He comenzado un viaje, para el que no estaba preparada. Avanzo casi sin conocimiento de lo que soy o a donde pertenezco. Soy parte de algo que no comprendo. Podría decir que veo la claridad delante de mí…pero estaría mintiendo. Lo cierto es, que no tengo ni idea de lo que hay mas allá. Hay curiosidad por averiguarlo, por saber como se siente el roce de sus manos sobre mi piel. Pero temo. Al día, a la noche, a sus palabras y su silencio. Temo a su presencia y a su ausencia, temo aún más. Tantos sueños se han convertido en polvo de estrellas que me arde el corazón al soñar. La semántica de la vida, o la vida en semántica es cruel con el tiempo, con el destino o lo que se espera del futuro. Un chasquido y soy bruma, niebla, lluvia, silencio. Un nuevo amanecer, una segunda oportunidad y los mismos errores. Podría olvidar en un soplo todo lo vivido y te perdería en los recuerdos. En la misma centella de luz, descendiste como un ángel, llegaste en soledad y te quedaste a mi vera, acompañaste mis pasos por un poco de tiempo. Cultivaste mis quimeras, ensalzaste mi espíritu. Bebiste licor, narraste historias de antaño y luego, partiste en el rayo de esa tormenta que apagó el fuego en mi corazón. Sin mediar palabra, sin decir “adiós.” Aún camino, aún avanzo, veo paisajes que él creo para mí y mundos en los que nadie habita. Como un arlequín, sin cascabeles, que entre sombras se mueve jugando con las promesas que sabe, no cumplirá. ¿Qué ves en mis ojos?...es verdad, jamás has visto mi mirada. Pero sabes fingir y yo sé mentir. Tantos siglos recorridos, hallarte para dejarte ir, para tan solo verte marchar. Los caminos no me conducen todos a ti, pero entre encrucijadas y pérdidas de la memoria siempre te hallo. Dime algo…antes que tu recuerdo desaparezca de mí.



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