Ven corazón…
Con las ultimas gotas del roció apura el paso para escapar del raciocinio, deja la locura escribir en ese libro, deja que tus palabras eleven el canto al tiempo, tomate una copa. Ven, sorpréndeme esta noche en el sueño, quédate un instante más después de estar despierto, mátame con tu sonrisa este paso inseguro.
Ven con las horas, aquellas que se refugian cobardemente en la carátula de un vulgar reloj de péndulo, uno de cuerda o un automático. Da lo mismo las horas duran igual, más quiero complicarme no usando lenguaje sencillo, quiero presumir de erudito, para definir el transcurso de los días, que contienen tristemente mendigas veinticuatro horas.

¿Que son las horas en el andar de la vida? ¿Qué son? Si acaso minúsculas partículas del átomo, del corpúsculo que forma parte de la molécula en los compuestos químicos ¿Acaso las horas tienen algo de alquimia, algo de brujería? Templos y palacios en ruinas, seres humanos arrugados y maltrechos. Con el pelo blanco y los ojos marchitos, sin luz; de grandes papadas y surcos en la boca. Las horas nunca se acaban, más se obliga a apurar el tiempo aunque no se tenga sed. Las horas y el tiempo van ajusticiando los ciclos caiga quien caiga, carece de corazón.

Llega hasta mi vera como un vendaval cualquiera, cerrando tus parpados, cancelando la respiración y poniéndote del color de la cera ¡Las horas y el tiempo! Muchas veces dulce compañía, otras amarga desilusión ¡No importa lo que desees! ¡Aquí se acaba hasta en final de las horas, el tiempo y los días!  Quizás escuches una voz que te diga: ¡Duerme tranquila pequeña! ¡Que las horas ni el tiempo, ni los días van a borrarte de mi memoria!

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