La existencia parece desaparecer cuando te nombro. 
"Silencio" eres nombre de poesía.
"Soledad" nos llenas de narraciones. 
No quisiera darle la espalda a la imagen que de la música brota pero el llanto son coplas que el viento susurra, notas que se pierden en el blanco de la arena y lo infructuoso del mar.
"Suspiro" tu nombre se pierde y pretende desvanecerme junto con las estrellas fugaces que nadie noto.
La foto con amigos cuyo amarillo los rostros el tiempo de mi memoria borró.
Los barcos de papel que no lograron zarpar y la vida que tenía delante busca aún la felicidad. Mirando al rededor de las ilusiones que en el bosque alguien sin alas enterró.
Continúo sabiendo la realidad pero escogiendo la ensoñación.
Eres parte de mi ser en cada una de las palabras que dejo navegar en el universo de lo eterno... y logras así, tan solo en ese suspiro que atraviesa en un segundo la inmensidad de ésta tibieza que nace en mi corazón cada vez que te veo sonreír... es simple y fabuloso éste amor que abarca cada instante como un secreto entre tú y yo.


Corazón amoroso…
En un remolino de la nada, te cansas del cansancio, de la inercia de cada día, tantas horas de sol y otras más de noche. Sin aparente razón de las palabras. Eres esclava incondicional del hereje arte de mover tus manos, de elevar el alma, de plasmar palabras que el corazón implacable dicta. El planeta se derrite y a ti te duele sentir esa furiosa naturaleza, avanzando poco a poco, segando tu propia sonrisa. Eres perfeccionista mental, a tu cabello le dices cuanto lo amas cuando delicadamente lo lavas y susurras "que feo". Sientes amor en las pestañas, en los dedos y hasta en lo inerte y brillante de tu esmalte de uñas. El pretexto puede ser diverso, la naturaleza, el petróleo, las veredas que convergen siempre en el mismo punto. Sin importar la geografía tu amor acribilla con la razón de metralla. Acá, en cada esquina las miradas se confunden, hay amor de grandes ojos que se extravían de delirio. El tuyo además vive tejido entre letras, con sílabas exactas, escribe sobre el amor y los cóncavos espacios o sobre las noches de luna, pobladas con galaxias coloridas.
Que no te digan que no sabes sentir amor, de ser así, ¿Por qué te dolería escribir de amor?


Recuerdo cuando lo vi, sin pensarlo corrí hacía él, desee abrazarlo, besarle, decirle que el tiempo no había hecho mella en el amor que un día me hizo sentir... que todo estaba más fuerte y que sabía a ciencia cierta que solo junto a él podría ser feliz. El viento acariciaba mi rostro, mis pasos hacían que los latidos de mi corazón se aceleraran y mi boca comenzó a cercarse. Fue cuando reparé en como ella lo acariciaba. Detuve mis pasos en seco. Permanecí unos segundos inmóvil, luego retrocedí alejándome sin mirar atrás.  Supe con el paso del tiempo, que aún estaba solo. Alguien me comentó que lo había visto aquel día corriendo tras de mí.



 



El cuento es corto- Dijo el creador-  tú naces, creces, conoces a tu media naranja, te enamoras y serán felices para siempre.
Lo que “a alguien” le falto relatar fue el medio… ¡vamos! que cualquier niño de primaria sabría que todo buen cuento tiene, principio, medio o desarrollo y luego sí… un final.
¿Qué pasa en el medio de nuestras vidas? Todo se complica (supongo que así debe ser una buena trama) ¡¿Pero quién escribió una historia en dónde se regalan miradas a la luna y sueños que no concluyen?!
Intentamos ser eternidad y poco a poco nos vamos convirtiendo en torbellinos de mentiras y fingimientos.  No creo que perdamos nuestro brillo a sabiendas de lo que hacemos, es la vida que nos arrastra en un soplo en ésta, que es nuestra historia. Nos convertimos en seres grises,sin conquistar “ese” gran amor del cual crecimos escuchando, caminamos bajo la lluvia viendo como nuestros ángeles pierden sus alas, distinguiendo entonces, sus muchos “desperfectos” trasmutan en seres simples, tal como no queremos ver… somos nosotros.
Admiro a los participantes que comparten la hoja en éste largo libro en que se convierte día a día mi vida. No los juzgo, intento ver más allá de sus miradas y darme cuenta así, que son tan frágiles, como lo soy yo.
El cuento no es corto ni mucho menos. Que alguien, o algo, en maraña las historias y las complica demasiado, (más que novela de televisión) eso está claro. Lo que me resulta más paradójico es que no buscamos lo complicado, sino todo lo contrario, aquello que nos dé algo de paz, que nos llene el alma de seguridad y  de calor nuestros cuerpos.
 Personalmente, me quedo atrapada intentando saber que pasará mañana. Pero no crea que todo es tan fácil, que el malo es simplemente malo y el bueno es toda bondad. La mayoría de nosotros vamos descubriendo (sobre todo con el paso de los años) que no todo es blanco y negro… que mientras avanzamos descubrimos en nuestro camino, una gama infinita de grises. Que el otro (al igual que yo) ríe, cuando en realidad desea llorar. Que una sonrisa puede ser un gran alivio para el espíritu que sufre, que un abrazo es el mejor regalo para quien está acompañado por la soledad y que el otro (al igual que todos) solo busca su final feliz.              


Soñaba con escupir el dolor
con vomitar el dolor
pensaba en arrancarme el dolor
quitarlo a jirones de mi piel.

Sentía
sentir y olvidar
intentaba marchitarme hasta dejar de ser.

Dejar de ser
de pensar y sentir
intentar y lograr
buscar y querer
ser para estar
y estar sin esperar.

Dulce la espera
en la que ya no te espero
Hermoso sueño
en el que ya no eres lo que anhelo.




I




Suspiro y los latidos de mi corazón se aceleran.
¿Qué sucede?
Es él que se aproxima junto a los pasos del padre tiempo
Ahora hablamos sin saber qué decir
Guardando silencio para no interrumpir los gemidos que liberamos
Intentando “jugar” a no sentir.
Y somos unos tontos, al pensar que podremos lograrlo
Es claro que seguimos encontrándonos en la mirada del otro.
Mírame… continúo siendo quien te acariciaba por las noches
Y te despertaba con palabras de amor en las mañanas
¿No reconoces mi voz?
¿No sabes acaso que soy yo?
Piensa… siente… recuerda…
Percibe mi piel temblar cuando te acercas.
¿Reconoces su calor?
Sin mirar te alejas
y las palabras que no soltamos se marcharon para morir contigo.




