Silencio, que las palabras, a una razonan.
Soledad vacía, soledad que ahoga, soledad pútrida, que todo lo contaminas.
Ninguno de esos pasos que he dado, me han conducido a donde he deseado. ¡Malditos pasos!...todo lo mal interpretan. Que el camino no ha sido por mi trazado, ni mi importa (eso de buscar caminos bien encaminados), ni busco la facilidad de la vida. Pero quiero sí, el mejor camino para mí. Y aunque a mi parecer siempre avanzo, hay veces que estoy minutos, horas, días y hasta meses (diría), viendo el mismo punto de luz, que llama profundamente mí la atención. Y como la hoja de un árbol que el viento a do quiere lleva. Así se va mi mente divagando y siendo llevada por el pensamiento de lo… “quizás o tal vez”. Luego de un cierto tiempo comprendo…no he avanzados en días. ¡Que tonta he sido! perdí tantísimo compases sin continuar. Como si esperara una señal, un aviso, o algo más. Como si aguardara a quien me pueda acompañar. Algo absurdo si lo hay, ya que nadie puede ser compañía, de quien debe caminar solo. Soledad irrisoria, pero así es. Caminaré sola. Aunque preferiría hacerlo, en la compañía de una mano, de una sombra, o por lo menos de una ilusión. Fantasías quiméricas, esto de tener la compañía ideal. De encontrar quien camine a tu par. Y que comprenda las noches de soledad, los días sin despertar y las horas sin lograr razonar.
Saltar, y desaparecer el canto rodado que en mi vida el azar ha colocado, se vuelve tarea fácil si crees que hay luz del otro lado. Y las incoherencias se hacen fuertes en mí, y eso que había encontrado al parecer nuevamente lo he extraviado. Sensaciones y pesadillas que se cobijan, en ese hueco que una vez fue mi corazón. El guardián de las puertas de Morfeo, no suele permanecer en pie, si hay por que luchar, prefiere huir para otra batalla. ¿Pero en que batalla peleará?...engaños y traiciones, mentiras nada mas. Es su cobardía que lo empuja a esconderse entre sombras y a fingir dolor y desilusión.
Ya vez…nuevamente me distraigo, y deje de continuar…que no vale la pena, confiar y esperar, es mejor avanzar con la soledad. Que al final de cuentas, es quien siempre esta.
Ese nudo en mi garganta no desaparece, pero se aprende a controlar, y las nubes no impiden el paso del sol, pero si lo logran debilitar. Y aunque mi camino no es perfecto, (y mucho menos fácil de recorrer), es mío, es ese sendero que aprendo a reconocer, en el cual avanzo, sin que importen las tormentas ni los cantos rodados en él. Ahogo el llanto, pellizcos mis mejillas para darles color, pongo una sonrisa en mi rostro y un poco de brillo en mi mirar, veo de cara al sol…y entonces, nuevamente…avanzo. Después de todo es “mí” trayecto, nadie puede hacerlo en mi lugar, y si tal aberración sucediera seguro sería mi mayor mal.
Continúo, que la oscuridad no siempre enceguece, ni la luz fortalece. Pueden en juegos mezclarse y entonces confundirme. Pero ni con miedo o sin él, me voy a detener. No hoy, no ahora, es que creo ver el final. Y si no lo es, ha sido una muy buena razón, para dar los pasos, que di hoy.
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