Sabes todo lo que eres,
lo que representas
mas que el cielo o las estrellas
mira, observa; aquí estoy
soy yo
coexisto en ti, por ti y para ti
me convierto en parte del viento
o en moléculas de nada
vacío que se aleja
y se quiebra en tu olvido
para desaparecer con la bruma
lo que fui
se queda en tu ser
y una vez mas…
sin ti muero
pero es por ti
por quien vivo.





Dime... dithu... ¿por qué naufragaron las letras? y entre papeles en blanco se marchitaron las promesas... sin señales, desaparece el sol que una vez te abrigó...¡sabes lo que sufre mi corazón! y aún así... callas...¡ música ensordece mis sentidos! ¡letras...maten su recuerdo! que no hay día después de mañana...por siempre y un día mas... fin.
Uno de éstos días
al intentar darme una caricia
verás que ya no me tienes a tu lado
y para lograr olvidar tanto amor que te di,
deberás volver a nacer.
Porque sigues viendo
la luz de esa estrella que dejó de existir,
mientras yo
me apago
en la soledad
de tu indiferencia.



¿Les ha pasado estar en esas situaciones donde van avanzando, dando un paso tras otro y todo en ustedes les decía “¡peligro no avanzar!”?... ¿Y qué fue lo que hicimos? justo eso que nuestro cuerpo nos gritaba no hacer…avanzamos. Hacemos eso que sabíamos estaría mal, nos traería problema o nos haría saber verdades que preferiríamos ignorar. Locuras inexplicables, como creer en alguien cuando todo d...entro de nosotros nos dice que no debemos hacerlo. Amar con todo el corazón, cuando nuestra mente nos grita ¡PELIGRO…PELIGRO! ¿Por qué hacemos tales cosas? ¿Por qué le decimos a alguien “te necesito”, si sabemos no es capas de comprender la magnitud de tal palabra, suplica, ruego, desnudes espiritual? Sí. Porque es eso lo que hacemos cuando exponemos nuestras necesidades ante otro, cuando entregamos nuestro corazón sin reservas, cuando nos entregamos en cuerpo y alma. Nos desnudamos, de una manera que solo un alma digna o una mente sobresaliente es capas de entender. Pero son pocos los que comprenden la entrega o la simple diferencia entre querer y amar.
Creo que los seres humanos vemos el fuego y corremos hacía él, por que además de ser peligroso, nos abriga, nos da seguridad y aleja los temores de la noche obscura. Tal vez corremos hacía eso que (que al igual que el fuego) nos da consuelo y al mismo tiempo hace daño. Necesitamos del primero pero el segundo, es parte inexorable de él. No puede evitar ser como es. Así como nosotros no somos capaces de alejarnos de lo que nos hace daño, de aquellas personas que nos fallas sistemáticamente o que simplemente no han sabido valorar lo que con las manos extendidas y abiertas les supimos dar. A veces quizá no se pueda lograr encontrar quien tiene la razón, quien actuó bien o mal, o quien fue capas de hacer sufrir más al otro. Debemos entender que todos tenemos éste hermoso calidoscopio, por donde cada uno mira su propia vida y cada vida contiene una verdad. Ninguna persona es más o menos, solo tiene una diferente visión, una en la que el otro (y no uno) es el responsable de los daños causados a nuestra alma. Por lo mismo es importante no perder tiempo buscando culpables, pero sí es bueno alejarnos de lo que lastima, antes de que el daño, sea irreparable
.


Acaban las sombras de recorrer el río. Simulan que navegan veo que lo hacen sin rumbo, sin brújula. Tal como lo hago yo.

Fingen las nubes llevar agua a las tierras secas, vacías de pasión. Tal como deseo que mis lágrimas den vida a mi alma. Esencia infértil, colmada como el sol.

Las letras que se ahogan en ese torrente que no permite a mi sombra navegar, sueñan con el cielo que las abriga, donde vive su espíritu.

¿Espíritu?

Hálito que vive, combate, sueña, crea. Existe.

Los recuerdos encadenados en mi mente. Recuerdos de esos besos que los labios marchitos ya no darán. ¡Amar! Lo que mi corazón ya no hará.

Las fantasías que recorren el universo, y él que ya no es mío.

¿Puede el abismo pertenecerle a la rivera?

Los colores en las paredes de mi habitación, se mezclan, dibujan en ellas estrellas y una luna que me pueda amparar. La humedad intenta rechazar tal irrealidad. Se vuelve violenta la tempestad. Me queda un día, solo uno para seducir.

No logro hoy pensar, razonar.

Solo una pena logra a la orilla llegar. Ya no seré lo que fui. No seré su otra mitad, ni la sombra que camina junto a la suya.

No le preguntaré -¿me amas?

Sé que su respuesta es…

Mejor continúo navegando, buscando, esperando.

No habrá nebulosas que discernir, ni luz que sepa iluminar.

No hay sombras en el barco aquel. Ya no.

Las locuras envueltas en una suave brisa, me sepan tal vez guiar. ¡Lo busqué tantos amaneceres, lo esperé tantas primaveras! Y llega en mi invierno, se marcha para dejarme en la noche más oscura, fría y solitaria.

No habrá nada que pueda mi mano ofrecerle, nada que dese su corazón.

Rechazará su mirada la mía. No buscará enamorarme. Solo continuar un viaje que comenzó solo.

Y sola lo terminaré.




