Creemos en cosas que no vemos, sentimientos tales como el amor, tristeza, alegría, dolor y olvido. Creemos en el destino, la suerte, el azar o lo predestinado. Miramos pero no vemos. Y entre tantas cosas intangibles corremos por las calles en busca de un poco de todo eso que sentimos merecemos. No queremos callar nuestra verdad y ahogamos nuestro llanto para que nadie lo escuche. Fingimos vivir y reír cuando en realidad sentimos que hemos muerto hace mucho. El “coincidir”, en el destino de alguien cambia nuestro propio camino. Por momentos nos llenamos de una alegría que es una amiga traicionara, ya que nunca se queda junto a nosotros. Al igual que las promesas es llevada por el viento como una nube que ha olvidado como llorar. Se marchita así nuestra alma como esas flores que han sido arrancadas de sus raíces. No queremos llorar… ¿pero qué hacer, cuando cortan tus alas una y otra vez? …¿Cómo haces para seguir creyendo en lo que no ves?



Vemos a la luna de frente, con los ojos bien abiertos para no dejar escapar ni uno solo de sus rasgos. ¡Bendita locura!...creer que todo esto todo puede mejorar. Que hay un cielo que conquistar y una vida por alcanzar. Personalmente creo que tengo todo por descubrir. Solo que a veces pierdo el rumbo y no sé por donde, ni como avanzar. Cada quien debe encontrar su norte y espero no se aleje de ustedes como el mío se alejo de mí. Hay otros mañanas por comenzar, otras batallas que conquistar y siempre, siempre muchas cosas que aún puedan asombrarnos. Como el canto de un ave, o la sonrisa de un niño. Grito con todas mis fuerzas, creo que nadie escucha, tal vez ya no tengo voz, o quizá he dejado de gritar. Me maravilla el sonido del silencio y la luz de tu sonrisa. Prefiero seguir avanzando con tu recuerdo, que detenerme en tu presencia.

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