Las palabras vienen a mí, con intervalo de emociones. Llegan con sus cinco minutos de descanso y sus manos llenas de dulces que no saben compartir. Las palabras suelen aproximarse sigilosamente, cuando ya no las espero, cuando creo que no tendrán contacto con ésta débil mortal. Ellas son diosas dignas del mayor de los respetos, las venero, tanto que a veces temo pronunciarlas inapropiadamente, o hacer que nazca esa que ofende y lastima a otro mortal. Suelo meditar en ellas o consultarles si es que acaso no logro comprenderas. ¡Son tan sabias! ... a veces demasiado para mi simple pensar, o mi apocado sentir. Unas veces creo que ya las he visto todas , haberles entendido y leído. Seguramente (pienso) ya las he pronunciado todas y no hay mas que decir...pero no es así. Un torrente fresco lleno de nuevas letras nace en mi ser. ¿De dónde o por qué? no sabría decirlo. Solo sé que cada vez que nace una nueva palabra o cuando ellas comienzan a llegan como tropel a mi. Todo se ilumina alrededor...mi sed es saciada, mi frío mengua y el dolor de mi alma desaparece...¡benditas, benditas ellas que vienen a sostenerme! Aunque no siempre, logre darles el significado que ellas desean.

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