La muerte

Abrió los ojos pero todo estaba oscuro. No lograba respirar.
Trataba de recordar lo que le había llevado hasta ese momento.
Algo estrujaba su corazón. Sintió los besos cálidos que recorrían su boca y si bien aliviaban,  no calmaban del todo su dolor. El calor del sol comenzó a calentar su piel, pero no veía la luz, solo la sentía. Deseaba caminar pero sus pies perecían inmóviles, al menos eso le pareció. Tenía sed, su garganta estaba seca.
Cuando era niño temía a la oscuridad, su madre al darle el saludo de buenas noches siempre dejaba una luz encendida. Podía imaginar cómo los monstruos más horribles salían de debajo de su cama y lo arrastraban tomándolo de los pies para llevarlo a un mundo que no conocía en el que todo le era doloroso y difícil de entender.
Esta era su pesadilla hecha realidad. ¿Pero cómo? ¿Dónde estaba?
De pronto nuevamente lo invadieron sus recuerdos, la vio nuevamente, le sonrió y trató de llamar su atención. Por un segundo pensó que esa mujer tan hermosa no se fijaría en él por nada del mundo. Pero para su sorpresa sí lo hizo. Tragando un poco de saliva la invito a salir. Cuando ella respondió afirmativamente todo fue perfecto. Se esforzó en complacerla. La llevó a un lindo restaurante donde todo era excesivamente caro, hasta debió  prestado para pagar la cuenta. Quería impresionarla, pero no parecía estar funcionando ya que ella casi no probaba la cena mientras que él se moría de hambre. Más tarde con su voz dulce y serena le confesaría que no le había gustado el lugar, que la comida era poca y sin gusto que hubiera preferido una pizza pero que no quería quedar mal con él y por eso no le había dicho nada en ese momento.
Como regalo por el primer mes juntos le preparó  una deliciosa cena, le grabó una canción que también cantó en vivo mientras ella lo miraba como si él fuese el mejor artista del mundo. Esa noche hicieron el amor por primera vez. Pudieron haberlo hecho antes pero ambos habían acordado que esa primera vez debía especial. Y así fue. La fragancia femenina era totalmente embriagadora, su piel era todo lo suave que él había imaginado. Tomaron un poco de vino, y comenzaron a besarse. La deseaba tanto que podía sentir que su corazón se salía de su pecho de lo fuerte que latía. Ella temblaba, para ninguno era la primera vez, pero se sentía como si lo fuera, era nuevo,maravilloso y  mágico.

Su garganta estaba seca como aquella vez. Su corazón latía igual de fuerte y su cuerpo dolía en cada una de sus células.
Entrar en ella fue lo mejor que le pasó en la vida. Sintió ganas de llorar, pero se contuvo, no quiso que ella pensara que era un tonto. Pero cuando vio las lágrimas que caían por la mejilla rosada de quien estaba junto a su cuerpo, no pudo contenerse. Lloraron rieron todo al unísono, mientras sus cuerpos continuaban unidos y temblando sin poder contenerse.
¿Por qué no podía ver? ¿Dónde estaba la luz?
Intentó gritar, pero la voz no le salió. Tenía sed, una sed intensa, mientras tragaba saliva sentía como ese poco líquido rasgaba las paredes de su garganta como si fuera un cuchillo desafilado. El poder respirar se le hacía cada vez más dificultoso.
Cuando ella acepto casarse (¿ELLA?)  Su nombre estaba como en un pozo negro, no lograba recordarlo. O no podía, no quería. ¡Quién sabe! Cuando por fin la hizo su esposa fue el momento más feliz de su vida. Una pequeña casa, nada lujoso pero sí cómoda y llena del amor de ambos.
Ella trabajaba, estudiaba, y él… él vivía por y para ella.

Quiso mover las manos pero al parecer las tenía sujetas. Sus piernas tampoco respondían, sintió nauseas.
Algo cambió. Su mujer, su esposa y compañera comenzó a alejarse. Llegaba cada vez mas tarde y ya no lo besaba como antes. Algo simple sin duda, pero sus besos no eran los mismos. Él conocía como lo besaba y sabía que ya no lo hacía del mismo modo. Cuando la veía a los ojos no sentía la calidez en su mirada, por las noches su cuerpo se alejaba del suyo poco a poco  la distancia comenzó a notarse demasiado. Y él la extrañaba, la necesitaba y aunque estaban en la misma casa cada mañana, sentía que  algo la apartaba de su presencia.  Una noche ella no llegó  y la siguiente  noche a esa. Luego un día se volvió semana, la semana fue un mes.

Quería vomitar, sentía asco en su estómago sus ojos comenzaron a ver, pero de forma muy borrosa. Las personas hablaban a su alrededor, no entendía bien lo que decían pero escuchaba el murmullo. Sus manos no se movían, ni sus piernas, tampoco lo hacía su boca, y aún le costaba tragar.

