Ahora creo que todo ha sido un mal entendido. Que los arlequines burlones de tiempos mejores me hacen una broma. Terrible dolor agónico de tanto reír…risa que se confunde con el llanto y pretende ser lluvia. Cuando en realidad hay sequía. Sentimientos que nacieron y sin darse cuenta fallecieron. Lo hicieron en silencio cuando nadie los veía. Disimulando, pretendiendo ser ilusión, crecieron y se mecieron dentro de un corazón lleno de nada. Y así permaneció, hasta que el Ángel con su luz la fría y mortuoria noche iluminó. Desplegando sus alas, cubriendo lo invisible, colmándose de olor a jazmines y estrellas en sus manos. Mundos que de antaño llegaron sobre una nube de papel y en barcos que navegan ahora sin brújula, descienden hasta el horizonte donde probablemente lleguen a su final. ¡Es raro, como suelen terminar los días!…veinticuatro horas…y luego en un momento, todo desaparece. Hacen el amor por un segundo la luna y el sol. Se llenan de deseo, se impregnan uno del otro y explotan así en la existencia de un solo segundo. Siento que el poder absoluto estalla dentro de mí. Pero solo es, un nuevo comenzar. Sin norte, sin techo o suelo donde andar. Con suspiros que parten a ningún lado y razones que llegan para esfumarse como la bruma. Sentir la vida escaparse de nuestras manos, con cada parpadeo y morir en cada sonrisa. Resolver el destino por nadie más que por mi misma. Tal vez no fue una confusión y es algo que debía pasar. Despertar una mañana para descubrir que ya no estas…que nunca has estado. Y que lo sueños…desaparecen al alba.



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