Soy la mayor de doce hermanos, sí aunque no lo crean tengo once hermanos. Se puede decir que aprendí a cuidar de otros antes de saber lo que la palabra o la responsabilidad significaban. Mis hermanos fueron mis primeros muñecos. Por razones que ahora no vienen al caso, a los seis años ya se quedaban a mi cuidado. Al rezar por las noches pedía por cada uno de ellos nombrándolos por orden de llegada al mundo (imaginen cuanto tardan mis oraciones). Mi casa siempre fue su refugio cuando por alguna razón discutían con mi madre (que no es una señora fácil pero a la que admiro mucho). Pasaron años hasta que nació María, mi hermana. Personalmente quería ponerle otro nombre pero mi madre le puso María, nombre que ella misma tiene. María mi hermana, se convirtió en una bella mujer, con alma tierna y dulce. Con los pies en la tierra (todo lo contrario a mí que siempre he andado en las nubes). Y siendo aún muy joven se convirtió en mamá de Ruth y poco después de Susana. Los dos nombres también fueron elegidos por mi madre, pero me gustaron. Nos preparábamos para el 16 de enero celebrarle el primer año a Susana, pero ella y su mamá (mi joven hermana) partieron de éste mundo. Fue raro enterarme. En lo primero que pensé fue en "cómo superaría ésto mi madre". Al ir pasando los días, me dolía que esas dos partes de mi vida ya no estuvieran. Que las discusiones (breves y en broma) que teníamos con respecto a escoger los nombres o la ropa de las niñas, ahora eran nada. Ya no opinaría sobre la vida de mi hermana o sus hijas. Nos dejó Ruth y ahora es mi responsabilidad entregarle a ese ser esa luz que la vida nos regaló, lo mejor de mí. ¿Cómo lo haré? ... cuando alguien que viste crecer, a quien supusiste siempre a tu lado, se marcha, es incomprensible. Cuando la vida te arranca de esa manera tan de golpe a tus seres queridos... a tu familia, no sé. Es como si verdaderamente alguien jugara con nuestros destinos. Aún soy la mayor de doce hermanos. Y nuevamente tengo a alguien que cuidar. Sé que su madre estará orgullosa de la mujer en la que se convertirá. Después de todo tiene la dulzura de la madre y las alas de la tía. Y Susana... será la princesa (como lo es desde que llegó a mi vida), el ángel de todas mis historias. Se harán compañía por la eternidad. Son parte de mí y soy parte de ellas y lo sé, nos encontraremos en otro tiempo, en otro lugar. Hasta pronto hermana cuida de Susana que acá yo cuidaré del regalo tan grande que me dejaste.
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