Consumida soy por el afán de llegar a ti. El deseo es tan intenso que comienzo a transmutar. No consigo definir con claridad en que me voy convirtiendo o como detener el proceso. Poco a poco veo que mis manos desaparecen, mi cuerpo comienza a deformarse como si fuera yo, el peor de los monstruos. Me doy cuenta, estoy dejando de ser, mi ropa cae al suelo, vacía por completo. Creo que ya no debo sentir, pensar, razonar, o lograr comunicarme. Lo raro es que continúo pensando en ti, y mi razonamiento hace que medite en, “quien escribirá las palabras que tú deseas leer”. Si ya no tengo manos… ¿Cómo lo haré? y creo que tampoco tengo voz, pruebo en decir una palabra, la primera que viene a mi mente… “tu nombre”. Pero no, ningún sonido sale de lo que creo es mi garganta. No podré hablarte. ¡Cielos! ¿Qué pensará? ¿Qué lo olvidé acaso? no. sabe que eso ni en la eternidad pasará. Intento trasladarme, al parecer lo consigo. Ya que el sitio, comienza a cambiar, no hay árboles, ni arena, no escucho el murmullo del mar. Solo unos chuchos que al parecer ladran a lo que soy yo. Deseo llorar, pero no siento que eso ocurra, tengo miedo. Y una enorme angustia en lo que una vez fue mi pecho. Esta nueva forma sea cual sea, aún siente, tal como recuerdo haber sentido muchas veces. Me hubiera gustado ser algo, o alguien que no sintiera tristeza o dolor. ¿Es que éstos sentimientos no los quitaré jamás de mi?
Al parecer estoy llegando a lo más alto del cielo, no siento frío ni tengo dificultades para respirar, al contrario, todo esta calmo por aquí arriba. El viento es como una suave brisa, las estrellas brillan tanto que parece puedo tocarlas. “te las llevaré”- pienso, y deseo alcanzar una. Pero entonces comienzo a caer precipitosamente, no logro detenerme. No siento absolutamente nada, no hay miedo, solo angustia. ¿Quién le hablará de mí? ¿Quién le escribirá? ¿Cómo sabrá que deje de existir? sigo cayendo, no logro que esto pare, veo una ciudad, edificios por todas partes, temo que me estrellaré contra uno de ellos. Pero el paisaje cambia nuevamente, ahora son casas, hay luces en las calles, aquí también es de noche. ¡Que alguien detenga esto, por favor! pero, continúo mi marcha, no sé que pasa. Atravieso un techo…lo bueno es que no dolió, y poco a poco comienza a menguar la caída. Creo reconocer el lugar… pero, aún no logro saber donde estoy o que soy. Finalmente, logro sentir un perfume, un olor que me es familiar, un aroma que te pertenece. Entonces me doy cuenta, de alguna manera mi pensamiento me trajo hasta ti, pero aún no comprendo en que me he convertido. Me acerco hasta donde estas. Al parecer no me ves, ni me sentís… ¡ay mi bien!... ¡que bello eres! puedo verte, deseo tocarte, acariciarte, besarte. Necesito acercarme más a ti…un poco más…pero el impulso, es muy fuerte, nuevamente la velocidad se acrecienta. No puedo detenerme. ¿Y ahora? todo esta oscuro, no estas. No. No estas. ¿Qué paso? se enciende una luz. Estoy en la nada, pero comienza a moverse. Veo como de lo que se supone es el suelo, nacen rocas, y lo que es el cielo ahora es de múltiples colores. Puedo ver un mar de cristal más allá, aves de todos los colores y como poco a poco comienza a hacerse visible una isla flotante…de la nada aparecen piratas jugando como niños. Comienzo a reír, no puedo evitarlo, la risa me invade por completo.- ven pequeña, vamos a jugar- dices. Ahora puedes verme, y me hablas, mientras estiras tu mano para que yo la tome, tu rostro es bello, aún con el ojo de vidrio. Y continúas flotando aunque no sé como lo consigues con tu pesada pata de palo. Eres casi como te recuerdo, como siempre te he imaginado. Creo que aún no puedo hablar así que intento razonar que tengo una mano, la cual tomará la tuya. Y así sucede. Me llevas a tu isla flotante, mientras ascendemos, puedo ver un mundo maravilloso, lleno de juegos y dulces, de campos verdes flotantes y agua brillante. Todo es risa, aún los perros logran volar, por lo que estoy viendo, es el lugar en el que todos son felices. Sonrío mientras te observo y al hacerlo también lo haces. Ahora comprendo…me convertí en parte de tus sueños.
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