Escucho tu voz en la noche, que una vez más me hace temblar.
Estás entre las sombras pero no te puedo tocar.
Tinieblas que enceguecen y queman las palabras escritas en el papel con tinta de silencio.
Somos dos entre miles y hoy, solo unos miles más.
Que nadie toque tu recuerdo ni borre tu sonrisa de mi memoria.
Lo sé y lo sabes, que todo pasa y todo cambia
Ni eres quien fuiste a mi lado ni soy quien era junto a ti.
Solo dos extraños en la noche de un año más, de un cielo nuevo y la misma luna.
Mejor callar, ni llorar ni gritar ya todo pasó… el amor murió y el dolor dejó paso a la paz.
Recuerdo que te conocí, que una vez te vi, que aquél día fuimos dos.
Pero ahora solo estoy yo y tú… tú ya no eres.

Silencio la aurora se está haciendo presente,
silencio esta mi Alma despertando
Y ella me recuerda que tengo por quién seguir.
Melodías y sonrisas que te traen sin que te busque.
Tú no estás y aún somos dos.




Es raro, aún contemplo las líneas en blanco, esperando a que tú las llenes.
Un rayo de luna desperdiciado en el tiempo, perdido entre batallas que nos desgastaron.
Manrique ya no sueña y yo aún lo espero. Dime tú... ¿Vendrás?


Comencé a vivir cuando me hallé en tu mirada sin verte.
Nací con tu voz aún sin escucharla, sentí tus caricias sin que tus manos me rozaran.
Y una mañana al despertar, me quedé fundida con tu recuerdo, perdida en tus manos que lentamente dejaron naufragar las letras que ya no dijimos. 
Atravesaron mi corazón, tu ausencia y el fin del tiempo.
No estas conmigo ni yo junto a ti.
Contemplamos lunas que mueren cada veintidós noches, la ausencia de palabras la falta de aroma colma la soledad de dejarle notas a quien no las leerá. 
Y entre Alas y Balas se hace mi carne alegría aunque hay anarquía en mi alma.
Eres mi espejo y mi flor de un día... y me contemplo en tu poesía, aunque ésta, esta ya marchita.
Nite. Yetem







Mi abuela solía decir que las libélulas son mensajeras entre el mundo de los muertos y el nuestro. Decía que encontraban el camino, algo así como un “Karma” bueno. Hacernos vivir nuevamente aquello de nuestras vidas que había quedado trunco o se había vivido mal, y comienzo a creerlo.
Tal vez solo haya sido algo que se formó en mi mente y que en realidad jamás debería haber ocurrido. Pero pasó, o al menos eso creo. Aún tengo pesadillas por las noches, casi no comprendo si todo lo vivido fue real o solo un largo sueño. Necesito saber y entender. Todo esto me resultó como un océano al que me arrojaron y el que tuve que descubrir sin tener absolutamente ningún conocimiento previo. Hallar respuestas a preguntas que jamás me formulé.
¿Cómo ordenar lo que sucedió? ¿Por dónde o cuándo comenzar?
De niña, imaginaba que había un mundo paralelo al nuestro el cual no podíamos ver. Cerraba mis ojos y mi mente parecía alejarme, era entonces cuando mi cuerpo (según la imaginación de una niña de seis años) transmutaba y se volvía capaz de atravesar una enorme puerta, la que tan solo con cruzar un pie, me depositaba en ese grandioso universo. No había dificultad en ese mundo para mí. Prácticamente todo era posible y realmente me hacía tan feliz estar allí, que en lugar de jugar con mis primos o ver la televisión yo prefería alejarme bajo la sombra de algún árbol, cerrar mis ojos y adentrarme en ese mundo. Pero como todo cambia y el tiempo avanza con el paso de los años eso quedó atrás y me convertí en la adulta que mi familia esperaba y la chica que encajaba perfectamente en la sociedad en la que vivía.
Fue así que me convertí en abogada, una muy buena y alejada por completo de las fantasías de mi infancia.
Esa mañana comenzó como todas, nada fuera de lo normal. Fue despertar y alistarme para ir al trabajo, nada difícil. Un hombre reclamaba un dinero a la empresa en la que había trabajado veinte años. Reclamo justo, se merecía lo que reclamaba, lo malo para él era que yo representaba a sus ex empleadores y jamás había perdido un caso como éste. Por supuesto fue un caso como tantos y uno más que ganaba. Pero éste a diferencia de muchos otros dejó un gusto amargo en mi boca. El hombre que hacía el reclamo había enfermado de cáncer y al enterarse la empresa lo  había despedido, tenía tres hijos y además era viudo. Todo para conmover la conciencia de la persona más dura.
Según escuche la conciencia tiene muchos niveles solo que hasta ese momento no comprendía lo que eso significaba.
Estaba muy ocupada para hacer caso de remordimientos infundados, solo era mi trabajo y yo, era buena en lo que hacía. “No tenía que sentirme culpable por ser buena en mi trabajo”… eso me decía todas las noches desde que había conocido a ese hombre.

Corría por un río, bajaba entre rocas y me rodeaba la maleza. Continuaba corriendo sin lograr ver por donde avanzaba y aunque la luna brillaba con fuerza los árboles la ocultaban constantemente a medida que avanzaba por entre ellos. Llegaba a una orilla, y caía entre las rocas al resbalar en el musgo que estaba formado en ellas. Caí de bruces y sentí la humedad del agua en todo mi cuerpo, mis rodillas comenzaron a sangrar. A veces lo que no aprendemos en la vida, nos obliga la muerte a aprenderlo, en ese momento, supe que estaba muriendo.
Al abrir los ojos, por un momento todo era absolutamente oscuro, poco a poco los colores y los olores conocidos comenzaron a  hacerse presentes. Estaba en mi dormitorio. Solo había sido otra pesadilla. Solo era estrés. Miré a mi lado, y  vi el cuerpo tibio y calmo de mi amor. Me acomodé a su lado, rodé su cintura con mi mano y dormí abrazada a él. –Te amo. Murmuró sin moverse demasiado, ni abrir los ojos. Todo estaba bien.

