Conozco las voces que el olvido dejo en mi. Y recuerdo las miradas sin alma de aquellos que ya no están. Su sonrisa esta de continuo grabada en mi retina y mi alma no consigue apagar su calor. Una vez amé…lo recuerdo. ¿Amé?...Hoy solo nada queda en ese corazón donde habitó lo que llaman amor. Creo que viene a mí la imagen de un beso. Sí. Eso fue. El calor quema mis labios al rozarlos con las yemas de mis dedos, mi respiración se acelera, mi cuerpo tiembla…nace el deseo. Oscuros sentimientos, confusas situaciones. ¡Nació tan hondo en mí la pasión por él! Y quebró una a una las esperanzas que había puesto en su ser. Se despojó de su armadura, dejó atrás las batallas ganadas, me cubrió de tinieblas y ensordeció a la trompeta. ¡Desee tanto ser su estrella!... y solo fui la sombra, del brillo que anhelaba.



La noche ha venido avanzando y llenado de espinas el camino por mi transitado. Luces invisibles y sonidos que cortan la hiel del destino. Piedras que son puñales que clava la vida en un vacío corazón. Las nubes que el viento no traslada se posan ante el sol. Absorbiendo su calor y marchitando así su luminosidad. El infierno de mi alma, cuyos aullidos ensordecen las voces dentro de mi ser y atormentan los recuerdos de un pasado que apenas se ha convertido en ayer. Y el “por qué” sin respuesta. La incomprensión de los laureles que desaparecen, una gota que nace en mi pupila, recorre mi mejilla y es arrancada de mí por el viento. La sentí nacer y la veo morir sin lograr retenerla, como no han logrado retenerme. Esta soledad en el pecho, que se acrecienta junto con el dolor infinito del no resistir el calor del día, ni el silencio de la noche sin luna. Es que unos han dejado de tener sol en ellos y las otras ya no dejan brillar sus estrellas en ellas. El mar nace sin olas y el viento sin perfume. Mis suspiros que son el vaivén de un erial sombrío que nace de lo amargo en mi interior. Y aún no consigo respirar.




Las palabras vienen a mí, con intervalo de emociones. Llegan con sus cinco minutos de descanso y sus manos llenas de dulces que no saben compartir. Las palabras suelen aproximarse sigilosamente, cuando ya no las espero, cuando creo que no tendrán contacto con ésta débil mortal. Ellas son diosas dignas del mayor de los respetos, las venero, tanto que a veces temo pronunciarlas inapropiadamente, o hacer que nazca esa que ofende y lastima a otro mortal. Suelo meditar en ellas o consultarles si es que acaso no logro comprenderas. ¡Son tan sabias! ... a veces demasiado para mi simple pensar, o mi apocado sentir. Unas veces creo que ya las he visto todas , haberles entendido y leído. Seguramente (pienso) ya las he pronunciado todas y no hay mas que decir...pero no es así. Un torrente fresco lleno de nuevas letras nace en mi ser. ¿De dónde o por qué? no sabría decirlo. Solo sé que cada vez que nace una nueva palabra o cuando ellas comienzan a llegan como tropel a mi. Todo se ilumina alrededor...mi sed es saciada, mi frío mengua y el dolor de mi alma desaparece...¡benditas, benditas ellas que vienen a sostenerme! Aunque no siempre, logre darles el significado que ellas desean.

Ha robado mi corazón y dejado sin sentido mi razonamiento.


Llenó mi vida de sentimientos apocados y de ilusiones ya marchitas que renacieron a la esperanza de un amor olvidado. Tristezas agónicas, de sonidos que acallan lo que grita a viva voz el corazón. Se yuxtapusieron dos corazones en la eternidad del olvido, en el titilar de una estrella, en la hermosura de una flor, en lo calmo de una noche de verano y en la sonrisa de un niño. Para nacer en el perenne de que es, fue y será. Como gotas de agua nacidas del rocío de la mañana, que seca el sol por la tarde y caen nuevamente en la madrugada. Se posa mi mirada en la tuya y mi boca en tus labios. Para marchitarse luego con el desamor de un vacío corazón que no logra de amores pasados guardar luto y decir por fin “adiós”. Son incontables los días que pretende el olvido avanzar, esfuerzo vano para un simple mortal que nada sabe de prendarse del alma que lo busca y vaga sin sentido por la oscuridad relegada tan solo a unos minutos de su observación. Nacida en el aroma de jazmín, que busca su destino donde nada hay. Insisto en recorrer tu piel en mi imaginación, enredarme en tu cabello, bajar por tu rostro, recorro así tu cuello, me pierdo en tu pecho, desciendo a tus pies, mi yo inexistente te venera. Y tú ni te enteras. Arrebatas de Morfeo a quien no podrás sostener en tus brazos. Vendedor de fantasías que no has dejado ni una sola para mí. Aún así nuestro momento fue ayer, es hoy…¿Habrá un mañana?









