Mi corazón se clava en el silencio de la noche. Cuando estoy naciendo, es que en verdad muero a lo eterno del tiempo que empuja mis pasos a lo insondable del vacío de mi alma. Y ahora comprendo que el paso equivocado y erré así mi camino. Destino traicionero que me muestras lo que no puedo poseer. Me niego a retener esa lágrima, que supo un ser hacer surgir, de lo mas seco que había en el viento que en murmullos me hablaba y de aventuras insondables me contaba. ¡Calla…mal me pagas corazón que te marchitas ante la belleza de lo que no logras retener! El tiempo me pasa, sin que lo logre conservar, mis manos, una vez más, se quedan vacías. La voz del ave no canta ni las olas del mar, mecen la aurora que se pierde en el horizonte frío, de un desamor otoñal.

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