En una semana sería nuestro segundo aniversario. Debía conseguirle el regalo apropiado además de preparar la cena de celebración con nuestros amigos. Además le daría otra gran sorpresa. Bueno, esta sería para los dos.  Así que  al llegar la mañana nuevamente me sumergí en mis pensamientos y obligaciones. Desayunamos juntos con Alberto, quedamos en vernos para almorzar ya que por la noche llegaría tarde a casa. Me olvidé de mis pesadillas, al menos durante el día. Las horas como siempre se hicieron pocas para todo lo que tenía que hacer. Correr de la oficina a la corte, de ver menús para la cena a pasar por casas de cuadros para buscar el correcto para hacer el regalo ideal. Alberto apreciaba las pinturas así que creí que un cuadro sería el regalo justo para nuestro aniversario. Lo malo era que  no encontraba uno que realmente me llegara al alma. Había pasado semanas corriendo desde una galería a otra. Llamando a artistas que me recomendaban para decirles lo que buscaba. Por fin parecía que había dado con el indicado. Llamé a Alberto a su celular, el único momento en que éste hombre podía verme era a la hora del almuerzo. Fue fácil ponerle una excusa- Amor tengo una reunión de trabajo, no podré almorzar contigo- Lo creyó me excusé, pedí perdón prometí recomenzarlo y eso fue todo. Tenía el tiempo suficiente para ver si estaba en lo correcto y por fin encontraría lo que estaba buscando. Aunque de camino a encontrarme con el artista que me habían recomendado iba pensando en regalos alternativos, le hacía falta una campera y había visto una muy buena a un excelente precio. Era evidente, me estaba dando por vencida. Aunque eso no era algo normal en mí. No me fue fácil llegar al taller, pero lo encontré. Toqué timbre y se apareció en la puerta un hombre alto, delgado, despeinado y hermosamente lleno de pintura. Me dio risa y él también rió. Me hizo pasar me ofreció un café y me puso de pie frente a un cuadro.  En cuanto la vi, un escalofrío recorrió mi cuerpo. Dejavú. Dije en voz baja. Era como estar viendo algo que ya había visto, aunque en ese momento no recordé dónde. Permanecí de pie y en silencio unos segundos. – Creo que te gusto- Me interrumpió su creador.
-¿Dónde es?- Y podía sentir como los latidos de mi corazón se aceleraban. Sus golpes eran tan fuertes que creía se saldría de mi pecho en cualquier momento.
- No lo sé. Solo se me ocurrió luego que me llamaste y me diste una idea de lo que querías. Era un río, con una gran arboleda a sus costados, rocas con moho y una casa en el fondo. Nada especial, pero sin dudas era la imagen que sentía había visto en mis sueños. Lo compre de inmediato. Lo empacaría y me lo enviaría a casa el día 22 sería una gran sorpresa de aniversario.
De regreso a la oficina me sentía feliz, ya tenía el regalo que tanto había buscado, las cosas para la cena estaban casi listas las invitaciones realizadas. Todo estaba perfectamente preparado. Al bajar de mi auto, recordaba la imagen de la pintura, era tan familiar y al mismo tiempo jamás la había visto antes. Llegué a mi oficina Alberto me esperaba, caminé hacía él intentando no demostrar lo feliz que me sentía. –Hola amor- Y lo abracé. Lo amaba, era un gran escritor sobre todo un poeta genial, tan diferente a mí, un soñador que aún intentaba cambiar el mundo y eso me hacía amarlo más aún.
Los gritos llenaron la oficina, noté que unas personas corrían buscando la salida y por el pasillo apareció un hombre con un arma en la  mano. Llevaba a una chica, la reconocí, era Andrea la recepcionista y él que la amenazaba era el hombre que tenía cáncer y había sido despedido por la empresa (al cuál ayudé para que lo dejaran sin nada), le tiraba del cabello, ella lloraba y gritaba. Se paró frente a mí, sujete la mano de Alberto, tan fuerte que creo lo lastimé. Pero al mirar mi mano estaba vacía. Miré al suelo, levanté la vista, Andrea gritaba, un policía sujetaba al hombre que nos había amenazado y Alberto estaba sobre un charco de sangre. Entonces caí junto a él, un frío brotaba de uno de mis brazos, al parecer una bala me había rozado apenas, para terminar en el cuerpo de Alberto. No percibí en que momento me había soltado. Puse mi mano sobre su pecho, pero la sangre no se detenía.

Las pesadillas variaban pero continuaban.
Corría por el río, intentaba llegar hasta la casa, pero no podía, la luna iluminaba todo aun así no conseguía distinguir lo que me rodeaba, entonces tropezaba con las rocas y caía.
Al despertar y buscar a mi lado no había nada, su lado estaba vacío. Él ya no estaba. Nada tenía sentido ni solución.
Amaneció y no era un día igual al otro, era 22. La cena (por supuesto) había sido cancelada y aunque no quería saludar ni ver a nadie continuaban llegando cosas, entre ellas, el cuadro. Lo desenvolví y coloqué sobre el sofá. Abrí una botella de vino llené dos copas y me quedé sobre la alfombra viéndolo y bebiendo.- ¡Feliz aniversario amor!-
Y vacié la copa, una vez, luego otra y otra.
Observaba los árboles de la pintura, comencé a respirar profundamente y a sentir el olor a tierra húmeda. El ruido del río se escuchaba muy cerca y fue entonces cuando su voz sonó en mis oídos.- ¡Lizbeth! – Busqué a mí alrededor. Solo la pintura me observaba tanto o más que yo a ella. Recordé los momentos de mi niñez, esos en donde me era más fácil estar en ese mundo detrás de la puerta de mi imaginación a vivir en el que (según me decían) era el real. Desee ser niña y tener nuevamente esa capacidad para viajar a ese lugar donde todo era posible. Continué bebiendo, la tristeza y el dolor me destrozaban por dentro. Anhelaba que todo desapareciera. Arrojé la botella contra la pintura y ésta se rompió por el centro, sus pedazos quedaron divididos y se formó una estrella. Necesitaba respirar, tomar aire. Tambaleando me levanté, fui hasta la puerta y salí al patio. Anduve unos pasos, miré al cielo y grité. No me importaba si alguien me escuchaba o no. La luna lo iluminaba todo, me sentía mareada, entristecida, aturdida, continué caminando no supe en que momento me aleje de la casa. Necesitaba olvidar corrí sin saber para donde ir, tropecé con una roca y caí. Al mirar hacia delante encontré mi casa, me  puse de pie y comencé a caminar nuevamente. Los árboles me rodeaban una de las rodillas me sangraba. -¡Lizbeth!- Escuché nuevamente. Lloré, era su voz. Me costaba llegar hasta la casa. Todo comenzó a girar, cada vez más rápido, recordé a Alberto y como había muerto por mi culpa. Si yo no hubiera ganado ese caso, si hubiera fallado solo esa vez, ese hombre no se habría sentido atrapado y orillado a ir a mi oficina y buscarme para vengarse. Si hubiera almorzado con él en lugar de ir a buscar la pintura Alberto no habría ido a mi oficina y no se habría interpuesto entre mi atacante y hubiera muerto yo. En un mundo perfecto él seguiría vivo. El sentimiento se detuvo. Llegué hasta la casa, la puerta estaba abierta entré y la cerré. Caminé unos pasos y me deje caer sobre el sofá.
-¿Quién es usted?... ¿Qué hace aquí?
-Esta es mi casa- Respondí sin levantar la vista y sin tener en cuenta que alguien estaba dentro de ella.
-¡¿Lizbeth?!- No respondí, para ésta altura solo quería dormir. –No puede ser… ¡¿Quién es usted?!- Los gritos no me gustaron. Con dificultad me puse de pie. Miré a mi interlocutor y no supe que decir, no salió palabra de mí. Comencé a llorar y a reír. De pie en el medio del living, estaba Alberto, con sus ojos llenos de lágrimas y su cara de terror. ¿Cuál de los dos estaba soñando? Corrí hacía él, lo abracé, lo acaricié y lo apreté junto a mí. “No quiero despertar”. Susurré.- Estas muerta.- Dijo él. –No. Tú estas muerto- Él sonrió, no amor, te dispararon, moriste en mis brazos.- Lo miré a los ojos y sonreí, acaricié su rostro- Amor, a ti te dispararon. Te interpusiste entre el culpable y yo.
No supimos que pasaba ambos creíamos estar soñando y temíamos despertar. Nos besábamos como desesperados y nos abrazábamos con el temor de que una leve brisa nos separara. Reímos y lloramos hasta quedarnos dormidos. Al abrir los ojos noté la pintura sobre el sofá, completamente sana, sin siquiera un rasguño. Pero algo estaba mal. No era la pintura del río, con árboles en los costados y la casa en el fondo. Lo que ahora veía era exactamente mi casa… y por supuesto sin el río. Algo me distrajo, un ruido de agua a lo lejos. Me levanté fui hasta la ventana sonreí, vi un río a lo lejos y a sus costados árboles y mas allá rocas. Regresé sobre mis pasos, para acostarme nuevamente sobre el sofá, miré a mi lado, estaba mi amor, me acomodé junto a él. Todo estaba bien.



