Voy soltando la mano, que una vez, con fuerza loca sujeté...voy perdiendo en el las horas, las gotas marcadas de esas lágrimas que por él, una vez derramé. Voy (como quien dice) viviendo sin respirar, sintiendo sin amar, avanzando sin soñar, suspirando sin lograr el aire soltar. Voy... a un camino sin destino, una mañana sin luz, un sol sin calor, una noche sin luna y un adiós que no me deja ser.




Voy perdiendo poco a poco las notas de tu vida, música ausente que conmueve pero no acaricia.
Melodías tangibles de lo que no es visible, conquistadas noches de sonidos barrocos de madera frágil que en música sabes transformar.
Convierte mi soledad en amor, y tu ausencia en presencia eterna.


Nacemos en diferentes dimensiones del mismo tiempo. Aceptamos los designios de lo que creemos es nuestro destino, componemos nuestra propia interpretación de una melodía que alguien más creo. Pones en ella pasión y amor, ternura y templanza vivimos lo que nadie más es capaz de vivir nos negamos a aceptar nos animamos a mas...simplemente por que somos únicos.




Guardo celosa junto a mí,
todo un tesoro inefable.
Un viejo libro,

cuyas hojas amarillas y gastadas,
delatan sus años y su uso,
es único, maravilloso,
escrito por quien fue y es,
mi gran amor, un gran poeta, un gran soñador.
Luego tengo también

(déjenme ver bien)
dos anillos de madera
que un singular luthier,
para mí realizó.
Algunas cajitas,

unas de lata y otras de madera
que también él me obsequió.
Conservo además
una pluma antigua y un viejo tintero
que por años sin saberlo,
para mí, él guardó.
Lo más preciado

(aunque no de diferente valor),
son sus suaves besos,
besos dulces y cálidos,
que mi boca,
con recelo, para siempre conservará.

La peor forma de morir, es hacerlo un poco cada día, es continuar respirando mientras tu alma se va secando. Es fingir una sonrisa cuando lo que tu corazón hace sin cesar es llorar. Ponerse de pie, salir de la cama, comer, beber, todo cuesta el doble, todo pesa más. Te agotas, como batería vieja, y nadie lo nota. Mueres y tu asesino, se ríe frente a ti. Camina, come y goza de la vida que te arreba
tó. Incoherencias del existir, quien alcanza su sueño no siempre es feliz. A veces solo es el comienzo de una terrible pesadilla de la que no logras despertar. Infructuosos son los caminos que nos llevan a lo que tanto buscamos, solo para descubrir, que sin haberlo hallado, seguiríamos con nuestra mente en paz y no navegaríamos sin destino a punto de naufragar a cada instante. Retroceder un segundo y apartarnos del sendero, de quien mas nos hirió. ¡Deseo imposible si los hay! Solo queda continuar un día mas y rogar a quien sea, que nos ayude a olvidar.








Recuerdos irreverentes y remotos de una noche que no llegó, habitaciones vacías, ecos embrutecidos de voces de gentes que jamás vi. Mientras la suave luz, de un nuevo sol apacigua mi piel, besa mis labios y contiene mi llanto. Disimulo la frecuencia de una sonrisa que nace en el dibujo endeble de mi rostro paradigmático.
Quiero seguir creyendo en las pequeñas cosas que me hacen feliz.

Intento ocultar mis emociones, esas que aturden y quiebran...emociones que nacen cada día y me frenan en la intensidad de mi caminar, pienso lo que quiero creer, quiero eso que creo querer, pero no sé si deba querer eso que siento pienso o creo querer.¿Lo que quiero es por que lo quiero o por qué creo quererlo?

Todos nuestros momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia.

Sólo quiero olvidar, olvidar su nombre, su voz, su olor, sus besos y hasta el sonido de su respiración...olvidar que nació, que me vio y lo vi, olvidar el color de su piel y el tacto de sus manos...olvidar...¿quién es él?

Amar a quien te ama...¡vaya cosa fácil!...amar a quien te rechaza...¡ay por dios que tontería inútil y sin sentido!

Hoy tengo miedo de lo que mi corazón siente, de lo que mi mente razona y del dolor profundo que anida en mi alma.

Tengo la sensación de no poseer lo que más amé, creo haber perdido lo que por mucho tiempo busque y me parece percibir que ya no lograré soñar lo que tanto añoré.

