08/07/2012 
                                                                                             Querido diario:

Hoy me es difícil comenzar a escribir. No porque no tenga que decir, sino por el contario. ¡Tengo tanto dentro de mí! que no sé por dónde comenzar. 
Veamos… el principio. ¿Cuál se supone que debe ser el principio? 
Bueno, abrí los ojos. (Claro si no fuera así no habría que decir). Sonaba la misma canción que he decidido poner ésta semana para despertar. “cuando un amor comienza…” honestamente no tenía ganas de salir de la cama. Hace mucho frío por estos días, me dormí muy tarde y no deseaba tener que pensar. 
Entonces me dije a mí misa… “que pase el tiempo…que avance y me haga olvidarlo, deseo despertar en el momento en que ya no duela”… y esperé en silencio unos segundos. No sé qué, tal vez escuchar una voz diciéndome “concedido”, o ver pasar las escenas de mi vida en cámara rápida y que por fin el tiempo transcurriera como por arte de magia. Al notar que no pasaba nada, chasquee mis dedos, pero tampoco hubo luces de colores ni humo. Toco entonces ponerme de pie, ducha, café y salir. Mientras caminaba hacia la parada del ómnibus (bajo esa llovizna molesta que te congela hasta los huesos) trataba de recordar cómo fue que me metí en todo esto. Terminamos una relación (buena o mala) y quedamos mal, pensamos que jamás nos recuperaremos nuevamente. Salimos, nos divertimos, ponemos empeño en el trabajo, los estudios, llenamos nuestras horas de proyectos, tan solo para no pensar en cuanto nos duele el corazón. 
El ómnibus llegó lleno como siempre a esa hora, pero por lo menos había un asiento desocupado. Coloque los audífonos en mis oídos, ¡bendito invento que nos permite llevar nuestra música a todas partes para poder aislarnos del mundo! Cuando creí que mi vida estaba por fin en orden, apareció él. Con su mirada dulce, su sonrisa tierna y otra vez puso mi existencia de cabeza. Ayudó a sanar las heridas de amores pasados. Nuevamente comencé a creer, a llenarme de planes de sueños, de esas ilusiones que había olvidado. Tenía un cuerpo en el cual refugiarme y uno al cual dar de mi calor. Pero no sé si algo está mal en mí o es que simplemente tengo mal ojo, para escoger de quien enamorarme. Sí ya sé, no se escoge, simplemente pasa. El asunto es que me enamoré de él. Creí que por mi experiencia anterior sabía todo sobre el amor… ¡ERROR!… me di cuenta (tarde por supuesto) que no sabía nada. Que todo lo perfecto que encontré en éste hombre, se desvaneció ante mis ojos en un par de meses. 
Cuando por fin llegué a mi trabajo, la llovizna se había detenido. De todos modos poco me importaba mojarme o no. Sentía tanto dolor en mi piel, que tal vez de ese modo se mitigaría. 
Almorcé como siempre con Silvia, me contó de todos los planes que tiene con su novio, de lo maravilloso que es y de lo genial que la pasan en la intimidad. Hace dos años que están juntos y cada vez que los veo parece que solo llevan tres meses. ¿Será posible amar de ese modo durante mucho tiempo? Él la espera siempre a la salida del trabajo, si es verano con una flor que corta de cualquier parte, si es invierno con una campera en su brazo que le pone en cuanto le da un beso. ¡Es increíble como se cuidan! 
Por la tarde el trabajo se complicó un poco pero nada que no se pudiera resolver con paciencia. Algo de lo que mi jefe carece, pero como yo no estaba de ánimos de aguantarlo, no le llevé el apunte y seguí con mis cosas. A los minutos fue a molestar a alguien más. 
A veces reviso el celular para ver si hay mensaje de él. Por supuesto que no hay nada. Me da algo de tristeza. Es que se extrañan las muestras de cariño, pero también reconozco que se siente un gran alivio, no estar pendiente de alguien que sabes no es para vos. Hoy creo que a veces herimos sin buscarlo, sin siquiera pensar en ello. Tal vez sea el miedo que sentimos de estar solos lo que nos lleva a quedarnos junto a esa persona que no nos ama como deseamos, como necesitamos, pero más que nada, tal vez, ni siquiera nos ame. 
Cuando llegué a casa, estaba fría como todos las noches, encendí las luces, la calefacción, puse algo de música, un buen plato de sopa que tomé poco a poco en mi cocina. Recordé como rompí todas sus fotos, al principio era difícil, necesitaba verlo, escucharlo, sentirlo. Pero no sé si habrá sido mi orgullo, lo que llaman dignidad, tal vez amor propio o el saber que buscarlo de todos modos no valdría la pena. Así que no lo hacía. Pensaba en otra cosa, o en lo poco agradable que era cuando se lo proponía. Ahora que ha terminado éste día me parece raro, intento recordar todo ese amor que creí sentir por él, lo busco dentro de mí. No lo hallo. La música de su voz no me causa dolor, ni me entristece ver un instrumento lleno de polvo. Si miro sus cosas no me traen nostalgia. Tal vez mi deseo sí fue concedido después de todo. O quizá sea solo que un amor que no es alimentado ni correspondido tarde o temprano se muere. Y creo que por fin puedo enterrar al mío. Me toca respirar profundo y desear que algún día aparezca el indicado. (Si es que aparece) 
Por el momento es hora de dormir. Mañana me espera un día, muy largo. Es cumpleaños de una amiga, y ya sé, tiene un amigo de su novio para presentarme. ¡Así son los amigos! Siempre tienen a alguien que es “justo para vos”…
 



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