Descubro quien eres, mi sombra, mi luz, el camino concluido sin piedras en él.
Me encuentro al final del arco iris, soy yo, pero distinta, soy como tú. Como la mejor parte de mi misma. Logro verme, puedo descubrirme, consigo compartir contigo la imagen que se refleja, logramos ser amigos confidentes, amantes apasionados, viajeros inagotables. Niños para poder correr, jugar y compartir fantasías de amor, que de tanto desearlas llegan a ser casi pecado.
Pero aún sigo siendo la mitad de lo que una vez fui, de lo que en realidad deseo ser. Emergemos como un atardecer que ha quedado sin nacer, como una melodía a medio tocar o un poema sin concluir.
Participamos en el encuentro de almas que pretenden ser cielo, y vuelan a través de seres, que saben que las palabras tienen vida y que los sueños, son para hacerlos realidad. Y entonces lo comprendemos, jugamos a realizarlos, pero no logramos alcanzarlos. Nos fundimos en la fantasía, de un universo que cabe en un grano de arena y entre tantos, ese pequeño mundo, se nos escurre de entre las manos, sin que nosotros lo percibamos.
Nos alejamos como un suspiro, y navegamos sobre la pluma que el fénix perdió, al intentar renacer. Nos unimos en dos lenguas, mientras que nuestros cuerpos convulsionan al convertirnos en uno, como jamás debimos dejar de serlo.
Soy el aroma de tu rosa, su tallo sin espinas. La mano que enjuga tus lágrimas y el viento que el dolor de ti aleja. Soy la sonrisa que en tu rostro se dibuja.
La noche perfecta llega a su fin, te beso, aún duermes. El sol me despierta, te veo a mi lado, aun sueñas.
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