Naces acribillada de deseos, con la avidez a flor de piel; la persecución está en tu naturaleza como el sueño al dormir, el llanto al dolor, la risa al gozo. Por eso las palabras, dispersas en este texto ni siquiera te tocan y si acaso encuentran restos de tu rastro. Describen la senda que dejas al caminar confirmando la futilidad de múltiples definiciones: liquida claridad recorre tu piel y es la superficie en la que rueda más importante que el agua, porque la sed de los sentidos exige plena satisfacción. Juntos alzamos la voz por los olvidados. A los únicos que no se nos olvida que el ser dejados atrás también pesa. Nosotros alzamos las manos en la noche, hacia el cielo, y descubrimos mundos que no serán para nadie. Y quizás alguien nos descubra llenos de polvo y brillando con harta intensidad en el pasado. Solo existimos entre la vida y la muerte, tocados por un beso a veces, sintiendo como si un huracán nos golpeara, y goteando como esos interminables días de lluvia.  Así somos y así seremos, por siempre entre el tiempo y entre sueños y estampas de metal. Como almas bailando en la oscuridad, recordando esos instantes en que en un bosque encantado, repleto de mariposas azules y allá, en lo alto, miles de estrellas iluminan nuestro firmamento. No hace falta más para ser feliz. He de seguir queriéndote así.
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