Cuando por fin la encontró la vio feliz, como años anteriores cuando todo era perfecto entre ellos. Su primer impulso fue correr hacia ella, abrazarla, besarla decirle que todo estaría bien, que aún la amaba.  Pero al dar el primer pasó para ir hacia donde se encontraba su esposa. Algo lo detuvo, el verla en brazos de alguien más lo enloqueció. No eran simple celos, era rabia, dolor, era impotencia porque alguien más tenía todo lo que él amaba. Por lo que sin dudarlo daría la vida.  No se dio cuenta en qué momento había comenzado a luchar con aquel ladrón, y aún no recordaba como ella había terminado fría sobre un charco de sangre. Sí podía ver los constantes golpes que le había dado a aquel desgraciado que le arrebataba todo. Lo estrelló una y otra vez sobre el asfalto mientras ella gritaba.  ¿O ya no lo hacía?  Cuando alguien lo apartó de los cuerpos sin vida, pudo verse cubierto con la sangre de ambos. Luego las sirenas y la policía. Dijeron que ella murió casi instantáneamente de un solo golpe en su cabeza, al maldito lo había hecho sufrir un poco más.

Ese frío comenzó a recorrer sus venas.
Ahora comprendía. Él iría a buscarla. A donde fuese, o donde estuviera. Creían que era un castigo condenarlo a muerte, en realidad le hacían un favor. Ella lo había dejado sin nada, y como siempre supo, hasta su vida daría por el amor que esa mujer le hacía sentir y así lo hizo. La garganta ya no dolía, su cuerpo se sentía pesado y el asco del estómago por fin había desparecido. Intentaba recordar su nombre… ella… ella… y la oscuridad nuevamente.






Un amor no correspondido

Cuenta una leyenda muy antigua casi tanto que pocos la recuerdan. Que en el principio, todo era parte de lo mismo, que no había misterio, ni lenguaje que no se descifrara. En la inauguración de los tiempos, cuando el informarnos entre nosotros era cosa común, cuando el mar narraba de sus aventuras a las nubes y éstas a su vez se las contaban a las aves. Todo era parte del mismo todo, donde no había tiempo, vejez o individualidad. El cielo era un vasto lugar donde estrellas nacían juntas a su madre la luna. El sol cada día se llenaba de nuevas fuerzas, el viento corría por la faz de la tierra y los árboles eran habitados por miles de pájaros que soñaban en descubrir nuevos horizontes.
La luna madre cuidadosa y atenta de sus hijas comenzó a notar que una de ellas pasaba horas viendo hacia la tierra. Pero no se preocupó sabía que su pequeña era romántica y gustaba de las cosas terrestres, en lugar de aquellas que brillaban junto a ella.
La brillante estrella se descubrió día tras día viendo siempre el mismo cerro. Uno pequeño, que pocos habían observado pero que ella, sí había notado. Cada noche se posaba sobre él y lo observaba.  Intentaba brillar con más intensidad para llamar su atención deseaba con todo su ser que él la viera o por lo menos la percibiera un instante. Logró entonces brillar más que sus hermanas, lo que por supuesto hizo que ellas se enojaran, por creerla vanidosa y egoísta. Pero no notaron que era todo lo contrario, que era por el amor que estaba sintiendo hacia ese pequeño cerro lo que le daba fuerzas para ser diferente. Lo que la impulsaba a querer ser única y especial. No deseaba competir con sus hermanas todas ellas era maravillosas y las amaba, pero ahora, necesitaba llamar la atención del destinatario de amor.  Cuando sus hermanas se burlaban de ella por observar a un simple cerro que jamás hacía nada, que siempre estaba en el mismo lugar, que no podía brillar, ni iluminar a otros que ni siquiera podía ver más allá de su horizonte, la pequeña estrella solo se iluminaba con más fuerza y decía sin dudar que su cerro era único y hermoso.  
-       No es único ni hermoso- le dijo una vez una de sus hermanas- es simple y común hay miles mejor que ese allí abajo.
Con el paso de los días y de las noches y a pesar de todo su esfuerzo por ser notada. Nuestra pequeña notó con decepción que su cerro, jamás veía al cielo. Que   él, estaba muy ocupado viendo solo a su alrededor, jamás levantaba la vista, deseaba ver más allá de sus límites aunque creía que luego de él no habría mucho más que ver. Se concentraba en los árboles que crecían en sus dominios, veía lo jugoso de las frutas que nacían de ellos, o como estaba lleno de lindos animales, todos saludables gracias a él. Notó algunas veces que algo lo iluminaba por las noches. Seguramente alguien habría notado lo especial que era, lo maravilloso que en él se vivía y por lo tanto era digno de ser reconocido. No tenía tiempo de levantar la vista y ver quien le hacía semejante distinción, debía cuidar de sí mismo, de sus amigos, de plantas, su hierba y su agua.
El Sol que notó lo vanidoso de éste cerro, se enojó mucho y creyó necesario darle una lección, para que dejara de verse a sí mismo y notara un poco a los demás. Entonces comenzó a mandarle mucho calor, tanto que el césped del pequeño cerro comenzó a ponerse amarillo, los animales que habían corrido sobre él comenzaron a marcharse ya que no había nada para comer, los árboles comenzaron a dejar caer sus frutos y los hombres ya no venían a pasear en él. El cerro no podía creer que habiendo sido un día tan importante y bello ahora todos se alejaran de él, la tristeza lo invadió, ya no quería verse a sí mismo. Lo habían dejado solo así que comenzó a dejarse morir.
Cuando la pequeña estrella vio esto sintió que no podía permitirlo, debía ayudar a su amor, necesitaba hacer algo. Entonces le suplicó a su madre que la dejara bajar hasta su cerro, tal vez si ella hablaba con él, si lo ayudaba si…pero… el “no” fue rotundo. Ella no tenía permiso de bajar a la tierra. “Eso era una locura, un disparate, una estrella jamás debe ir a la tierra”. Le respondió su madre. La pequeña estrella intento convencer a su madre, diciéndole que algunas de sus hermanas sí han bajado, que ella las había visto caer. Pero la Luna sería y sin dejarse convencer, dijo que “esas” ya no eran sus hijas.
La pequeña no sabía qué hacer, veía como poco a poco su cerro cambiaba el verde lleno de vida que una vez tubo por un amarillo triste y seco. Al ver que su amor se moría y ella era incapaz de ayudarlo, Estrellita comenzó a llorar. Lloraba cuando su padre el Sol estaba presente y se suponía ella debía dormir. Lloraba junto a su madre que se mantenía firme en su decisión y lloraba mientras sus hermanas jugaban y reían. Tanto y tan intenso fue su llanto que sus lágrimas comenzaron a caer a la tierra. Y como ella siempre estaba observando a su cerro las lágrimas cayeron sobre él, con el paso de los días las gotas se hicieron una corriente que poco a poco fue cada vez más abundante, tanto que el césped regresó a su verde, los árboles dieron fruto nuevamente, regresaron las aves y los animales que una vez habían vivido en él, las personas quisieron regresar a pasear sobre bajo su sombre y junto a su corriente de agua tan cristalina.
Nuevamente el cerro comenzó a jactarse de su belleza y su habilidad para ser bello. Murmuraba al viento todo lo que había logrado de la vida había en él y como los niños peleaban por jugar en él. Jamás percibió que de sí mismo nada bueno había nacido. Que no era especial por sí mismo, sino que lo fue porque una pequeña estrella vio algo bueno en él que nadie más había visto. Que era producto del amor que esa estrella sentía que él continuaba con vida y más hermoso que en antaño. Tampoco notó que esa luz que lo había iluminado siempre, ya no estaba. Producto del llanto y la tristeza de que la estrellita había sentido en su ser, su luz se había extinguido.  El cerro continúo orgulloso de su belleza y de toda la vida que en él había sin saber que todo se lo debía al amor desinteresado de una pequeña estrella que él jamás noto.