¿Les ha pasado estar en esas situaciones donde van avanzando, dando un paso tras otro y todo en ustedes les decía “¡peligro no avanzar!”?... ¿Y qué fue lo que hicimos? justo eso que nuestro cuerpo nos gritaba no hacer…avanzamos. Hacemos eso que sabíamos estaría mal, nos traería problema o nos haría saber verdades que preferiríamos ignorar. Locuras inexplicables, como creer en alguien cuando todo dentro de nosotros nos dice que no debemos hacerlo. Amar con todo el corazón, cuando nuestra mente nos grita ¡PELIGRO…PELIGRO! ¿Por qué hacemos tales cosas? ¿Por qué le decimos a alguien “te necesito”, si sabemos no es capas de comprender la magnitud de tal palabra, suplica, ruego, desnudes espiritual? Sí. Porque es eso lo que hacemos cuando exponemos nuestras necesidades ante otro, cuando entregamos nuestro corazón sin reservas, cuando nos entregamos en cuerpo y alma. Nos desnudamos, de una manera que solo un alma digna o una mente sobresaliente es capas de entender. Pero son pocos los que comprenden la entrega o la simple diferencia entre querer y amar.




Creo que los seres humanos vemos el fuego y corremos hacía él, por que además de ser peligroso, nos abriga, nos da seguridad y aleja los temores de la noche obscura. Tal vez corremos hacía eso que (que al igual que el fuego) nos da consuelo y al mismo tiempo hace daño. Necesitamos del primero pero el segundo, es parte inexorable de él. No puede evitar ser como es. Así como nosotros no somos capaces de alejarnos de lo que nos hace daño, de aquellas personas que nos fallas sistemáticamente o que simplemente no han sabido valorar lo que con las manos extendidas y abiertas les supimos dar. A veces quizá no se pueda lograr encontrar quien tiene la razón, quien actuó bien o mal, o quien fue capas de hacer sufrir más al otro. Debemos entender que todos tenemos éste hermoso calidoscopio, por donde cada uno mira su propia vida y cada vida contiene una verdad. Ninguna persona es más o menos, solo tiene una diferente visión, una en la que el otro (y no uno) es el responsable de los daños causados a nuestra alma. Por lo mismo es importante no perder tiempo buscando culpables, pero sí es bueno alejarnos de lo que lastima, antes de que el daño, sea irreparable.


Aturden los sonidos del silencio. Se marchita la imagen que aparece en el reflejo de ese espejo que miro cada mañana. Y se apaga la luz de la mirada en la que una vez te hallaste. Y esa guitarra se guarda el viejo sonido, que de ella ya no se escuchó. No supo expresar la melodía que del alma nacía. Y así poco a poco las puertas se han cerrado, la vela se ha apagado. La obsesión por ser eso que nunca nadie soñó, dejó de ser. Escucho las últimas palabras de la razón, y una vieja trova me habla de amor. Uno que no fue, “esos son eternos” (escuche decir una vez) un amuleto hace que conserve la calma, mientras se escapa el más débil de mis suspiros. Me pregunto… ¿Quién permanecerá? ¿Quién a la última hora de mi noche vendrá? Los amores que juraron, son ahora voces que se marchitan junto a esas palabras que no lograron renacer. ¡Tantas expresiones…arrojadas a la nada!

Lo complejo de la vida que se torna banal. Alguien que me ve, pero no sabe lo que represento y no logra adaptarse a los mandatos que éste mundo da.

Desparezco, vuelo, dejo de ser

Mírame, no bajes la vista.

Permite que te abrace, siente mi calor.

-¿Lloras? ¿Por mí?

No, por mí no.

Amanece.

Ya no soy.




En el umbral de la noche, junto a la fuente de la vida. Se encontraba.


Escudriñaba en sus pensamientos, si era su vida un capricho del destino, un camino mal trazado…o solo un conjunto de meras coincidencias.


“Opciones”. Pensó. Las diferentes opciones que había tenido en la vida, las que había escogido y aquellas (que sin saber que resultado le darían) dejó pasar.



En fin. (Suspiró en voz alta) Lo hecho, hecho está. “¡Gran frase!” se dijo. Jamás mejor empleada.



En éste momento le resultaba paradójico, que habiendo deseado aislarse del mundo se adentró más a él. Y deseando no lastimar a nadie, al parecer era lo que más había conseguido hacer.



Con la dicha de hallarlo, llegó la agonía de un error. Con la pasión de un beso, el reproche de un adiós.



La noche avanzaba. ¡¿Por qué así de serena no continuaba su vida?!



Pensamientos mal sanos de un ser que solo hiere. Y deseos de una piel que en forma mezquina siente y desea. Miradas profundas en las que deseaba hundirse. Voces cálidas que ahuyentaban de su mente los demonios que la atormentaban incesantemente.



Ni el día es eterno, ni perpetúa la noche. No se obtiene lo que se quiere, tan solo por desearlo.



El frío calaba sus huesos. Y el cuerpo inerte poco a poco apagaba la luz de su esencia. No se movería, no correría a buscar ayuda. Desaparecería con la niebla de la mañana y dejaría de existir su ser. Prefería el silencio de lo eterno, de eso que nadie sabe con certeza si hay o no, al cerrar el telón de la vida. Se arriesgaría, a arrojarse a los brazos de la nada en lugar de permanecer en la ausencia de su presencia. Infinitas imágenes venían a su mente, que calaban hondo en su corazón y hacían que naciera una lágrima más. El dolor desgarraba lo que sentía como su alma y la herida en su cuerpo apagaba su respiración. “Una inhalación mas”. Pensaba. Y será la última.



Al salir el sol, la hallaron. Un cuerpo frío, una lágrima de cristal en su rostro, un libro en su mano y de él, una rosa que se dejó caer.