El sol atraviesa poco a poco, por la ventana que se supone me protege. ¿De que? solo me aísla. Así es, me aparta del mundo, impide que mi voz, llegue a donde estas. Si vieras lo bello de éste día. Te invita a ponerte de pie y comenzar ha andar. Te grita de realidades posibles, de sueños al alcance de la mano y verdades que no destruyen los corazones de quienes las custodian.
Tantas veces han dicho que soy especial, que he comenzado a creérmelo. Soy tan especial que la soledad es quien duerme junto a mí. Tan especial que mi almohada continua siendo bañada por mis lágrimas cada noche y sin nadie que acaricie mí cabello. Tan especial que el olvido se torna en mi compañero mas fiel, tan especial que es silencio suele ser mi oración. Soy especial, por lo que sonrío mientras camino (cuando nadie mas lo hace), cuento secretos a la luna, y busco en el mar un amor. El mundo no se quiere enterar que he llegado. Continúo andando, sin que me de la oportunidad de encontrar mi lugar en él.
Tantas noches esperé, tantas son las que continúo en espera, de quien sepa leer, de quien comprenda lo que deseo expresar, y se contemple en mi mirada y se halle en mi sonrisa...
El sol atraviesa mi ventana, y pone ante mí, una invitación a ponermende pie. A secar mis lágrimas y permitirme sentir este sentimiento que guarda mi alma, como una bendición. Y así lo hago, mis pies sienten el frío del suelo y en un momento, mi piel se humedece con del agua que cae de la ducha. Suspiro, mi puño cerrado golpea la pared, y todo se repite, el llano la risa, la dicha y la maldita impotencia. Y ésta mierda de destino que me sofoca. Llorar no basta, ni gritar, ni patear una estúpida lata, ni llenar de palabras el papel, ni cantar con todo el volumen de mi voz, ni buscar los besos de ese ser que quiera regalármelos, ni abundar mi cuerpo con alcohol, o mantenerme apartada del bullicio. Nada, logra mitigar éste dolor, y tengo miedo. Miedo de permanecer y no ser vista, tengo miedo de ser por ti olvidada, tengo miedo de desaparecer y que ni mi nombre recuerdes, tengo miedo al paso del tiempo que corre tan aprisa que no me da tiempo ni a vestirme cada mañana. Temo correr sin ropa por las calles desiertas y aún así no llegar a ningún sitio. Tengo miedo que mi corazón jamás sane, que mi alma no logre encontrar a quien amar y éste dolor no se mitigue.
Temo encontrarte en cada sueño y que descubras que no soy lo que buscabas, temo a la ausencia de tus palabras.
La calma logra por fin aliviar esta angustia, cada mañana ando junto el mar sintiendo como cada segundo se expande mi corazón, y percibiendo el perfume perfecto de esa flor, que alguien me regalo. Recordando sonrisas y construyendo finales felices para esos cuentos que aún no termino. Que esperan en un rincón ser escritos y tener así la oportunidad de encontrar (ellos también) su lugar en éste universo.
¡Ya amaneció! el sol atraviesa mi ventana y me invita ha vivir un nuevo día…debo comenzar…debo continuar.
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