Hola amor…



Linda forma de comenzar una frase… “amor”. Hoy podría llamarte de muchas maneras, vida, cielo, cariño, alma mía, cosita… en fin. Creo que la lista sería interminable. Todas palabras cargadas con una pasión tan grande, que oprime el pecho al querer expresarlo. Pero se resume en; alma de mi alma, vida mía, amor eterno. Las palabras parecen tan efímeras cuando de decir lo que se siente se trata. No te niego que a veces siento que me vuelvo loca (algunos dicen que ya lo estoy). Es que no quiero desaparecer sin decirte “adiós”. Necesito hablar de los besos que no se dieron, o de las caricias que aun esperan a ser entregadas. Hay dos cuerpos esperando el alba, sumidos en el inmenso espacio de lo eterno. Tal vez alguna vez te preguntes que es de mí. Te puedo decir desde ya. Que continúo aquí. Hoy (debo confesarte) inmensamente feliz. Es que sé como es tu mirar (triste y llena de luz), como suena tu voz al reír (clara y dulce como la de un niño), conozco tus gestos al hablar (como si tus manos tuvieran vida propia). Me alegra que seas tú. No eres como te había soñado, no, para nada. Los has superado infinitamente. No hay forma de que pueda manifestar todo lo que me has enseñado a sentir. Puedo pronunciar tu nombre al viento para que lo guarde en toda época. Sé sentir tu perfume cuando camino junto a una flor y percibo tus manos acariciando mi rostro, con la puesta del sol. La luna me besa y reconozco que son tus labios. Un suspiro y parten en él tus sueños sujetos a los míos. El destino te puso por fin, en mi camino. Y el mismo Hado de mí te arrancó. Créeme, cuando digo que te amo a rabiar, que me arde la piel y no consigo respirar sin tus palabras. Escuchar que lees, o ver si lloras, consolar tu dolor y quitar el veneno que han regado en tu alma es mi anhelo. No puedo decir adiós. Y sin embargo tampoco puedo permanecer. Paradojas de una vida irreal. No más temores, ni ilusiones. Te pierdes en el mundo vida mía. Desapareces con el mar perenne de personas que buscan lo que yo encontré en ti. Perdóname por no estar en tus ensueños, por no ser la sombra de quien buscabas, ni tener la voz de a quien amabas. No puedo saber que alguien mas te acariciará, ni que recibirá tu calor, prefiero el vació de la indiferencia. Se acaban las palabras y espero que para ti, las lágrimas. Sonríe, vive, se feliz, ama como te amo y sueña como te sueño. Mi amor, vida mía, alma mía…adiós. Ya no te escribiré como solía hacerlo y sin embargo, siempre y por siempre todo es para ti.



Sublime y maravilloso el entorno de tu luz
ente único, fuente de inspiración y amor
latidos de mi corazón que por ti nacen
y tu voz silenciosa acaricia mi pelo
te vas durmiendo poco a poco en mis entrañas
mientras despiertas en mi boca para morir en mis lágrimas
no logro tocarte...lo extraño; es que tampoco logro olvidarte.

