La noche estaba fría, pero a él no le importaba. Necesitaba caminar y más que nada olvidar, olvidarla en realidad. 
Subió mas el cuello de su saco, colocó las manos en los bolsillos del pantalón. 
Continuó su paso. 
Miró para ambos lados antes de cruzar. 
Igual no había nadie en la calle a esa hora… “con este frío”- pesó 
Cualquier pensamiento vano que le llenara la mente era mejor que pensarla. Pateó una lata. 
Hacía un año que la conocía. ¿O hacía más tiempo? No era bueno para recordar fechas. 
Solo recordaba que había sido un domingo. Se sonrió. 
¿Por qué había entrado a ese lugar? ¿La buscaba a ella o a alguien más? – “que idiota”- se respondió.- si a ella aún no la conocía. 
Había sido un domingo aburrido como tantos otros, solitario como la mayoría de sus días. 
¡Maldito frío! Su voz se perdió a lo lejos y la noche repitió su eco. 
Vio la luz de un bar. Se apresuró en llegar. 
Sus ojos se abrieron más grandes haciendo un esfuerzo por divisar si continuaba abierto o no. 
Con el viento no lograba distinguir mucho. 
No le quedó otra, mas que acercarse. 
¡Qué bueno estaba abierto! 
Entro. 
Que calido se estaba ahí dentro. Busco una mesa. Solo dos o tres estaban ocupadas. 
Hizo una señal con la mano y se acercó un mozo con cara de cansado. 
Se quitó el saco lo colgó en el respaldar de la silla en la que estaba sentado y le pidió un café. 
Había sido una larga noche. Tantas noches habían sido largas. Aunque junto a ella todas habían sido demasiado cortas. 
Miró por la ventana, parecía que comenzaría a llover. 
Le gustaba verla caminar bajo la lluvia, cada vez era especial para ella. Parecía que nunca se cansaba de las gotas de agua que el cielo le regalaba. 
Tampoco se cansaba cuando él le leía. Sonrió nuevamente. 
La recordó con los ojos cerrados, recostada junto a su cuerpo mientras él leía. Cuando creía que se había dormido y dejaba de hacerlo ella decía – continúa por favor…- su voz sonaba casi como un susurro. 
- ¿Aún no duermes amor?- preguntaba con su garganta seca. 
- No. Anda vida léeme un poco mas…porfa…rey continúa. — 
Y sabía exactamente que decir y como hacerlo, de modo que a él le fuera imposible negarse. Y continuaba leyendo hasta que en algún momento ambos se quedaban dormidos. 

- su café. – el mozo lo extrajo de sus pensamientos, del recuerdo del calor del cuerpo femenino junto al suyo. El olor de su piel aún continuaba en él. 
Rozó las palmas de sus manos entre sí. 
Es que parecía que aún podía sentirla. Cerró sus ojos, así lograba escuchar su risa, veía su mirada. Le gustaba la forma en que se acomodaba perfectamente en el cuerpo de él. Parecían ser dos mitades de una misma pieza. 
Las veces que le dijo “te amo” y ella callaba. 
Estaba herida lo sabía. 
Algún idiota la lastimó, rompió sus ilusiones y su corazón también. 
Deseaba ser quien lograra borrar cada una de esas tristes huellas. 
Levantó la cuchara, revolvió el café. Llevó el posillo hasta su boca, tomó un sorbo. Estaba bien. 
Le fascinaba como lograba hacerlo sentir. Como tocaba su cuerpo, como algunas veces las cosas más insignificantes la hacían sonrojar y como otras era tan atrevida. Como jugaba a seducirlo y como él fingía ser inmune a sus encantos (algo imposible en verdad) 
Sonrió de nuevo. Y esta vez su sonrisa fue amplia. 
- “Te amo”- decía él 
- “Je t’aime” – decía ella 
Le dolía que lo hiciera así. 
Pero en ese momento creyó que eso era mejor que nada. 
No lograba comprenderla siempre lo sabía. 
A veces era dulce, cariñosa, lo cuidaba y aunque no le decía en español que lo amaba. Hacía cosas que le demostraban que así era. 
Cuando se alejó de ella creyó que moriría. 
Un par de veces la llamó, hasta que por fin opto por borrar su número. Tomó su teléfono en ese momento buscando algún rastro olvidado de ella. 
Pero no. 
Nada. 
En un arranque de locura o de lucidez había borrado todo lo que hacía que la recordara. 
Sus mensajes, su número y hasta las canciones que una vez fueron de ambos. 
Moría por escuchar su voz, por saber de ella. 
No lo haría. No la buscaría. 
Tal vez era dignidad o solo orgullo. ¡Quien sabe! 
Debía resignarse. 
De seguro la había lastimado. Con certeza, ahora el idota era él. 
¿Pero ya qué? 
No resulto. No era el tiempo ni el lugar. Tal vez ese amor que él creyó especial fue solo un amor más en la historia de la humanidad. 
Y en un tiempo nadie lo recordaría ni él, ni ella. 
O quizá nunca fue amor. ¿Fue amor?
Ella decía que no, que él jamás la había amado. 
Pero… 
- La cuenta. 
Buscó en uno de los bolsillos del pantalón. Sacó un billete, lo colocó en la bandeja del mozo, corrió la silla hacia atrás. Al ponerse de pie, acomodó con un dedo los lentes sobre su nariz, se puso el saco. 
Miró una vez más la mesa. Había escrito su nombre con el azúcar. Pasó la mano rápidamente y lo borró. 
- por suerte ya no llueve.- le dijo un hombre al llegar a la puerta el cual no se decidía a salir o a entrar. 
- Sí…es una suerte- le respondió. 
- De seguro hoy será un buen día. 
Lo miró a los ojos, es que no lo había hecho antes. 
- así es. De seguro que hoy será un buen día. 
Cerró su saco todo lo que pudo, abrió la puerta y se marchó. 
Ya estaba amaneciendo.
 