El tiempo avanza mientras permanezco inmóvil. Noches negras que son invadidas por marañas de sensaciones y sentimientos que atormentan a su creador.¿Qué se puede hacer si las campanas no dejan de sonar? Y descubro que cuando se apaga el sol, se enciende la luna, comienzan a nacer nuevas estrellas en tanto que otras…dejan de ser. Criaturas imaginarias que colman el mundo que suele aparecer de la nada, en todas partes. Abarcando por completo con el caos, esperando que  todo se sosiegue o simplemente, se acomode de la mejor manera. Torbellinos que elevan el ser hasta donde nadie logra llegar, donde se quema el alma consumiendo todo en ella. Cambiar de opinión cuando al parecer las cosas que veo se mantienen en pie, para comprobar, que nada permanece jamás del mismo modo. Tiempo pragmático que consume el universo. Las emocionen confunden, dañan, hieren, lastiman, destruyen lo perfecto. Solo un minuto y un nuevo día comienza, los razonamientos se agolpan en mi cerebro y no me permiten respirar. Todos tenemos a alguien de quien cuidar, a quien proteger. ¿Pero quién nos protege a nosotros? La retórica de alguien cuya voz no se ha escuchado, se pierde en el vacío y mure junto con la flor que se marchita. Renacerá, cada veintidós días tal y como solemos soñarlo. Solo para descubrir que cumplimos órdenes de quien no vemos, ni comprendemos. Continuamos avanzando por el camino que alguien más marcó pero cuyo recorrido no queremos realizar. Quitamos poco a poco lo que nos invade nos restauramos en aguas cristalinas, las que reflejan un espíritu colmado de luz y oscuridad, ambas luchando por vivir, por crecer y multiplicarse. Permanezco a solas con ellas, no soy hecha de dicha, pero de mí depende quien gane. Quédate de pie, que estoy a tu lado. Ven... peleemos ésta batalla juntos.
"Te amo" - dijo el principito... -"Yo también te quiero" - dijo la rosa. -"No es lo mismo" - respondió él... ..."Amar es la confianza plena de que pase lo que pase vas a estar, no porque me debas nada, no con posesión egoísta, sino estar, en silenciosa compañía. Amar es saber que no te cambia el tiempo, ni las tempestades, ni mis inviernos. Amar es darte un lugar en mi corazón para que te quedes como padre, madre, hermano, hijo, amigo y saber que en el tuyo hay un lugar para mí. Dar amor no agota el amor, por el contrario, lo aumenta. La manera de devolver tanto amor, es abrir el corazón y dejarse amar." -"Ya entendí" - dijo la rosa. -" No lo entiendas, vívelo" - agregó el principito.





Envuelta en fango comienza a nacer una nueva luz. ¿O es que siempre ha estado ahí?
A veces olvido algunas cosas. Nombres, rostros, sensaciones, sentimientos. Otras olvido como se sentía hacer el amor con alguien que sepa tratarte con ternura. O por lo menos hacer el amor. O como deba llamarse. La piel suele perder la memoria mas rápido que mi mente en éste sentido. Y la rabia, la energía y la dicha que se libera al llegar al éxtasis, me es cada vez más difícil de recordar.
Resguardas el desgano entre sombras y oscuridad, finges una sonrisa, creas un idioma donde las palabras no digan lo que realmente deseas decir. Te imaginas con poderes, algunos sencillos tan solo son sanadores. Otras veces vienen a ti recuerdos que no esperabas, que creías olvidados pero están en alguna parte, ocultos, agazapados esperando el momento justo en que despiertes de tu desmayo para atormentarte. Pero no importa que estén en tu mente ya que es tu corazón lo que le da vida a todo tu ser. Y sabes que en él solo se hallan las visiones de ensoñaciones encantadas, mágicas, únicas en verdad. Intentamos tener orgullo, ser libres. ¿Cuándo fue la última vez que lloraste con todas las ganas de tu alma? Comprendemos entonces, que jamás seremos libres, que nacemos dentro de un sistema que solo nos aprisiona. Nos hace crecer deseando obtener cosas que no necesitamos. ¿Para qué tener una vivienda con tres habitaciones si solo duermo en una? Corremos para alcanzar eso que dicen nos dará la felicidad y cuando llegamos a ello, nos percatamos que de tanto correr, dejamos detrás lo que nos haría dichosos.
Hacemos nuestras propias camas intentando encontrar con quien compartirlas, para descubrir, que estamos en ellas durmiendo solos. Nos invade la desazón, la angustia, arañamos nuestra piel, para lograr sentir, dolor, pero sentir. Algo que nos indique que ha valido la pena, luchar tanto, para obtener justo eso que no deseábamos.
Al final de nuestros días, tal vez, con suerte, descubramos que hemos soportado, por las fuerzas del otro, para intentar hacer de su vida algo mejor que la nuestra. Sin habernos dado cuenta que no podemos hacer feliz al otro, si no conseguimos primero nuestra propia y perfecta dicha. Debemos despertar y saber que no era mucho lo que soportábamos el día de ayer. Tal vez consiga llegar a un mañana. Cada día tiene nuevas y pesadas rocas que transportar. Aprender de lo vivido y experimentar de lo anhelado…parece ser el método más sencillo de ver de frente al sol. La rabia, la bronca, el enojo, la impotencia. Se borran, desaparecen, se extinguen, cuando hallas, quien te llena de ternura, te colma de amor, te embriaga de sonidos y luces. Es entonces que sabes, que si esta de pie junto a ti, soportarás otro día, y el siguiente a ese y todos los que vengan, porque ya encontraste lo que te complementa y simplemente te hace ser mejor …de lo que eras.


