La noche no logra mitigar el dolor que el día cusa, sentir que somos nada ante las agujas del gran reloj de tiempo. Irracionales pensamientos esos que nos dicen que “podemos tener todo lo que soñamos”. No nos atrevemos a pensar lo que queremos, menos a imaginarlo, no lo pronunciamos en voz alta. Ya que conservamos la mera fantasía de poder alcanzarlo. Corremos asfixiándonos con tanto oxígeno y deseando que el tiempo corra a nuestro lado o por fin se detenga. No ocurre ni una cosa ni la otra. Somos ignorados, por las horas, vapuleados por los minutos y encerrados en la oscuridad, por el paso de lo que otros denominan “vida”. ¡Estúpida fantasía! esa en la que todos viven…me niego…esto no es para mí. Crearé una, que sea diferente, donde las manecillas se detenga justo en el instante en donde fuimos completamente perfectos, el uno para el otro. En ese minuto, donde nuestras almas por fin se unieron, y los siglos desaparecieron. Necesito creer, que de algo sirve respirar, que la inventiva que mi mente me da, tiene un propósito mayor, al de tan solo hacerme volar. Me resulta imprescindible saber si eres mi realidad, que estarás al final de cada uno de mis días, y al comienzo de mis mañanas. Que mi llanto no sea en vano, que no desaparezcas, como la arena entre mis manos. Algo de todo este universo, tiene que ser único y especial.- ¡que así sea! – grita el arlequín vendedor de sueños…no le queda ya, ni uno, en su bolsa…ni en mis manos, horas por vivir. Observo, permanezco en silencio esperando ver la hora avanzar. No llegas, y no parto. Todo es igual, menos nosotros, que ya, no nos pertenecemos más.
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