Hoy me arrojé a un abismo. Es que debía vencer ese temor que nacía en mi estómago, recorría mi cuerpo para morir en mi corazón. Así que me quite los zapatos (no lo hice con las manos sino con los mismos pies), luego el buzo que llevaba puesto (es que era de lana y pensé que luego me pesaría mucho), hacía frío. ¡Qué raro! recién en ese momento lo noté. Me acerque a la orilla, miré hacia abajo, era un largo trecho el que debía recorrer. Por alguna razón de a rato todo parecía más distante. Creí que algunos de mis amigos me persuadirían de hacerlo. Pero no. Al contrario, parecían excitados con la exhibición que les prometía. – parate acá- (decían unos)- no mas allá- (me gritaban otros). “Si les parece tan buen lugar por qué no se tiran ellos desde ahí”. Pensaba sin responderles nada y escogiendo por mí misma el sitio justo para arrojarme. Finalmente luego de cambiar varias veces de lugar, lo hice. Me arrojé. Mientras caía el frío helaba mi cara, las tripas crujían y parecía que se saldrían de mí. No sabía como poner las manos, si hacia atrás pegadas en mis piernas o extendidas hacia delante como lo hacía superman. En fin. Las coloqué hacia el frente. El tiempo pareció desaparecer, y todo corría rápido y a la vez muy lento. Ya no escuchaba las voces de mis amigos, pero sí la de las personas que estaban debajo…eran solo murmullos, pero podía oírlas. Finalmente llegué al agua. No creo haber caído donde lo había planeado. Hacía frío y no lograba respirar. El agua me pesaba demasiado me era muy dificultoso nadar. Parecía como si estuviera en medio de un pozo de arena y no tenía fuerzas para avanzar en él. Comencé a hundirme, me entró pánico. No estaba entrando aire a mis pulmones, sino arena que al hacerlo raspaba mi garganta lastimándola tanto que no lograba emitir sonido para pedir auxilio. “¿Dónde estaban los amigos que tanto me habían alentarlo para hacerlo? En éste instante necesito la mano de alguien, el que sea.” Maquinaba mi mente, en lugar de concentrarse en salir de dónde nos encontrábamos. No me quedaban fuerzas, decidí darme por vencida, el dolor por la falta de oxígeno y la arena dentro de mi era demasiado. Podía sentir como las lágrimas mojaban mi cara. Finalmente en un último esfuerzo miré el sol, deseaba sentir su calor por última vez. Era cálido. Cerré mis ojos y me dejé ir.









Pensaba en que debía (mientras habría los ojos al día que comenzaba) ser más consecuente con sus necesidades que con las de los demás. Bostezó. Odiaba tener que salir de la cama. Se sentía tan calentita, tan cómoda y confortable. ¿Y si se quedaba?






-¡Sí claro!- respondió sarcásticamente en voz alta, a la pregunta de su conciencia. Se quitó las frazadas de encima, empujándolas con los pies. Se sentó al borde derecho de su cama, estiro los brazos intentando que sus músculos reaccionaran. Parecía que había tenido una mala noche. Que raro, no recordaba nada, ni siquiera el final de la película que estaba mirando antes de dormirse. Se puso de pie, se rascó la cabeza, sus pies descalzos la llevaron hasta la cocina. Puso la cafetera. ¡Que raro! estaba tirada, rota en el suelo. No podía entender que es lo que le había pasado a ese aparato. Si la noche anterior estaba perfecto. Seguía sin recordar lo que sucedido…- tal vez el gato- se dijo, sin lograr concebir otra explicación.