Necesito descansar del sueño concluido, quiero poner fin a las esperanzas no alcanzadas, cortar el cordón que me une al dolor y olvidar todo lo que no dio buen fruto. Concluyo mi camino a ninguna parte, y me aparato del destino para mi no trazado. Hoy, ahora, comienzo lo que una vez aparte de mis pasos. Buscar lo que soy, lo que valgo, pero sobre todo, encontrarte en mi alma, para vivir los dos, en un solo mundo.
Suelo pensar mientras camino sobre el mar, que todo eso no es real. El color púrpura del cielo o esas luces amarillas debajo de mis pies. Pero mis lágrimas duelen al caer, comprendo que no es sueño es mi dichosa realidad. Busco el camino a casa, ese que perdí al caer del infinito a la nada. Entre batallas sin armaduras y espadas de papel. Contando historias, entonando canciones, riendo unas veces,... llorando otras. Pero buscando siempre. Sin lograr recordar, sin poder dejar de sentir éste vacío que consume la oscuridad, de caminos que no logro hallar. Todos sabemos lo que sucederá en algún momento si dejamos de avanzar, pero rara vez deseamos penar en ello. Necesitamos escuchar una voz familiar, aún, cuando los demás nos ven dormidos. Lunas eternas en las que podemos oír a quien nos llama y soñar con lo que amamos. Los amigos no logran traspasar los encierros de nuestras cárceles. Nos aislamos tanto, que ni nosotros mismos logramos saber en qué momento nos perdimos y cuándo seremos capaces de volver a encontrarnos. Es cuando me configuro entre una realidad que existe si sueño y un sueño que no llega a ser realidad. Nos mostramos en escaparates esperando quien nos adquiera y desee alejarnos de nuestra soledad. Fingimos sonrisas que marcan nuestro rostro con surcos que reflejan el dolor de nuestro interior y escondemos el llanto que causa vergüenza a nuestro corazón. Maniquíes de fantasía, en escaparates oscuros de dos por dos, cuerpos insensibles al calor, que anhelan ser humanos y personas que deseamos dejar de sentir. Suelo imaginar mientras acaricio las estrellas, que pudo volar entre ellas, desplegar las alas que nadie ve y perderme en el tiempo sin tiempo. Dejar atrás esas heridas que la guerra causó. Llegar al sol y fundirme en él, despertar en tus brazos y dormir para siempre en tu calor. Me gusta creer, que la realidad supera a mi ficción y que mi ficción por fin, se hará realidad. Soplo un beso, que se llena de aroma a jazmines y se viste de blanco como si fuera tan solo un rayo de luz. No quiero hacerte quedar mal cuando cree mundos en los que no puedas reinar, pretendo ser correcta aún cuando pueda perder y comenzar a descender, no quiero detenerme. Suelo tener inventivas, cuando camino sobre nubes, me gusta el aroma a naranjas que se desprende de ti, y el brillo en tus ojos cuando ríes y crees que nadie te logra oír. Soy feliz, cuando me creen dormida porque es cuando en realidad, estoy despierta… a tu lado.
 Despertó de pronto, aterrorizada por un dulce sueño o una mala pesadilla. No supo definirlo bien en ese momento. Pero despertó. Abrió los ojos, sentarse en la cama fue solo un reflejo (lo normal en éstos casos) corrió el cabello que le caía sobre los ojos, apoyó las palmas de las manos sobre el colchón por detrás de su espalda. Pensó unos segundos dónde estaba y que debía hacer. Sobre todo en eso… qué debía hacer.  Respiró, sonrió, luego la sonrisa se convirtió en una mueca sombría casi terrorífica. No había mucho que pensar, debía salir del dormitorio. El día estaba soleado la luz entraba por las ventanas iluminando toda la casa. - ¿Qué pensas del nuevo día?- Gritó de pronto mientras habría la ducha del baño. Nadie respondió. – ¿Es una locura verdad? Ayer una gran tormenta y hoy soleado - Lavo su cabello mientras el agua caía por su cuerpo majándolo por completo. Recorrió su cabeza, bajó por el cuello, confundiéndose con las marcas que lo rodeaban, rozó suavemente con el jabón un punto en su vientre de color púrpura, se estaciono un momento en un  par de paralelas que había en sus muñecas. El agua continuó el recorrido por ese cuerpo de mujer  joven aún, pero con demasiadas huellas.
Cerró la canilla, tomó una toalla la envolvió alrededor de su cuerpo, con otra más pequeña secó su cabello. Se dirigió nuevamente a su dormitorio, al pasar por el pasillo pudo ver la figura masculina sentada en la cocina junto a la mesa. – ¡Será genial conocer por fin el mar!- Continuó diciendo a los gritos.- No puedo creer que después de tantos años por fin vaya a conocer el mar. ¡No debiste romper tu promesa de llevarme a conocer el mar en nuestra luna de miel¡- Suspiraba mirándose al espejo, avanzó dos pasos y se acercó a la figura que se reflejaba frente a ella. La acarició dulcemente mientras intentaba secar en el reflejo las lágrimas que caían por su mejilla. Arrojó la toalla que la cubría abrió el armario sacó toda su ropa y la arrojó sobre una silla que estaba cerca. Se vistió con una blusa roja muy sensual, una ropa interior del mismo color y unos pantalones negros que le quedaban ajustados a su cuerpo delgado. – ¡Sé que no te va a gustar nada de  lo que me he puesto!- Abrió la maleta y con cuidado comenzó a empacar. –Nunca te gusta cómo me veo- Susurró.  Al guardar todo se paró frente al espejo nuevamente. – A mí sí me gusta- Dijo con una gran sonrisa en su rostro. – Fueron demasiadas promesas las que rompiste, pero de la primera, no me olvido. ¡Y eso que ya pasaron diez años!... ¡quién diría! – Y gritaba mientras miraba hacía la puerta y continuaba maquillándose.  Al terminar fue hacía la cocina con sus cosas. Había un bolso de color rojo sobre la mesa. Lo abrió y controló que tuviera todo lo que necesitaba. – Y pensar que en diez años nadie vio nada. Al menos no me lo hicieron saber – Ahora se encontraba de pie frente a la figura masculina que continuaba sin emitir palabra alguna, permanecía sentado con una mano sobre la mesa. Entonces ella le sirvió un café  y también tomo uno. –Me pregunto qué haremos ahora. Bueno, mejor me voy no quiero que se me haga muy tarde. – Levantó las dos tazas las lavó y las dejó junto a la pileta para que se escurrieran. – Anoche cancelé el gas y el teléfono, espero no vengan a molestar. – Se colocó el bolso en el hombro derecho y lo dejó caer junto a ella, luego levantó la maleta y  sujeto de tal forma que pudiera manejar cómodamente sus ruedas-  No nos sigamos despidiendo. Creo que después  de tantos años es la primera vez que me escuchas, que dejas que sea yo la que hable y diga lo que quiere, piensa o siente.  Es una lástima que pasara tanto tiempo para que por fin entiendas que no soy de tu propiedad, que no podes tratarme como lo venías haciendo. – Y dejó de hablar. Las lágrimas nuevamente se lo impidieron. – No quiero irme enojada. – Y respiró profundo mientras se secaba los ojos con cuidado para no desmaquillarse. – Te perdono… - Se acercó al hombre y lo beso en la boca. – Espero vos también puedas perdonarme-.  Movió la maleta, atravesó el living hasta llegar a la puerta de calle, tomo la llave que estaba sobre un aparador, abrió la cerradura luego la puerta.