Me inserto en una realidad que no es la mía. Una que es alterna, llena de caprichos de alguien más y controversias acordes a un futuro que ni siquiera he llegado a imaginar. Suelo pensar que es el resultado, de noches de tormento y días de insomnio. Ascender y descender de alegrías y tristezas es algo natural que rara vez logro descifrar “el como” o el “por qué”. Comprendo que vienes de un mundo diferente al que habito, uno distante con idiomas no reconocidos y costumbres que no logro comprender. De todos modos intento pertenecer a él. No hay nada absoluto, ni el odio, el olvido y ni siquiera el amor. Necesito saber que estarás ahí mañana, al salir el sol, al ocultarse la luna. Quiero comprender éste sitio al que mi alma ha caído. Saber que no soy la única que tiene sus manos llenas de quimeras que se escurren como arena entre sus dedos. Amanece, debo ocupar nuevamente mi lugar, en esto (que llaman) una realidad absoluta. Llenarme de palabras, que me transporten a esa parte del universo a donde nadie más sabe llegar. Ahogarme entre estrellas y navegar sobre nubes. Contemplar el infinito y abrazar lo inexistente. Nacer nuevamente para refugiarme en los brazos del destino, permitir que me arrulle y abra nuevos caminos ante mí. Quiero llegar a tus sueños, perderme en tus pensamientos, recorrer el mundo en tu aliento y permanecer un segundo en tus labios. Aceptar todas las realidades si perteneces a ellas o no vivir en ninguna si no formas parte de esos sueños furtivos. Creo enloquecer, arlequines vestidos con trajes grises se presentan ante mí, llevan rostros sombríos y aunque mueven sus labios, de sus bocas no nace ningún sonido. Pretendo marcharme mas atraen hacía sí. Incultos seres que no entienden a do mi alma pertenece. (Aunque a veces tampoco lo sé yo) Prefiero refugiarme en el silencio de tu voz, a permanecer en el bullicio del gentío que no sabe de mí existir. Voy descubriendo que las letras no siempre son bien leídas y que rara vez las palabras son comprendidas. Y aunque muchos leen, pocos son los que ven lo que dice la escritura. Imaginan que pueden ser parte de un mundo al que no saben entrar y aunque la puerta suelen empujar con gran brutalidad, no podrán por ella pasar. No es la mano mortal lo que suele la entrada a éste mundo abrir. Lo hace la imaginación. Algo que aunque todos tienen la mayoría ha olvidado como utilizar. A veces pertenezco a realidades que no son las mías…son tuyas, por que eres, mi única realidad.

Solo contemplamos el futuro cuando nos encontramos conformes con nuestro presente. Todo lo que vemos en el horizonte frente a nosotros son caminos que estamos dispuestos a recorrer y experiencias que nos animamos a vivir. Afortunadamente cada puesta de sol es distinta y cada amanecer totalmente diferente al anterior. Es entonces que por el hecho de ser curiosos nos atrevemos a quedarnos hasta el final de un ocaso difícil, o esperamos con ansias la llegada de una nueva luz en la que ignoramos que podremos hallar. Tal vez, con suerte caminemos hasta el final de un arco iris y encontremos esa olla llena de riquezas. A cada día le basta su propio mal…así que por el momento los dejaremos donde deben estar, justo en el pasado. Debemos hacer que desaparezca el terror a lo desconocido ya que no podemos alterar, lo que vendrá. Perdemos valiosísimo tiempo pensando en cosas que no tienen solución en lugar de concentrarnos en aquellas que pueden expandir nuestras vidas. Y vemos así que tenemos la oportunidad que estábamos esperando.