- Estúpido gato- mormuró entre dientes mientras juntaba uno a uno los pedazos esparcidos por el suelo. - ¡Carajo! gritó en voz alta mientras soltaba todo lo que llevaba en la mano dentro del tacho de basura. Saltando en un solo pie, y llevando el izquierdo hacia su mano derecha, se lo reviso. Solo podía ver sangre. Mucha de ella, saliendo sin parar. Sabía que se había cortado. ¿Por qué otra razón saldría sangre? pero no alcanzaba a ver el corte. Busco un trapo con el cual limpiarse. No estaba donde lo había dejado. Nada en esa maldita cocina parecía estar en su sitio. Su cabeza le daba vueltas. No lograba comprender, por que todo estaba tan desordenado. Tuvo que levantar una de las sillas que se encontraban en el piso para poder sentarse. Jamás dejaba las cosas fuera de su lugar. Algo por lo que sus amigos la molestaban era por su orden (según ellos) en exceso. Pero la hacía sentir segura encontrar las cosas siempre en el mismo lugar. Aun a oscuras ella sabía donde hallar velas, encendedor y todo lo que hiciera falta. Sus labios esbozaron una mueca de orgullo. Es que había conseguido un buen trabajo a muy corta edad. Y con mucho esfuerzo logró trabajar, estudiar he ir comprando su casa. Claro, algunas cosas tuvo que sacrificar en el proceso. Mientras sus amigos iban a bailes o tenían citas. Ella trabajaba, estudiaba y trabajaba aún más. Pero ahora, estaba feliz, tenía la casa que siempre había querido, muy confortable (nada lujosa) pero era suya. Se limpió la sangre, el corte era profundo. Miró a su alrededor, quería distraerse del dolor que sentía. Las baldosas del piso estaban manchadas de sangre. Abrió los ojos con asombro, es que le parecía que eran demasiadas manchas para un solo corte. Su planta estaba caída sobre la mesada, la tierra estaba fuera de la maceta. Llevó su mano derecha hacía su cabello, mientras con la otra sostenía el trapo en la herida. Ese gato, -¡hizo un desastre!- pensó nuevamente. Le dolía el estómago. Seguro que por los nervios que todo esto le ocasionaba. Intentó ponerse de pie y cojeando, levantó otra de las sillas que estaban en el suelo. Luego fue hacía el pasillo, tenía que darse una ducha, intentar sentirse mejor y acomodar un poco todo antes de irse a trabajar. Mientras caminaba dejaba un camino de sangre. Al parecer salía cada vez más. Se sujetaba con una de sus manos en la pared, sin darse cuenta que ésta también quedaba con manchas rojas. Llegó al baño, levantó una tijera que había junto a la pileta de lavarse la cara. Todo era tan común y extraño que ya no vio la diferencia entre el orden de la noche anterior y el desorden de ésta mañana. Se paró un segundo frente al espejo, su camiseta blanca estaba ahora teñida de rojo. ¿En qué momento había pasado eso? Se acercó mas a la imagen que se reflejaba frente a ella para poder observar mejor. – ¡¿Y ahora qué?!- se dijo mientras intentaba quitar la sombra de sangre de su cara. Mojó una toalla (¿En qué momento había abierto la canilla?) su mente hizo la pregunta mientras sus ojos observaban el agua que corría. -¡al carajo!- dijo en voz alta, y se pasó eso húmedo y frío por el rostro. Algo pareció que la recorrió por dentro, su cuerpo se estremeció y sintió que se desvanecía. Aún no había desayunado, era lógico que se sintiera así. Sus piernas le fallaron y no le quedó más que arrodillarse mientras su mano se sujetaba con las fuerzas que le quedaban de la pileta. Temía que si se caía se golpearía la cabeza y se desmayaría. El dolor en su estómago era cada vez más agudo. Las tripas comenzaron a crujir. Las paredes daban vuelta. El agua de la pileta continuaba corriendo al igual que la de la ducha. El vapor lo inundaba todo y le cortaba la respiración. Sentía frío. Como pudo se puso en pie y comenzó a caminar hacía la habitación. Mientras se alejaba del baño, podía escuchar el agua corriendo de las canillas. Chocó con algo mientras avanzaba, una lámpara. Recordó cuando se la habían regalado. Había sido para uno de sus cumpleaños. Siempre les decía a sus amigos lo que quería de regalo. Así se aseguraba que le dieran algo que le fuera útil. Era práctica y a veces fría. Pero así conseguía lo que quería. Caminaba lento, cada vez con más dificultad. A los treinta ya había alcanzado metas que otras mujeres de su edad aún ni imaginan. Bueno al menos eso le decían sus amigas y ella lo creía. Lograba hacer algún viajecito al año, nada majestuoso pero había hecho una lista de los lugares del mundo que deseaba conocer y una vez al año se daba ese gusto. Eran sus ahorros, su esfuerzo se lo merecía. Recordó todos los lugares que aún le faltaba por conocer. Éste año iría a un lugar hermoso. Estaba desando ese viaje. ¿Por qué la lámpara estaba tirada? le parecía tan loco que un gato tan pequeño hiciera tanto desorden. Siempre se había comportado muy bien. ¿Qué demonio había invadido a ese animal para hacer tanto desastre?...su mente divagaba en preguntas. Mientras ella hacía un esfuerzo en acomodar la lámpara, hasta tuvo la templanza para enchufarla y encender la luz. Ahora veía mejor. Ya falta poco, solo unos pasos más, se recostaría en su cama y llamaría a alguien. Tenía que avisar al trabajo de lo sucedido. ¡Estúpido accidente!- se dijo. Todos se burlarían de ella, por ser victima de un pobre animalito. Tendría que deshacerse del gato. Le decía una voz en su cabecita.



