Estoy exorcizarme de mis demonios. 
Los alejo y encierro en el pozo más profundo que hallo en mi alma.
Pero encuentran como resurgir para atormentarme.
Contemplo por las ventanas de mi habitación un destino que no tendré, un olvido que no llega
y un silencio que no cesa.

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Somos seres huecos, con un corazón que late pero poco siente.
Nos olvidamos con prontitud de las promesas realizadas o de las palabras que soltamos.
Intentamos aliviar el peso que traemos en nuestras almas sin pensar en el resultado al exponernos.
Nos convertimos en prisioneros de sentimientos que duran, lo que un suspiro.
Exhalamos amor a cambio de fidelidad. ¡Estúpidas criaturas!... No damos más que sobras.
Reclamando una eternidad que no sabríamos administrar.
Nos ocultamos del mundo, tras mascaras de sonrisas falsas.
Somos títeres de un creador que nos abandonó a nuestra suerte
 y no sabemos como  encontrarnos a nosotros mismos.
¿Cómo deshacernos de ésta melancolía de la que no queremos ser dueños?
Estamos solos
en un mundo con millones de individuos igualmente solos. Nacemos junto a una sombra
que rara vez se cruza en nuestro camino para hacernos compañía. 
Nos duelen las injurias, pero no dejamos de decirlas,
nos lastima el abandono y continuamos dejando al otro solo.
¡Triste realidad ésta de ser humano!
Con tantos defectos como inmensas virtudes. Buscando sin hallar lo que llaman dicha y amor.
Sin saber que habitan ambas en nuestro interior, intentando resurgir junto con la soledad.
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