A veces nos enamoramos de quienes no aprecian el amor que sentimos por ellos. Se jactan de logros engordan su ego, sin ver que ellos son simplemente alguien más. Son los ojos de quienes nos aman, los que hacen de nosotros alguien por el cual vale la pena luchar. Pero otras veces, debemos entender que quien no puede vernos es simplemente, que no nos merece.


En la oscuridad de las sombras muertas en los tiempos primeros cuyo reloj se detuvo en alguna hora aproximada al vacío. Lo encontré.
Vi su silueta de pie junto a un viejo farol el cual para éstas cuitadas horas no alumbraba. Quien sabe por qué, su lámpara simplemente dejo de dar luz. Como suelen pasar muchas cosas en la vida, que nada más, dejan de funcionar o de servir.  Con la poca luz que la luna nos regalaba noté que llevaba sus manos hacia los bolsillos del saco. Su semblante era taciturno. Lo observe preguntándome que ocurría en su mente. Llevó un cigarro a la boca y lo encendió con un fosforo que luego de sacudir con violencia, arrojó al suelo.  Puedo ver como al unísono en que llevaba el cigarrillo nuevamente hasta sus labios respiraba profundo.  Sin dudas había algo que lo perturbaba.
La noche estaba helada y él no se movía de su sitio y por alguna extraña razón sádica, tampoco yo podía hacerlo. Necesitaba saber más, deseaba conocer sus pensamientos y entender que era lo que pasaba por su interior. Lamenté no poder leer su alma.
En un momento levantó la cabeza y miró hacia donde yo estaba, (por instinto más que por certeza) fingí no notarlo llevando mi muñeca hacia mi vista simulando ver un reloj que hace años he dejado de utilizar.
Luego de unos segundos dio unos pasos, pensé que se iría, pero al parecer solo intentaba calentar sus pies. Se movía en círculos pequeños, daba pitadas al cigarro constantemente, con la mano que tenía libre acomodaba su cabello hacía atrás. Mis manos se estaban congelando al igual que mi rostro. Las horas continuaban avanzando como lo hacía la noche. Y el hombre misterioso no se movía de su lugar trazado, y como imán tampoco lo hacía yo.
Por fin paró un automóvil frente a él. Una mujer bajó y se dirigió hacia donde él estaba. Era alta, delgada con el cabello muy largo, desde donde yo me encontraba parecía que era de color negro.
Suspiré, no sé por qué sentí como cierta tristeza, fue como sentir celos. ¿Aunque celos por qué?
En cuanto la mujer se acercó el hombre tiró el cigarro al suelo y lo apagó con un de sus pies. Pude notar como él deseaba saludarla con un beso, pero ella le corrió la mejilla.
La luna era un poco más intensa en ese momento aunque aún seguía tenue su luz. Abrí mis ojos, miré para ambos lados de la calle no había ningún automóvil, me dio miedo que se fijaran en mí. Así que me quedé muy inmóvil, como si de ese modo fuera invisible al resto del mundo.
En un momento las voces de ambos eran perceptibles, discutían, de eso no había dudas. Él quiso alejarse pero entonces ella lo alcanzó lo tomo por uno de sus brazos le dio la vuelta y lo beso. No quise mirar, di unos pasos para alejarme (la situación me incomodo). Pero entonces, él la apartó, hablaron, ahora más tranquilos, al parecer ella comenzó a llorar, noté como él recorría su rostro muy lentamente con una de sus manos.
Y comenzó a llover, pero ellos no se movían y yo tampoco lo hacía. Se abrazaron bajo la lluvia y permanecieron unos segundos inmóviles. Luego ella se subió nuevamente al coche en el que había llegado y se alejó. Vi como daba vuelta en la esquina y las luces se perdían en la oscuridad de la noche.
 Fue cuando noté que él cruzaba la calle y se dirigía hacia donde estaba, eso hizo que me pusiera nerviosa.
-¿Tiene fósforos? – Me preguntó, su voz sonó en mi cabeza como si la hubiera escuchado miles de veces antes y al ver sus ojos una electricidad recorrió mi cuerpo. – es que se terminaron los que tenía.
Busqué en mi bolso, solo para pensar en que decir, claro que no tenía, pero estaba perturbada. – No, lo siento- respondí luego de revolver todo.
-       Deberías protegerte de la lluvia.
-       No me molesta.- dije temblando de frío.
-       ¿Sabes que obsequio darle a alguien que amas más que a ti mismo y que no siente lo mismo por ti?
Sonreí, creí que era chiste. Y a la una de la madrugada, bajo una lluvia constante y un frío que hiela hasta los huesos, no esperaba que alguien me preguntara tal cosa. -  ¿Su libertad? – las palabras salieron de mí en forma de pregunta, pero en realidad estaba afirmando.
Él se quedó viéndome, bajo la cabeza pero con su vista fija en mí, sonrió. – Bien dicho.- me dijo. Y se marchó.
Permanecí viéndolo unos minutos, aún llovía. La cabeza me daba vueltas, pensaba en lo que había visto, en cómo me había sentido. Y en ese hombre que acaba de dejar ir, lo que más amaba. Levanté la cabeza para que las gotas de agua mojaran más mi cara, reí. “Así quiero que me amen”, pensé. Pasó un taxi que llamé a los gritos y me subí de un solo salto.
-       ¡Qué noche! – dijo el conductor.
-       ¡Una gran noche!- me miró raro por el espejo retrovisor pero no respondió. Creo que él no pensaba lo mismo.


Quiero empezar a recorrer tu cuerpo.
Comenzar en mi imaginación, donde todo es posible, donde no se niega tu piel ni se resiste tu corazón.
Continuaré en la habitación, donde tu cuerpo yace tendido.
Mis manos acercándose, bajaran tus defensas,
explorarán los centímetros insondables llenos de perfume y pasión.
Temblando mi boca comenzará a humedecer tus labios, descubriéndome, en el pecado de amar lo prohibido y como un barco a la deriva permitiré que naufragues en mí.
Para perdernos los dos, donde todo es hoy y el mañana jamás llegará.

