Deseaba regresar al día en que lo había conocido. Intentaba pensar, en si daría nuevamente los mismos pasos.
Acomodó su chaqueta, abrochó todos los botones uno por uno muy despacio, al llegar al último, solo respiró profundo y continúo su marcha.
Pensándolo bien, entendía que todo debía suceder tal como había pasado. Por que… mordió su labio inferior y bajo la vista, se sonrojó como si alguien la estuviera observando. Miró a ambos lados, pero nadie. Todos estaban demasiados ocupados en sus propios pensamientos, como para fijarse en su rostro.
- para toda la vida a tu lado quiero estar, para amarte cada día hasta la eternidad- ¡ja!- dejó escapar la risa en seco. sin más. Solo eso. “¡que fácil se dicen a veces algunas palabras! pensó. Cruzó la calle, no vio el automóvil que casi la atropellaba, pero su bocina la despertó de sus pensamientos. Colocó las manos en los bolsillos y al respirar profundo subió los hombros. Esas palabras aún sonaban en su mente. “para toda la vida”
¿Cuánto es para toda la vida?- en su caso, unos pocos años. Sopló el viento. ¡que bueno!Ese frío en su cara, la relajó. Cuando el “para siempre”, llegó a su fin, creyó que su vida también había acabado. ¡Que equivocada estaba! Sí, hubo momentos difíciles, noches interminables y días en donde odiaba la luz del sol.
Ahora sonreía…tanto que sintió como sus mejillas comenzaban a dolerle.
En un momento la noche llegó a su fin, y la luz del día ya no le causaba dolor. Su alma parecía haber quedado en estado de suspensión. No lograba sentir ni frío ni calor, alegría o dolor. No conseguia sentir. Y creyó que esa sensación sería duradera. Temió no volver a ser feliz. Y que él se hubiera llevado... toda su vida.
Cruzó la plaza tan rápido que parecía que alguien la perseguía. Pero no había nadie detrás de ella. Pero si deseaba llegar con locura a alguna parte.
Se paró frente a un gran portal, aún sonreía. El salón era enorme y lleno de gente. Entre tantos rostros visualizó a uno. Se reflejó en su mirada, y respondió a la sonrisa femenina, con mueca en su rostro, que la llenó de paz. Ambos se sonreían, se contemplaban y se reflejaba uno en los ojos del otro. El hombre se abrió paso hacia ella, las personas parecían desaparecer a su alrededor. Bastó con estar de pie uno frente al otro, para que se juntaran sus manos. - ¡Apareciste amor!- dijo él.
-¡Apareciste tú!- respondió mientras lo besaba en la boca, luego se pegó a su cuerpo y soltó un suspiro muy profundo, rodeándolo por el cuello con sus brazos.
Sonrió, intentó ver por completo su rostro, lo recorrió con su mano, subió por su frente, llevó con sus dedos su cabello hacia atrás, descendió por la mejilla y permaneció unos segundos en los hoyuelos que se le forman cuando sonríe. Vio el brillo de sus ojos… “definitivamente, si para llegar a él, debo pasar nuevamente todo lo que viví, con gusto firmo donde halla que hacerlo”- pensó.
- te amo- le susurró al oído-
- no más que yo, mi vida.- decía mientras recorría el cuello femenino con sus labios. Entrelazaron sus manos y tomaron asiento entre el gentío. Nadie noto el amor que había entre ellos. Como él acomodaba el cabello de ella para que cayera detrás de sus hombros. O como la mano femenina limpiaba una pelusa del suéter masculino. Y la música comenzó a sonar, reclinó su cabeza y se dejó transportar. A donde era feliz, donde estuviera con quien estaba sentado ahora a su lado.
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