cuento secretos a la luna, y busco en el mar un amor. El mundo no se quiere enterar que he llegado. Continúo andando, sin que me de la oportunidad de encontrar mi lugar en él.
Tantas noches esperé, tantas son las que continúo en espera, de quien sepa leer, de quien comprenda lo que deseo expresar, y se contemple en mi mirada y se halle en mi sonrisa...
El sol atraviesa mi ventana, y pone ante mí, una invitación a ponermende pie. A secar mis lágrimas y permitirme sentir este sentimiento que guarda mi alma, como una bendición. Y así lo hago, mis pies sienten el frío del suelo y en un momento, mi piel se humedece con del agua que cae de la ducha. Suspiro, mi puño cerrado golpea la pared, y todo se repite, el llano la risa, la dicha y la maldita impotencia. Y ésta mierda de destino que me sofoca. Llorar no basta, ni gritar, ni patear una estúpida lata, ni llenar de palabras el papel, ni cantar con todo el volumen de mi voz, ni buscar los besos de ese ser que quiera regalármelos, ni abundar mi cuerpo con alcohol, o mantenerme apartada del bullicio. Nada, logra mitigar éste dolor, y tengo miedo. Miedo de permanecer y no ser vista, tengo miedo de ser por ti olvidada, tengo miedo de desaparecer y que ni mi nombre recuerdes, tengo miedo al paso del tiempo que corre tan aprisa que no me da tiempo ni a vestirme cada mañana. Temo correr sin ropa por las calles desiertas y aún así no llegar a ningún sitio. Tengo miedo que mi corazón jamás sane, que mi alma no logre encontrar a quien amar y éste dolor no se mitigue.
Temo encontrarte en cada sueño y que descubras que no soy lo que buscabas, temo a la ausencia de tus palabras.
La calma logra por fin aliviar esta angustia, cada mañana ando junto el mar sintiendo como cada segundo se expande mi corazón, y percibiendo el perfume perfecto de esa flor, que alguien me regalo. Recordando sonrisas y construyendo finales felices para esos cuentos que aún no termino. Que esperan en un rincón ser escritos y tener así la oportunidad de encontrar (ellos también) su lugar en éste universo.
¡Ya amaneció! el sol atraviesa mi ventana y me invita ha vivir un nuevo día…debo comenzar…debo continuar.

Silencio, que las palabras, a una razonan.
Soledad vacía, soledad que ahoga, soledad pútrida, que todo lo contaminas.
Ninguno de esos pasos que he dado, me han conducido a donde he deseado. ¡Malditos pasos!...todo lo mal interpretan. Que el camino no ha sido por mi trazado, ni mi importa (eso de buscar caminos bien encaminados), ni busco la facilidad de la vida. Pero quiero sí, el mejor camino para mí. Y aunque a mi parecer siempre avanzo, hay veces que estoy minutos, horas, días y hasta meses (diría), viendo el mismo punto de luz, que llama profundamente mí la atención. Y como la hoja de un árbol que el viento a do quiere lleva. Así se va mi mente divagando y siendo llevada por el pensamiento de lo… “quizás o tal vez”. Luego de un cierto tiempo comprendo…no he avanzados en días. ¡Que tonta he sido! perdí tantísimo compases sin continuar. Como si esperara una señal, un aviso, o algo más. Como si aguardara a quien me pueda acompañar. Algo absurdo si lo hay, ya que nadie puede ser compañía, de quien debe caminar solo. Soledad irrisoria, pero así es. Caminaré sola. Aunque preferiría hacerlo, en la compañía de una mano, de una sombra, o por lo menos de una ilusión. Fantasías quiméricas, esto de tener la compañía ideal. De encontrar quien camine a tu par. Y que comprenda las noches de soledad, los días sin despertar y las horas sin lograr razonar.
Saltar, y desaparecer el canto rodado que en mi vida el azar ha colocado, se vuelve tarea fácil si crees que hay luz del otro lado. Y las incoherencias se hacen fuertes en mí, y eso que había encontrado al parecer nuevamente lo he extraviado. Sensaciones y pesadillas que se cobijan, en ese hueco que una vez fue mi corazón. El guardián de las puertas de Morfeo, no suele permanecer en pie, si hay por que luchar, prefiere huir para otra batalla. ¿Pero en que batalla peleará?...engaños y traiciones, mentiras nada mas. Es su cobardía que lo empuja a esconderse entre sombras y a fingir dolor y desilusión.
Ya vez…nuevamente me distraigo, y deje de continuar…que no vale la pena, confiar y esperar, es mejor avanzar con la soledad. Que al final de cuentas, es quien siempre esta.
Ese nudo en mi garganta no desaparece, pero se aprende a controlar, y las nubes no impiden el paso del sol, pero si lo logran debilitar. Y aunque mi camino no es perfecto, (y mucho menos fácil de recorrer), es mío, es ese sendero que aprendo a reconocer, en el cual avanzo, sin que importen las tormentas ni los cantos rodados en él. Ahogo el llanto, pellizcos mis mejillas para darles color, pongo una sonrisa en mi rostro y un poco de brillo en mi mirar, veo de cara al sol…y entonces, nuevamente…avanzo. Después de todo es “mí” trayecto, nadie puede hacerlo en mi lugar, y si tal aberración sucediera seguro sería mi mayor mal.
Continúo, que la oscuridad no siempre enceguece, ni la luz fortalece. Pueden en juegos mezclarse y entonces confundirme. Pero ni con miedo o sin él, me voy a detener. No hoy, no ahora, es que creo ver el final. Y si no lo es, ha sido una muy buena razón, para dar los pasos, que di hoy.