Hola amor…

Hoy es uno de esos días en que al parecer abrimos los ojos y todo se ve como realmente es.
Una vez imaginé que un día podría caminar de tu mano frente al mar, que finalmente me vería reflejada en tu mirada, pero he descubierto (muy a mi pesar) que eso jamás sucederá.
Mi vida poco a poco se extingue y sigo sin poder contemplarte. Puedo sentir que todo se desploma, y aunque el sol hoy brilla, aún es gris en mi interior.
Pensé que pasara lo que pasara de todos modos debía esperar…pero ¿Esperar qué? Mi voz envejece al igual que lo hace todo a mi alrededor. Toda el agua del mundo no apaga la sed o el deseo que siente mi ser de por fin hallarte, continúo en el camino que me conduce a ni ninguna parte, esperando la luz que me dé tu mirada. Mis ojos han decidió cerrase, tal vez sea una batalla perdida y nunca aparezcas en mi horizonte.
El mar esta calmo pero mi alma no. Las canciones que escucho recuerdan sueños y anhelos que por alguna razón se han marchitado. Seguramente sea mi culpa, por esquivar mi mirada a tus ojos y buscar en alguien más lo que sé, solo tú me darías.
Amar es tan difícil... pero ser amado lo es mucho más.
Hoy no logro sentir tu calor.
¿Te ha pasado sentir que todo es en vano, que lo que buscas es solo una creación de tu imaginación y que ya es hora de renunciar a ello?
Espero puedas perdonar el que me dé por vencida, el que deje de creer en ti.
No puedo pelear contra lo que no veo tal vez algún día te encontraré. Mientras tanto no quiero que dudes que te extraño, sin ti siento que me quitaron un trozo de mi alma, no tengo voz, ni batallas que pelear. Tu cariño era todo lo que sentía, el motivo para seguir en éste mundo. No puedo escapar de lo que siento, de lo que una vez sentí.
¿Dónde estás? ¿Cuándo perdí tu presencia?
Una vez más, en ésta vida o en la próxima quizá te halle.
No siempre conseguimos todo lo que queremos, soñamos o esperamos y a ti ya te perdí.
Una sensación invade mi ser, es como si hubiera partido de éste mundo alguien que no conocí, cuya ausencia de todos modos hiere.
Con tu partida queda solo la mitad de lo que una vez fui, la luna no brilla sin tu amor, el agua no apaga la sed de mi ser sin tus palabras y no consigo caminar si tu mano no me sostiene. ¿Sabes lo que se siente al perder lo que jamás se ha tenido?
Es un nido sin habitantes o un mundo sin recursos, una guerra perdida o cómo caminar en un bosque sin luz o cantar sin que la voz nazca de ti.
Las agujas marcan horas inexistentes y el sol no llega a dar calor. Mi alma se queda sin nada, en el Hado, es un infierno el nacer en un mundo donde jamás te hallaré.
Han sido tantas las despedidas que a veces tu ausencia me da igual.
Es una cuenta regresiva para volver al comienzo del caos donde todo comenzó, la próxima vez que nos encontremos, no te vayas sin decirme a dónde vas.
Una vez más amor, no tardes, la vida es tan dolorosa sin ti... y te extraño cada día más…me haces falta.
Hubo un tiempo,
hace mucho (¿O fue poco?)
¡todo es tan relativo cuando de la distancia y las de horas se trata!
pero fue en ese tiempo (o tal vez lo es en éste),
en que continuaba ese vacío dentro de mí,
huecos insondables incapaces de ser llenados,
esperando a ser transmutados por quien sabe qué o quién.
Recorrí entonces cada uno de los pasos dados
y sembré en las heridas de mi alma
agujas de relojes
que se detuvieron en el momento en que ya,
no me permitiste dormir.
Tus letras me recordaron una vez más,
que ayer, que hoy y seguramente mañana (si es que hay un mañana)
siempre eras...eres tú.



Después de lo vivido, de haber andado los caminos que recorrí, de haber visto las cosas que vi, de escuchar lo que oí y sentir lo que en mi corazón nació, digo, con toda certeza, que deseo, que no lo traicionen como él lo hizo, que no le mientan, ni lastimen, que no jueguen con sus emociones, que no lo dejen en el cajón del olvido. Porque como suelen decir, éste mundo gira, y girando tarde o temprano lo que hizo, se lo harán.