Sacó la maleta, entro nuevamente para dejar la llave en el lugar de donde la había agarrado, cerró la puerta y se alejó.
El sol era intenso, levantó el rostro, cerró unos segundos los ojos y sintió ese cálido calor sobre su piel. Se colocó unos lentes oscuros, no porque le molestara la luz del día, era para esconder las huellas que le había dejado su esposo. Era experta en ocultarlas. Durante éstos diez años de convivencia,  nadie se había dado cuenta que la golpeaba, que más de una vez había estado a punto de matarla y que ella había llegado a desear que lo hiciera. Tal vez así, (pensaba) no seguiría en ese infierno.  Ahora esperaba que (al menos por un tiempo) nadie descubriera el cuerpo con el cuchillo enterrado en el corazón que dejaba sentado junto a la mesa, en la cocina de su casa. Paro un taxi, se subió en él. – ¿A dónde la llevo señora?

-Al aeropuerto- Respondió con su habitual sonrisa.


Estoy triste
no triste de hondo dolor
es tristeza de un profundo amor.

Amor que fue,
amor que será
amor que ya no es.

Tristeza de amar amando.

Triste de amor
y no de dolor.

Triste por tenerte
y ya no estar
triste por ser
lo que no es
triste por los besos
por el amor intenso.

Estoy feliz
feliz de hondo dolor
feliz por un profundo amor.
estoy
porque ya no soy.

Estas

aunque ya no eres.



Hay sentimientos
que no se dicen simplemente con palabras.
Hay sensaciones increíbles
Y hay emociones inesperadas.

Algunos momentos, solo pasan
Pero otros, llegan justo a tiempo para perdurar.
Depende de uno el lugar,
lo que recibas, encuentres y aprendas.

La vida  es como un juego
donde todos apostamos.
Lo hacemos unas veces con temor,
lo desconocido nos embriaga con su miedo

Pero siempre arriesgamos otro poco
cuando no queda más sobre la mesa  que malgastar.
Porque es cuando nos acordamos, que ya, no tenemos nada  que perder... y solo así, todo vuelve a comenzar.


