Su cuerpo desnudo permanecía recostado sobre la cama desarmada. Desde donde me encontraba, recorría (junto con la luz) cada centímetro de su piel. Comencé observando cómo caía su mano, rodeando primero su cuello para   terminar en su nuca. Y su cabello   ¡tan desordenado en ese momento! (Me sonreí) es que dejarlo enmarañado era mi deleite. Cerré mis ojos, aspiré su aroma hasta que ya no cupo en mis pulmones. ¡Qué deleite mas placentero era olerlo! Luego de llenarme de él, nuevamente comencé a recorrer su columna, bajé poco a poco por su espalda aún sin moverme de la esquina de la habitación donde me encontraba, al tocar mis labios con los dedos, sentí la textura y suavidad de su piel. Mordí entonces, mi labio inferior, es que en ese momento sentí el impulso de arrojarme sobre la cama, para hacer realidad (lo que hasta entonces) era solo una fantasía. Pero no lo hice, me divertía más, el hacerlo en mi mente. Así que contuve mis ansias y continúe, recorrí su espalda.
En ese momento pareció que él soñaba lo que yo imaginaba   ya que se movió y vi una sonrisa en su rosto.
¿Acaso sabe lo que mi mente perversa imagina hacerle a su cuerpo?
Sonreí, baje la vista. No. Aún no lo imagina. Aún.
Y continúe besándolo. ¡Se ve tan hermoso cuando duerme!
Cuando su mente reposa y poco a poco sale su respiración. Puedo sentir la tibieza de su piel, la suavidad de sus besos el aroma de su aliento. Todo, sin que él se dé cuenta.
Me adueño de su cuerpo, su ser en ese instante me pertenece, en ese segundo le pertenezco. ¡Es tan placentero sentir que solo estamos nosotros dos en el mundo!
Sacudí mi cabeza intentando regresar a mis pensamientos impúdicos… ¿en qué estaba? ¡Ah sí!... en su espalda.
La luz es ahora más tenue, parece que alguien hubiera pintado sobre su cuerpo una sombra y eso lo hace aún (al menos ante mis ojos) más perfecto.
“Suspiro”. Hasta hace tan solo un momento atrás, sus manos     me rodeaban, llenaban de placer mi cuerpo como mis besos el de él. Y ahora, esta ahí tan calmo, tan sereno. No se imagina lo que le espera.
Qué bueno que en éste momento se encuentra boca arriba. Ya que en mi mente busco la forma de comenzar a besarlo sin despertarlo. Acaricio su frente, bajo por sus ojos (todo muy suave) llego a su mejilla, respiro en ella sin tocarla. Bajo a su cuello y es entonces cuando me percato que olvidé su boca. Regreso sobre mis acciones y llego al cito deseado.  El verme ahí, hizo que sintiera la necesidad de humedecer mis labios. Luego de hacerlo, los apoyé muy lentamente sobre los de él. Fue un roce apenas. Nuevamente aspiré su fragancia. Todo lo que le pertenecía me extasiaba y maravillaba.
Subí mis pies al sillón que me servía de refugio mientras continuaba maquinando el recorrido por el cuerpo de mi amor.
Dormido mi caballero, permanecía inmóvil, mientras ésta mujer lo observaba sin poder creer que un ser tan maravilloso se encontrara en su lecho. Su boca se me hizo deliciosa, tanto, que el impulso de besarlo se apoderó por completo de mi. Ya no me resistí, puse mis pies descalzos sobre el suelo frío, arrojé la manta que cubría mi cuerpo desnudo y me acerqué poco a poco a la fuente de mi deseo.
- ¡Te amo!- le susurré al oído sabiendo que su inconsciente sería quien me escucharía.
-  ¡Yo más!- respondió él sin abrir sus ojos.
-  ¡Tramposo!- dije- creí que dormías.
-  Estaba imaginando que recorría tu cuerpo.
- ¡qué coincidencia!- respondí. Mientras comenzaba a hacer realidad mi fantasía - yo imaginaba lo mismo. Y abrió sus ojos, me reflejé en su mirada, respiré profundo, sonreí llena de felicidad. Él me abrazo por la cintura y arrojó mi cuerpo a la cama quedando sobre mí.
- Te voy a mostrar lo que imaginé- dijo… y otra vez, la realidad que supera con creces a la ficción.                                                            

2 Responses
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  2. Francisco Hervás Says:
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