Hoy me arrojé a un abismo. Es que debía vencer ese temor que nacía en mi estómago, recorría mi cuerpo para morir en mi corazón. Así que me quite los zapatos (no lo hice con las manos sino con los mismos pies), luego el buzo que llevaba puesto (es que era de lana y pensé que luego me pesaría mucho), hacía frío. ¡Qué raro! recién en ese momento lo noté. Me acerque a la orilla, miré hacia abajo, era un largo trecho el que debía recorrer. Por alguna razón de a rato todo parecía más distante. Creí que algunos de mis amigos me persuadirían de hacerlo. Pero no. Al contrario, parecían excitados con la exhibición que les prometía. – parate acá- (decían unos)- no mas allá- (me gritaban otros). “Si les parece tan buen lugar por qué no se tiran ellos desde ahí”. Pensaba sin responderles nada y escogiendo por mí misma el sitio justo para arrojarme. Finalmente luego de cambiar varias veces de lugar, lo hice. Me arrojé. Mientras caía el frío helaba mi cara, las tripas crujían y parecía que se saldrían de mí. No sabía como poner las manos, si hacia atrás pegadas en mis piernas o extendidas hacia delante como lo hacía superman. En fin. Las coloqué hacia el frente. El tiempo pareció desaparecer, y todo corría rápido y a la vez muy lento. Ya no escuchaba las voces de mis amigos, pero sí la de las personas que estaban debajo…eran solo murmullos, pero podía oírlas. Finalmente llegué al agua. No creo haber caído donde lo había planeado. Hacía frío y no lograba respirar. El agua me pesaba demasiado me era muy dificultoso nadar. Parecía como si estuviera en medio de un pozo de arena y no tenía fuerzas para avanzar en él. Comencé a hundirme, me entró pánico. No estaba entrando aire a mis pulmones, sino arena que al hacerlo raspaba mi garganta lastimándola tanto que no lograba emitir sonido para pedir auxilio. “¿Dónde estaban los amigos que tanto me habían alentarlo para hacerlo? En éste instante necesito la mano de alguien, el que sea.” Maquinaba mi mente, en lugar de concentrarse en salir de dónde nos encontrábamos. No me quedaban fuerzas, decidí darme por vencida, el dolor por la falta de oxígeno y la arena dentro de mi era demasiado. Podía sentir como las lágrimas mojaban mi cara. Finalmente en un último esfuerzo miré el sol, deseaba sentir su calor por última vez. Era cálido. Cerré mis ojos y me dejé ir.


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