Me pregunto por qué es así... cruel, frío, mentiroso, traicionero, falto de escrúpulos y de dignidad...luego recuerdo que solo es un simple hombre, respiro profundo y continúo con mi vida en paz, mientras él sigue sin saber que buscar...



Es un asesino sutil que cada día mata un poco mas el amor que fecundó en mí.
Lo destruye sin piedad, lo destroza con liviandad, lo ahoga poco a poco con placer y regocijo.
Jamás fue quien yo creí, no era el sueño de la mañana vuelto a nacer.
Solo fue ilusión trunca fantasía, mera irrealidad.
No lastiman sus palabras tanto como sus acciones...
¿Cómo puede alguien que fue ángel convertirse en demonio?



Quiero gustarte como tú me gustas, pero sé que no te gusto, al menos no, de esa forma en que le gustas a mi corazón, porque el mío de sentimientos esta hecho y el tuyo tan solo de roca, no te gusto lo sé, y tu me gustas lo sabes, te aprovechas de lo que te doy al saber que mi ser te anhela y mi alma te desea. Otra vez siento el deseo de gustarte como solo tú me gustas, pero no te gusto lo sé, ya que no sabes lo que deseas hallar. Mientras tanto me alejo y perderás lo único que te ha valorado por ser quien eres y no quien pretendes ser...me gustas...¿te lo he dicho alguna vez?









Cambiar el mundo no siempre es fácil. ¿Qué lo es en realidad? Nos toca ver las injusticias y los desniveles sociales. O como los que se suponen velan por nuestro intereses abusan del poder del cual solo son acreedores porque depositamos nuestra confianza en ellos. Luego están los que no se cansan de hacer justicia a lo que parece perdido, los que luchan aunque todo parezca imposible de resolverse.
 La felicidad es tan variable que mientras para unos la dicha consiste en adquirir gran cantidad de objetos, otros son incansables en obtener conocimiento y paz espiritual. ¿Qué nos hace dormir tranquilos por la noche? A unos la felicidad de sus seres queridos, a otros trabajo y salud (cosa que deberían ser obvias en la vida de todo ser humano) están aquellos para quienes la felicidad consiste en ir de una fiesta tras otra, luego sé de aquellos que son felices en la tranquilidad de su hogar, junto a sus olores y música que suena infinitamente. Sé de esos otros que han perdido lo material para llenar el estómago de quienes no tienen nada. Seguramente todos conocemos personas que se han quedado sin la fortaleza de sus cuerpos luchando por el bienestar de otros, o quienes no saben de tarjetas de crédito, pero sí de enseñar, a leer, escribir y sobre todo a soñar a aquellos que todo se les había negado. A veces he visto en la T.V (Cómo muchos seguramente) que intentan hacerte creer que la felicidad viene en frasco de perfume, una joya, un vestido, y cuanto mas obtengas serás mejor persona. Es una pena que los valores estén tan cambiados, que todo parezca tan banal, tan frívolo. No hace falta que renunciemos a nuestra manera de pensar para encajar en un mundo que corre tras algo tan efímero como lo es el dinero. Pretendo creer, que aún hay personas que no les importa hacer el ridículo (según quien lo mire) con tal de hacer a otro reír y de sentirse bien. Admiro a aquellos que con una mochila al hombro, recorren el mundo intentando que sus almas y sus mentes se expandan. Existen mujeres que no tienen la última moda en ropa y que jamás han visto un diamante, pero que son capaces de llenar las barrigas y los corazones de niños perdidos y llenan de sueños y fuerzas a las niñas (que como yo) un día no tuvieron nada. No se necesita comandar un país, para hacer un gran cambio en el mundo, solo se necesita que veas mas allá de tus ojos. Que lo que realmente vale la pena en la vida, no es eso que guardas en una caja fuerte, sino lo que puedes compartir y que nadie jamás te lo podrá robar.


