Despertar como niños, jugar a volar, convertirnos en ángeles con alas de papel, llegar a donde nadie ha podido hacerlo. Donde no se atreven a llegar. Ahí nos encontramos cada vez, tú y yo. Junto a ese arroyo, con aguas de oro, respirando el aire que sabe dulce en el paladar y aún mas en el alma. Donde el fruto de los árboles, son de eso, que tanto deseas tener entre tus manos. Comenzamos a dar pasos, por el camino que no sabemos do nos llevará.
Y deseamos que no sea inútil el avanzar por él, nos guiamos por el sol descansamos bajo la sombra de la luna, comemos ilusión, y bebemos esperanzas. Lo gris de un día apagado nos perturba, nos agobia, nos intranquiliza. Tantos años batallando hicieron sensible a nuestra piel, y casi insoportable nuestro dolor. La voluntad de pertenecernos, convence a nuestro espíritu de proseguir. Y me quedo perdida en tus brazos, refugiada en tu cuerpo, escondida en tu mirada. Permanezco dormida a tu lado, sosteniendo tu mano mientras caminamos. Apagamos las quimeras y recorremos éste chiste de destino. Mi sombra avanza sin ti, aunque no imagino una vida en donde no te encuentre a mi vera.
Palabras redundantes de algo que ya sabes, sientes, imaginas, olfateas, presientes y comprendes. Nuevamente, esperar, tardar, avanzar, caminar, soñar, alcanzar, realizar, permanecer. Nuevamente tú otra vez yo. Y siempre, siempre…nosotros. Te busco en el vacío, cuando me falta tu presencia… paradójicamente la hallo, en la nada, en el silencio, en la oscuridad, te hallo fuera de mis brazos, lejos de mi piel, perdido en un beso. Siento frío, me falta tu abrigo…pero eso, ya lo sabe, es que todas las veces, comprendes todo de mí, aunque yo, no logre leerte, ni encontrarte, ni estar por las noches sosteniendo tu mano, o abrigando tu cuerpo. Pero finjo saber, que sé como colmarte, llenarte, cuidarte. Aunque ambos sabemos, es viceversa.
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