12/12/2011

Los cristales cayeron uno a uno, sonaron como campanas a lo lejos. Pero nadie escuchó ese tintineo. Y no vieron la sangre que había quedado esparcida. Alguien los había golpeado y al hacerlos su mano se quebró junto con ellos, al suelo gota a gota comenzaron a caer, nadie las noto. El sonido no causó efecto, las pequeñas estrellas esparcidas por el suelo no hayan luna que las ilumine, y el río rojo que se expande por la mano no consigue su cause. Y ella llora, intenta recoger los vidrios del suelo con la mano que continúa intacta, mientras la otra permanece inmóvil (inútil trozo de cuerpo). Recoge unos pocos, lava su mano, enjuga sus lágrimas, intenta que sus pies descalzos no caigan en el mismo mal y terminen cortados también. Creía que debía actuar como siempre (fingir que todo estaba bien), pero su mente no podía hacerlo. Su cuerpo estaba tieso, aunque le daba órdenes a sus miembros para que se movieran. Decidió acostarse, su vista aún era turbia por el llanto. Tenía recuerdos que deseaba redactar, las palabras estaban en su mente, pero al ver su mano, notó que eso sería imposible. Sintió impotencia y fastidio, al parecer el día de hoy nada le saldría bien. (Como tantas otras veces). Suspiró, mientras cerraba sus ojos una manta la cubrió, la oscuridad la rodeó, el silencio fue absoluto, y fue cuando cayó en un profundo sueño. Al hacerlo el dolor se mitigó, el físico y el otro, del que no se veía rasgo, el que con una sonrisa desaparecía ante la vista de los demás. Todo estaba bien, es que cuando lograba dormir todo lo estaba.



Al despertar la habitación continuaba a oscuras, debía entrar luz por la ventana, pero supuso que había dormido varias horas (las suficientes como para que el sol se marchara). Su cabeza daba vueltas, se sentó en la cama, puso sus pies en el suelo, quiso apoyar una de sus manos en la cama para ayudarse a ponerse de pie y entonces lo recordó. El dolor en su mano, luego al verla, vio los cortes. Caminó hacia la cocina, la ventana continuaba rota, algunos vidrios estaban esparcidos por el suelo. Temió pisarlos, o en realidad temía recordar los sentimientos que la empujaron a tal acto. Deseaba olvidar, el dolor el físico y el otro. El de la mano y el del alma. Estaba vez, no lloraba, se arrodilló frente a los trozos, los recogió uno por uno y arrojó a la basura. Sonrió, ojala así de fácil fuera deshacerse de todo lo que nos causa daño. Fue al baño, quitó sus vendas, puso nuevas. Lo abstracto era parte de su vida, la energía que la rodeaba a veces era increiblemente hermosa y otras, parecía ahogarla. Sobrevivió ese día, en su mente comenzó ha hacer planes para el día siguiente. ¡Había tanto que hacer!



La mano dolía, pero el alma…ese dolor iba y venía. Pensaba que si llenaba su mente de palabras desaparecería, y así era. Esas letras en ella se convertían en el mejor bálsamo para su ser, luego exorcizarlas y dejarlas en el papel. Ponerlas en una botella y enviarlas lejos para que tuvieran la dicha de ser encontraras por quien supiera lo que deseaban decir. Es que aunque eran suyas, a veces no lograba comprenderlas. Eran fruto de un dolor confuso y las rarezas de su mente. Sabía que solo alguien con las mismas ideas que a ella la rodeaban podría entenderlas. Y solo así, al mirarse al espejo, sonreía. Y enviaba a su dolor lejos, junto con todas esas palabras. Llegarían a buen puerto…o al menos eso esperaba.



Etiquetas: edit post
1 Response
  1. Anónimo Says:

    muy lindo princcesa de las letras...pequeño colibrí...muy lindo


Publicar un comentario