Todo se resume en palabras...
palabras que hieren, lastiman, ofenden y que sobre todo duelen. Hay palabras que sanan, que agradan, que alivian, que iluminan, que besan sin que los labios se unan, que acarician sin que las manos nos rocen, palabras que alejan el temor y nos llenan de amor y luego están esas palabras que no logran hacer nada, palabras insignificantes, fáciles de olvidar, que no saben nutrir que nacen de nadie y en la nada mueren.

Querida presencia amiga… tú que me escuchas, me lees o me ves (según la ocasión)
¿Sabes que piensan las personas cuando van conduciendo sus automóviles? Pregunta extraña si las hay. Pero ya sabes, de lo extraño siempre quiero más. Hoy recordé ese cuento que jamás terminé (uno de tantos) éste recuerdo llegó a mí en la madrugada, cuando entre sueños escuchaba (sin querer) las conversaciones que los chuchos tenían a esas horas. Sabes (al igual que yo) que somos parte de un todo, que la realidad es eso que vivimos cada día, que podemos ser lo que nos atrevamos a soñar y sentir lo que realmente este en lo profundo de nuestras almas. Te confieso querido amigo, que estás perdido en mis pensamientos y extraviado en mis deseos. Charlas incontables en noches interminables, bebidas deliciosas que endulzaban nuestras almas. No soy la que era, lo sabes (¿pero quién no cambia con el paso de los años?) sé que las personas avanzan y caminan bajo las sombras de horas que no suelen retroceder. Sé también que al igual que yo, has debido madurar, construir y edificar. El mundo es un acertijo el cual nos negábamos a descifrar, hasta que el tiempo insondable nos atrapó y nos convirtió en lo que hoy somos…adultos. Unos más, en trajes deslucidos, sin sueños ni ilusiones, sabiendo que el mañana será igual que hoy y el día después a ese, será una copia irrefutable de lo vivido ayer. Somos partes incoherentes de un mismo destino, almas solitarias intentando estar junto a otros seres. Volamos con alas invisibles a lugares inescrutables y nos dan la bienvenida, esos (que al igual que nosotros) ven más allá de sus dedos y esperan ser el propósito de esa sonrisa que alegra el espíritu. ¿Es acaso una locura creer que la vida es más que comer y beber, que reír y llorar? Me dan pena los que corren detrás de cosas, de   posesiones y lugares, esos que pierden del sabor de los días y del mar, esos que por apreciar solo lo que se ve, se escapan de la felicidad. No somos mejores, tampoco peores, querido amigo, solo tal vez, más sinceros con nosotros mismos y a su vez con el mundo tan superficial que nos rodea. Sé que harás realidad presencia mía, esos sueños que siempre han sido tuyos, esos, que has compartido conmigo como regalo del aura que te rodea.
Compaginamos los recuerdos con palabras que rara vez comprendemos. Somos hacedores de nuestros destinos, esos, que muchas veces nos llevan a los infiernos de los cuales luchamos el resto de nuestras vidas por salir. Nos colamos en la cama de la soledad y recibimos caricias del silencio, el olvido nos besa y todo aquello que nos hizo sentir culpa ya no regresa nunca más. Cada lágrima derramada se pierde en tierra y comparece ante el tribunal de las sombras y el vacío.
Dime ¿dé que color son los ojos del amor? Hoy al subir a tu cielo comprendo, que todo aquello que se pierde jamás regresa. Y que el bocado que no se comparte nos lastima los huesos. El camino es largo, debemos comenzar a marchar para llegar a un final.