Ha robado mi corazón y dejado sin sentido mi razonamiento.


Llenó mi vida de sentimientos apocados y de ilusiones ya marchitas que renacieron a la esperanza de un amor olvidado. Tristezas agónicas, de sonidos que acallan lo que grita a viva voz el corazón. Se yuxtapusieron dos corazones en la eternidad del olvido, en el titilar de una estrella, en la hermosura de una flor, en lo calmo de una noche de verano y en la sonrisa de un niño. Para nacer en el perenne de que es, fue y será. Como gotas de agua nacidas del rocío de la mañana, que seca el sol por la tarde y caen nuevamente en la madrugada. Se posa mi mirada en la tuya y mi boca en tus labios. Para marchitarse luego con el desamor de un vacío corazón que no logra de amores pasados guardar luto y decir por fin “adiós”. Son incontables los días que pretende el olvido avanzar, esfuerzo vano para un simple mortal que nada sabe de prendarse del alma que lo busca y vaga sin sentido por la oscuridad relegada tan solo a unos minutos de su observación. Nacida en el aroma de jazmín, que busca su destino donde nada hay. Insisto en recorrer tu piel en mi imaginación, enredarme en tu cabello, bajar por tu rostro, recorro así tu cuello, me pierdo en tu pecho, desciendo a tus pies, mi yo inexistente te venera. Y tú ni te enteras. Arrebatas de Morfeo a quien no podrás sostener en tus brazos. Vendedor de fantasías que no has dejado ni una sola para mí. Aún así nuestro momento fue ayer, es hoy…¿Habrá un mañana?





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