capitulo VII


- Hola si; por favor me puede comunicar con Daniel.
- Lo siento señorita pero el señor no se encuentra en éste momento.- la voz correcta, cada palabra dicha a la medida, fríamente y de memoria.
- Hace dos día que no lo veo y cada vez que llamo usted me dice que no esta. ¿puedo saber que sucede?- la voz del otro lado no era fría por el contrario, tenia mucho enojo. Algo que pareció importarle poco a quien recibía su mal humor.
- La verdad no sabría que decirle. En cuanto llegue el señor le doy su recado no se preocupe.
Y colgó el teléfono, y su semblante continuó, tan impávido como siempre. Continuo escribiendo por unos segundos, acomodó unas carpetas. Luego de un pequeño cajón de su pulcro (aunque muy ocupado) escritorio, sacó una llave, con la cual abrió otro canjón, puso en él unos papeles. Y volvió a cerrarlo con llave nuevamente.

Era muy tarde ya. El día había sido agotador. Las grabaciones las entrevistas y Daniel que no aparecía. El timbre de la puerta interrumpió sus pensamientos. De pie, todo despeinado (algo que no era habitual en él), y con el saco en la mano estaba Daniel.
Ya pasaba los cuarenta años, solo en ese momento se le había notado. Su semblante siempre calmo, hablaba muy seguro de sí mismo en toda ocasión. Cosa que incomodaba a sus adversarios y fascinaba a las mujeres. Era bien parecido, alto, su espalda ancha, sus brazos fuerte (le gustaba hacer ejercicio), sus manos grades y finas. Cuentan que fue varias veces infiel a su esposa, aunque nada comprobable. ¿Quien sabe? por alguna razón no se había divorciado. Todos sabían de sus deseos de tener hijos, una gran familia. Pero no eran lo mismo que quería Carmen, ella prefería las fiestas, los viajes, un niño solo le quitaría tiempo.
Fue a través de sus novelas que Daniel conoció el éxito, la fama y por supuesto así también había conocido a su esposa. Única hija del dueño de una importante editorial. La que al casarse paso a manos de Daniel, quien se encargo de hacerla más exítosa y remunerable. Ahora ponía en peligro mucho de todo eso por el amor de Ángela. Tantos años esperando tener un hijo. ¿Y ahora? Ángela se colgó de su cuello lo abrazó muy fuerte.- ¡Amor!!- le susurró al oído.- ¡Cuánto necesitaba oír tu voz!-. Lo tomó de la mano, lo llevó hasta el living, lo sentó en un sillón y se quedó de rodillas frente a él.
- Carmen y yo nos separamos.- dijo por fin tan rápido que apenas se le entendía lo que decía- mi abogado comenzó los traméis de divorcio.- luego le acaricio el cabello a la joven que continuaba arrodillada frente a él, solo mirándolo, como si lo viera por primera vez.- quiero casarme con vos cuanto antes.
Ahora sí Ángela se puso de pie se tiró sobre el hombre, riendo y llenándolo de besos.


El mes entero había sido una locura. Los periodistas los perseguían por todas partes, sacando fotos escribiendo notas de las que nadie se hacía cargo.
Los trámites del divorcio salieron rápidamente. Claro que Carmen se había quedado con casi todo el dinero un par de casas y algunas acciones de la editorial. Daniel por su parte obtuvo su libertad (lo que mas quería en ese momento), la mayor parte de la editorial un departamento y un poco de dinero.
No le importaba mucho, un par de libros algunas películas y estaría de pie nuevamente. Y ahora con lo que realmente importaba una verdadera familia.
La secretaria de Daniel no daba abasto. Atendía teléfonos que no dejaban de sonar. Enviaba invitaciones para casamiento, firmaba algunos papeles, en fin aquello era una locura. Pero al parecer ella manejaba todo muy bien.


El casamiento fue sólo por civil. Trataron de mantener el día en secreto, pero al final algunos medios se enteraron de igual forma.
- Ángela ¿quién es esa chica de cabello rojo?- Clara la asistente de Ángela nunca recordaba los nombres de nadie, mucho menos los rostros pero era muy buena como agente de prensa. Si algo lograba era que en todo lugar donde trabajara Ángela tuviera buena y mucha publicidad. Claro que el talento de su empleadora ayudaba mucho también.
- Es la secretaria de Daniel, bueno en realidad ya es su asistente al parecer es muy eficiente e inteligente. Se la recomendaron muy bien y parece que no se equivocaron.- se acomodaba el cabello, miraba la hora y sobre todo hablaba muy rápido.
- Perdóname, los casamientos me ponen nerviosa y las mujeres bonitas que ascienden rápido más.
- No te preocupes Clara. Pero ayúdame con esto.- le alcanzaba un broche para que se lo pusiera en el cabello.- apurate ya es hora.
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