Llegó al umbral de su habitación y se detuvo antes de entrar. Miró hacia atrás y no veía casi nada. La luz estaba apagada. Un escalofrío recorrió su cuerpo. - ¡que bien!- se dijo- ¡lo que me faltaba que se quemara la lámpara!- y pudo observar el camino rojo que había dejado tras de sí. La pared manchada con lo que parecía ser su mano y el suelo con igual color. No se había percatado de haber perdido tanta sangre.



No supo reaccionar, cuando vio que su habitación estaba hecha un desastre. El colchón casi salido de la cama, la ropa de la cómoda tirada en el suelo, el armario abierto y los cajones sobre la cama, sus adornos rotos contra la pared y sangre en el espejo donde ella se maquillaba. - ¿Y esto?- de pronto todo comenzó a dar vueltas, tenía ganas de vomitar, cayó de bruces al suelo, sus palmas impidieron que diera su cara contra la alfombra, no pudo aguantar y dejó que su cuerpo liberara todo lo amargo que llevaba dentro. Vomitó sin restricción. Tendría que mandar a lavar la alfombra. Su mente seguía ordenando todo, mientras su cuerpo no lograba reaccionar. Las voces comenzaron a sonar a su alrededor. Flashes de cámaras y personas que se movían en la habitación. Tenía que desmayarse ya no soportaba el dolor en su estómago y la sangre no dejaba de brotar por todas partes. - ¿De dónde salía tanta?- todas las palabras las proyectaba su mente, al parecer su boca no era capaz de decir nada y su voz se sentía apagada. Escuchó al gato. Deseaba llamarlo pero no pudo hacerlo, de todos modos el animal terminó junto a ella. Sentado en sus patas traseras, la miraba con esa mirada ausente. – Ya vas a ver cuando me sienta bien- le dijo la vocecita en su cabeza. Lo que tal vez el gato escuchó ya que salió corriendo como si hubiera visto al diablo. Fue cuando se vio. Era ella. O algo que se parecía a su cuerpo. Estaba boca abajo, rodeado de un charco de sangre.






- Fue un robo- Dijo alguien a sus espaldas.






- Qué pena- Le respondió el hombre de rodillas frente al cadáver. – Era joven, bonita y con mucho futuro por delante.






El dolor desapareció, y la sangre dejó de brotar, su cuerpo reaccionó y logró ponerse de pie. Dio unos pasos y se vio ahí tirada. Jamás pensó que terminaría así. El gato se acercó nuevamente a ella y se frotó a su pierna. – Y yo que te culpe de todo- ahora sí, salía su voz. Lo acarició en el cuello. Suspiró. –¡¡ No debí salir de la cama hoy!!