Necesito continuar creyendo que hay oro al final del arco iris.
Quiero creer que si veo una estrella caer, me concederá un deseo.
Y  que lo mas duro, no siempre es lo que daña
 Necesito creer que el que la mayoria no veal algo, no signifia que no sea real.
 Quiero creer que las heridas sanan y luego de hacerlo seré una mejor persona.
Necesito creer que quien me rodea es quien debe estar a mi lado, quiero creer en esa realidad que esta escondida para los ojos, pero que el ama siente.
Quiero creer que hay cosas imposibles que se vuelven actuales, en que hay un final feliz para cada quien.
Quiero creer en la vida, en los sueños, en el amor para siempre, en lo puro de la amistad en lo real de un abrazo, en la ternura de un beso, en la pureza de una sonrisa.
Quiero continuar creyendo en el silencio del viento, en la voz de la luna, en la sonrisa de las estrellas.
Quiero creer, aunque todo a  mi alrededor diga que no debo hacerlo.




Hubo un tiempo en que hablaba con la rosa. No era cualquier rosa, era “esa”, una específica, única y sin duda singular.
Encontrarla había sido un gran problema, le había llevado años. Supo desde siempre que debía hallarla. Así que desde muy joven se puso como meta conseguirla.
A sus escasos años de vida, se recostaba sobre el frío suelo para observar a las estrellas, se quedaba tendido horas, unas veces noches enteras. Su madre muy preocupada por el escaso sueño de su hijo decidió llevarlo al médico. “Seguro es algo físico”, pensó. Pero para su sorpresa el doctor le dijo que su niño se encontraba en perfecto estado de salud y que el único problema que veía era que a éste muchacho le gustaba soñar más que comer chocolates. Más tranquila la madre dejó que su hijo volara hasta las estrellas por las noches y corriera con el viento durante el día. Y el pequeño Manrique creció siendo un muchacho muy particular, como cada uno de sus sueños. Mientras los jóvenes de su edad buscaban novia, él inquiría tesoros tras el arco iris, cuando todos habían crecido y ya no jugaban a los piratas, él, decidió ponerse un parche en el ojo. No le molestaban las burlas de sus compañeros, solo le interesaba reír, aprender, investigar, saber que sabor tenían las flores o a que huelen las rocas. Le contaba historias a los chuchos y bailaba con la luz de la luna cuando ésta se reflejaba en el mar.
Al convertirse en hombre (según los cánones establecidos por la sociedad) Se dejó crecer su cabello y su barba algo que muchos veían con desaprobación. Y al mismo tiempo crecieron sus sueños, era feliz, jamás abandonaba las ganas de hacer de su vida algo especial. Y comenzó a convertir sus palabras en mundos llenos de oasis, sus letras comenzaron a navegar a recorrer mundos y a crear cuentos donde él era el rey de esos espacios y en donde gritaba lo bello de cada pequeña cosa que observaba. Vivía sin mediocridad sin conformidad. No comía unas veces por quedarse en su imaginación, dándole vida a sus letras, siendo el capitán de un gran barco pirata, donde su pata de palo no era mal vista ni era de burla su ojo de vidrio. Supo navegar sin norte ni brújula, hasta que la halló. Eso que siempre supo debía encontrar, y así lo hizo. Casi cuando ya se estaba por dar por vencido. Y todo fue tan mágico y sencillo como decir… - “Hola”- él respondió a la sonrisa que lo iluminaba con otra de igual tamaño. A la locura de su interlocutora con todos los sueños que él había acumulado. En medio del inmenso mar y perdida entre millones de estrellas, la halló. Preguntando a quien pasaba “¿Eres tú, tú eres él?”. Supo que era ella, su rosa, su estrella, la brújula que lo guiaría en sus incansables aventuras. El ángel que lo llevaría a nuevos mundos sobre sus alas. Cada noche recorrían el universo. Y todo lo que él había vivido lo trajo a ella.
Ya no le dolía la vida.
Para su sorpresa, ella lo había estado esperando, miles de veces lo había pensado y hasta imaginado. Coincidieron en que ambos veían las misas estrellas y les contaban historias iguales.
Pero la rosa se calló al mar, las olas envidiosas la abrazaron tan fuerte que Manrique no pudo recuperarla. Se quedó solo viendo el mar, agregando de sus lágrimas para aferrarse un poco a eso que había amado tanto y ahora perdía.
Hoy pueden verlo por las calles, conduce un gran coche, viste un buen traje, lleva corbata y maletín. Constantemente ve el reloj de su muñeca, se apresura al hablar. Es que tiene negocios que atender y cheques que firmar. Jamás saluda a las rosas que tristes lo ven pasar, no baila con la luna que feliz baja a jugar, no mira las estrellas que lo iluminan buscando su sonrisa. No sueña, no crea, solo es un hombre más.

