Aturden los sonidos del silencio. Se marchita la imagen que aparece en el reflejo de ese espejo que miro cada mañana. Y se apaga la luz de la mirada en la que una vez te hallaste.
Una guitarra, se guarda el viejo sonido, que de ella ya no se escucho. No supo expresar la melodía que en el alma nacía.
Poco a poco las puertas se han cerrado, la vela se ha apagado. La obsesión por ser eso que nunca nadie soñó, dejo de ser. Escucho las últimas palabras de la razón, y una vieja trova me habla de amor. Uno que no fue, esos son eternos (escuche decir una vez) un amuleto, hace que conserve la calma, mientras se escapa el más débil de mis suspiros. me pregunto…¿Quién permanecerá? ¿Quién a la última hora de mi noche vendrá? amores que juraron, voces que se marchitaron y esas palabras que no lograron renacer.
Tantas expresiones…arrojados a la nada…
Lo complejo de la vida que se torna banal. Alguien que me ve, pero no sabe lo que represento y no logra adaptarse a los mandatos que éste mundo da. Desparezco, vuelo, dejo de ser.
Mírame, no bajes la vista. Permite que te abrace, siente mi calor.
-¿Lloras? ¿Por mí?
No, por mí no. Amanece. Ya no soy.
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