La luna, no brilla igual. Desde que ya no estás, me es difícil continuar mi caminar, si no esta tu mano que me pueda sostener. Mi corazón grita por tu ausencia, pero se ha quedado sin voz. Dormiré en la noche eterna hasta que sepas otra vez a mí llegar. Puedo esperar una perpetuidad. Una mirada y arrancas la piel de éste cuerpo. No está el sonido que solía escuchar, a lo lejos solo el silencio, el mar no mece sus olas y el tiempo fatuo persigue al pasado sin misericordia. Éramos ángeles atrapando quimeras en el infinito de nuestros corazones. Ahora nos hemos convertido en remedos de humanos, intentando descubrir que hacer con lo que llevan en las manos. Sin alas, atrapados como anclas al suelo que no nos asfixia. Perdiste tus batallas, naufragaste con tus letras, desapareciste tras el alba. Tu mirada vacía guarda sentimientos y confusiones que nadie sabe comprender. Es que estás sin mí, estoy sin ti. Te llevas el trozo de mi alma que te pertenecía y poseo una fracción de corazón que ya no cabe en mí. Se pasa la oscuridad, comienza la luz. No te encontraré cuando me vea al espejo, ni sabrás quien se mira en él. No somos nosotros, solo es alguien, un desconocido tal vez. Que no sabe de razón o amor. Que no entiende de perpetuidad, de almas que se encuentran una y otra vez. Ni de ángeles que dejan de ser. Se me escapa la arena que cargo en mis puños. La dejo desbandarse frente al mar. Ya no puedo esperar, no volverás, ya no estarás. Comienzo mi marcha, nuevamente, camino…sola.







No sabía lo que significaba “vacío”. Lo he descubierto, me lo has enseñado. “Vacío” es ese sentimiento de ausencia y angustia que dejas si me falta tu presencia. Cuando duermo y mis ojos permanecen cerrados, es cuando camino de tu mano y recorremos juntos ese camino que duele (pero solo cuando despierto a mi realidad) Me gusta sentir tu mano sujeta a la mía. Saber que si la oprimo con un poco de fuerza responderás contemplándome con una sonrisa o una palabra de preocupación. Y cuando veo tu mirada, siento que estoy viva. Es difícil continuar, es asfixiante poder avanzar. Saber que estas ahí y no logro alcanzarte. Tener la certeza que sonríes, responder a tu sonrisa sin que logres ver que lo hago, sin que te logres reflejar en mí mirar. ¿Cómo sonar coherente y lograr explicar lo que me has enseñado a sentir? esperar la eternidad para ver si en ella te puedo hallar. Tu voz me envuelve, tus brazos me refugian y los latidos de tu corazón me dan vida. ¿Cómo hacer para despertar sin que estés a mi lado?




Continúo sin saber, porque se marchó. ¿O es qué en realidad jamás estuvo? Continuaba su marcha mientras las preguntas sin respuestas se acumulaban en su cabeza, como si fuera agua que va quedando sin ser renovada en un estanque. No comprendía, no lograba hacerlo y aunque había maquinado miles de causas probables al final, todas eran descartadas. Unas por inapropiadas otras por demasiado descabelladas, la mayoría simplemente por que eran totalmente inverosímiles. Aún así, necesitaba una respuesta a la más simple de las preguntas… “¿Por qué?” Lamentablemente la mayoría de las veces solo se respondía de una única manera. Jugó, mintió. Simple y sencillamente. Todas las palabras (eran falsos juegos de su imaginación), todos los juegos (simples burlas de su corazón), todas la risas (solo la broma del engaño). Alguien dijo una vez… (Uno de éstos pensadores que se hacen conocidos por decir algo que luego todo el mundo utiliza para explicar otras situaciones) que el odio, no es como se debe responder a quien te lastimó, que hay que hacerlo con la indiferencia. Pero si se supone que no heriste a nadie… ¿Por qué te pagan con indiferencia?- suspiró, el hacerlo le ayudaba a que sus pensamientos se pusieran en orden. Bueno si tal cosa era posible. Sentía que por su mente había pasado un tornado. Y todo lo que había creído seguro en su vida ya no lo era. ¿Cómo alguien que dice quererte desaparece de tu vida sin siquiera decir adiós?... Sacudió su cabeza, esa pregunta tampoco tenía respuesta. Creía que lo conocía, estaba segura de haber aprendido que clase de hombre era. Pero no. No lo sabía. O tal vez si, uno que no valía la pena, que era mejor olvidar y no hacer mas preguntas. Cruzó la calle corriendo, un ciclista casi la atropella pero logró esquivarla, claro que mientras lo hacía le propinaba algunos insultos. Por lo menos sabía que la había visto, que sabía de ella. ¿Y para él? otra pregunta sin respuesta. El fresco calaba hondo en sus huesos, colocó las manos en el bolsillo del saco. El frío de su alma no había con que calmarlo. “La indiferencia, con indiferencia se paga” había dicho alguien más. Cerró sus ojos fuertemente, como pidiendo un deseo. Tal vez lo hacía. Un deseo simple, sencillo. Olvidar.