No comprendo si te gusto o me amas, si es que me quieres o tan solo me necesitas.
No sé si eres parte de mi sueño o es una irrealidad parte de mi día y escaso en mis noches.
No entiendo bien, si todo ésto pasa por estar en el silencio de lo perdido o por la ausencia de tu voz.
Pero no hay forma de saberlo si no lo intento.
Me gusta la sensación que me embriaga al saber que estas ahí.


Presencia amiga tú que me lees, y me ves en algunas ocasiones. Sabes de esos seres que se ocultan en la oscuridad de la noche, de esas personas que están o han estado en nuestras vidas y que en la ausencia de la luna se muestran tal como son. Tras el manto del ocaso quitamos de nuestros rostros las máscaras que nos obligan a vernos como en realidad no somos.
Por fin, despojados de la piel del sin sentido, comenzamos a vagabundear por éste pequeño universo lleno de seres encantados, escasos a veces de ternura, otras de templanza, unas de amor y casi siempre de seguridad en sí mismos.
Duermo sobre las hojas marchitas que un viejo árbol de forma altruista dejó caer sobre la húmeda tierra para forma un lecho en el cual descansar los huesos. Cuerpo agotado de andar y alma débil de tanto amar. Sin duda comprendes que no siempre se puede reír, y que tampoco (por suerte) se puede llorar perpetuamente. Hay un tiempo para ser feliz y otro para estar tristes. Debo confesar que la tristeza se ha adueñado unos segundos de mi ser. Hay dolores fatuos, huérfanos, errantes por el mundo que se adueñan de los pobres incautos que como yo, se bridan a la primera campanada del alba.
Intento creer que todo desaparecerá, caminos sombríos recorridos por arlequines que forman escaparates de ésta vida que solo vemos sin adquirir. Intento decir las palabras que hagan quebrar al más duro de los corazones. Pero cuando un sentimiento muere… ¿puede acaso resucitar? Sabemos la respuesta, un flemático y contundente, “no”.
Ensayo sonreír porque sé que si lo hago, lo haces. Sostén mi mano, esta noche, que el frío avanza y no consigo abrigo. Cuida mi voz, que poco a poco se apaga y queda vacía mi alma.



Querida presencia amiga, fuente inagotable de inspiración. El tiempo avanza y crece torcido el árbol del futuro. Sabemos que ya no andamos los caminos del pasado. ¡Tantas horas, bajo la tenue luz de la luna, tan solo para descubrir que no es a ella a quien le pertenece! Somos el resultado de su reflejo, de lo que otros ven en nosotros pero que en realidad no es existente. Andas mis pasos y avientas el dolor y el temor. Te quedas postrado ante mí caminar, avanzas si avanzo y te detienes en mi cautiverio. No hay dolor que tus ángeles logren arrancar de mi alma, ni desaliento que el sol mitigue. Tantas batallas luchadas y ganadas, para verme ahora en el fracaso del presente. Tu halito me ha sostenido por tantas décadas, tantos siglos, tantas vidas que me he perdido en el desasosiego crepúsculo de las horas. Fácil como las sombras en las mañanas, se quiebra mi voz y un suspiro arrolla las nubes de esa tormenta que se avecina sobre nosotros sin que podamos detenerlo. Andamos en el camino que nadie ve, somos lo que a nadie le importa y compartimos eso que todos ansían. Tenemos un secreto de antaño guardado, un beso, un abrazo, mucha paz, amor abundante y salud en todos los tiempos. Guardamos nuestros tesoros en cofres de cristal, esos que muchos observan pero pocos ven, de esos que casi todo individuo posee pero que no sabe utilizar. En definitiva, comienza del día y lo vivimos en esa gota de lluvia y morimos al caer en tierra seca, que será fertilizada por nuestras palabras, donde hubo sequia se levantará un bosque con cada una de nuestras palabras nacidas del más sincero amor, el nuestro.

