No puedo evitar sentirme triste cuando veo su mirada ausente de luz y amor.
Creo que la soledad lo invade como a mí y no sé como alejarlo de su demonios y cómo apartarlo de ellos sin que salga lastimado como lo he sido yo.
Navega en sueños que se transforman en pesadillas y se halla luchando solo contra la tempestad.
Ya es hora que dejes de envejecer y seas el niño que siempre has deseado ser.
Eres tú, no soy yo, quien sigue jugando a ser feliz mientras la canción deja de sonar y la luna de brillar.
Anímate si te sumerges te sostengo, si lloras te consuelo, no me decepciones y tampoco me digas adiós ... que yo aquí estoy.

Sintiendo la tristeza que reflejas en tu mirada.



Viendo con mis ojos verías esa tristeza que inunda, ahoga y quema.
Que consume poco a poco tu alma y te deja marchito.
Una tristeza que aturde con tanto dolor, que nos hace callar de un solo golpe, arrojándonos a un abismo del cual nos es imposible resurgir.
Mi tristeza se marcha contigo y no pretendo mirar atrás. Solo suspirar con profundidad e intentar continuar en ese camino profano, donde el bien no ha pisado y la angustia ruega clemencia.
El orgullo es mitigado al descubrirnos intentandolo, por querer ver más allá de un horizonte sin luz, sobre un tiempo que se nos escapa una y otra vez