Letras que naufragan entre un “no sé” y un “por qué” 
Escaparates de papel y sombras que se pierden entre el tropel de nubes que se secan sin hallar donde descender. 
Sequías constantes de palabras de adhesión. 
Artilugios de la mente que divaga entre lo que fue y lo que jamás será. 
Noches sanadoras de almas navegantes de respuestas sin preguntas realizas. 
Amores abortados 
Y espíritus que buscan a lo que era parte de su pasado. 
Batallas efímeras que le pelea el espíritu, por conseguir un poco de luz. 
Nuevamente me hallo y te pierdo. 
Y al perderte me encuentro sin nada. 
Las sinrazones de tu presencia y la maldita angustia de tu silencio. 
Se ahogan los gritos que no doy, 
Veo morir poco a poco las palabras que no serán dichas, las que callé y esas que no dijiste. 
Por temor… ¿a qué? Si de todos modos dejo de ser. 


Una vez, soñé que te hallaba...entonces desperté
Y al hacerlo y no verte a mi lado pregunté por ti...
-¿por quién?- inquirieron extrañados.
- ¡Por mi amor! - respondí sonriendo.
- No hemos visto a nadie con esa descripción.- Me dijeron
Suspiré. Y en el suspiro la dicha se fue y la inquietud se apoderó de mí.
Pero en la noche al dormir otra vez, allí estabas. Fue cuando supe, que solo en sueños, te encontraba. 


Amor sin nadie…¡vaya cosa triste!
Sin nadie a quien abrazar,
Sin nadie a quien mirar, o sentir.
Amor ausente, sin besos que recibir,
Sin caricias que brindar…
Amor sin amor…¡triste dolor!
que se muere en una noche y nos deja sin un después.






Afuera llueve, y yo, sigo pensando...
en esas nubes que pasan y dejan caer despreocupadas su lluvia.
Pienso en el roce de las gotas de agua sobre la seca tierra
 cierro los ojos para percibir el perfume que me regala al ser besada. 
Afuera llueve, y yo,
pierdo mi tiempo,
en el resguardo de mi casa.
Mis pies se apresuran a correr tras el viento y ser llevados así,
al mismo destino que los suspiros.
Y perderse en el olvido al igual que la lluvia que cayó ayer.
Afuera llueve, y yo,
queriendo salir a percibir la brisa, el toque de la humedad sobre mi rostro
y el frío del silencio del tiempo que pasa.
Afuera llueve, tarde gris si las hay, tormentosa y solitaria. 
¡Como tantas otras, que se han olvidado!
Afuera llueve, y yo,
sigo aquí,
percibiendo el mundo desde mi ventana.


