Anduvimos hoy, nada era diferente, ibas conmigo y todos atinaban a decirme lo afortunado que soy, nadaste plácidamente entre el huracán de mis pensamientos; vimos a mucha gente y agradecí nuevamente a la vida haberte encontrado (sí ya quedamos de acuerdo en eso). No me equivoque cuando hablé de lo inútil que sería intentar deshacerte de mí. Ahora que enfado a casi todo el mundo: tú terminas aguantando mis molestos humores, pero yo vi y tú viste a mis demonios, y vimos también cómo se portan los consentidos, sabes tratarlos.

En el pasado hemos visto gente sin sueños, triste y desesperada, vestida de cuero muy duro para el frio y para el hambre, la mayoría de dedos agiles y corazón perdido, de ojos sin peces nadando, y no sabíamos cómo consolarles. Como quisiera llorar por no haberte encontrado antes, para oler desde entonces las flores de la esperanza.

Hoy sabría darles una caricia y una sonrisa, rendirme a sus miradas tiernas, pretender una felicidad en el desamor que se siente hasta los huesos; acompañarles con la gente que se alza muy hacia abajo, de lo más bajo de este mundo para hablarles de ti y tu poder. Tú lo sabes, lo sabes mejor que nadie, sabes que la mayoría de esos seres son olvidados, eso también lo sé y ellos mismos lo saben, pero necesitan algo grande, todos necesitamos de alguien que esté dispuesto a dar. Al final no volveremos a ser fantasmas, cuando alguien sabe de nuestra existencia, alguien nos toma y hace reales.
Por eso corazón...Yo sé exactamente lo que necesito; ser real en ti. No me hace falta más
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