Eran casi las tres de la madrugada cuando llegaba a casa. “Casa” es un título ridículo para la pocilga en donde estaba viviendo. Si es que a esto se le puede llamar vida. Es patético recordar que a mis veinte tenía (al parecer) un prometedor futuro (así solía decir mi vieja) y chicas de amontones que se peleaban por tener sexo conmigo. Una historia triste…- ¡Bah!... apesta como todo a mí alrededor. Después de una mala separación y un peor divorcio eminente, tenía una casa vieja, descuidada y sin valor, una caja de cigarros y un trabajo como custodia en un boliche de mala muerte y eso gracias a que había sido policía. Otro error en mi vida. Decidir entrar a la academia de policía en lugar de estudiar abogacía. Si hubiera sido abogado no estaría gastando tanta plata contratando a uno que se está llevando lo poco que me queda.- ¡Malditos abogados!...- Toda buena mentira parte de una verdad, tal vez por eso ahora creía que si estaba en un pozo, era por culpa de los demás y no de mis malas decisiones.
Los lunes no trabajaba. De todos modos me lo pasaba en bar. Uno al que iba con mi padre antes que el viejo se fuera de éste mundo. Las cosas no habían cambiado nada en ese lugar. Estaba el dueño, un tipo que se conocía por el nombre a casi todos sus clientes, claro que no éramos más de veinte los que frecuentábamos siempre el lugar, el olor a humo de cigarrillos baratos no se quitaba de la ropa por días, pero se podía escuchar buen blues. Ahora que lo pienso me doy cuenta que mi viejo fue quien más influyó en mi gusto por la música, él me decía que el blues solo se escucha con el alma y se siente en el cuerpo. Lo de sentir la música con el alma me había parecido raro desde la primera vez que lo escuché y tantos años después aún no sabía lo que el viejo había querido decir. Pero se sentía muy bien en el cuerpo. Era hora de encender un cigarrillo y cortarla con tanta filosofía. El sol se asomaba junto con una gran visión. Me parecía que era un sueño hecho realidad. Bajaba de un magnifico automóvil último modelo, sin dudas la mejor aparición que había visto en mi vida. Era eso o realmente estaba borracho y cansado. Llevaba el encendedor y con la luz que éste emitió pude comenzar a verla en su totalidad. Es bien sabido que una mina como esa mete en quilombos a tipos como yo. Sus piernas eran largas, las más largas que había visto, el cabello negro y corto, llevaba puesto un vestido rojo muy entallado al cuerpo, que sin dudas era perfecto. Me quedé viéndola como si fuera un adolescente descubriendo por vez primera a una mujer totalmente desnuda.
Pasaron unos segundos,  que para mí fueron horas, la observé de arriba abajo y viceversa mientras el auto del cual se había bajado se alejaba. Ella se quedó de pie junto al farol dando pasos cortos me fui acercando hasta donde estaba. Quería verla más cerca y lo conseguí. Su rostro era tan hermoso como su cuerpo.
-¿Tiene fuego?- Su voz se escuchaba dulce, pero triste, como ausente. Quise responderle con algo inteligente, alguna palabra que sonara perfecta y única. Pero no se me ocurrió ninguna. Solo atiné a sacar mi encendedor del bolsillo y acercárselo sin lograr emitir sonido. Acercó esos labios rojos, gruesos, el viento hizo que me impregnara de su perfume, olía a jazmines recién cortados. Todo en ella se me hizo perfecto, delicioso.- ¡Hermosa noche!- Dijo mientras inspiraba y exhalaba el humo del cigarro. La miré fijamente, tenía la mirada profunda, me recorrió por entero (eso me gusto). Creí que la había visto en alguna otra parte, pero descarté esa idea de inmediato, es imposible que se pueda olvidar a una mina como ésta.
-Un poco fría. – No se me ocurrió nada mejor que decir.
-¿Vas para allá?- Y señaló hacia la derecha. Por suerte sí era para donde yo iba.
-Sí. ¿Y vos?
-También. Dale, caminemos juntos.
Daba pasos muy cortos, pero seguros. Levantaba un pie y estiraba una de sus largas piernas, lo apoyaba con firmeza en el suelo y repetía la acción. Mido un metro ochenta y siete y ella poco más de uno setenta. Me sentía como un rey caminando junto a tremenda mujer.
-¿Vivís lejos?- Exhalaba el humo al mismo tiempo que hablaba. Me miraba y sonreía. Como si me conociera de tiempo y se sintiera segura conmigo. Yo mientras tanto no podía creer lo que estaba pasando.
-Solo a una cuadra más.
-Aún no tengo sueño. ¿Tenés algo de tomar que me puedas invitar?
-Sí. Claro… Como quieras.- La noche se ponía cada vez mejor. Suerte que siempre tenía cervezas y vino para las noches de insomnio. Claro que ni en mis más disparatados sueños habría imaginado lo que me estaba pasando en ese instante.
La distancia que recorrimos hasta mi casa la hicimos en poco tiempo, más que nada porque yo apuraba el paso y ella me seguía, aunque se me hicieron eternos esos minutos.
En cuanto cruzamos el umbral todo se me hizo borroso. Estaba mareado, confundido, me sentía perdido y extasiado.
Sentí sus manos acariciando mi cabello, bajando por mi cara y apretar mi cuello durante unos segundos. Luego me di vuelta y allí estaba nuevamente, la aparición de mi vida. La bese en la boca, mis labios rodearon y humedecieron por completo los suyos, mis manos bajaron por su espalda aunque la meta era llegar hasta sus muslos. Me sentía increíblemente, extasiado, confundido y absorto todo al mismo tiempo. Cuando estaba concentrado y disfrutando de mis sensaciones ella se apartó de mí empujándome. Creí que había hecho algo malo. Al ver su rostro noté que sonreía,  me reí también.  La muy malvada quería jugar conmigo. Caminó un poco por la casa, miró a su alrededor.
-¿Vivís solo?-
-Si.- Respondí alcanzándole un vaso con cerveza. Bebí la mía de un solo golpe y llené el vaso nuevamente casi de forma automática. Ella tomó un par de sorbos y continúo con su inspección. Yo solo podía observar sus piernas interminables, sus senos, su cintura, su boca, su cuello, ardía de deseo por besarla y sentir su olor nuevamente. Me acerqué a ella. Hizo como que no me veía (jugaba sin dudas) miró mis discos, se decidió por uno y lo puso en el aparato reproductor.
-A mí también me gusta el blues.
-¿Ah sí?- No le estaba prestando atención, sonaba la música de fondo pero yo solo podía concentrarme en ella. La agarré por la cintura, la envolví con mis brazos, besé su nuca. Todo parecía una locura, un sueño surrealista. Caminar por la calle, tropezar con una mujer hermosa y que ésta termine con migo en mi casa. Era una locura, y me estaba volviendo loco de deseo. Me aparto otra vez se sentó en el sofá, el living estaba casi a oscuras, encendí otra lámpara, pero ella estiró su brazo y la apago. Bebió otro sorbo de su cerveza y yo me serví el tercer vaso.
-¿Quién era el tipo con el que estabas?- No sabía que más decir, solo deseaba hacerle el amor pero ella jugaba conmigo, creí que finalmente solo haría eso y nada pasaría así que intentaba relajarme y no mirarla.
-Es mi esposo.- ¡Esa no era la respuesta que esperaba!- Nos casamos hace un mes, pero fue un error, lo amo pero me enloquece.
-Que mal-Aunque en realidad pensaba que entendía al pobre hombre, con una esposa así quién no se volvería loco. Entonces ella movió su mano, dándole palmaditas al sillón indicando que me sentara junto a ella. Lo hice casi de un salto. El blues continuaba sonando, la luz era tenue y la cerveza comenzaba a hacer efecto en mi cabeza. Abrazó mi cuello, beso mi boca. Ahora era ella la que me besaba y acariciaba. Me quitó el buzo y yo baje el cierre de su vestido. Quitárselo fue fácil aunque quise hacerlo despacio. Recorrí su cuerpo con mi boca, mientras ella rasguñaba mi espalda, bajó hasta mi cinturón lo desprendió, luego hizo lo mismo con el botón del pantalón para luego quitármelo. Me gustó que ella me desvistiera aunque más me gustó quitarle la ropa de su cuerpo. Su respiración era entrecortada y sus gemidos me volvían loco de placer. El disco continuaba sonando terminaba una canción y empezaba otra. Una dulce melodía que se mezclaba con los gemidos y los besos. Me rodeo con sus piernas, entre en ella y el movimiento iba al compás del dulce blues que sonaba. Ambos estábamos eufóricos, reíamos y gemíamos. Acariciaba sus senos, besaba su cuello. Y ella, ella reía debajo de mí y mordía mi oreja. Me gustaba verla reír, nunca me había pasado que riera una mujer mientras le hacía el amor. En ese momento me di cuenta que no sabía ni su nombre, pero que todo en ella me había fascinado, me gusto como no recordaba me hubiera gustado otra mujer en mi vida. Estaba aturdido, perdiéndome en el mayor placer y tratando de brindarlo. Nos quedamos quietos desnudos uno junto al otro. Para ese momento no pensaba en nada, solo estaba feliz y calmo. Cerré mis ojos y el ruido hizo que los abriera, para encontrar nuevamente oscuridad. La música no sé porque, comenzó a sonar más alta, la quietud de mi cuerpo fue interrumpida por un escalofrío que lo recorrió sin que yo supiera por qué se generaba. La melodía saltó y comenzó a sonar desde el principio. Intentaba moverme y ver lo que pasaba pero no pude, al parecer mi mente daba las órdenes pero mi cuerpo no respondía. Otro sonido ensordecedor retumbó en mis tímpanos. Escuché una voz desconocida.- ¡No debiste hacerme esto!- Un tercer sonido y una eternidad de silencio.
Por fin podía ver, pero la luz era muy brillante. Casi me cegaba.
Recordé nuevamente que no sabía su nombre. -¿Cómo te llamas?- Dijo por fin mi voz.