Su cuerpo desnudo permanecía recostado sobre la cama desarmada. Desde donde me encontraba, recorría (junto con la luz) cada centímetro de su piel. Comencé observando cómo caía su mano, rodeando primero su cuello para   terminar en su nuca. Y su cabello   ¡tan desordenado en ese momento! (Me sonreí) es que dejarlo enmarañado era mi deleite. Cerré mis ojos, aspiré su aroma hasta que ya no cupo en mis pulmones. ¡Qué deleite mas placentero era olerlo! Luego de llenarme de él, nuevamente comencé a recorrer su columna, bajé poco a poco por su espalda aún sin moverme de la esquina de la habitación donde me encontraba, al tocar mis labios con los dedos, sentí la textura y suavidad de su piel. Mordí entonces, mi labio inferior, es que en ese momento sentí el impulso de arrojarme sobre la cama, para hacer realidad (lo que hasta entonces) era solo una fantasía. Pero no lo hice, me divertía más, el hacerlo en mi mente. Así que contuve mis ansias y continúe, recorrí su espalda.
En ese momento pareció que él soñaba lo que yo imaginaba   ya que se movió y vi una sonrisa en su rosto.
¿Acaso sabe lo que mi mente perversa imagina hacerle a su cuerpo?
Sonreí, baje la vista. No. Aún no lo imagina. Aún.
Y continúe besándolo. ¡Se ve tan hermoso cuando duerme!
Cuando su mente reposa y poco a poco sale su respiración. Puedo sentir la tibieza de su piel, la suavidad de sus besos el aroma de su aliento. Todo, sin que él se dé cuenta.
Me adueño de su cuerpo, su ser en ese instante me pertenece, en ese segundo le pertenezco. ¡Es tan placentero sentir que solo estamos nosotros dos en el mundo!
Sacudí mi cabeza intentando regresar a mis pensamientos impúdicos… ¿en qué estaba? ¡Ah sí!... en su espalda.
La luz es ahora más tenue, parece que alguien hubiera pintado sobre su cuerpo una sombra y eso lo hace aún (al menos ante mis ojos) más perfecto.
“Suspiro”. Hasta hace tan solo un momento atrás, sus manos     me rodeaban, llenaban de placer mi cuerpo como mis besos el de él. Y ahora, esta ahí tan calmo, tan sereno. No se imagina lo que le espera.
Qué bueno que en éste momento se encuentra boca arriba. Ya que en mi mente busco la forma de comenzar a besarlo sin despertarlo. Acaricio su frente, bajo por sus ojos (todo muy suave) llego a su mejilla, respiro en ella sin tocarla. Bajo a su cuello y es entonces cuando me percato que olvidé su boca. Regreso sobre mis acciones y llego al cito deseado.  El verme ahí, hizo que sintiera la necesidad de humedecer mis labios. Luego de hacerlo, los apoyé muy lentamente sobre los de él. Fue un roce apenas. Nuevamente aspiré su fragancia. Todo lo que le pertenecía me extasiaba y maravillaba.
Subí mis pies al sillón que me servía de refugio mientras continuaba maquinando el recorrido por el cuerpo de mi amor.
Dormido mi caballero, permanecía inmóvil, mientras ésta mujer lo observaba sin poder creer que un ser tan maravilloso se encontrara en su lecho. Su boca se me hizo deliciosa, tanto, que el impulso de besarlo se apoderó por completo de mi. Ya no me resistí, puse mis pies descalzos sobre el suelo frío, arrojé la manta que cubría mi cuerpo desnudo y me acerqué poco a poco a la fuente de mi deseo.
- ¡Te amo!- le susurré al oído sabiendo que su inconsciente sería quien me escucharía.
-  ¡Yo más!- respondió él sin abrir sus ojos.
-  ¡Tramposo!- dije- creí que dormías.
-  Estaba imaginando que recorría tu cuerpo.
- ¡qué coincidencia!- respondí. Mientras comenzaba a hacer realidad mi fantasía - yo imaginaba lo mismo. Y abrió sus ojos, me reflejé en su mirada, respiré profundo, sonreí llena de felicidad. Él me abrazo por la cintura y arrojó mi cuerpo a la cama quedando sobre mí.
- Te voy a mostrar lo que imaginé- dijo… y otra vez, la realidad que supera con creces a la ficción.                                                            


Extrañar  es nada…  en comparación a lo que siento. Se ahogan las lágrimas nacidas de la melancolía, surgidas del olvido que no  alcanzo.
Artilugios de la mente que no consigue dejar en el tintero tu nombre, y quimeras que mi alma no  ha logrado conquistar.
Amor carente de sombra y colmado de dolor.
Nacer de la apariencia, llenarme de ti, para quedarme otra vez en el vacío del universo que se expande, sin tu pasión.
Te olvidas de mí, de lo que te di. Mientras que mis labios no logran arrancarse tus besos, ni mi piel consigue apagar el deseo que le inspira tu ser.
El tiempo es inexistente, los segundos eternos ninguna invención sana la herida de no tenerte. ¿Por qué te dije adiós, si solo anhelo permanecer en ese nido que son tus brazos?
Atrapada en los ensueños donde eres feliz, donde nada es absurdo  (aunque todo parezca serlo) me quedo en tu amor.
Y lograr así ser “una”, con la gota  que cae por tus mejillas, ofrenda que exige Hados por cruzarme en tu final.
Ilusiones que comienzan de lo casual, pactando lo que se cree eterno. Tan solo para descubrir que a pesar del silencio que desgarra las voces del corazón, “hoy también”. Podemos permanecer sin hablar y diciéndonos todo