Suspiro ausente que se lleva por un segundo el dolor que dejaste en mí, y trae la realidad de tu indiferencia y olvido.

Hoy creo que solo en el sueño eterno te podría olvidar...y temo a ese sueño que se presenta como quien rescata de su dolor a un ser.
Unas veces el dolor es tan intenso que me arroja con furia a la oscuridad, soy un pobre ser humano que apenas consigue respirar.

Me asfixio tanto ésta noche, que desearía ahogarme con tu olvido y desaparecer en tu indiferencia...y dormir así eternamente.


Pretendo andar mi camino, alcanzar mis sueños, reír de dicha, llorar para alejar el dolor...muchas veces lo hago sola, pero siempre es mejor hacerlo acompañada...camina a mi lado, sostén mi mano, consuela mi alma, abraza  mi cuerpo, mira mis ojos y así miraré en los tuyos.

Escribir alivia, consuela, abriga, mitiga el dolor más grande y acrecienta los sueños más pequeños. Escribir me llena de luz, me sumerge en mundos que nadie mas ve y me da oxígeno cuando no logro respirar.

No me sorprendí con su adiós, aunque una vez, me llenó de ilusión su amor.

La historia es fácil...un hombre, una mujer y un amor intenso, (o al menos eso parecía). Se sedujeron, para enamorarse se enamoraron para cuidarse mutuamente, se hicieron el amor para entregarse y poseerse y se distanciaron para ser felices cada uno dentro de su propio caparazón.

Nos aferramos detrás de los muros (que según creemos) nos alejan de nuestros temores, sin sospechar que en realidad nos impiden enfrentarlos y por lo tanto tal vez, vencerlos. Somos indulgentes con nosotros mismos, temiendo a nuestra propia soledad, sin intuir que estando solos, es cuando aprendemos quienes somos y cuanto valemos.

Empíricamente me plasmo en lo etéreo de un beso, en lo sublime de una caricia y en el contraste tácito de una mirada. Navego en horizontes aleatorios y me sumerjo poco a poco en el vacío cósmico del dulce dolor que causa un amor.

Temía (sin saberlo) a su abandono, a su olvido a su indiferencia. Comprendí que solo sería un átomo en el recuerdo de su triste memoria. Una leve brisa en lo profundo de un oscuro océano, un capullo entre miles que nacen en primavera para morir en otoño. Veo el camino y me sumerjo en él, para perder mi alma en la distancia de colores que ya no son visibles... ¡he sido feliz!...lo recuerdo, lo fui...ahora solo queda nada. Antiguos artilugios de arlequines que vienen a llevarse lo que jamás tuve...su amor.

Llora la luna esta noche, sobre el mar caen sus lágrimas como gotas de cristal que poco a poco se pierden en la inmensidad constante de las horas marchitas de un viejo amor.
Frecuencia absurda de desear sin existir, de amar sin tocar, de vivir sin reír.
Y la oscuridad que avanza en el eco de aullidos de chuchos que a lo lejos gritan un nombre que causa dolor. Tristeza, una vez más tu nombre es hoy, eres ahora, eres yo.
Partiendo de éste espejo sin reflejo donde estas a mi vera, una vez más y para siempre pariendo la distancia y diciendo "adiós".
Quiero perderme en el vacío de la soledad mas absurda.
Cruzar puentes que nadie más ve y esconderme durante el día que pocos perciben.
Necesito nacer de nuevo, repartir las cartas, tener otro final y un comienzo sin noches oscuras.




Viendo con mis ojos verías esa tristeza que inunda, ahoga y quema. Que consume poco a poco tu alma y te deja marchito. Una tristeza que aturde con tanto dolor, que nos hace callar de un solo golpe, arrojándonos a un abismo del cual nos es imposible resurgir. Mi tristeza se marcha contigo y no pretendo mirar atrás. Solo suspirar profundo e intentar continuar en ese camino profano, donde el bien no ha pisado y la angustia ruega clemencia. El orgullo es mitigado al atrevernos a sentir, por querer ver más allá de un horizonte sin luz, sobre un tiempo que se nos escapa una y otra vez.