Un nuevo comienzo. Las cartas que se reparten nuevamente y siempre esperamos que ésta vez, nos hayan tocado mejores que en la mano anterior. No importa el juego que nos toque, sino lo que somos capaces de hacer con lo que tenemos en nuestras manos. ¿Quién reparte los naipes? ¿Por qué nos tocan de esa manera? Pérdida de tiempo el hacer preguntas, que rara vez obtienen respuestas. Aprendemos entonces, que los errores son aquello que no aceptamos como parte de un aprendizaje. Sabemos lo que de debemos y corregimos de lo aprendido. Nuestra mente se transforma en un ser hambriento que no se sacia, siempre maquina nuevas formas para alimentarse. Nuestro espíritu crece impetuoso, incapaz de conformarse con lo que éstos simples ojos mortales pueden mostrarle del mundo que lo rodea. Damos pasos seguros, es entonces que quitamos las piedras que encontramos en el camino, avanzamos en forma rápida, ligera. Convirtiéndonos, en un simple átomo, o trasmutando hasta abarcar el universo. Lo que decidamos, depende de nosotros mismos. Y entender que cuando la luz se apaga en nuestro interior, las cosas que hayamos dichos, escrito o hecho son lo que nos hará eternos. Si permanezco en estas palabras por más tiempo, entonces lo seré todo. Si pronuncias mi nombre al viento, éste lo llevará a través del tiempo. Y te hallaré en cada nuevo amanecer. El infinito o tan solo en un suspiro… ¿Sabes quién soy?


Acariciaba la rosa, mientras construía un refugio para el caos que había fuera. Conocía la noche junto con sus demonios y oscuridad. Sabía de mentiras que parecían singulares y de inventivas que solían rescatarlo de eso que lo atormentaba en sus pesadillas. Como catapulta alejaba la dicha de si, y gemidos indecibles nacían de su piel. Ese cuerpo que la había sentido, que la había amado y deseado, ahora se contorsionaba en el infierno de haberla perdido. Amargas lágrimas que no conseguían aliviar su alma, melodías silenciosas cuyas palabras solo le recordaban su boca, sus labios, su piel y con la pasión que la había elegido. La necesitaba más que a la gloria infinita de seres irreconocibles, voces huecas que le hablaban de palabras que no conseguía discernir. La anhelaba, deseaba hallarse en su mirada, fortalecerse en su pecho y reposar en su calor. Pero la había perdido. Por la amargura de su alma, la estupidez de su corazón y el orgullo que no lo había dejado verla como lo único que había valido la pena en toda su vida. Ahora veía la rosa en su mano, se había marchitado, no era más que algo muerto.





12/12/2011

Los cristales cayeron uno a uno, sonaron como campanas a lo lejos. Pero nadie escuchó ese tintineo. Y no vieron la sangre que había quedado esparcida. Alguien los había golpeado y al hacerlos su mano se quebró junto con ellos, al suelo gota a gota comenzaron a caer, nadie las noto. El sonido no causó efecto, las pequeñas estrellas esparcidas por el suelo no hayan luna que las ilumine, y el río rojo que se expande por la mano no consigue su cause. Y ella llora, intenta recoger los vidrios del suelo con la mano que continúa intacta, mientras la otra permanece inmóvil (inútil trozo de cuerpo). Recoge unos pocos, lava su mano, enjuga sus lágrimas, intenta que sus pies descalzos no caigan en el mismo mal y terminen cortados también. Creía que debía actuar como siempre (fingir que todo estaba bien), pero su mente no podía hacerlo. Su cuerpo estaba tieso, aunque le daba órdenes a sus miembros para que se movieran. Decidió acostarse, su vista aún era turbia por el llanto. Tenía recuerdos que deseaba redactar, las palabras estaban en su mente, pero al ver su mano, notó que eso sería imposible. Sintió impotencia y fastidio, al parecer el día de hoy nada le saldría bien. (Como tantas otras veces). Suspiró, mientras cerraba sus ojos una manta la cubrió, la oscuridad la rodeó, el silencio fue absoluto, y fue cuando cayó en un profundo sueño. Al hacerlo el dolor se mitigó, el físico y el otro, del que no se veía rasgo, el que con una sonrisa desaparecía ante la vista de los demás. Todo estaba bien, es que cuando lograba dormir todo lo estaba.