-Bessie- Respondió con un tono un poco más triste, apagado, el escucharla hizo que sintiera un profundo dolor en mi pecho. Me reí, la paradoja era increíble… la cantante que habíamos estado escuchando toda la noche era Bessie Smith. Una dulce cantante de blues. –Te dije que mi esposo era celoso- Continuó diciendo y señalo al centro del living con sus dedos. Escuché la música llegando a mis oídos otra vez. Y mis ojos vieron dos cuerpos sobre el suelo de mi casa el mío, el de (según creo) su esposo y el de ella aún sobre el sillón. Cómo dije en cuanto la vi, las mujeres como ella meten en líos a tipos como yo.
Querido amor…
sabemos que hay cosas que no deben escribirse
y tampoco hablarse.
Suceden las formas,
del modo mas simple
buscando las preguntas ocultas
encontramos las respuestas
que no deseábamos
reconocernos en el reflejo de quien nos ignora
es un castigo que se entrelaza con nuestro destino
¿acaso no te apagaste tú y yo dejé de luchar?

No tengo que buscar lo que no he perdido
no es necesario hallar lo que esta a mi lado
trataré de recordar tus besos
aunque tu voz
ya se extinguió
en la hoguera del olvido
triste final
para un poeta
que no aprendió a volar.

En la oscuridad de las sombras muertas en los tiempos primeros cuyo reloj se detuvo en alguna hora aproximada al vacío. Lo encontré.
Vi su silueta de pie junto a un viejo farol el cual para éstas citadas horas no alumbraba. Quién sabe por qué, su lámpara simplemente dejo de dar luz. Como suelen pasar muchas cosas en la vida, que nada más, dejan de funcionar o de servir.  Con la poca luz que la luna nos regalaba noté que llevaba sus manos hacia los bolsillos del saco. Su semblante era taciturno. Lo observe preguntándome que ocurría en su mente. Llevó un cigarro a la boca y lo encendió con un fosforo que luego de sacudir con violencia y arrojó al suelo.  Puedo ver como al unísono en que llevaba el cigarrillo nuevamente hasta sus labios respiraba profundo.  Sin dudas había algo que lo perturbaba.
La noche estaba helada y él no se movía de su sitio y por alguna extraña razón sádica, tampoco yo podía hacerlo. Necesitaba saber más, deseaba conocer sus pensamientos y entender que era lo que pasaba por su interior. Lamenté no poder leer su alma.
En un momento levantó la cabeza y miró hacia donde yo estaba, (por instinto más que por certeza) fingí no notarlo llevando mi muñeca hacia mi vista simulando ver un reloj que hace años he dejado de utilizar.
Luego de unos segundos dio unos pasos, pensé que se iría, pero al parecer solo intentaba calentar sus pies. Se movía en círculos pequeños, daba pitadas al cigarro constantemente, con la mano que tenía libre acomodaba su cabello hacía atrás. Mis manos se estaban congelando al igual que mi rostro. Las horas continuaban avanzando como lo hacía la noche. Y el hombre misterioso no se movía de su lugar trazado.  Como imán tampoco lo hacía yo.
Por fin paró un automóvil frente a él. Una mujer bajó y se dirigió hacia donde se encontraba el hombre. Ella era alta, delgada con el cabello muy largo, desde donde yo me encontraba parecía que era de color negro.
Suspiré, no sé por qué sentí como cierta tristeza, fue como sentir celos. ¿Aunque celos por qué?
En cuanto la mujer se acercó el hombre tiró el cigarro al suelo y lo apagó con un de sus pies. Pude notar como él deseaba saludarla con un beso, pero ella le corrió la mejilla.
La luna era un poco más intensa en ese momento aunque aún seguía tenue su luz. Abrí mis ojos, miré para ambos lados de la calle no había ningún automóvil, me dio miedo que se fijaran en mí. Así que me quedé muy inmóvil, como si de ese modo fuera invisible al resto del mundo.
En un momento las voces de ambos eran perceptibles, discutían. Él quiso alejarse pero entonces ella lo alcanzó lo tomo por uno de sus brazos le dio la vuelta y lo beso. No pretendí mirar, di unos pasos para alejarme (la situación me incomodo). Pero entonces, él la apartó, hablaron, ahora más tranquilos, al parecer ella comenzó a llorar, noté como él recorría su rostro muy lentamente con una de sus manos.
Y comenzó a llover, pero ellos no se movían y yo tampoco lo hacía. Se abrazaron bajo la lluvia y permanecieron unos segundos inmóviles. Luego ella subió nuevamente al coche en el que había llegado y se alejó. Vi como daba vuelta en la esquina y las luces se perdían en la oscuridad de la noche.
 Fue cuando noté que él cruzaba la calle y se dirigía hacia donde estaba, lo que hizo que me pusiera nerviosa.
-¿Tiene fósforos? – Me preguntó, su voz sonó en mi cabeza como si la hubiera escuchado miles de veces antes y al ver sus ojos una electricidad recorrió mi cuerpo. – Es que se terminaron los que tenía.
Busqué en mi bolso, solo para pensar en que decir, claro que no tenía, pero estaba perturbada. – No, lo siento- respondí luego de revolver todo.
-  Deberías protegerte de la lluvia.
- No me molesta.- dije temblando de frío.
- ¿Sabes que obsequio darle a alguien que amas más que a ti mismo pero que no siente lo mismo por ti?
Sonreí, creí que era chiste. Es que  a la una de la madrugada, bajo una lluvia constante y un frío que calaba hasta los huesos, no esperaba que alguien me preguntara tal cosa. -  ¿Su libertad? – Las palabras salieron de mí en forma de pregunta, pero en realidad estaba afirmando.
Él se quedó viéndome, bajo la cabeza pero con su vista fija en mí, sonrió. – Bien dicho.- me dijo. Y se marchó.
Permanecí viéndolo unos minutos, aún llovía. La cabeza me daba vueltas, pensaba en lo que había visto, en cómo me había sentido. Y en ese hombre que acaba de dejar ir  lo que más amaba. Levanté la cabeza para que las gotas de agua mojaran más mi cara, reí. “Así quiero que me amen”, pensé. Pasó un taxi que llamé a los gritos y me subí de un solo salto.
- ¡Qué noche! – dijo el conductor.
- ¡Una gran noche!- me miró raro por el espejo retrovisor pero no respondió. Creo que él no pensaba lo mismo.