Solo contemplamos el futuro cuando nos encontramos conformes con nuestro presente. Todo lo que vemos en el horizonte frente a nosotros son caminos que estamos dispuestos a recorrer y experiencias que nos animamos a vivir. Afortunadamente cada puesta de sol es distinta y cada amanecer totalmente diferente al anterior. Es entonces que por el hecho de ser curiosos nos atrevemos a quedarnos hasta el final de un ocaso difícil, o esperamos con ansias la llegada de una nueva luz en la que ignoramos que podremos hallar. Tal vez, con suerte caminemos hasta el final de un arco iris y encontremos esa olla llena de riquezas. A cada día le basta su propio mal…así que por el momento los dejaremos donde deben estar, justo en el pasado. Debemos hacer que desaparezca el terror a lo desconocido ya que no podemos alterar, lo que vendrá. Perdemos valiosísimo tiempo pensando en cosas que no tienen solución en lugar de concentrarnos en aquellas que pueden expandir nuestras vidas. Y vemos así que tenemos la oportunidad que estábamos esperando.


Un nuevo comienzo. Las cartas que se reparten nuevamente y siempre esperamos que ésta vez, nos hayan tocado mejores que en la mano anterior. No importa el juego que nos toque, sino lo que somos capaces de hacer con lo que tenemos en nuestras manos. ¿Quién reparte los naipes? ¿Por qué nos tocan de esa manera? Pérdida de tiempo el hacer preguntas, que rara vez obtienen respuestas. Aprendemos entonces, que los errores son aquello que no aceptamos como parte de un aprendizaje. Sabemos lo que de debemos y corregimos de lo aprendido. Nuestra mente se transforma en un ser hambriento que no se sacia, siempre maquina nuevas formas para alimentarse. Nuestro espíritu crece impetuoso, incapaz de conformarse con lo que éstos simples ojos mortales pueden mostrarle del mundo que lo rodea. Damos pasos seguros, es entonces que quitamos las piedras que encontramos en el camino, avanzamos en forma rápida, ligera. Convirtiéndonos, en un simple átomo, o trasmutando hasta abarcar el universo. Lo que decidamos, depende de nosotros mismos. Y entender que cuando la luz se apaga en nuestro interior, las cosas que hayamos dichos, escrito o hecho son lo que nos hará eternos. Si permanezco en estas palabras por más tiempo, entonces lo seré todo. Si pronuncias mi nombre al viento, éste lo llevará a través del tiempo. Y te hallaré en cada nuevo amanecer. El infinito o tan solo en un suspiro… ¿Sabes quién soy?


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