Al despertar la habitación continuaba a oscuras, debía entrar luz por la ventana, pero supuso que había dormido varias horas (las suficientes como para que el sol se marchara). Su cabeza daba vueltas, se sentó en la cama, puso sus pies en el suelo, quiso apoyar una de sus manos en la cama para ayudarse a ponerse de pie y entonces lo recordó. El dolor en su mano, luego al verla, vio los cortes. Caminó hacia la cocina, la ventana continuaba rota, algunos vidrios estaban esparcidos por el suelo. Temió pisarlos, o en realidad temía recordar los sentimientos que la empujaron a tal acto. Deseaba olvidar, el dolor el físico y el otro. El de la mano y el del alma. Estaba vez, no lloraba, se arrodilló frente a los trozos, los recogió uno por uno y arrojó a la basura. Sonrió, ojala así de fácil fuera deshacerse de todo lo que nos causa daño. Fue al baño, quitó sus vendas, puso nuevas. Lo abstracto era parte de su vida, la energía que la rodeaba a veces era increiblemente hermosa y otras, parecía ahogarla. Sobrevivió ese día, en su mente comenzó ha hacer planes para el día siguiente. ¡Había tanto que hacer!



La mano dolía, pero el alma…ese dolor iba y venía. Pensaba que si llenaba su mente de palabras desaparecería, y así era. Esas letras en ella se convertían en el mejor bálsamo para su ser, luego exorcizarlas y dejarlas en el papel. Ponerlas en una botella y enviarlas lejos para que tuvieran la dicha de ser encontraras por quien supiera lo que deseaban decir. Es que aunque eran suyas, a veces no lograba comprenderlas. Eran fruto de un dolor confuso y las rarezas de su mente. Sabía que solo alguien con las mismas ideas que a ella la rodeaban podría entenderlas. Y solo así, al mirarse al espejo, sonreía. Y enviaba a su dolor lejos, junto con todas esas palabras. Llegarían a buen puerto…o al menos eso esperaba.



06/11/2011




Aún no abro los ojos, pero sé, que el día ha llegado. Siento el calor del sol recorriendo la habitación, inmiscuyéndose entre mis sábanas y refugiándose en mi cuerpo. Puedo percibir esta calidez, recorriendo cada una de mis células. Estiro los brazos, despertar es placentero (salir de la cama no). Intento recordar si soñé y con qué fue. Es fácil sonrío…tú eres mi sueño. Con el sonido de la tormenta nocturna me perdí en Morfeo y en él, te hallé. Recostado junto a mi calor, narrando historias llenas de color, entonando melodías de piratas y surcando mares, para llegar a esa isla donde ocultas innumerables tesoros. Todos ellos valiosísimos y que (según dijiste) compartirías con ésta, tu mujer del Río de la Plata. Amanezco feliz, estás en mí, pero eso es algo que ya sabes, conoces de mis seños en donde tú eres el actor principal. Permaneces en mis horas, en las que necesito crear diálogos los cuales pueda protagonizar. A veces intento darme cuenta que el dolor pasa y la felicidad es como una suave llovizna de verano, aparece cuando menos lo esperas, alivia el alma y desaparece antes de que puedas disfrutarla todo cuanto deseabas. Así de fácil, comienza mi día, viéndome al espejo, intentando hallarme, descubriendo en mis facciones a una mujer que no estaba allí ayer. Es difícil reconocerme en ella, cuando me ve con esos tan apagados, con esa mirada que parece estar llorando de continúo…no soy ella…no. Mi yo anterior, reía, jugaba, soñada… ¡Despertar, soñar, vivir, reír…existir tal vez! (no es como lo recuerdo, pero es como lo siento en este segundo). Un pie en el frío suelo y luego el otro, estoy en la realidad… ¡caminar, avanzar, luchar, conquistar y otras veces perder! Intentar ser quien nació en éste universo…Perderte, hallarte, despertar para reír, crear fantasías para conseguir vivir…y siempre, siempre necesitar más. Luchar por ser quien no soy, no encontrarme, querer rescatarme del infierno al que caí, en el cual mi alma se consume sin conseguir rescatarte. Saber que te extingues, que desapareces de mí, que ya no eres lo que eras y no lograr asirte. Dulce néctar que de tus labios nace, mágico veneno que de tu amor mana…y una vez mas…mi día comienza… ¿Qué haré?








