El siguiente día de tu partida, el sol ya no quiso salir más, la luna durmió a oscuras y mis brazos no te pudieron encontrar. Ya no estaba solo tu silencio, ahora lo acompañaba el mío, en tu lado durmió tu ausencia y con mis ojos te intente abrigar. Al siguiente día de aquel siguiente día, la niebla me intentaba explicar que te fuiste junto al verano, que en largo tiempo te podre besar. La ilusión está haciendo maletas, la tristeza me pide hospedaje, se van de vacaciones los duendes y se llevan con ellos mis fantasías. Me obsequiaste las bellas estrellas, mil mejores momentos, catorce formas para llamarte y un solo ojos para llorarte. Calcaste los caminos de cada noche en mi cuerpo, con tus dedos que van en círculos sin destino cuando se olvida el aspa al final del camino. ¿Dónde has guardado tu risa? Que largas vacaciones para mí y para mi felicidad.
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