Mi corazón se clava en el silencio de la noche. Cuando estoy naciendo, es que en verdad muero a lo eterno del tiempo que empuja mis pasos a lo insondable del vacío de mi alma. Y ahora comprendo que el paso equivocado y erré así mi camino. Destino traicionero que me muestras lo que no puedo poseer. Me niego a retener esa lágrima, que supo un ser hacer surgir, de lo mas seco que había en el viento que en murmullos me hablaba y de aventuras insondables me contaba. ¡Calla…mal me pagas corazón que te marchitas ante la belleza de lo que no logras retener! El tiempo me pasa, sin que lo logre conservar, mis manos, una vez más, se quedan vacías. La voz del ave no canta ni las olas del mar, mecen la aurora que se pierde en el horizonte frío, de un desamor otoñal.

Tuve un sueño:


Estaba yo, en la mitad de mi vida. De pronto, sin más, me desperté. Y fue entonces cuando me vi rodeada de un inmenso, oscuro y solitario bosque.


Supe entonces…que en algún momento, había errado el camino de mi destino.





Me gusta la gente que no usa trajes grises.


Suelo observar con placer a las personas que no le ponen vestidos de moda al amor o una tarjeta de crédito en sus bolsillos.


Prefiero un silencio a un grito de reproche.


Comprendo que es mejor hablar a callar las palabras que nacen en el corazón.




Me niego a soltarte.


Eres mágico.


Tienes la llave que no quieres y posees lo que no ambicionas…mi corazón.

A lo largo de nuestras vidas avanzamos por mundos alternos que nos van mostrando verdades sub-realistas… si decidimos aceptarlas o no, es cosa de cada quien. Lo cierto es, que a veces nos revelamos contra eso que no entendemos o no logramos razonar. Se presentan ante nuestros ojos como visiones tan claras como el agua, aún así, no las comprendemos, no llegamos a descifrar su significado. Sentimos el calor en nuestros rostros y creemos entender que por fin, luego de una obscura noche, el sol decidió regalarnos su presencia.



Cuando miro al espejo, sé quien soy, aunque no me reconozco en él. Mi alma se apoderó de un mundo, en el que mi cuerpo se negó a entrar.



Tal vez tengas mucho por pensar y lo logras cuando suspiras. Escuchamos a lo lejos cataratas de risas y pensamientos ajenos a nuestras vidas.



Es cuando descubro, que en una mirada me pierdo, en una sonrisa nazco y en un silencio no sé quien soy. Aún te recuerdo, cada vez eres más diferente como si fueras un eco de nada, distante como el viento e insujetable como el mar. Juego a convertirme en parte de tu vida, me descubro siendo nube y alejándome de ti. Y ya no logras alcanzarme y muero en una de tus lágrimas.



Somos sin darnos cuenta, la flor que nace sin ser descubierta, la hierba que alguien desprecia y la ola que nadie sabe disfrutar. Tenemos fantasías tan peligrosas que tornan la realidad un infierno. Creemos ser sofisticados, supuestamente civilizados, pero el raciocinio se desvanece en la historia del tiempo, cuando de amar y ser feliz se trata.



¿Qué buscamos durante la vida entera? ¿Qué hallamos? ¿Es suficiente?



Por mi parte, aún continúo buscando, porque cada noche aparece una nueva esperanza y un nuevo sol por la mañana. Deseo tenerte en mi vida y descubrir así si he alcanzado lo que tanto he buscado.

CONTIGO A MI LADO...TENÍA UN TROZO DE CIELO
SIN TI EN MI VIDA...SOLO VIVO UN CALVARIO