Estoy en un círculo al que no logro ponerle principio ni final. Donde es tanta la oscuridad que me rodea que no puedo ver más allá. Permanezco oculta, en el silencio de la nada…y vuelo a donde logro alcanzar la luz. Y ella me llena, ahora lo comprendo. Las navajas que caen como hojas marchitas sobre el alma del infortunado que no consigue amar, mata las ilusiones que intenté en él sembrar. Camino buscando…lo que ya no hallaré lo que jamás existió, lo que tan solo me empeciné en soñar. Aventuras Babilónicas, que desaparecen, al igual que las batallas que no he sabido luchar. Pretendo perdurar, y solo soy un suspiro, quiero sentir y muto en una pequeñísima lágrima. Me ahogaría en un instante, con todo éste oxigeno, que no es capáz por sí solo, de encontrar el camino hasta mí. Se confunde, se eleva, forma espirales para descender, aún así se pierde y continúo sin conseguir respirar. Escucho tu voz, que se pierde entre el murmullo del mar, y deseo estar a tu vera, en tu boca, en tu mirada, en tus manos en tu corazón. Morir en tu llanto, nacer en tus sonrisas. Deseo ser para ti lo que eres para mí. Mi sombra, cada uno de los latidos que mi corazón da, y el suspiro que dejo escapar.




Ya no logro distinguir entre la fantasía y la realidad. Me queman las llamas de un fuego que quiero extinguir simplemente porque tú, estas en él. Ven siéntate a mi lado, toma mi mano, piérdete en mi aliento, vive en mi mirada… No pretendo ser nada más, que lo que te haga falta. Y caminar tu camino, ya que el mío lo he perdido. Navego en círculos y no consigo a tierra firme llegar. No sé quien soy, ni donde debería estar. No puedo pensar o razonar, estoy desaparecida, encuéntrame…que solo sé de ti…de tu voz, de tu aroma, de tu piel… Noches entras esperándote, solo para descubrir que eres niebla y desapareces, dejándome con las manos vacías y un hueco en el alma imposible de llenar. Mata mi dolor, conquista mi ser, intenta sanar mi espíritu que ha sido quebrado. Piensa, siente no hay nadie como yo para ti, ni en mi quimeras alguien que logre pelear mis batallas como lo haces. Canta mi canción, duerme en el silencio de mi gola y piérdete en el llanto que al amanecer nace. Ríos de cristal que se han secado, estrellas que no alumbran el universo dice que ahora eres nada en lo que antes eras mi todo. Hora de partir, de volver a comenzar, un paso luego otro y el camino se recorre casi sin mirar. Ahora tú… ¿Dónde estas? Que éstas palabras desgastan mi alma y no consiguen do llegar, ni mitigarse o extinguirse. No estoy en el cielo, debo hacerme a la idea, no eres a quien buscaba.






Estoy dispuesta a vivir, en esa gota de sudor que baja por tu espalda, a ser el cofre que guarde todos tus secretos. Quiero ser la guardiana de tu corazón y lograr así que nadie le haga daño. Lucharé para convertirme en tu luna, me rendiré para morir en tu aliento y sé, que podré resucitar con tus besos. Me arriesgaré para transformarme en tus dulces recuerdos, la más cálida de tus mañanas, el mejor de todos los detalles. Pretendo perderme en las palpitaciones de tu corazón, fundirme en tu cuerpo por la eternidad y ser feliz, si lo tú lo eres. En tus noches oscuras seré la estrella que te ilumine, cuando el sol queme la flor que te de sombra, en el frío te daré mi calor y tu sed la apagaré con mis lágrimas. Pelearé tus batallas, combatiré tus demonios, cantaré tus canciones, descenderé al infierno si de él debo rescatarte. Y serás mi cielo si permaneces a mi lado. Seré el mejor de todos tus atardeceres, la ola serena que en el mar te mece. Estoy dispuesta ...a ser... para ti.