Las conversaciones que tenemos con nuestros pares, son más que simples palabras orquestadas por un pensamiento evolucionado. Continuamos buscando ser aceptados, intentando descubrir quienes somos y a dónde pertenecemos. A través de las palabras que formulamos vamos comprendiendo quien esta junto a nosotros y quien no. A qué grupo pertenecemos y cual es nuestro sitio en éste pequeño universo. Descubrimos que están los que hablan por temor a perder lo que ya no tienen y entendemos a esos otros que callan porque se sienten sin derecho de decir lo que en verdad piensan. El orgullo y la razón tienen una lucha constante, lo que debemos decir y lo que deseamos pronunciar no siempre van de la mano. Avanzamos en esa dicotimia intentando salir lo mas airosos posible, pero no siempre lo logramos. Somos, en definitiva lo que aparentamos por temor al rechazo y decimos lo correcto por temor a ser humillados.
No lastiman " las malas palabras" a veces duelen mas las que hablan de amor, pero sin sentirlo en verdad. La vida es una sola. ¿Cuándo entenderemos que  lo que no hagamos ahora ya no será hecho y lo que no se diga se perderá? La semántica, no es mas importante que los sentimientos y el orgullo no vale mas que el amor. Pero, comprendo a los que se apartan y olvidan, los que matan sus voces en su interior los que ya no hablan y callan para no causar dolor, y siento pena por los que causan dolor al no dejar de hablar. El lenguaje es la necesidad de expresión, entonces utilízalo sabiamente.




Fingimos ser lo que no somos, para ser aceptado por el otro, entrar así en su circulo, ser como él es y encajar. Sin darnos cuenta que el otro finge para ser aceptado por nosotros, para encajar en ese circulo perfecto al que cree pertenecemos, odiando (al igual que nosotros) lo que finge ser y en realidad no es.
  


 Cada vez que nos enamoramos algo se agrega en nuestro ser,  entonces nuestras mentes se expanden ya que a nuestras viviencias sumamos las del ser amado y  adquirimos el regalo de la experiencia de alguien que vivió alterno a nosotros. Es cuando nuestra mente adquiere un mayor conocimiento logrando extender nuestras almas, cuando dejarmos de ser “yo” para convertirnos en nosotros





Soy loca, soñadora, romántica muchas veces, fría y distante unas pocas.
Miro el mar por horas, colecciono cajas y soy distraída.
Lloro mucho pero río aún más.
Intento cada noche descifrar el misterio de la luna, cuento estrellas y le hablo a los árboles para saber de sus historias.
Camino mirando el cielo y busco siempre lo que es distinto.
No soy mejor en nada, pero lo intento todo.
Adoro la lluvia y le temo a los rayos.
Quiero enamorarme pero temo hacerlo y salir herida.
Me han lastimado y también lo he hecho.
Duermo poco, porque me agrada estar con los duendes de la noche.
Veo imágenes en las melodías cuyas historias intento dejar impresas en el papel.
Más que nada en éste mundo, amo escribir, adoro soñar y crear.
Veo arte y belleza en todo a mí alrededor y trato de notar siempre lo bueno de cada persona poniéndome en su lugar.
No me gusta el dolor y le huyo a todo lo que me lo causa pero no siempre lo consigo.
Soy adulta, pero me gusta que me lean, que me abracen fuerte y que me hagan cosquillas en la cabeza.
Intento dejar mi huella en el mundo y si es posible mejorarlo un poquito.
Me agrada hablar pero mucho más escuchar.
Creo en la belleza de las cosas y en la energía del alma.
Los chistes salen de mí sin que los razone demasiado al igual que el amor.
No miro tiendas, pero si a las personas que están en ellas.
Intento aprender y cada día descubro que me falta mucho por saber de todo lo que me rodea. Hay millones de personas en el mundo, pero hoy, ahora soy un poco menos desconocida para vos. Ahora contame… ¿Cómo está tu alma?




Las cartas son extensas y las palabras se secan si no las dejamos impresas.
Pero necesito que sepas que agradezco que desde lejos me vieras.
Debo confesarte que me impresionó tu tesón para conquistarme.
Tenés que estar al tanto que captaste mi atención de una forma única.
Luego hiciste que te viera, noté tu simpleza, tu capacidad de lucha, tu tenacidad de hombre.
Por fin, comencé a hablarte, he hiciste también que te escuchara.
Mas tarde (para esto ya eras indispensable en mi vida) lograste que te quisiera.
Aprendiste entonces, ha seducir a mi cuerpo y encendiste mi pasión y mi deseo hacia y por vos.
Atrapaste sin duda alguna mi corazón y lo llenaste de amor.
Y lo que debo confesar que tal vez aún no comprendas
 O tal vez ya hayas entendido y no haga falta que te siga diciendo lo que sientes dentro de ti.



Necesito un recuerdo que conquistar y una lágrima que reglar.
Quiero un beso que conservar dentro de un libro de historias de amor.
Sueño con esa estrella, que finalmente liberaré.
Y guardo colas de un viento que trajo promesas que alguien olvidó.
Tengo sonrisas dentro de un sobre que nadie recogió
y cuento delfines  azules para entrar a ese mundo donde todo es posible.
Conservo la sonrisa de un desconocido que luego me enamoró y aprieto fuerte dentro de mis manos  un "te amo" que no se anima a nacer.
Busco mi lugar en la tarde gris y juego carreras con las gotas de lluvia. 
Tengo que escuchar al mar, tiene muchas ansias de hablar
Y narra historias, irreales las cuales finjo creer.
¡Tan llenas de verdad están, de deberían ser naturales!
No quiero ser alguien que en la nada se pierda
y cuyo nombre solo sea un susurro.
Debo gritar las palabras que no deseo asesinar
y besar una vez más, ese sol, que hoy nace dentro de mi noche.