Pequeño ser que genera grandes sueños y navega sin rumbo en plúmbeas corrientes.
Aveces la distancia es juzgada por apartar de éste espacio lo que aún nos es querido.
Borramos las cicatrices al amanecer, nos bebemos las lágrimas que nacen en el corazón, intentamos olvidar lo que una vez nos causó dolor. Luchas constantes( y todas ellas), batallas perdidas.
Podemos enloquecer al no comprender la ausencia de esos cariños que caen como copos de nieve para cubrirlo todo sin que logremos alcanzar ni uno solo de ellos.
Enloquezco en esas ensoñaciones bajo la luna seca de luz, junto a los libros sin letras y las canciones sin melodías.
Nos arrebatan poco a poco todo eso que construimos en antaño y nos regresan a las realidades vacías de color y ausentes de ilusión.

Necesito saber de ti amor.
Conocer el color de tus ojos, saber identificar tu voz entre un millón, reconocer tus palabras de pasión, saber a que saben tus besos y sentir tus caricias en mí.
Intento descifrar tu sentir, quiero saber todo de tu persona, de tus sueños, y tus temores.
Que rías al verme ser feliz a tu lado, olvidar el dolor del pasado y brotar junto a ti en un nuevo día donde seamos uno olvidando todo aquello que no fue real.


Y en ésta atmósfera, con tan poca frecuencia deambulan los recuerdos de un sueño no existente.
Constantes perturbaciones, risas estrepitosas que en la lejana noche atormentan mi silencio.
Silencios que traslucen la ausencia de lo jamás tenido.
Manos extendidas deseando recibir lo que nadie es capaz de dar.



Mi recuerdo camina junto a ti,
mi sombra extiende su mano intentado llegar al recuerdo
y no perderse en el olvido ingrato
que se aleja cual arlequín sin risas ni llanto.
Me pierdo en el aire y en el sabor de tu olor.
Fantasías absurdas que se adueñan del eco
que el tiempo entre nosotros dejó.
Conquistadas sombras que llenan de temor
las noches sombrías en las que intentamos (en vano) hacernos el amor.



Pequeña presencia que me observa o me lee (según la ocasión) has dejado huella en mi sonreír y una esperanza junto al baúl de mis anhelos, tal vez, ya no son las horas vacías si puedo saber de ti, de tu mirada, de tus palabras y escucharte reír.


Odio es lo que queda en donde una vez hubo amor.
Odio y dolor que hieren más que el olvido.
Odio a las horas vividas, a las palabras dichas y a las promesas olvidadas
Odio a las caricias dadas y más aún, a las que se recibieron.
Odio a los días cuyo sol hoy se extinguió.
Odio al cariño que se sintió y a la pasión que se inspiró.
Odio  a lo que una vez se amó.
Odio al espacio que se compartió .
Odio solamente y nada de piedad.
Odio mas que indiferencia odio y no clemencia
lo que se acumuló en los días compartidos.



Una vez fue un buen hombre, fiel esposo, cariñoso padre, sincero amigo.
Una vez (hace mucho ya) fue alguien que miraba el horizonte honestamente.
Cuyos silencios significaban más que las palabras.
La luna llenaba sus noches y la vida le era fácil y feliz.
Hoy esa magia ha deasaparecido y ese hombre solo es una quimera.
Una canción que no habla de amor,  una vida sin sentido.
Un camino que conduce a ninguna parte, un adiós sin final.


Ensordecedores sonidos que aturden mi ser.
Tormentosos momentos de aquel ayer que no consigo olvidar.
Dolor infinito que sofoca mi alma y marchita mi piel.
Fructuosos intentos de olvidar lo que amé, tomar en mis manos el sueño que vi desvanecer. 
Ensueños que a tierra cayeron y me mostraron quién es él, quién soy yo, quiénes somos los dos.
Seres marginados de un espejo quebrado,

gritos ahogados de momentos que fueron apagados por la sed constante
de un amor que jamás existió. 
Se lamenta el alma desnuda descubierta en la noche sin luna y en las caricias sin amor. 
Alejas de mi ese suspiro que no supiste comprender y te inventas un sueño donde aún eres rey. ¿Y yo, quién soy? 

El último momento de una vida que pasa sin sentido.
Llena de emociones que truncan los vaivenes
del tiempo restante de atardeceres sombríos
en que la lluvia no calma el ardor de un solitario corazón.
Y las notas de esa melodía,
que en la antigüedad sonaba constante
en el sentir de tus pensamientos idos a la nada,
donde el viento es torbellino inconstante
y las horas meras agujas, que solas avanzan.
¿Dónde hallarte si ya no sé quien eres?
Dispongo mi espíritu
a cruzarme en los caminos truncados
de aquellas almas que como yo,
vagan buscando un lugar donde reposar.